domingo, 8 de marzo de 2009

CARTA DE AMOR

Te conocí una noche de febrero. No hacía frío, al menos yo no lo sentía, sería debido a mi juventud.
Te encontré de fiesta, no sé qué se celebraba pero todo resplandecía iluminado y reinaba gran alborozo por doquier.
Buscamos alojamiento pero hoteles y pensiones se hallaban ocupados debido a la fiesta .
Pasamos la noche en casa de unos amigos. Desde el primer encuentro me sentí atraida por tu encanto, de tal manera calaste en mí, que a pesar de los muchos años transcurridos nunca te he olvidado. 
Fueron tres los que viví junto a ti y con los tuyos, tres años preciosos de mi vida, en los cuales aprendí mucho; sobre todo, me enseñaste a vivir junto a otras culturas, otras religiones y a comprender que no somos tan distintos los seres humanos unos de otros, lo importante es respetar y comprender a los que son diferentes y que los sentimientos son lo que nos iguala.
El atractivo que sentí fue recíproco ya que tu gente me abrió sus puertas y en más de una ocasión me demostró su cariño. Disfruté en aquel tiempo, de las mañanas yendo a la Medina para hacer la compra del día, y me encantaba escuchar a los vendedores pregonar sus mercancias y pasar con los borriquillos por sus estrechas calles. También pasé ratos agradables, cuando me adentrabas en fiestas propias de tu cultura con las que en más de una ocasión creí estar viviendo cuentos de las mil y una noches. También paseamos algún domingo por tus playas y tantas y tantas cosas agradables vividas junto a ti difíciles de olvidar. 
Hace unos años volví a reencontrame contigo, experimenté una gran emoción al verte de nuevo, y a pesar de que ni tú ni yo estamos como entonces - ya que los años nos han cambiado-
me sentí tan fascinada como entonces, recordé a tus hijos, Fátima y Abdelkader, a CHacor, todos buenos amigos. Si querida Tetuán, a ti va dirigida esta llena de cariño y ternura para ti y tus gentes, posiblemente no volvamos a encontrarnos, pero tu recuerdo siempre me acompañará, recibe esta carta que con mi amor te dedico.
    Paquita Ortiz Navarrete.

Un paseo por nuestra ciudad
















Hoy me he sentido turista en mi ciudad. La he recorrido desde primeras horas de la mañana, cuando aún sus calles guardaban el silencio de las primeras luces del día. La he visto bostezar, ir abriéndose lentamente al abrazo del sol. Sevilla está preciosa, para pasearla, disfrutarla, dejarse envolver por la melodía del agua en sus fuentes, el olor de los naranjos en su Placita de Doña Elvira... He paseado despacio, sin prisas, disfrutando de esos rincones que tantas y tantas veces he visto, pero que aún hoy me siguen enamorando, asombrando, atrayendo.
En mi paseo, he disfrutado mucho con las dos exposiciones de esculturas en la calle, una de ellas,la de Ripolles (para mí la más divertida, mi poco conocimiento de arte solo me lleva a utilizar ese adjetivo) y la de Berrocal, algo más sobría para mi gusto.
En dos días, Sevilla me ha ofrecido una inyección de alegría, de ganas de vivir, de sentir, de soñar, que aquí estoy para compartirlas con todos vosotros.El viernes, de foma casual, sin premeditación ni alevosía pero sí con una gran suerte, fui al teatro. En el Lope de Vega están representando estos días la obra "Fugadas", con las actrices Maria Galiana y Rosario Pardo. Genial. Me reí como hacía años que no me reía. Salí nueva, rejuvenecida, con una liposucción hecha de melancolía y lloriqueo barato. Me quedé con ganas de seguir riendo. Luego, paseé la noche de Sevilla y allí me encontré con las exposiciones que anteriormente os he nombrado. Id a verlas de día y de noches, por lo menos la de Ripolles se convierte en dos exposiciones en una.
¡¡¡Ah, se me olvidaba!!!, a esta obra tal vez os cueste ir a verla al Lope porque están agotadas las entradas, pero bueno, podéis intentarlo, tal vez algún loco se haya arrepentido a última hora, pero lo que no debéis dejad de ir es a "un dios salvaje" que la pondrán del 31 al 4 de abril.
Bueno que no os cargo más con mis crónicas viajeras, aunque esta vez sean desde aquí mismito. Un beso. Os dejo algunas fotos para ver si os animáis.

sábado, 7 de marzo de 2009

INFORMACIÓN FERROVIARIA.

-Mucha atención  a los tontos de la semana, por favor: Los que se creían que iban a subir al tren por el andén seis, número seis, que no suban y salgan corriendo para intentar subir por el andén siete, número siete, número primo y bonito, que está justo al otro lado de la estación. Ah, y se me olvidaba: ¡DING, DONG, DING, DING!

Maldiciones. Algunas en suizo. Una en camerunés. Muchísimas en alemán.

-Más atención a los giliboinas que han comprado y pagado su billete: Tienen que pagar un plus de fealdad después de haberlos visto pasar por el monitor delante de este puesto. Algunas deberían asesinar lentamente a su peluquero. Ay, joén, que siempre se me olvida: ¡DING, DONG, DING, DING!, y eso que llevo aquí desde que se abrió esto, cuando lo de los carruajes, tiene guasa la cosa.

Pelotazos en las ventanillas con papel de aluminio hecho bolas. Más maldiciones. Las más curiosas en chipriota del siglo XVI.

-Se comunica a los que han cruzado la vía por ahorrar tiempo que tienen que pasar por la ventanilla dos, luego la tres y después la ocho para recibir bofetones de los que trabajamos aquí. Y es que las imprudencias se pagan, cohone ya.

            -Como va a salir un tren, cierro de momento, ¡ay, esperarse!, ¡DING, DONG, DING, DING!, la ventanilla para celebrarlo y parar para comer. No sé a dónde va, pero yo me montaba, sobre todo los que están aquí desde el lunes. Vía nueve, nueve, múltiplo de tres. Hasta luego, y no perder la fe, sustituto eterno de la paciencia. Ni olviden recomendarnos, que aquí se hacen muchas amistades. Más de un matrimonio se ha fraguado en estas salitas de espera. Taluego. ¡Uy, sí!: ¡DING, DONG, DING, DING!

jueves, 5 de marzo de 2009

CORRECCIÓN.

A Joaquín Heras le faltaba un mes para jubilarse como oficial de mantenimiento de la sede del Palacio de Justicia y soñaba con viajar junto a su mujer por toda Europa. ¡Estoy segura de que nos acompañará tu maletín de herramientas!, gritaba Malena sonriendo.

Ahora sería imposible.

A pesar de darse cuenta de su equivocación, Fidel Moreno disparó con rabia a todo lo que se movía en el piso donde entró, después de echar la puerta abajo. Y allí, en su propia casa, sólo se movía Malena.

Desde la segunda fila de la zona habilitada para el público, Joaquín Heras observaba toda la sala, para terminar con la mirada fija en Fidel Moreno, el acusado del juicio. Era el día del veredicto, de la sentencia donde Fidel Moreno saldría, con casi total seguridad, absuelto.

Y así fue.

El juez se levantó y mandó desalojar la sala.

Sin mover un músculo, Fidel sonrió a Joaquín. Sin gesticular ni abrir la boca, le decía, poco más o menos, que así son las cosas, que hay daños colaterales, aunque sean fruto de la frustración de no acertar con el piso correcto donde matar al amante de su chica. Que estaba ofuscado y no miró bien el número de la puerta.

La sala se quedó vacía. Sólo ellos dos, Joaquín y Fidel, permanecían aún dentro.

Cuando Fidel hizo el gesto de levantarse, de todas las puertas de la sala cayeron rejas que se clavaron en el suelo como puentes levadizos y las luces se apagaron junto con su sonrisa, aunque no fuera un hombre que se dejara intimidar con facilidad.

Fuera, ni la policía ni los hombres de Fidel eran capaces de entrar.

En la penumbra, Joaquín se levantó despacio, cogió su maletín de herramientas y se dirigió hacia el asiento de los acusados, donde Fidel seguía sentado, sin ser capaz de moverse.

Desde fuera, el juez gritaba para detener aquello. Pedía herramientas, armas de fuego, cualquier cosa que detuviera a aquel loco. Al comprobar los hierros macizos y el cristal blindado que lo respaldaba, dejó de gritar y bajó los brazos.

-¿Es que vas a matarme, así, a sangre fría? –preguntó Fidel-, y ahora sí dejó ver en su cara un movimiento más parecido a una sonrisa de complicidad. Una broma, poco más o menos.

-No, claro que no –le corrigió Joaquín, abriendo su maletín de herramientas-. Pero te juro que contaré las veces que me  pidas que lo haga.

 

miércoles, 4 de marzo de 2009

COMPLEJOS


En la puerta había una gorra negra. Y por más que la invité a que pasara, no llegué a conseguirlo. Me dejaba entrever su angustia al imaginarse rodeada, en el interior de casa por mi familia, todos sombreros de copa.























No sé si seré capaz de transmitir en fotografias mi viaje a Copenhagen; probablemente no, pero...
Ahi os envío algunas de las imágenes captadas por mi cámara. Esa ciudad nórdica, con un tiempo invernal, la guardaré en mi corazón y en mi memoria, como el mayor de los tesoros. ¡Qué suerte querer y que te quieran!¡Qué suerte compartir momentos!

EN UN DESCUIDO.

Me sentí libre al tirar mi fusil a los pies de un soldado enemigo, que me apuntaba a la cabeza. Al darle la espalda, oí cómo él también dejaba caer su arma.

Durante años, nos hemos escrito sin conocer nada más que nuestros nombres. Y al final de cada carta volvemos a recordar que, al regresar para vaciar de munición los dos fusiles, faltaba una bala de cada uno. Dos niños de un pueblo cercano llegaron antes y, en sus juegos, cada uno puso una cerca del corazón del otro.

En el bolsillo de la camisa.

MARCALIBROS.

Los tres comenzamos a leer el mismo libro, sacado de la biblioteca: Mamá tenía siempre su marcalibros muy por delante de nosotros y mi hermana y yo nos esforzábamos por alcanzarla, hasta el día en que, sin leer apenas nada durante una semana por trabajo, vimos que su marcalibros indicaba una página mucho más adelantada.

Triunfalmente, le hicimos ver nuestro descubrimiento de su trola al día siguiente, en el desayuno.

            Ella tiró de su marcalibros y nos lo mostró: “Voy por la página 114”, pudimos leer escrito a mano por ella. Y lo volvió a guardar de nuevo al azar, en cualquier página

martes, 3 de marzo de 2009

DE SOMNUS INTERPRETATIO.

El martes día dos de marzo de 2009, entre las tres y las tres y cuarenta horas de la madrugada, tuve el siguiente sueño:

Mientras esperaba turno para el arreglo de mi reloj carillón de pulsera, sólo cambiar pilas y pulir el péndulo, una señora me recriminaba el color chillón de mi camisa, lo cual gritó sin parar hasta las tres y diez, hora en que mi mujer, al volverse, me metió un dedo en el ojo. Exclamé sin salir de la cola que reparar mi carillón de pulsera me iba a salir por un ojo de la cara y la señora, muy bien vestida de charol negro, huyó de mi sueño. Accedí al mostrador del relojero y éste, completamente bronceado, comentaba la separación de su cuñado Ernesto, sin caer en que yo la conocía bien, pues Ernesto es mi vecino y se viene por las tardes a merendar y ver el telediario que le grabo. Si no es porque mi mujer, al volverse, me recriminó no haber sacado la basura, el relojero no se habría callado, cosa que hizo a eso de las tres y treinta horas de mi sueño, sin retirar unas cáscaras de kiwi de su sombrero. A las tres treinta y cinco, traté de pagar en efectivo y mi mujer, en un cambio de postura increíblemente ágil, me dijo “no cambies, chato”, por lo que pagué con tarjeta el trabajo al relojero, unos quinientos cincuenta mil euros con seis céntimos aproximadamente. A las tres cuarenta, me desperté para acostarme. Mi mujer seguía dormida, pero se levantó también del sofá de madera.

El miércoles día tres de marzo de 2009 no tomé fabada con caracoles para cenar. De resultas, soñé con una solución numérica muy sencilla al problema cuántico homotofoxílico de la galaxia Chenchi 2, un problema dificilísimo que me quitaba el sueño.