lunes, 9 de junio de 2008




En tu espejo
duermen las estrellas
al anochecer.

¡Esos animales!

Un poco por azar y otro poco por la curiosidad que a veces tengo, he consultado la web de un centro de acogida de animales abandonados. Es lamentable que las llamados "personas" usemos a nuestras mascotas como juguetes y luego las tiremos como trastos viejos. Dicen que no tienen alma, pero en su mirada reflejan la tristeza de su situación. Quizás falta educación y concienciación.
Aquí pongo el enlace. Sobran palabras.
http://www.arcasevilla.es/

Tejedores de cuentos-1

Armando contempló desde la puerta el montón de cajas apiladas en el fondo de la habitación. Durante la noche, había estado guardando en ellas todas sus cosas. Toda su vida. Todos sus sueños e ilusiones. Ahora, tan sólo debía llevarlas a otro lugar. Creyó sentir que el suelo se abría bajo sus pies.
“Necesito respirar”, se dijo mientras se echaba al hombro el equipo de buceo.
Salió de casa. No echó la llave. “¿Qué más da cerrar, si no hay nada que robar?” pensó mientras arrancaba el coche. Tomó la N-547 con dirección al mar, allí donde un día conoció a Ramón. El sabor a sal llegó hasta su boca. El sol comenzaba a calentar, pero él sólo sentía un frío intenso, enorme, hiriente. La música sonaba sin cesar.
Junto al embarcadero, Ronal le recibió con un saludo. Él respondió cortésmente al mismo, mientras colocaba la botella de aire comprimido a sus espaldas.
“Hace un hermoso día para bajar”, dijo el muchacho mientras le ayudaba a colocarse el equipo.
“Sí, hermoso día”, respondió sin más, sin ni siquiera alzar la mirada.
(...Beli)

“Sumergirse en el mar, a menos un metro o en el mayor de las fosas, te impide respirar igual”, solía decir Ramón, mientras chapoteaba en la orilla. Y lo dijo, sentado junto a un chiquillo que jugaba con cubos y palas sin hacerle caso. Pero Armando sí lo oyó. Se paró y se sentó junto a él.
-¿Por qué esa sentencia? ¿Todos los problemas son iguales? –le preguntó.
-No, lo que son iguales son las tristezas cuando se les deja entrar –respondió Ramón sin levantarse.
Antes de que Armando tirara de su brazo para llevárselo al agua, Ramón se levantó de un salto y corrió contra las olas que rompían. Fue rápido, como un ariete. Armando no pudo seguirle y le perdió de vista. Para siempre. Su cuerpo no apareció. Y Armando notó la falta de aire en sus pulmones.
(...Gabriel)

Ahora le tocaba a él. Lo tenía todo pensado. Sería en el mismo lugar y a la misma hora en que lo conoció. Se tiró desde el embarcadero mientras Ronal lo despedía sin quitarle la mirada de encima.
Se alejó lo suficiente y buceaba con tanta energía que pronto llegó hasta el fondo coralino donde tenía previsto despojarse del equipo. Allí, lejos del mundo, a solas con su tristeza se reuniría con él, sin interrupciones, libre por fin.
Continuaba buceando mientras miles de recuerdos pasaban por su memoria. Sonreía.
Intentó quitarse la botella de oxígeno, pero Ronal la había amarrado con tanta fuerza que tuvo que pelear contra ella. De pronto, de entre las rocas apareció una morena gigante.
(...Inma)

El animal distrajo su pensamiento, que en ese instante se ocupaba de intentar cuadrar la reacción de Ramón a su llegada. ¡Cómo siendo ambos lo que eran y lo que fueron, no hubiese habido entre ellos ni tan siquiera una mirada, un roce, un choque de manos, eso sí, suave, cálido y sentido, como había sido siempre!
La morena parecía estar más a lo suyo que pendiente de la presencia de Armando, que seguía luchando para deshacerse del oxígeno. Al no conseguirlo quiso renunciar a la máscara y acabar de una vez. Y ese gesto trajo a su memoria el primer abrazo bajo el mar que Ramón y él se dieron, sin esperarlo, sin buscarlo, pero lo inmensamente grande como para abastecerlos de felicidad durante mucho tiempo. Un abrazo de esos por los que la vida cobra todo el sentido. Y con la emoción de ese recuerdo, con más impulso que nunca, sabiendo que aún podía encontrarle, deslizó su cuerpo entre la corriente, tan a favor como sus ganas y comenzó la búsqueda, como última oportunidad para volver a tenerse.
(...Isa)


Anochece hoy.
Amanece mañana.
Mi esperanza

miércoles, 4 de junio de 2008

Lisboa, verano de 2006

Voy por las calles

y un fado me acompaña

porque te fuiste

Rota, primavera de 2007

Cuando anochezca

serás de nuevo faro

y yo velero

martes, 3 de junio de 2008

AGARRADLAS, SON ESCURRIDIZAS


Hola, compañeros:


Os reto (para así retarme a mí misma) a participar en una especie de juego literario:


El más valiente de todos, que sea el que inicie un microrrelato, con un máximo de diez lineas. La última frase del primero, será la que inicie el siguiente, y así todos los demás, al igual que en el concurso de la Ser.


¿Cómo lo veis? Para no esperar a que aparezca la valentía, el orden puede establecerse, por ejemplo, por orden alfabético. De esa manera, empezaríamos a jugar una vez que vuelva Beli, que sería la primera.


Decidme qué os parece, o cualquier otra proposición al respecto, en "comentarios".


Un beso a todos.

domingo, 1 de junio de 2008

¡¡¡Hola compañeros!!!!, no penséis que os he olvidado, ni que he abandonado este mundo sin deciros adiós. Lo que ocurre es que estoy pelín liada con el congreso de Vigo. Me voy el miércoles y prometo volver con reportaje de "angustias y desangustias de una enfermera de boca grande en apuros". Bueno, que os echo de menos, que tengo ganas de veros y que estoy deseando de ponerme a escribir sin parar. Los relatos se me agolpan y no tengo tiempo de dejarlos ver el sol de vuestros ojos. Lo dicho...sigo vivita y ...hasta pronto

jueves, 29 de mayo de 2008

ESPECIALISTAS.

Tocaba ayer. Mi mujer, Cristina, decidida, llenó el cubo de agua y jabón. Sin pensarlo dos veces, abrió el cajón de los paños (antiguas camisetas) y se dirigió a los niños y a mí para comenzar la limpieza.

El cristal de la ventana grande, de haber estado, se habría limpiado según mis ideas, no como decía al teléfono mi madre, que llamó desde Ipanema. Así que, menos mal que vivimos en una planta baja, recogimos del césped a Bernardo, el mayorcito, y lo pusimos a barrer los yerbajos que se trajo pegados al caerse. Las pequeñas, las gemelas Pepa y Paca, salieron de la chimenea en cuanto se lo pedí.

A pesar de las dificultades, limpiamos la casa de arriba abajo. Salvo un detalle. En la pared de la salita gris (tras una discusión enorme, llegamos a que es gris) detectamos una araña. Gorda, peluda, llena de patas. Y vacilona.

Sin mostrar más sentimientos que la defensa de mi hábitat natural, cogí mi raqueta de squash y me fui a por ella. Supuse que con un revés plano, brazo suelto y piernas flexionadas, sería suficiente. El bicho se anticipó a mis movimientos y, pendiente de un hilo de seguridad, se paseó por mi nariz y me picó.

Sin hacer la digestión, recogidos del suelo la escalera plegable, un pañuelo y mi raqueta, optamos por llamar a un especialista en combatir arácnidos criminales.

Antes de venir, el operario de la empresa Kill Bich nos aconsejó consultar a un abogado. Debíamos tener en cuenta quién había llegado antes a la casa. Cogí mis escrituras y leí en voz alta el protocolo de compraventa ante notario y, sobre todo, la fecha de la misma. La araña volvió a dar una pasada en plan Tarzán para intentar arrebatarme el documento, pero pude esquivarla y huir al cuarto de baño, donde permanecimos hasta que llegó el exterminador.

Desde la bañera, armados de botes aspersores llenos de champú, oímos el desarrollo de la lucha. Debió ser horrible, según chocaban contra el suelo, una y otra vez, la espalda y la cabeza del operario, quien, en un último detalle antes de huir, echó la factura debajo de la puerta del baño, que incluía sólo el desplazamiento.

No tenía alternativa. Hice la llamada comodín, la que no podía fallar.

En efecto, antes de la batalla final, apareció Spiderman de paisano. En un abrir y cerrar de ojos, se encaró con nuestro enemigo y le dijo cuatro cosas bien dichas. El bicho bajó por el marco de la puerta y, abochornado, salió con la cabeza gacha. Por el camino hasta el coche, se oían las reprimendas y los pescozones que el superhéroe aplicaba a nuestra ocupa.

Así fue como supimos su nombre: Concheta.

Con el mayor de los sigilos, volvimos a tomar posesión de nuestra casa. Por la noche, hicimos una fiesta en el jardín, dejamos la puerta abierta para que se secara la pintura y el domingo por la mañana teníamos una familia de murciélagos encima del televisor.

Aquí no tendría que llamar a nadie. Para algo soy Batman, qué demonios.

miércoles, 28 de mayo de 2008

DESPERTAR

El Rompido. Julio de 2006.



A veces nos perdemos en lo más tenebroso de nosotros mismos. Abastecemos nuestra alma del insoportable vacío de la infelicidad. Es entonces cuando nos salva el hecho simple de mirar a través de las tupidas cortinas que hemos ido tejiendo, en un tiempo demasiado oscuro e inexorable, para ser capaces de ver ese añil que nos espera y que nos devuelve a la vida, brindándonos todo un cielo de posibilidades.