lunes, 21 de abril de 2008

HAIKU


En mis tinieblas

las sombras son estrellas

que me acompañan

domingo, 20 de abril de 2008

La última

Siempre me queda una, y a mí que me gusta tomarlas de dos en dos, tengo que esperar hasta poder comprar otra caja. Pero no puedo esperar.Es domingo por la tarde. ¿Me la tomo? La vuelco, la saco, la palpo, pero nada, sigue siendo una. Creo que la partiré en dos, y de ese modo… ¡zas! ¿y ahora dónde está? No puedo creerlo, perdí mi última juanola. Hoy no podré dormir.

sábado, 19 de abril de 2008

El buscador

Y buscaba y buscaba… Y seguía buscando la manera de no quedar siempre por inocente, por simple, pero parecía imposible. Al fin y al cabo siempre sería el menor de doce hermanos.

viernes, 18 de abril de 2008

COMO SI FUERA HOY.

Diciembre de 1967.

Yo mi apellido mi apellido, veo en un escaparate un juego de ajedrez cuyas piezas representan figuras humanas, reina, rey, ministros, caballos encabritados y torres preciosas.

Me quedo embelesado y pido a los Reyes que me lo traigan por Reyes, valga la redundancia.

Se acerca el día de Reyes y hago pasar a Mi padre mi apellido primero  su segundo apellido por la tienda donde se vendía el ajedrez. Ya no está. Mi padre mi apellido primero  su segundo apellido me mira, se encoge de hombros y me dice que así es la vida. Me encojo de hombros yo también, para no ser menos.

Llega el día de Reyes y nos levantamos como ardillas, los cuatro hermanos, mis tres hermanas mi apellido mi apellido y yo mi apellido mi apellido.

Intento hablar durante un rato pero no puedo. En una butaca de la salita, marrón, brillante, está el tablero con todas las piezas situadas, esperándome.

Mi padre mi apellido primero su segundo apellido me mira, se encoge de hombros y me dice que así es la vida. Me encojo de hombros yo también, para no ser menos. Mi madre mi segundo apellido su segundo apellido, sonríe.

Hace sesenta años de aquello. A ver si el Alzheimer tiene cojones de quitármelo de la cabeza.

Editorial Abril

Una buena amiga, me regaló hace tiempo un bonsai de hoja perenne. Era precioso y lo puse en un lugar privilegiado del salón. Mirar un bonsai es como trasladarte momentáneamente a un campo abierto lleno de paz y tranquilidad.
A lo que iba, lo cuidé con esmero. Me compré un libro para seguir sus consejos, y aún así el bonsai empezó a perder brillo y al poco empezaron a caer sus diminutas hojitas. Lo trasladé a la cocina donde hay más luz, pero el pobre cada vez parecía más un árbol que tímido, hubiera enterrado su copa en el suelo, enseñando solo las raices.
En Navidad mis hijas le pusieron guirnaldas para adornarlo un poco. En febrero, y ante su muerte inminente lo subí a la azotea y lo coloqué a la sombra de una frondosa maceta. No lo regué.Allí quedó olvidado un par de meses. Sólo la poca lluvia y el riego por goteo que sobraba a la maceta obraron el milagro. Cuando subí el otro día estaba lleno de yemitas nuevas y me dí el alegrón del día. A veces solo hay que dejar obrar a la naturaleza y ella nos renacerá en cada primavera. Escribid mucho, leed y dejáos influir por este precioso mes de abril. Inma

INNECESARIO.

Serguei Godfrensko, junto a sus compañeros Otto Lamprievesptein, Mattías Brogtritres y Karl Gagoflatblo, se pasaron la tarde buscando excusas para no invitar a su recién llegado compañero de oficina al cumpleaños del jefe, Sigfried Ataklestat. Pero no fue necesario: Con lo que le escupieron al presentarse y decir su nombre, el nuevo, un tal Gómez, se sintió incapaz de acudir.


Amaneciendo

Tus manos acarician

mi pensamiento

martes, 15 de abril de 2008

SIN TIEMPO

La mujer se despertó con un olor agrio a goma quemada; se levantó y abrió la ventana: Madrid ardía por los cuatro costados. Volvió a la cama.

El hombre hizo mal en moverse: Una de tantas balas arrojadas al fuego entró sin romper ningún cristal para alojarse caprichosamente cerca de su corazón.

-Tardaré en morir –le dijo a su mujer, que no quiso levantarse más.

No insistió en hacer el amor como póstuma hazaña. Por lo visto, bastaba con la última de minutos antes.

Su sangre caía hacia dentro, donde el humo negro conquistaba todos los rincones. No quiso tapar la herida.

-Abrázame -dijo la mujer desde la cama.

-Ven tú, es más fácil, yo ya estoy sin tiempo -dijo él.

Pero ella no quiso levantarse más.

Fuera, sin que nadie pudiera evitarlo, se abrían otras ventanas para que el humo y las balas ocuparan los espacios libres.

lunes, 14 de abril de 2008


Te miro quieta

De tus olas espero

caricias nuevas


La noche deja

en el rocío el llanto

de las estrellas