miércoles, 13 de febrero de 2008

Sin nido

Había una vez un huevo, que sin querer resbaló de su nido. Rodó y rodó loma abajo llegando hasta una soleada pradera. Una serpiente que lo vio, pensó que era su desayuno ideal, e hizo un esfuerzo tan grande para tragarlo que sus mandíbulas se desencajaron, para risa de una mofeta que contempló la escena. La serpiente huyó avergonzada.
La mofeta oportunista, decidió probar suerte con él, pero astutamente decidió cascarlo primero. Para ello lo golpeó con su larga y esponjosa cola, siendo el resultado que el huevo cayó suavemente al lago próximo donde un nenúfar lo contuvo. La mofeta no quería mojarse y en vano lo intentaba acercar a la orilla con una de sus zarpas.
Los peces, que no acertaban a ver lo que era aquello, empujaron el nenúfar, haciendo que éste se desprendiera del fondo y fue arrastrado por la corriente del río.
En una de las curvas el huevo se detuvo y el calorcito del mediodía acabó de madurar su contenido, de forma que esperando ser querido comenzó a picotear el cascarón desde dentro.
Nadie lo ayudó desde fuera, es más, una rana saltarina lo empujó y nuevamente rodó por la hierba hasta parar en un campo de heno recién segado.
El calor de la tarde hizo que aquel pequeñín rompiera el primer trozo del cascarón y asomó un ojo. Se sintió solo y se durmió. A la mañana siguiente, un ternerito que comenzaba a pastar lo movió, y él, pensando que su mamá estaba cerca rompió otro trocito del cascarón para verla mejor…[continuará]

"LA CARRETERA", de Cormac McCarthy

¡Me encanta cuando las coincidencias coinciden! En primer lugar te agradezco Gabriel que hayas abierto la puerta de esta nueva sección y, en segundo lugar, gracias a Nuria por su amable recomendación que, mira por donde, está estrechamente relacionada con mi breve reseña literaria. Casualmente acabo de leerme "La carretera", de Cormac McCarthy (Premio Pulitzer 2007).
Ésta es la difícil odisea de un Ulises moderno que, junto a su hijo, emprende un viaje a no se sabe dónde, huyendo de no se sabe qué, con la única referencia de una carretera que les mostrará la realidad de una tierra sacudida por un holocausto nuclear.
El autor consigue una narración de estilo cinematográfico, a veces, lenta, pausada, aséptica, indolente, así necesariamente para ser digerida. Pero tras todo ello está lo extremo, la angustia, el límite del ser humano, la anarquía de los instintos, pasar de no importar nada a, en un segundo, importar todo. El lector, sin darse cuenta, se convierte en un viajero más que vive sus desdichas y su hastío existencial.
Una situación en la que la supervivencia se reduce a un sentimiento, una mirada, una caricia, una lágrima solitaria que recorre la mejilla de un niño.

¡No dejéis de leer si no queréis dejar de soñar!

Dos libros recomendados

Nuestra Nuria de toda la vida nos recomienda dos libros:


-La carretera de Mc Cormath y
-Zapatos italianos, de Menkell.

Será una colaboración, la de recomendarnos libros, que le pediremos no más de 350.000 veces, por lo que tendrá tiempo de sobra para sus quehaceres.

Gracias, Nuria.

lunes, 11 de febrero de 2008

VIVIR A MEDIAS


Recuerdo el día en que, por primera vez, los dos relucíamos a la luz de una elegante vitrina, en una no menos elegante boutique. Nos probaron varias veces; bueno, tengo que aclarar que aún hoy me pregunto, cómo siendo los dos idénticos, la mayor parte de las veces, te tomaban a ti. Siempre fuiste más carismático, esa es la verdad, y la gente lo sentía también así.

Soñábamos con el día en que alguien nos comprase; necesitábamos de un tercero que nos diese la oportunidad de enlazarnos, de unirnos, de acoplarnos a nuestro propio abrigo. Yo imaginaba cada día, la fantasía loca de rozar con la mía, tu cálida piel. He dicho fantasía, y sabes que digo bien.

No nos dejaron amarnos. Nos compraron, sí, y con la mayor felicidad de nuestra vida, abandonamos la boutique. No reparamos en el triste destino que se extendía ante nosotros. Nos compró una mujer muy guapa, de muy buen gusto por el vestir, por la imagen; pero manca.
Ahora sólo te queda a ti, mi amor, esperarme hasta que a la joven hija de nuestra dueña, se le antoje este par de tristes en que nos hemos convertido, y a mí me rescate del fondo del armario, para juntos, dar calor a sus manos delgadas y frías. Mientras, soñaré con el más crudo invierno, acoplados a nuestro propio abrigo.

sábado, 9 de febrero de 2008

ÁNIMO, POETA

Que no aten con razón, que no soportas

que invadan tus dominios de cordura.

Date aire, invitando a la locura;

verás como razonas, cómo cortas

y desarmas tan lógica atadura.

  

Suelta el freno a expresar todo contacto,

fríamente, sabiendo que se dice

lo que antes se ha pensado y se bendice,

sin rozar, sin el goce, sin el tacto.

Soñando en fabricar versos felices

Porque riman lo medido y sale exacto.

 

Quita reglas, cadenas y repasos,

saca fuera el candado a las palabras,

demostrando que, en la vida que nos labras,

mandas tú y no manda un marcapasos.

 

Y no acabes ni un poema con tristeza:

Sale mucho más fuerte que una bala

ese verso que te ronda la cabeza,

pues nos deja, estando escrito, de una pieza,

y con el miedo perdido: Poeta, empieza,

otro poema, otro mundo, y nos regalas,

desbordando amor y caos, la belleza.

viernes, 8 de febrero de 2008

EDITORIAL DE FEBRERO



¿Es fruto de la impaciencia, ligada siempre a mí, o ya huele a primavera?
Luce el sol, dejando atrás una cuesta de enero especialmente pesada, con más verticalidad, si cabe, que la de otros años.

Es complicado, difícil, iniciar la subida a una pendiente, ya de por sí costosa, sin sentir del todo las ganas, el convencimiento de que valdrá la pena. Sólo la ilusión por llegar arriba, compensa el mal trago de la subida.

Quiero expresar con esto que no es una buena aliada la desilusión. Todos nosotros hemos podido comprobarlo a lo largo de nuestra vida y también nos tocó compartirla. Es un sentimiento que siempre acaba rompiéndonos algo dentro.

Pero ocurre como cuando enfermamos; una vez todo pasa y volvemos a sentirnos fuertes, valoramos mucho más lo que tenemos. Eso percibo yo en nosotros: una ilusión incipiente, tímida quizá, pero latente.

Pese a que todos tenemos algo por ahí cerca que nos puede hacer perder, por momentos, la esperanza, también sabéis y sé que tenemos mucho, mucho por ofrecer y por recibir, y será en este lugar de encuentro, donde sigamos vertiendo nuestros presentes, para un recién nacido que asomaba un ojo al exterior, y ya estamos contentos porque acaba de asomar el otro.

Este mes, tal como acordamos en nuestro último encuentro, contaremos con un apartado, al que llamaremos “El plumier revuelto”, donde tendrán cabida opiniones, reflexiones, consejos, etc. Asimismo, y con la idea de dar un aspecto algo más organizado a la estructura del “blog”, abriremos un apartado de poesía.

Y, con todo, las ganas de inventar, de sentir lo que otros cuentan, de contar lo que otros sienten… y de sentir todos juntos esta nueva empresa que nos une.

Aquí estamos, compañeros, dispuestos a bucear por entre las burbujas de un agua limpia que incita, cual imán azul, a zambullirnos de golpe. Estamos aquí, buscando con nuestros ojos, el trazo más añil de un cielo que nos avisa de marzo y nos ofrece un febrero más generoso este año. A ver qué hacemos con ese día de más (hay que aprovecharlo). Os propongo un relato a propósito del día veintinueve de febrero, como protagonista.

Aplaudiendo esta alegría contenida, por este compartir, os deseo un feliz y apacible mes.

Un beso a todos.

miércoles, 6 de febrero de 2008

REPISAR

-¡Tenías que ser tú, coooñiiio! –gritó Encarna Valera desde la mesa más cercana al escenario, mientras se le saltaban las lágrimas de dolor.

Estaba de pie y descalza, con sus zapatos de charol aplastados bajo las plataformas de Pantagruona, la reina de esa noche de luna, verano y gloria en la discoteca “Sanfierno”.

Sobre bases de veinticinco centímetros, Pantagruona fue votada la mejor, compitiendo con Lagartisa (21) y la eterna ganadora Satanasia (22 con plantillas).

Pero al bajar del escenario tras recoger el premio…

…El rostro del notario don Hilario Pezzi, Pantagruona de noches de Sanferno, se quedó en máscara rígida y su sonrisa en rictus helado frente a su nuera , Encarna Valera, alias la mala, que le aguó su júbilo de  drag queen ganadora tras el involuntario pisotón de hipopótamo.

Recordó haberla pisado también en su boda. A saber qué contaría en la cena del martes. 

viernes, 1 de febrero de 2008

DEPORTES (I)

TENIS.

 

 Eliminatoria previa para el torneo de Roban Carros. Se enfrentan dos desconocidos, situación resuelta por el anfitrión del torneo, Mesié Pelón Dilserebre, que los presenta inmediatamente, con ese don de gentes que Dios le ha dado:

-Aquí Mesié Iván Mokolovish, aquí Mesié Jean Paul Tranza, su contrincanté de hoy.

-Encantado.

-Encantado. Y anchanté también, o te crees tú que voy a ser menos.

Se quitan las bufandas y pelotean antes de empezar:

-¡Esa blusa, pero qué blusssón más eleganteeee!

-Pues a mitad de precio. Y desde luego, me dice usted dónde ha adquirido esa monada de sombrerito, que le cae pero que estupendamente.

-¡Será zalamero! Si vengo la mar de discretito… Pero, en confianza, en Avenida Yvuelt, esquina Malagripe, te encuentras cosas divinas como ésta. Tú pregunta por Clarence, y le dices que vas de mi parte.

Se van hacia su lado de pista cada uno. Les echan pelotas nuevas. Una genial intervención del jefe de pista ha hecho que estén peinadas todas con la raya en medio.

Aparece el juez de silla. Aplausos y más plausos: Unos siete en total.

Aparece el juez de fondo. Los del fondo salen absueltos por falta de pruebas, pero, en el fondo, se quedan. Aplausos. Los del fondo aplauden a los de tribuna. Así más de cuatro minutos.

-¡Silensie, pogfavó!

Se anuncia a los jugadores el final del calentamiento. Para todos, es un jarro de agua fría, pues se estaban haciendo buenos negocios. Y es que unos tipos guapos, unos tipos de interés, han bajado mucho desde la tribuna. Al lado de dos morenazas. Casualité.

Sorteo de saque: Un japonés gana la botellita de 3/4. Aplausos.

-¡Silensie, pogfavó, o a mí me va a dag hoy algo hoggoggoso con síntomas!

Comienza el partido. Saca Mokolovish, fuerte y ajustado. Pide disculpas al vendedor de refrescos, pero le dice que comprenda que por ahí no debe pasar. Se dan la mano y pelillos a la mar, porque las gafas no se le han roto. El árbitro concede nuevo servicio; con duchas y sauna.

-¡Silensie, pogfavó, o hago desabillé la pista!

Silencio.

El servicio es esquinado, potente, con efecto. Tranza hace lo que puede por esquivarlo, sin darse cuenta de que cuando van a por uno, es tontería. Recibe el pelotazo en una posición conocida en Chequia como infame. Termina el primer juego y hay cambio de campo. Pero se hace con mucha rapidez, pues los colaboradores de ambos jugadores traen muy buenos equipos de mudanza.

Dos señoras muy elegantes del público gritan “¡así se juega, cohone!”, y se ríen recíprocamente la gracia, incluso cuando se levantan del suelo fuera del estadio, y les tiran sus bolsos, con un “Y no quiero que vuelvan por aquí, ¿estamos?”

El juez se dirige al resto del público femenino.

-¡Señogas, pogfavó, silensie, como cuando triligili con sus magidos!

Sirve ahora Tranza. Lo hace con mucho más estilo que potencia. La pelota, agradecida, realiza parabólicas piruetas hasta llegar, al final, a donde  tenía que llegar. Un dentista, atento, consigue que la mandíbula de Mokolovish se abra lo suficiente para que pueda expulsarla. Y sin anestesia.

Aplausos.

-¡Silensie, pogdió, que me duele el alma!

Silencio.

Tercer set. Empate. Última bola. Un revés de Tranza, muy ajustado, pone la pelota en el mismito filo del campo del otro, Mokolovish, quien tiene el tiempo justo de hacer el puente a su coche y llegar para devolver esa bola endiablada. Tranza, incansable, se tira para evitar ser desbordado, pero –lástima- antes de que el otro golpee la pelota. Ser tan previsor hace que la vida se vea sin ilusión. Pierde. Ve como  entregan el trofeo al otro y le patea los cotolengos. Todos los jueces, el de silla, el de pista, el de red y el de fondo, se van a por él.

Aplausos y desalojo de la pista para preparar el baile de fin de curso, que es lo que deja dinero. 

SON ESAS PEQUEÑAS COSAS… (I)

Música y/o encuesta de población activa.

Denuncia en la S.G.A.E: Al inscribir una obra del autor Jonás Iterflai, el registrador le ha pedido que se defina con claridad. Al ver que artista y administrativo casi llegan a las manos, interviene el presidente, Teddy Bautista, para intentar solucionar el problema. 

-Yo quiero que se sepa que mi obra es una brevísima  composición musical para muy pocas personas, -dice el creador. 

-Yo, en cambio, le he dicho que no soy personal del INEM, -responde el encargado. 

El título, es efectivamente, si de dice muy deprisa, el que provoca este follón: 

“Dos notas para dos.” 

DI VERSIFICATIO ANTICUUM (I)

... E pusiéronse las mozas a rozarse. 

Y era tal el frenesí de esas mujeres, 

que aunque fuego, realmente, nunca vieres, 

pensarías “estas dos van a quemarse”. 

Tal sus pieles coloradas, llameantes, 

que volcanes casi afónicos de envidia, 

enviaron lavas rojas por perfidia, 

y  enfriar a las mozas cuanto antes…

El monge Auskultatto Pambulossi, de la región Camboria, tenía estos versos en su tratado con dibujitos de título “En invierni, e meggiore con dúo muggieri…”, de modo que su prior, el abad Filimpare Masuno, se lo guardó entre los volúmenes de Ciencias, donde sabía que no lo consultaría ningún novicio del convento.