lunes, 21 de diciembre de 2009

LAS COSAS CLARAS.

Doblé la esquina que se mantuvo recta y atravesé la calle sin perforarla lo más mínimo. Sin mover sus ventanas, di la vuelta al edificio de enfrente, que dejó de serlo, y subí por la escalera de incendio que descendía, inútil pues no ardía nada de la parte trasera, que tampoco lo era cuando llegué y giré la cabeza para no tener a nadie detrás. Del rato que me senté a descansar muy poco tiempo lo hice de veras, pues me recupero de inmediato de un esfuerzo, para decirme, como si yo no lo supiera, que sería mejor parar a esperar acontecimientos, mientras volvía a correr y no pasaba nada.

Harto de contradicciones, me apunté al enemigo. De momento, invisible.

sábado, 19 de diciembre de 2009

CON LOS OJOS CERRADOS.

He cerrado los ojos
y con el pensamiento
recorro los caminos
de los lejanos tiempos.
Tiempos por mí queridos,
días que ya se fueron,
tan llenos de ilusiones
esperanzas y anhelos.
Me dejé en el camino
tantos, tantos recuerdos...
que, como un ramillete
de pétalos ya secos,
los conservo en mi alma
los guardo aquí: en mi pecho.
Y cuando -como ahora-
quiero buscar en ellos,
las penas y alegrías
aquéllas que se fueron,
me resulta sencillo,
no hago ningún esfuerzo;
sólo cerrar los ojos
y quedarme en silencio.
Entonces rememoro,
en muy breves momentos,
aquel tiempo pasado
aquél que ya no ha vuelto.
Y lo que más me apena
y me quita el sosiego,
es el verme tan sola,
sin aquel compañero
para recordar juntos
los pasados momentos
en que fuimos dichosos.
Pero me quedé sola,
se me fue el compañero
en una madrugada
del frío mes de enero.
Pero no de mi alma
ni de mi pensamiento.

COPLILLAS ANTIGUAS

Cuando clarea el día
por la mañana, muy tempranito,
llaman a mi ventana
las golondrinas con su piquito.
Con su piquito abierto
y yo, entre sueños,
les digo que me dejen,
que estoy durmiendo.

Golondrina, golondrina
que vas volando
por el mundo entero,
vuela a donde está
mi amado y dile que
por él me muero.

Golondrina, golondrina
golondrina de mi anhelo,
como estás tejiendo el nido
ayudarte a tejer quiero.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

DI.

Di que me traes el agua clara y fresquita,

para beberla a sorbos de tu boquita.

Di que, mientras me besas, la sed me quitas

gracias a que tus labios me dan su agüita.

Di que me das la luz con tus dos ojitos,

para espiar tus sueños asomadito

a tus ventanas verdes, verde oscurito

que hacen que vea y sueñe todo clarito.

Di que tu corazón baila pegado al mío,

con latidos de risa y de desvaríos

y musiquita fresca de agua de río;

de escalofrío, niña, de escalofrío.

martes, 15 de diciembre de 2009

A OBAMA

Al señor Obama.
Muy señor mío:
Compruebo con desilusión, que el Nobel de la Paz no lo está empleando bien, sé que el dinero lo ha donado para obras sociales, lo cual dice mucho a su favor, pero justifica la guerra si cumple ciertas condiciones; yo no creo que ninguna guerra sea justa cumpla las condiciones que cumpla y menos aún si se invaden países que nada nos han hecho por el solo hecho de creernos sus salvadores.
No señor Obama, las guerras no son nunca justificables, ya que sólo traen, muerte y destrucción y en las que además, siempre pierden los inocentes que no tienen culpa.
Ahí tenemos el caso de Irak. ¿Se ha conseguido algo bueno y positivo? No, por el contrario, ya han muerto muchos miles de personas con un altísimo porcentaje de población civil. Me pregunto cuando terminará esta matanza. Dejen los poderosos que cada país se autogobierne y no interfieran en casa ajena, no vayan areglando lo que nadie les ha pedido.VD sigue cayéndome bien, pero como digo al principio, me desilusiona con ciertas declaraciones. Atentamente.


yanyan

domingo, 13 de diciembre de 2009

Editorial Diciembre 2009.

Navidades y nosotros. O viceversa.

Fiestas, crisis y algún que otro millón de noticias más. Son las reglas del juego, las que no vale cambiar según nos vaya mejor o peor.

Y en esas, Paraleernos culmina su segundo año dando pequeños pasos adelante:

Se han mantenido los reportajes de la intrépida reportera Beli, que manda fotos y sensaciones de los sitios por donde pasa como si siempre hubiera vivido allí.

Se ha echado palante Paquita, además de como poetisa, como rescatadora de los poemas y cancioneros de siempre, y eso, como tenerla a ella, es un lujo.

Ha habido dibujos de Loli que jugaban a las adivinanzas con imágenes bailonas, como las palabras pinceladas.

Se han encontrado otras pinceladas, las de ese humor fino de Isa dentro de la belleza con que se atreve –como pocos- a hablar del amor sin vueltas de hoja.

De lo que han compartido Lorenzo e Irene, nuestros poetas sin miedo, se queda grabado en nuestro blog de aquí a la eternidad.

Del espíritu más crítico en contenidos y congruencias de los escritos, hemos tenido a Inma que, junto a sus cuentos certeros y bien dirigidos, hace los juicios más sensatos y contundentes de los escritos. A ver si aprendemos y se lo agradecemos más.

Y algo más, de mucha importancia, es saber agradecer a quienes nos leen. No sé medir cuántos son, pero sí cuánto nos importan. Hay una Clea duende del bosque que nos levanta la persiana para ver el Sol cada vez que se asoma por el blog. A todos los demás, también muchas gracias y que sigan entrando sin llamar, que lo hagan para leernos, que aquí estamos.

Y, no se me olvide, Feliz Navidad.

sábado, 12 de diciembre de 2009

CÍRCULOS.

Elena se despidió del pintor, Julián, para ir a recoger a su hijo. Lo hizo en el coche del propio Julián, quien había traído por error el utilitario rojo de su mujer en lugar de su camioneta de trabajo, donde colocó la escalera la noche anterior. De camino a la escuela, al pasar por delante de la casa de Julián, vio cómo la mujer de Julián, Aitana, se despedía de un hombre que, dentro de una camioneta, arrancaba desde el jardín hacia la carretera. Se paró un momento a charlar con Aitana, mientras ésta terminaba de llamar a un servicio de grúas para que recogiera un coche azul estropeado, el de Elena. Mientras, el conductor de la camioneta, se acercaba a la casa de Elena, para controlar la pintura de la fachada.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XXI).

Batalla de maletines del Metro de Brooklyn.

En la mañana del día dos de octubre de 2009, Fred Deville y Gregory Snipes esperaban el mismo tren para ir a trabajar.

Tan cerca estaban, que Gregory se abrochó el cinturón pasándolo por una de las presillas laterales del pantalón de Fred antes de cerrarlo y al abrirse la puerta del vagón fueron empujados hacia dentro como un solo cuerpo.

-¿Siameses, mamaíta querida? –preguntó una niña morena de rostro de manzana y voz aguda y chirriante.

-No sabría decirte, perlita linda de mi corazón, -respondió la mamita querida con una voz aún más chirriante.

Un frenazo para no arrollar a una señora de la limpieza secando a mano unos raíles fue lo que provocó el amasijo de cuerpos sobre la parte delantera del vagón. Los siameses de hecho, en cambio, quedaron a ambos lados de una de las columnas de la plataforma, aunque sus carteras sí salieron disparadas hacia la montaña de carne humana.

Mientras se reanudaba la marcha, fue desmontándose el Himalaya de cuerpos. Una vez redescubierto el suelo, el revisor repartió con orden los diversos artículos esparcidos por el piso, incluida su gorra de autoridad ferroviaria.

El dilema surgió al devolver dos maletines. Los dos se habían abierto a causa del violento parón y el revisor se quedó tan callado como el resto de los viajeros.

Un maletín estaba lleno de ropa interior femenina. El otro contenía, al menos, medio millón de dólares en su interior, en billetes nuevos y grandes.

La máquina comenzaba a ganar velocidad. Los viajeros, redistribuidos de nuevo, impedían que Fred y Gregory pudieran avanzar. Aún no se explicaban por qué parecían pegados y la siguiente era una parada donde entraría mucha gente y habría menos sitio para moverse.

El revisor comprobó que ninguno de los maletines tenía identificación.

Quedaban dos curvas. La velocidad bajó algo después de la primera, pero aceleró en una recta intermedia. Los dos hombres pidieron ayuda y la recibieron de un tipo con exceso de músculos que arrancó la barra vertical que impedía moverse a los de la cintura compartida.

-¿Cómo sé que cada uno cogerá la cartera correcta? –preguntó el revisor.

El tren silbaba hasta romper el tímpano, anunciando su próxima parada: Nada de riesgos con más operarios suicidas de la empresa de mantenimiento de raíles.

Como respuesta, los dos se abalanzaron sobre las maletas.

-La mía es la del dinero, -dijeron Fred y Gregory al mismo tiempo.

Fue la única declaración que esperaban los ocupantes del vagón. Se produjo entonces, sin necesidad de otro frenazo a destiempo, una segunda montaña de cuerpos que concentró al pasaje en la zona delantera del vagón. Esta vez sin excluir a nadie.

Al llegar el tren a la siguiente parada y abrirse las puertas automáticamente, una explosión de viajeros gritando con bragas de múltiples colores en una mano y un fajo de billetes en la otra, se extendió por la estación como un hormiguero.

Por último, descendían los dos hombres con las ropas arrugadas, sin sombrero y con una maleta vacía cada uno.

Mientras cortaban el cinturón umbilical que les había unido, Fred pudo mirar a Gregory por primera vez y lamentar el incidente.

-¿Por qué dijiste que era tuyo el maletín del dinero? –preguntó Fred, derrotado.

-Porque no podía imaginar, si no llega a abrirse, que alguien me hubiera cambiado mi maletín por otro con un puñado de bragas de colores.

Magullados y frustrados, los dos transportadores de fondos para compañías de seguros tendrían que dar muchas explicaciones al llegar a sus respectivas oficinas.

martes, 8 de diciembre de 2009

HAIKU

Que tú lo sepas
el tiempo que me quede
sin ti no es tiempo

jueves, 3 de diciembre de 2009

PRIMAVERA PERDIDA

El dentífrico se me ha resbalado de entre las manos. Todo se cae; con todo tropiezo y el suelo parece hundirse justo detrás de mis pasos.
Dos horas de vuelo han bastado para poner punto y final a quince años de nuestra vida. Mañana amaneceré a casi dos mil kilómetros de la que nunca volverá a ser nuestra casa; en una cama que no es nuestra cama; y la nuestra ya sólo será tuya.

Vuelvo a tomar el tubo y, mientras coloco la pasta a lo largo del cepillo, recuerdo todos y cada uno de los días en que a esta misma hora, Blanca y Sergio me brindaban (cuesta trabajo hablar en pasado, cuando el pasado fue ayer y se trata de tus hijos) sus cepillitos ya desenfundados. Para sus pequeñas manos es complicado aún lavarse sin ayuda los dientes. Esta noche lo harás tú.

No sé cuántas preguntas te habrás hecho; sé todas las que me hago yo. Y no entiendo, Beatriz, cómo a ti y a mí nos llego a pasar esto; cómo, a lo largo de los años, tú has ido siendo cada vez más tú; yo, cada vez más yo, y cómo el nosotros se nos perdió por el camino. Por un camino que juntos iniciamos, abundante de proyectos fértiles. Un camino cálido, excitante, como cada uno de nuestros encuentros.

Sergio y Blanca se irán hoy a la cama con mi beso de esta mañana, que no fue un beso de buenas noches, sino de despedida.

Tú darás todos los besos que yo les daría, pero los míos se quedarán aquí, en mí, y en este piso oscuro y frío al que tendré que acostumbrarme.

Pintaré las paredes de blanco; las acuarelas que me han regalado los niños destacarán mucho más así. He sacado de una de las maletas una carpeta llena de figuritas de cartulina.

Mañana iré a comprar un corcho grande y colocaré todas nuestras fotos; esas que ya nunca nos haremos, porque hemos dejado de ser nosotros definitivamente, y ahora nos queda ser vosotros y yo; o nosotros y tú.

Es cruel no poder verles a diario. ¡Como si no fuese ya suficiente el no tenerte!

Hay algo que me alivia y es saber que a los niños los mantendremos al margen de todo esto, porque los dos nos hemos encargado de que así sea, y porque hemos podido maquillarles los moratones de una realidad que nos golpeará, sobre todo a nosotros, en nuestras horas más oscuras.

Esta noche marcaré un número de teléfono que no será nunca ya mío, y les contaré a los niños cómo ha sido el viaje, cómo es esta ciudad a la que he llegado y a la que ellos en un mes vendrán. Les daré mi tiempo y mi vida de la única forma que puedo. Y cuando cuelgue, imaginaré sus ropitas en la silla, ordenadas y dispuestas para la mañana siguiente; sus cuentos en la mesita; los mil besos que en estos días, más que nunca, sé que les darás y guardaré los que yo no puedo darles; ni a ellos, ni a ti.
Y cuando vengan, esta casa se inundará con los colores de una primavera en la que faltará tu alegría; en la que estarás sin estar, en los ojos de Blanca, en la boca de Sergio y en todas y cada una de mis largas noches
.