viernes, 21 de marzo de 2008

CRUCE DE CRUCES.

 (1)  Hermandad de San Peregildo Iluso.

(2)  Hermandad de San Telurio Emérito.

(1) 1.670 nazarenos en penitencia, túnica blanca y azul, sin lunares, 60cm de capirote, guantes en la mano derecha, sandalias de cuero negro.

(2) 1.670 nazarenos en penitencia, túnica roja sangre intensa, capirote de 100cm, guantes de goma para quirófano y sandalias de pescador.

Calle de la Pifia:

Ancho de 4 metros. Refregones para pasar. Mujeres que pasan nueve veces por la calle, arriba y abajo, quejándose airadamente de los refregones.

Se anuncia la primera cofradía: La Cruz de Guía. Desaparecen los carritos de caramelos y barquillos de canela. Gritan los niños. Gritan los padres. Dos quejas postreras de refregones por parte de dos mujeres mayores. Muy mayores.

Se anuncia la segunda cofradía: La Cruz de Guía. En sentido contrario. Se retiran los vendedores de CDs y móviles de última generación. Se escapan unos globos verdes y vuelven a gritar los niños. En un segundo piso con balcón, una paloma los pincha, los hace estallar y muere por el escape de helio venenoso. Cae la paloma, pero solo hasta el primer piso, donde será guisada. La farola junto al balcón ilumina la escena.

Avanzan los mil primeros cofrades/nazarenos/penitentes de San Peregildo, haciendo la primera parada a la altura de Zapaterías Fernández. Vistazo rápido a los modelos más cómodos para la temporada y saeta tras las rejas de Milagritos Pereda, la grande. Y libre, porque las rejas las puso en su balcón por la ola de atracos. Arranca aplausos y malas hierbas de sus maceteros.

El paso, donde la Virgen mira su muñeca izquierda, es el símbolo de la puntualidad de esta cofradía. Su Cristo es conocido como “El Apurado”, por no terminar de tallar su autor las barbas a tiempo, según dicen. Suena la marcha “Catalepsia de Jesús”, obra de Jesús Traído, al que prohibieron ponerle letra.

Avanzan los mil primeros nazarenos de San Telurio, que se detienen en Tejidos Ramírez, los Reyes del Algodón. En la parada se pide a la banda la marcha de El Santo Velo Vaporoso, porque la noche está que no refresca. Su autor, Isaías Terisco, es el primero en aplaudir. La marcha tiene como argumento las ostias que Jesús, muy serio, reparte a sus discípulos por orden alfabético.

El paso está compuesto por tallas del siglo XVII para un total de trece figuras más dos suplentes. Sobrecoge la sensación de realidad con el buen trabajo de los costaleros y el capataz.

Aplausos.

Y llega el momento, centro de la calle, a la altura de Muebles Periñán, se cruzan las cruces.

Silencio.

La prudencia y el buen sentido hacen que suenen con volumen apocalíptico y al mismo tiempo las dos marchas. Se suman los saeteros sin temor a desgañitarse. Se suma un niño, con su trompeta de plástico del todo a cien, soplando hasta la apoplejía. Su padre lo recoge un minuto después, extenuado, y lo abraza. El hermanito mayor, de cuatro años, recoge el testigo. Lo recoge la madre.

Repentino silencio.

“Llueven flores, cadencia de pétalos de rosas blancas, que dibujan mariposas en el aire de la noche sevillana y se besan con el incienso para sembrar el suelo que el Cristo pise, su pie no sufra…”

El locutor, que levitaba, es sorprendido por el primer niño, que le quita el micrófono y, a pleno pulmón, transmite a todo trueno el infernal trompetazo de que es capaz, y que todos los oyentes de Cadena Ondamar se tragan desprevenidos.

Se despierta la calle. Vuelve la bulla.  Se va el locutor llorando para su casa.

Resquemores y miradas.

Murmullos.

Se abre un metro de distancia que ocupan, adelantándose, los capataces y hermanos mayores de las dos Hermandades, con sus bastones bien visibles.

Discusión en voz baja.

-Mira, Cayetano, yo paso antes, tú te paras, te apartas. Y ya está. Bueno, y te jodes. Dile a tu Cristo que se eche para la acera. Y que no me apague las velas del paso al pasar.

El otro hermano, primo hermano del primer hermano, cuenta hasta diez y respira hondo. Siempre, en las reuniones familiares, ha sido el que más paciencia tenía.

-Mira tú, Jacinto, pon en fila india a tus discípulos, y, sin pedirle la documentación ni nada, los voy dejando pasar de uno en uno. Será un momento. Después de la esquina, en la placita, se vuelven a su sitio y seguís con la carrera oficial, que ya empezamos con retrasos.

Los capataces se abren y se deja un poco más de espacio.

Los hermanos, primos hermanos como decíamos, ruedan por el suelo. Suenan las medallas y los bastones salen despedidos.

No hay ganador claro.

Funcionan los móviles.

-Ponme con el Arzobispado –jadea uno.

-Ponme con el Alcalde –jadea el otro.

Cada uno juega sus cartas.

Los saeteros, desgañitados, intentan limar diferencias, pero sólo consiguen un vaso de agua y unas pastillas de esas de menta y limón, tan suaves que es que como si te durmieran la garganta.

Desconcierto. Mirada al Cielo.

Ruido de helicópteros.

Vuelan pelucas, se apagan las velas. Se levantan las faldas. Cosas que pasan.

Bajan juntos el Alcalde y el Arzobispo.

El Arzobispo trae un manojo de llaves. El Alcalde otro.

Comienzan a abrir puertas de cristal enormes cubiertas con telones, cada uno en una acera. Poco después, se puede ver a través de la calle de la Pifia por ambos lados: Los pasajes comerciales previstos para ser abiertos el día de las elecciones se inauguran sobre la marcha, cortando una corbata a falta de una banda.

Mal que bien, una Hermandad se mete por un lado, la otra por el otro, dan la vuelta las dos, y al volver a la calle… el paso está libre y pasan los pasos.

Aplausos.

Trompetas.

Saetas.

Trompicones. Refregones. Globos que suben. Palomas que se quitan de en medio.

Semana Santa. 

domingo, 16 de marzo de 2008

NUEVAS APORTACIONES CIENTÍFICAS. (Y TAN NUEVAS, FRESCAS DE HOY).

Geometría de la Buena. Teorema del punto amplio.

Estamos hartos de que por dos puntos pase una única recta. Como si se creyera más que nadie. Pues bien, gracias a la eminente matemática australiana Kalibú Merang, de la Universidad de Polimucho, a partir de ahora bastará con hacer unos puntos más gordos que la puñeta: Inmediatamente después, sin esperar a que se cierren los puntos, podrán pasar por ellos, al mismo tiempo, una cantidad tan grande de líneas “que no tienen por qué ser rectas” (en palabras de la señorita Kalibú) “y que supondrán un paso enorme para la Humanidad, incluyendo las personas que trabajan en gasolineras”.

 

Álgebra Sensata.

Contabilidad simbólica. Denominación numérica. Nuevos conjuntos de números.

Definamos como “raroconcoj” al número tal que, para escribirlo, se necesita un lápiz afilado y una tercera mano.

Definamos asimismo como número "indecente" el que representa la número uno del vodevil, Susanita Curada, en el cabarete del número once de la calle Seusted, en Salvatierra de los Barros.

Definamos también como número “hijolagramp” el que se diferencia en una unidad del décimo premiado con el Obeso de la Lotería de Navidad.

Definamos como un “numerito” el que dio don Jorge Nocidio el día de su santo, saliendo sin pantalones al descansillo al meter su equipo un gol precioso y quedar, esta temporada, penúltimo.

Definamos como “al menos par” como el número de regados por aspersión requeridos por doña Concha Quetilla a su esposo, don Marcial Moada, en un mismo mes.

Definamos como “postnúmero” el último, ese que termina cuando acaba y finaliza concluyendo, sin permitir a ningún otro que se le ponga detrás. Se usa para pagar finiquitos,  para hacer despegar a los cohetes, o bien para la contabilidad mensual de proezas de don Marcial.

 

Física mole cular.

Supongamos a una persa de caderas rotundas sumergida en un barril redondo hasta la mitad. De la mitad parriba, el barril puede ser cuadrado. La fuerza motriz conocida como “Giroloc” con que esa hembra mueve la cintura y las piernas para intentar salir, provocará que el líquido contenido en el barril se mueva, exactamente, muchísimo; y que se espese. Dos horas más tarde, se podrá servir el batido del tonel, de vainilla y crema de atún, en su punto justo. La persa, por su parte, deberá tomar azúcar para las agujetas y buscarse un empleo menos agitado.

 

Ciencia natural tontona. Dominio de los elementos.

Hasta 1957 no había dios que aislara bien una azotea contra el agua. En 1958, el nudista Emeregildo Blado, natural de Cercedillas, propuso un plan a la comunidad internacional que no pudo ser negado por sus delegados: “Si llueve, vosotros como el que oye llover”. A las primeras de cambio, las nubes se rieron, pero dos meses después, en pleno abril, no había ni una terraza mojada. Y es que el desdén, si se hace bien, es definitivo. La moral de las nubes, que estaba por las ídem, se puso por los suelos, los únicos mojados a partir de entonces. Un éxito.

 Química ELA (En Laboratorios Asquerositos).

Se ponen muchas sustancias juntas, ¿no? Pues se llama a alguien para que testifique si la prueba sale bien y se pone a calentar. Después se prueba y…

Pueden darse varias reacciones:

-Color verde kiwi en la mayoría de los átomos del cuerpo. Suele ocurrir por las lentejas y los tomates podridos. Prohibido por la NASA, por la ONU y por mi suegra.

-Urticaria en ingles o en cualquier otro idioma. Culpa de los hongos del Congo libres, basta con aplicar el ungüento del doctor Pillamocos cada tres horas, tanto en las orejas como en las corvas. Abstenerse embarazadas.

-Cojera alternativa. Consecuencia de baches y jabón líquido en el suelo. Tener preparados bastones y muletas de distintos tamaños. Todavía recuerdo, el año pasado, al más joven de los Gasol teniendo que andar de rodillas para apoyarse en las muletas.

-Pérdida de monederos, “con las llaves dentro, no es por el dinero ni la foto de mi novio, ni por el carné, ni por el condón de guardia; es que me he dejado el grifo abierto”. Se compensa tirando la puerta a patadas y llamando al seguro inmediatamente, que no podemos con esta inseguridad ciudadana.

Las consecuencias del estudio anterior se suelen ver al cabo de dos o tres generaciones, así que pueden invitar a trabajar como cobayas a todo aquel vecino que les incomode o les baile con tacones en el piso de arriba a eso de las tres y media de la madrugada. Pagan cincuenta céntimos la hora y un bocadillo a elegir entre comérselo o dejarlo.

 

miércoles, 12 de marzo de 2008

CASCARÓN

Una noche bastante tormentosa: ¡Ropoboumb, tragantaclataclán! (truenos):

El futuro gallo estrella de la granja Altramuces, de nombre previsto Milyemas, está a punto de romper su cascarón y saludar al mundo.

Más truenos. Un rayo se cuela por la ventana del pajar donde conviven los pollos con las pollas. Lógico. El calor del rayo convierte en duros a todos los huevos que coge por medio. Se salva el elegido. Lógico.

Tras el fragor del gran rayo y su trueno atronador, suena el primer crujido de cáscara, por arriba. El segundo, poco después, por el medio. Silencio absoluto. Asoma la cabeza. Sale, con dificultad, el resto del cuerpo. Diez minutos después, hay cola de gallinas para el nido del a toda prisa coronado primer gallo solista. 

lunes, 10 de marzo de 2008

UN DESLUMBRANTE POLLUELO


El cascarón no se rompe. No tengo ganas de trabajar. ¿Por qué ese duende al que mi mamá llama con tanta fe, aún no se ha dignado a aparecer para auxiliarme? Es él quien debe arreglar este problema. Mi mami, cansada ya de una vida vacía y aburrida, me pidió como deseo. Pero ese enano despistado no llega y me asfixio aquí dentro.
Si me emplease a fondo, con mi pico duro, seguramente lo rompería, pero la verdad es que es mucho trabajo y yo he venido al mundo para otra cosa: para deslumbrar. El duendecillo será el responsable de que nazca hiperactivo, de lo mal que lo estoy pasando.
También mi madre sufrirá las consecuencias y no pondrá huevos de los buenos, con el disgusto. Y es una pena, la verdad, porque los huevos de mi madre no son unos huevos cualesquiera. Así que eso es lo que hay. Como éste no venga esta noche y me saque rápido, me veo currándome yo, con mi piquito, la perforación de esta coraza, y eso estresa tela.
Y veo a mi madre poniendo, si acaso, huevos normales ya para siempre; ni de oro ni nada de nada ya. Y teniendo que comprarse el libro de autoayuda ése… ¿cómo se llama? ¿Supermamita? Sí, sí, eso, Supermamita. Le hará falta para educarme.

sábado, 8 de marzo de 2008

CASCARÓN

La gallina Yayita, en sus últimos análisis con el ginecólogo, dio un porcentaje de calcio elevadísimo. La granjera RosaMá Polanco, su dueña, se preocupaba mucho por sus primerizas y las llevaba a una revisión profunda para su primer huevo.

Al amanecer, Yayita notó las primeras contracciones y dijo (Diccionario Gallina-Castellano, Castellano-Gallina, Edit SM) “¡Ya está aquí, se llama Pirri!”.

El elipsoide era de un blanco y formas perfectos. Pero duro como una piedra. Dentro, el pollo Pirri no era capaz de estirarse y salir. Pasados los primeros días de incubación, RosaMá se preguntaba cuándo estaría listo para jugar con los demás pollos, quedarse como gallo, o ser el segundo plato del domingo. Al no asomar, se probaron golpecitos primero y, finalmente, martillazos. Todo sin resultado.

 Hoy, un año después de aquello, Pirri permanece lleno de vida y da sabios consejos a los gallos desde el interior de su cáscara, con voz profunda y un gran sentido común. Desde la repisa donde vive, sólo elude temas de viaje y programas televisivos. 

viernes, 7 de marzo de 2008

UNA CARTA DE AMOR (más o menos)

Querida Luisa:

 

Estoy esperándote en el patio de casa, respetando tu deseo de no ir a recogerte a la estación. No me acuerdo de dónde venías esta vez, quiero decir de casa de quién, de ahí que te plantee las siguientes alternativas, para que a modo de control inventarial de mis cuernos, te sirvas tachar al que proceda o no (indicar la palabra o la palabra no):

- Antonio Silva, el neumólogo carajote ése de los dos metros de altura y cien kilos, persona que reconozco deslumbrante debido al exceso de brillantina sobre su calva. No te veo yo con él, qué quieres que te diga, aunque comprendo que te habrá hecho el avío en cualquier congreso de los más aburridos.                                          

- Juan Carlos Bastos, tu anestesista. Tal vez un hombre interesante si está despierto, con una conversación llena de agilidad y coherencia, plagada de mensajes inconfundibles, como el de “sí, sí, más tostadas, por favor”, o “¡Jesssús, el cine independiente; anda ya!” y otros. Pero un pelma, por encima de todo, un pelma. Se me hace que para un repaso en el ascensor de tu hospital, tan lento, pueda resultar. Pero futuro, futuro, con él, ninguno. Te lo digo yo.

- Carlos Cedrún, el residente de Betanzos. Este tiene de original, desde hace cinco años, que está aquí “de paso”, y como a ti toda novedad te hace aguas en la lencería inferior, pues te lleva encandilada. Bastan una corbatita nueva y que te diga que le han llamado de su tierra, que se va dentro de unos días y tú ¡hala! a celebrarlo con él por todo lo alto, en su ático miserable de ciento cincuenta metros de solarium. Yo, de ti, bajaba a la realidad, porque cuando la madre le llame desde el terruño para decirle que tiene listo el ajuar, coge el autobús y  no lo ves más. Esos pájaros son así.

- Margarita Torrado; sí, sí,  Margari, no te vayas a creer que me he caído de un guindo. En el hospital se sabe todo. Cuando estuve por lo de la uña, la única que me queda, estaba allí de guardia Salvadora, mi prima. Y nada más verme me suelta “el disgusto que te vas a llevar si lo oyes por ahí, así que te lo cuento yo.” Detalló la escenita en el cuarto de la ropa limpia entre tú y la niña Margari, venga a darse repasos mutuos de gel aloe vera. Salvadora cerró y salió corriendo, pero era su deber haceros tres o cuatro fotos todo lo más y difundirlas en Internet, y cumplió con él.

  Mira, Luisa, yo soy persona de orden. Y te tengo que llamar la atención pues tu actitud en cuanto a nuestra relación me induce al caos. A menos que me informes de tus actividades a lo largo de las dos últimas semanas, se me queda incompleto el dossier de octubre, ya vencido, y sin poder empezar la hoja nueva de noviembre. No me parece.

Te propongo de nuevo lo que, estadísticamente, ha resultado siempre más productivo: Hojas con dos copias para que consignes brevemente –en sus distintos apartados-  los datos más significativos de cada golpe a la fidelidad conyugal. Te puedes quedar con el original y depositar un ejemplar en el buzón de correos más próximo, pues todos los impresos –recuerda- tienen al dorso el franqueo en destino. Es lo más práctico, pues los fines de semana, en un ratito, relleno mi hoja de cálculo con el rigor necesario en cuanto a tus actividades.

Porque, Luisa, como que me llamo Jorge, que yo te quiero muchísimo. Pero por la gloria de mi madre que, cuando tú perpetres la infidelidad número 100, a éste no lo ves más. Así soy yo cuando tomo una decisión. Con decirte que vas por la 93 y ya tengo mirados dos pisos, uno coquetón muy cerca de casa, al lado de la pescadería. El otro es más corriente. Y mi hermana Ágata me ha dicho que cuente con ella para la mudanza. Que tú no sabes con quien te juegas los cuartos, Luisa.

¡Ah!, y no me opero de lo del frenillo porque no me da la gana.

Atentamente, Jorge.

jueves, 6 de marzo de 2008

A UNA PINTORA

De tus manos, dos gaviotas,

provocándoles que vuelen

sobre un lienzo,

pasan de ser unas gotas

de pintura en tus pinceles,

soles nuevos, lunas rotas,

recién nacidos claveles,

en un tiempo,

de mañanas sorprendidas

que se quedan de por vida

en tus cuadros retenidas,

sin aliento.

 

Transparentes y en colores,

sabes pintar los sabores,

y el alma de los olores

en el viento.

Atrapas la vida en flor

Y, pintándole el calor,

despierta el sol cegador

al momento.

 

Si es necesario sentir

lo difícil que es vivir;

sabes color transmitir,

del tormento;

a penas, rojo incendiario,

azul domingo al diario,

y huye negro, innecesario,

el sufrimiento.

 

Haces fiesta cada vez,

que tu pincel como un pez,

nada con intrepidez,

en un cuento,

de luz y sombra soñado,

del Universo creado

y, pintora, por ti pintado:

tu talento.

 

 

 

 

 

 

 

 

CARTA AL DINERO

Es timado señor Don Dinero:

Lamento el principio de la carta: A usted, querido amigo, le han estafado.

Maldicen de usted que aturde al sabio, que encumbra al sin virtudes, que nubla los sentidos. Y, aún más, que engaña. Por una módica parte de usted demostraré todo lo contrario. El primer engañado es usted y me temo que el último en saberlo.

Partamos del principio, como Arquímedes.

Desde muy joven bañado en oro, nació usted con la ilusión de evitar los cabreos  de los babilonios; esos que, a toda costa, querían cambiar sus cabras por lo que necesitaban de, por ejemplo, los persas; aunque, después, algunas eran reacias a caminar y hubiera que cargarlas en brazos, dando lugar a cabreos persistentes.

Durante siglos se probó, por ejemplo, que el más infeliz, aliado con usted, llegó a ser un gran señor feudal tonto ¡Y la lista de reyes bobos que promovió usted! También logró que alguna dama que estaba muy bien, pero en mala posición financiera, pasara con su ayuda a estar mejor, si bien tuvo que practicar otras posiciones no financieras.

Pasó el tiempo y demostró usted paciencia y señorío con los de lumbares tiernos. Aquellos que, al tener que cargar con más de diez kilos de sus células madre, las monedas, decidieron contarle y convertirle en numeritos de un papel protagonista de relatos de dos líneas con personajes como El portador o quizá alguien conocido.

Le digo que ahí estuvo usted demasiado permisivo, don Dinero, y perdone, pero no todo ha de ser coba y enjabonado. En cuanto usted se pasó al documento y al apunte, se lió la gorda. Baste como ejemplo decirle que en el siglo XXI hay máquinas que dicen de usted que va sin moverse mil veces de un lado a otro en un solo día; y, encima, se llaman ordenadores. No saben lo que hacen, se lo aseguro.

Intente que le devuelvan el respeto. Hágase notar. Vuelva a sus orígenes, en los cuales, desde una bolsita cosida a los riñones, una faltriquera, se derramaba usted como el agua fresca, de mano a mano.

No reniegue, que no es mi intención, de sus familiares jóvenes, el cheque y el pagaré, pero llámeles a la orden: Cuanto antes se pongan al corriente con las cuentas, mejor. Le recomiendo que cuide su salud, su entereza para no ser un ser fraccionado. No permita que le cambien sin parar, pues se quedaría descompuesto, o sea suelto.

Por último, si se siente solo, no dude en venirse conmigo las veces que usted considere oportunas, por muchas que le parezcan. Créame así, como le hablo don Dinero, sin tapujos, totalmente al descubierto, que es cuando más le echo de menos.

Sevilla, a jueves, 6 marzo 2008

ERA MAYO


Era mayo
cuando me perdí
en tu boca.
Era mayo,
mar salada,
azules olas.
No sé
inventar palabras,
ni pintar auroras
pero era mayo,
cuando me perdí
en tu boca.
Foto: I. Orta

miércoles, 5 de marzo de 2008

DESDE LA SOMBRILLA HASTA EL ATAÚD




(La última aventura)

Ni siquiera llora; y no es por insensata, ni por boba; sabe bien lo que le espera. Lo sé yo, que llevo toda mi vida con ella, y ella, toda la vida a mi sombra. Me ha cuidado siempre de maravilla. A la vista está que la mayoría de las que surgieron en mi generación, o no existen, o las abandonaron a su suerte, en lo más escondido de un garaje.

Adriana nunca me haría eso. Ahí está, con esa trenza gris que aún guarda reflejos del oro que fue. La quisieron. Soy fiel testigo de las caricias depositadas en la curtida piel, por la que desde hace tiempo nadie pasa.

Ambas asistimos expectantes a nuestra decadencia, pero es la mar, con su oleaje, la que nos consuela, la que mitiga el peso de los años.

Por eso ayer, al salir de la consulta del doctor, volvimos aquí, a mirarla. Ayer supo Adriana que su fin está cerca; y con su fin, el mío, que gustosa aceptaré a su lado y frente a este ir y venir de olas, que se convierten en nuestro pulso, en nuestra música.

No me hace mucha gracia este ataúd que para las dos eligió y que tenemos al lado. Adriana lo abre de vez en cuando; lo mira, se recuesta en él. Cuando se cansa, se da un baño y viene a mi refugio.
Quisiera abrazarla, pero no puedo, y ella lo sabe. A veces lo siento en la forma en que expande mis brazos, lentamente; a veces me sacude la arena de encima con la mano, como si me acariciase.

Si pudiera hablarle le diría que no ha tenido muy buen gusto haciendo la última gran compra de su vida. ¿No se da cuenta de que en esta playa lo que en verdad pega es un ataúd azul?

¡Uy! ¡Me ha mirado! Ha vuelto la cabeza y me observa fija. Se levanta, se coloca el pareo y toma su bolsa. ¿A dónde irá? Ha salido de la playa en dirección al pueblo.

Ha pasado casi una hora cuando la adivino a lo lejos. ¿Qué trae en la mano? Es un cubo. No. No es un cubo. Es un latón; un latón de pintura. ¡Bien!, ¡de pintura azul! ¡Éste es el resultado de tantos años juntas!
Me mira sonriente y me dice:
_Verás, guapísima, lo bien que queda ahora._ Y coloca todo junto al ataúd. Con cuidado quita el crucifijo de encima para no teñirlo. Una vez acabado el trabajo, vuelve a colocarlo y nos miramos contentas. Este ataúd ha quedado lo más parecido posible a una barquita pesquera.

Han pasado varias horas en las que Adriana no ha parado de venir desde el ataúd hasta mí. Vuelve a tocarlo. Ya está seco. Presiento que el momento ha llegado. Mi dueña se me acerca despacio. En su rostro, la expresión de un nuevo dolor contenido. Cierra mis brazos y no sé si estoy soñando, pero siento que me abraza. Sí, me toma en sus brazos y se dirige hacia el ataúd. Extiende la toalla en el fondo y me coloca sobre ella. Empuja a duras penas el que será nuestro lecho, hasta el agua, bien adentro y después salta, tumbándose a mi lado.

No cabe duda; ahora sí, me abraza; me abraza y no sentimos miedo. Lo que sentimos es la inquietud alegre de la aventura; sólo que ésta, y, mientras la caja aguante, será la última.

Adriana, con el rostro ya más sereno, ausente nuevamente de dolor, me susurra:

_ ¡Ya está bien de observarla, de mirarla, compañera; surquémosla!