domingo, 16 de noviembre de 2008

¿nos damos un paseillo?







¡Hola amigos!, soñadores de palabras y magos de las historias. Ayer estuve paseando por la ribera del Huéznar. Está sencillamente hermosa, cargada de color, de unos verdes imposibles de ser soñados por el mejor de los pintores. A cada lado de la carretera, una estampa que llenaba mis pupilas y otorgaban a mi espíritu una hermosa melodía de paz y felicidad. Puedo pareceros noña, tal vez, pero ayer fue un precioso día de otoño, que quiero compartir con vosotros a ver si nos animamos y hacemos nuestro próximo encuentro entre esas oleadas de color. Voy a intentar dejaros alguna de las instántaneas captadas por mi cámara. Espero que os gusten y que os haga sentir la necesidad de estar allí.



A ti, árbol de la ribera

No es negra y sombría tu muerte.

Principio y fin de tus días.

El sol derrama en tus hojas,

fuego vivo y alegría.

Nos llenas de luz los ojos,

álamo de la ribera mía.

De calma cada recodo,

segundos de nuestras vidas.

No es negra y sombría tu muerte.

No es pena ni melancolía.

Es sosiego del espíritu.

Es color para la vida.

Microrrelevo

Castigado sin postre

El gato, sin embargo, celebró toda la tarde tal acontecimiento. Acomodado en la esquina del postigo, como es habitual, veía llegar todos los mediodías a aquel niño de pantalones cortos que le repartía caricias y tirones de orejas a partes iguales. Los que habitaban en aquella casa igualmente no entendían por qué no se marchaba sin más si es que nadie lo quería. Pero debe ser ese sexto sentido gatuno el que allí lo mantenía tanto tiempo esperando al día de la Gloria.
Jorgito, que así se llamaba aquel demonio de pelo corto, acostumbraba a rodear corriendo la mesa de la cocina hasta dar de bruces con el hermoso pandero de su Nana. ¡Plof! Ese día cayó la tarta de crema de arroz que se enfriaba sobre la encimera. El gato, con su elegancia habitual, caminó despreocupado hasta el cadáver mortecino y desenmoldado del dulce y comenzó a comer hasta que la panza hinchada de azúcar y ronrroneo no le dejaba ni siquiera lamerse las últimas briznas de azúcar glasé que le tiznaban los bigotes. ¡Castigado sin postre! oyó como gritaba aquella mujer. Desde entonces ya entendió las consecuencias de las tropelías de aquel chiquillo.

Videojuegos

El vacío que deja tu cuerpo en mi cama suena a"game over" pero hoy, precisamente hoy no vas a ser tú quien gane el juego.
Dentro del armario tengo escondidas sales de baño que huelen a chocolate y nueces de macadamia. Las guardaba para un día especial pero ante lo transparente de esta realidad seré yo, gustosa, la única que se sumerja en esta bañera de espuma.
Hoy no entiendo de más química que de la que me une a mi rimmel y mis uñas Rojo Mediterráneo. A quien se le ocurriera ese nombre no sabe que el color del mar va desde el más eléctrico azul al más ácido de los verdes.
Pero me extraigo del ensueño imaginario de nuevo y me decido a pasar al vértigo que me causan las botas de tacón. Tengo algo de Julieta pero tampoco me falta mi puntito de Morticia; y medir 10 centímetros por encima de tu ego lo encuentro maliciosamente divertido.
Voy a grabar en el contestador de mi móvil un "paso de tí tío" para que te jodas y lo oigas cada vez que me llames preguntándote dónde estoy y por qué aún no te he llamado para saber dónde estas tú.
Bajaré los cuatro pisos que me separan del bullicio vivo de la calle haciendo ruido para que la vecina del 3º, esta vez sí, tenga razones para murmurar por el patio mientras tiende al sol su ganchillo de tarde aburrida.
Esta vez seré yo quien clave mis ojos en el repartidor de prensa, salude lánguidamente al dueño del bar de la esquina y silve con plastificada indiferencia cuando pase delante del señor "guardia municipal"
Hoy, definitivamente, de vuelta a casa te voy a sustituir por una chocolatina porque a ella es más fácil quitarle el envoltorio que a tí los pantalones.

Grandes Batallas de la Historia (II).

Batalla de la llanura de Fustenbërg.

 

Acordada tres meses antes, por la falta de locales, se celebró tras el desayuno del 12 de enero de 1781, entre los partidarios del conde Wenceslado O. Kulto y la duquesa Abralas Kortinas, aspirantes al reino de Piteria, con rey vacante.

Disposición de los ejércitos.

Uno enfrente del otro, salvo los despistados de siempre a los que hubo que llamar la atención. Un tal Gómez, lesionado, no salió en el equipo inicial.

Estrategia, traducida del acta de la batalla desde el lado de Wenceslado:

Si te mira mal, es de ellos, salvo los estreñidos; tú no lo pienses y arréale fuerte con lo que tengas más a mano. Si te falla una espada o una maza, no pierdas el tiempo en buscar el ticket de compra y pide al compañero más cercano usar temporalmente sus herramientas de pegar sin olvidar devolvérsela cuanto antes, que dejáis el campo de batalla hecho un estercolero”.

Aspectos tácticos, también según la citada acta:

De la caballería se espera un comportamiento edificante. No quiero carreritas a contramano ni tonteos entre jinetes y amazonas, como el año pasado, que nos echaron.”

A la hora acordada, empezaron las hostilidades. El árbitro, muy atento, mandó a la caseta a varios lanceros, en un claro “seis contra uno” y afeó la conducta a Jonás Pons que se tiró todo el tiempo “detrás” de su cuñado Kristo Hammer, el cual llevaba clavadas varias flechas que “no irían todas para él, seguro”, según el acta.

Se levantó polvo y se produjo más de un enfado serio. Gritos, empujones, gente por el suelo… Aquello parecía eterno.

No serían las cuatro cuando a la reina Abralas se le escapó un bostezo tipo lavadora con carga frontal abierta. Su propia hinchada se volvió contra ella en una pañolada histórica y abandonó el palco entre abucheos, dejando el campo libre y una victoria aplastante a Wenceslado, que patinó en la bañera al mes siguiente y se rompió la crisma.