lunes, 15 de diciembre de 2008

Una de jamón

Fue mi santo. Me regalaron un cuchillo jamonero ¡Qué ilusión! y ¡Qué peligro! todo al mismo tiempo. Es como una relación prohibida que apasiona y angustia al unísono.
La paletilla ya estaba empezada y su cuchillo antecesor le había hecho un flaco favor, así que dispuesta a estrenarlo lo saco de su funda y pareciendo que cobraba vida por un momento se me va de una mano a otra y acaba cayendo entre mis pies. ¡Qué susto, por favor! Mi pobre perro que siempre me observa de cerca cuando trabajo en la encimera, por si acaso, huyó despavorido pensando en un atentado por mi parte. Lo recojo. Menos mal que la punta sigue bien. Nuevo intento. Loncha fina. La siguiente espectacular. La tercera… nuevamente con su vida propia y su propia iniciativa tropieza con el hueso, luego con la tabla y de un rebote se clava contundentemente en le mueble que colgaba delante de mí. Mi marido me contempla pasmado. Decido que cenaremos queso.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Las mudas del deseo

Lo mismo que París,
siglo tras siglo,
muda su piel de tela de comerciante,
yo mudo trajes de brillo
por otros de oscuridad.

Noches de cabaret
habitan mis entrañas, tinieblas
de humo y neón.

Cuando me entregues tu nombre
como antes me entregaste tu cuerpo,
como vestiste mis sueños,
como pintaste mi cielo.

Cuando me entregues tu nombre
te ofreceré un beso.
El beso,
el largo beso de la noche.

GRANDES ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS (I)

LAS CUENTAS CLARAS.

  Los Reyes del cólico van para Córdoba a pedir cuentas a Gonzalo, el Gran Capellán. Y como van para allá,  pues llegan.

 NANDI: A ver qué nos cuenta este muchacho.

SABELITA: Por lo que cuentan…

E.G.C.: Un único gran saludo para ustedes los dos, que me trae más cuenta.

 NANDI: Por la cuenta que te trae, cuenta, cuenta.

SABELITA: Ten en cuenta que venimos a echar cuentas.

E.G.C.: No sé a cuenta de qué se ponen ustedes así, a la defensiva.

 NANDI: Pues que nos han dicho que eres un pájaro de cuenta.

SABELITA: Se cuentan tantas cosas de muchos…

E.G.C.: Talmente. Esto se ha puesto hasta arriba de cuentistas.

 NANDI: Queremos saber el saldo de la cuenta que teníamos en Cuenca.

SABELITA: Y dónde está el collar de cuentas que te presté.

E.G.C.: Pues lo vendí por fin cuenta.

 NANDI: ¿Cómo que por fin,  cuenta?

SABELITA: Las cuentas claras, aunque el dinero no aparezca.

E.G.C.: Por fincuenta ducados, perdón que tenía un hueso en el diente.

 NANDI: Al grano, y descuenta de tu sueldo el collar.

SABELITA: Eso, que lo has vendido por tu cuenta y riesgo.

E.G.C.: Bueno, pues ahí van mis cuentas (comprueba que están abiertas todas las puertas mientras entrega libros y libros en blanco).

 NANDI: Entrega algo a cuenta, por lo menos.

SABELITA: De prisa, que yo estoy fuera de cuentas y me canso.

E.G.C.: Er… pues nada, nada, majestades, ustedes a lo suyo, que yo ya les envío el resto por valija diplomática. (Se escurre por el fondo, con suavidad).

 Ruido de caballos rápidos. Muy rápidos.

 NANDI: Nos la ha vuelto a dar, tenlo en cuenta para otra vez.

SABELITA: (Cuenta hasta diez para no decir barbaridades). Otra vez, Nandi, yo ya he perdido la cuenta.

 Se van los reyes, como han venido, sin una moneda ni un balance. Se llevan las Cuentas del Gran Capellán. A su salida hacia la Corte las carcajadas se oyen en toda la ciudad. Parecen tontos, nunca se dan cuenta.

viernes, 12 de diciembre de 2008

CRÓNICAS URBANAS (III)

Advertimos a los lectores que en esta crónica, si bien partiendo de hechos contrastados, se puede advertir cierto –mínimo- grado de alejamiento de la realidad. Por si acaso.

Año 2007. Sevilla, avenida de la Barzola.

Se ve venir el autobús y la gente que espera indica con la mano levantada su intención de subirse en él. El autobús aminora la marcha.

Una vieja que tira de su carro de la compra, avisa con ademanes estilo molino de viento que también quiere subir. No le dan opción, pero vagamente le indican que un segundo autobús llegará de inmediato. El autobús primero arranca y se va.

La vieja se relaja y se aproxima a la parada. El conductor del segundo autobús no ve a nadie en la parada y no piensa en detenerse en ella.

Aquí surge el verdadero conflicto: Por el imprudente cruce de un peatón, el conductor se ve obligado a parar en seco y la vieja se impulsa como un resorte, viejo, hacia la conquista de la parada. Si llega antes, tendrá derecho a subir. El autobús, tras unos breves insultos al peatón, reanuda el camino, lento al principio, con velocidad creciente. Aún no ha alcanzado a la vieja, que ya sueña con esperar al autobús y detenerlo. El conductor es experto, el autobús nuevo y la aceleración lleva la competición al paroxismo.

Varios transeúntes afirman que el autobús llegó antes. Otros afirman lo contrario.

Tras el visionado de la cinta grabada en la parada, el juez no tiene criterio para decidir. Pero la vieja, lista como el hambre, propone la revisión a cámara lenta. Fotograma a fotograma. En el momento en que parecen coincidir autobús y vieja, el juez congela la imagen y se nota limpiamente cómo la pierna derecha de la mujer pisa el umbral de la parada antes de que la rueda del autobús traspase su vertical. “Fotofinish dixit. Ya lo han usado en las olimpiadas”, afirma la vieja sonriente.

El veredicto es claro. La empresa de transportes urbanos regala a la vieja un bonobús gratis y una bufanda de sus colores corporativos. Con ella puesta, entra en el hogar del pensionista como una reina.

Estaciones fantasmas

Viajes a ninguna parte
aviones de papel
trenes de juguete
maletas vacías
típicos tópicos
¿Estás seguro amor de que es esta tu parada?

Mientras hago la cama

Recorres mi espalda
con la yema de tus dedos, sacudo
las sábanas.

Vísteme con tus manos
mientras hago la cama.

jueves, 11 de diciembre de 2008

SOLEDAD

El edificio no estaba tan bien cuidado como antes, cuando se encargaba Luís. Y el jardín apenas tenía flores. Echaba de menos las petunias que Julio le llevaba cada día al templete, al verla sentada para desayunar. Sólo nacían esas hierbas tan altas, tan duras, tan difíciles de arrancar…
 Se sentía muy sola. Los hombres que pasaron por su vida y por su casa se fueron más tarde o más temprano dejándola sola, su único temor. Soledad, con canas pero aún firme, se dio cuenta de estar hablando con la tierra sin sembrar del patio trasero. 
El recién nombrado jefe de Control y Auditoría no perdió un segundo. Sincronizó la apertura de la caja con los petardos de la feria. Antes había repartido cientos de cancelaciones de cuentas, pulverizando la estafa: Profesional, rápido y con tiempo para perder si querían pillarlo. Para entonces, como un clásico, estaría lejos. 
Tras desviarse por la comarcal encontró una serie de pequeños hoteles, pero los evitó viendo que estaban bien comunicados por teléfono. Siguió un buen rato hasta ver una casa blanca con un cartel con habitaciones libres y un gran jardín. Paró y fue hacia la entrada con su maletín. Después recogería o mandaría recoger la ropa al encargado. 
“¿De viaje de negocios?”, “Es muy joven”, “¿Casado?”. Soledad hizo las preguntas de rigor mientras el hombre firmaba el libro. “¿Rogelio Zurita?”, se dijo que habría preferido  Pepe López; le gustaban las mentiras de toda la vida. 
Tras tomar un café, el hombre parecía con más ganas de hablar. Había consultado las noticias por su ordenador y sabía que le buscaban. “¿Soledad?, curioso nombre, viviendo sola”, bromeó con su anfitriona, al parecer la única ocupante de la casa. Recordó estar lejos de otros hoteles y gasolineras, y supo que estaría bien pasar un tiempo recogido aquí, hasta que las primeras páginas se las llevaran otros. Y que no había vecino cercano a quien llamar.  Y que la mujer siempre sería un estorbo. 
Dejó caer la tarde y la buscó por toda la casa con una cuerda entre las manos, sin zapatos para no hacer ruido; notó que algo sibilante pasaba junto a su oreja seguido de un golpe seco, miró hacia atrás, y vio un machete clavado en la puerta de la cocina. Se le heló su sangre fría. 
Tras buscarla de nuevo en cada rincón, se sintió mareado; la vio venir, sonriente, y él también sonrió tensando la cuerda entre sus manos, pero notando que lo hacía sin fuerzas. Ella seguía avanzando hacia él, que, sorprendido, sentía cambiar el aspecto de su cara, seguro de que el pánico superaba al vértigo. 
-Eres de los que menos ha aguantado mi café -le dijo la mujer-. Y tu hueco lleva mucho tiempo esperando en el jardín. Dame esa cuerda.  

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Incertidumbre

Y sola, como tantas otras tardes del frío invierno se sentó en su cocina a tomarse un café. Al acabarlo, se quedó mirando fíjamente el fondo de la taza buscando un futuro incierto entre los posos del café. No había nada. Transcurrió una hora perdiéndose en sus pensamientos. Miró de nuevo el fondo y …nada. Entonces recordó que había utilizado café soluble.

domingo, 7 de diciembre de 2008

EL FIEL AMIGO

En las horas amargas
de mis noches en vela,
acudo al fiel amigo
que callado me espera.
Y le voy confiando
mis dudas y temores,
todas mis inquietudes,
mis muchos sinsabores.
Atento y silencioso,
va escuchando mis cuitas
y nunca me defrauda:
siempre acude a la cita.
Yo no guardo secretos
para tan fiel amigo,
él me brinda su apoyo
y siempre está conmigo.
Yo le muestro mi alma
cual cristal trasparente,
sabe de las ideas
que pasan por mi mente.
¿Que quién es este amigo
tan fiel, noble y atento?
El blanco inmaculado
papel de mi cuaderno.

Paquita, siete de diciembre 2008 domingo