sábado, 13 de septiembre de 2008

CUESTIÓN DE CONCIENCIA

Podría sucumbir a tus encantos; es más, no hacerlo me es muy sacrificado. Pero no consentiré que mi alma arda en llamas, ante la mirada satisfecha de Luzbel. De ese honor no es merecedor un simple pastel de arándanos.

todos los porqués
Sé cómo he llegado hasta aquí, pero no porqué. Ellos se acercaron hasta mi casa, llamaron a mi puerta. Cuando la noche mostraba el más sonoro de sus silencios, ellos, sin preguntar, sin hablar, sin ni siquiera un porqué, me trajeron hasta aquí.
Ahora siento el frío en mi sien izquierda. ¡Qué paradoja!.El sol ha comenzado timidamente a asomarse por el horizonte. Este lugar...¿recordaré este lugar?. Tal vez no. Tal vez sí. Como tantas otras respuestas, la tienen ellos entre sus manos.
El frío de mi sien se ha transformado en un ruido ensordecedor. Todo está a oscuras. No hay estrellas. No hay soles.
Todas las respuestas caen sobre mí, húmedas, sentidas, angustiosas. Lloran y ahora sé porqué.

baile añejo
Encontró la carta ya abierta. Dentro,un papel amarillento, olía a tiempos pasados. Las palabras bailaban un baile añejo, desacompasado. Reinventadas las palabras pero no los sentimientos. El -espero que al recibo de ésta os encontréis bien- le llevó de la mano a las canciones y ternura de unos ojos hoy ausentes. Se dejó llevar por aquella danza de símbolos y deseos. Descubrió por casualidad, que no había nacido ayer sino que nacería mañana. Mañana, cuando el corazón dejara de bailar la danza de la tristeza.

viernes, 12 de septiembre de 2008

año bisiesto

Los cristales de la ventana que daban a la calle estaban sucios. Muy sucios, tanto, que a diario escribía en ellos la palabra ADIOS.

El primer día que lo hizo fue aquel en que el mundo compensa su desajuste horario con el sol. Y a partir de ahí, día a día, escribía lentamente ADIOS.

Aquel amanecer de invierno, ella había llorado por última vez entre sus brazos. Ahora, era él quien lloraba mientras miraba a través del cristal sucio en el que había aprendido a escribir ADIOS sin esperanzas.

jueves, 11 de septiembre de 2008

el sobre



Miraba a diario su buzón. Lo abría lentamente a pesar de que a través de los pequeños agujeros podía saber que no había nada. En su interior, un negro metálico. El vacío. Cerraba la puertecita y giraba la llave. Sonreía con tristeza mientrás contaba uno a uno los escalones de la escalera.
Siempre igual. Cada día lo mismo.
Aquella mañana introdujo la llave en la cerradura del buzón. Como a diario. Al abrir la puertecita encontró un sobre azul sin dirección ni remitente. Sólo una frase: PARA TI. Miró a su alrededor. Se sintió objetivo de unos ojos ocultos, invisibles. Nada a su alrededor. Nadie más que él. Miró en el interior del sobre. Una nota verde. Dos palabras: NO LLORES.
Guardó la nota y tiró en la papelera, sus lágrimas sin usar.

La estrella


Dentro hay luz pero la oscuridad me envuelve.
Es la noche. Es la noche que me llama.
Me persigue de día y, aún más cuando aparece.
A veces no la oigo. A veces no la quiero oír.
Pero ahora me entrego y ella me mece.
Me enseña sus tesoros.
Todos los ven. Todos los desean. Todos los tienen.
Yo abro los ojos. También los deseo.
“Míralas”, dice la noche. Estrellas de leche.
Luceros hermosos que brillan cada vez más fuerte.
“Quiero una”, suplico. Hay infinitas.
“Míralas”, replica. Todos las desean. Todos las tienen.
“Sí, pero yo sólo quiero una”.
La noche cuenta sus estrellas. Después me mece.
“Míralas, pero no las toques”, dice, “ellos las quieren”.
“Pero, yo… ¿por qué me llamas entonces,
si no me concedes la suerte?”.
“Se perdió una estrella", respondió la noche,
"y la encontré al verte”.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

POMPAS DE JABÓN
De pequeño le gustaba jugar con las pompas de jabón. Las dejaba elevarse impulsadas con la sola caricia de de su aliento. Se alejaban de él con un vaivén acompasado, que para los ojos de su amigo Javier, era la mejor canción de cuna para dejarse dormir bajo la higuera.
Rafael siempre fue un niño. Ahora, cuando está a punto de cumplir los 90, sueña cada noche que su madre le llama apoyada en el quicio de la puerta.- ¡Rafael a merendar!Aqui tienes el trozo de pan con aceite y azúcar- , y que sus pompas de jabón juegan con el lucero de la mañana

Otro Edén

Sabes que me gusta desbrozar pensamientos y que es en estos días lúcidos, otrora demasiado oscuros, cuando descorro el velo semi-transparente de mi mundo y te lo muestro así, tal y como lo ves.
En este cosmos no hay deidades acuáticas, tan sólo alguna que otra sirena con cantos entre los que se confunden toses y carraspeos.
La edad también está reflejada en sus ojos.
En lo más alejado del jardín sigue ese manzano, con su reptil onduleante de mirada oblícua. Ya nadie se sirve de sus frutos pues sobre él pesa una extraña leyenda de castigo y exilio.
En el piso de arriba vive un conejo hastiado, sospecho que anda algo trastornado porque no deja de repetir: "Alicia no me persigas más", "Alicia no", "Alicia no.."
Pandora jugó todos sus vicios y virtudes a la apuesta más grande, ahora la ves caminando de acá para allá buscando con lo que llenar su caja. Los días buenos, los menos, encuentra un diente de león, una gota de rocío...
Puedo advertir en el desasosiego de tu forma de observar que poco o casi nada de lo que ves te gusta.
Te anticipas.
Si te deja de dar miedo y me dejas que te lleve de la mano caminaremos acompañados ladera arriba.
Ahora te sientes poderoso pues con tus sentidos lo abarcas todo.
Puedo verte sonreir.
Aquí te complaces en saber que existen olores a vainilla y azahares,
que la hierba está fría bajo tus pies,
que la lluvia a modo de capricho puede visitarte mezclando en el cielo, claridad, nubes y estelas de colores,
que existen mirlos blancos, gorriones pelirrojos,
que los sauces ya no lloran,
que puedes dibujar con la yema de tus dedos el camino del sol, si quieres dos atardeceres en un día los tendrás;
y que te encantaría quedarte...
Yo te invito a que lo hagas

microrrelevo 3

Tiene un merecido y destacado sitio en el verdor intenso de mi jardín.
Y allí, entre las sombras frescas duerme oculto esperando un momento especial que sólo yo podré designar. Tendré que pensarlo bien pues una vez sacado a la luz solo me quedará su grato recuerdo. Cada noche cierro el jardín con celo. Solo yo puedo visitarlo. Solo me tiene a mí para contemplarlo. Pasan los años y por fin llega ese día… ¿Cómo no me fijé en que tenía fecha de caducidad?

lunes, 8 de septiembre de 2008

Ecos y rumores.

Janis Kokolis preparó la ensalada gigante que tenía prevista, básicamente de atún con cebolla, e ingresó en el Récord Guinnes el pasado martes por la mañana. Por la tarde, aprovechó para ganarse unos dólares como plañidera en tres entierros. Sus ojos anegados en lágrimas arrancaban terroríficos gritos de dolor de los asistentes.


 

Doña Ventura Mora de Pereda sacó a su hijo Edu por las orejas de aquel antro y se lo llevó sin rechistar. Estaba cansada de oír que su niño se pegaba por las noches con otros muchachos. Mientras pasaba entre la multitud, les echaba en cara no haberlos separado.


-Qué vergüenza, mira cómo llevas la cara, -le decía de camino a casa.


-Él también me ha pegado a mí, -contestó Edu.


-Es verdad, -reconoció el otro muchacho.


Al día siguiente, el diario deportivo Golazos detallaba las pérdidas del promotor Don King al haber tenido que suspender el campeonato mundial de los pesos pesados.

 

Alfred Rogers y Ginger Astaire, dos camioneros de Nevada, desentrañaron el día 8 de agosto pasado uno de los secretos mejor guardados de la Humanidad: La fórmula del bocadillo sin pan. Acostumbrados al caso que les hacen en casa, dieron gracias al Cielo al ver sus nombres en una reseña de su gesta en el suplemento semanal del Washington Post, en la columna dedicada a personas y pollos con trastornos psiquiátricos agudos.

 

El ambiente familiar reinante en la mansión Can Tous/Perellada, herederos de las lanas de Castelldefelds, tomó unos derroteros inesperados el pasado domingo, último de agosto. Resulta que la criada segunda de cocina, Guillermina Pousats, al servir la sopa, fue sorprendida por el tercero de los hijos de Joan Carles Tous y Clementina Perellada, el señorito Bartolet, quien le metió las manos por dentro del delantal con la excusa de buscar una copia de la llave de la bodega. Sabedores todos de que dicha llave la guarda, por tradición, la primera ayudante de ama de llaves, Guillermina lanzó la sopera en vertical y, entre lanzamiento y caída, golpeó las mandíbulas del señorito Bartolet con ambas manos. Una vez la sopera de nuevo en sus manos, procedió a servir su contenido sin más contratiempos. Sin embargo, terminada la jornada laboral de la servidumbre, y por tanto sin obligaciones contractuales ni diferencias sociales, la familia al completo se alineó a la izquierda del jardín principal de la casa, mientras que a la derecha, enfrente, lo hacía el conjunto de empleados y sirvientes. Comenzaron las hostilidades a las siete y cuarto de la tarde y terminaron los golpes y los insultos antes de las once de la noche. A la mañana siguiente, la normalidad era la nota dominante en la casa, hasta el punto de no mediar el menor signo de escarnio o mofa al cruzarse cada uno que más leña dio con el que portaba algún que otro moratón. Sin duda, comenzaba una nueva era de paz que duraría, al menos, otros cien años.