lunes, 15 de febrero de 2010

Cuentos bajo la almohada (3)

Tras rodar varias veces con su trofeo a cuestas, el pobre ratoncito alcanzó de nuevo la almohada. Ideó un complejo sistema de poleas que cuando tenía casi listo había de desmontarlo porque llegaba el nuevo día. Además el abuelo se levantaba varias veces en la noche al cuarto de baño y paralizaba su acción.
Pero aquella noche había sido especial. Sin interrupciones. Levantó despacito la almohada y cuando iba a soltar la dentadura… encontró... ¡un diente de leche!

Haiku

En los acordes
de tus gastadas cuerdas
yace mi sueño

Haiku

Deja que duerma
entre tus quiebros de agua
acurrucada

domingo, 14 de febrero de 2010

Tu nombre

No me gustan los bolígrafos,
al segundo su tinta se seca
y lo escrito queda para siempre.

No importa cuánto pases los dedos por encima de las palabras,
se quedan ahí.

Recuerdo la parte gris de las gomas de borrar
que usaba para eliminar ese trazo
en los años de escuela.
Rascaban el folio
y le dejaban una herida.
Pero era la única manera de poder volver a empezar
aunque fuera sobre una superficie
extremadamente frágil y latente.

Ahora entiendo
por qué y para qué
tengo esta marca en la parte izquierda de mi pecho.

viernes, 12 de febrero de 2010

CONVERSIÓN.

-No te detengas por el camino, -le dijo su mujer-. Y debes darte prisa.

Alfido Bodegas fue al banco a comprar dinero fresco, según le encargó ella.

-El cajero sabe lo que tiene que hacer, -le silabeó entregándole una bolsa vacía.

Se llevó su talonario sin estrenar y pudo disponer del abono de su préstamo sin siquiera una comisión de apertura que lo mancillara.

Pero, al volver, no tomó el camino que le indicó su mujer y se paró a charlar con los amigos. Se entretuvo primero tomando un refresco y más tarde, envalentonado, se fue al río donde se pasó la tarde pescando.

Al llegar a casa se sentía enormemente cansado. Antes de entrar, abrió la bolsa y pudo ver cómo lo que él suponía billetes sin estrenar se habían convertido en monedas sucias y antiguas: el contenido de la bolsa se había podrido por su culpa, pensó.

Incapaz de presentarse ante su mujer, lanzó la bolsa contra la puerta de su casa, pidió a un amigo que le comprara un billete de avión y se fue a vivir a otro país.

-Con el préstamo a su nombre hemos tapado tu desfalco, nos hemos librado de él y tenemos las monedas de oro antiguo. No está mal, -dijo aquella noche la mujer al cajero, mientras éste abría una botella de vino.

jueves, 11 de febrero de 2010

Cuentos paralelos (2)

Cuando regresó de desayunar su pan migadito con el café, ya era un hombre nuevo. Su ración de pastillas había hecho efecto y se dirigió de nuevo a su cuarto para continuar con la búsqueda de su dentadura. Buscó y rebuscó por la cama, bajo la almohada…-¿Qué hará aquí un euro? Se preguntó. Lo guardó en el bolsillo y continuó buscando sin cesar hasta que una llamada al teléfono lo interrumpió.
Ahora debía darse prisa porque su amiga lo esperaba para sus clases de baile. San Valentín se aproximaba y ellos se habían apuntado al concurso que organizaba el centro de día. Pero… no podía presentarse así. Solución de emergencia: ¡Plastilina!

Cuentos bajo la almohada (2)

…Al pobre ratoncito le costó lo suyo llevar su enorme trofeo hasta el castillo de los dientes. Iba él muy orgulloso pensando en ser felicitado por su hazaña cuando una monumental bronca por parte de su superior, el guardián de las buenas maneras, lo devolvió a la realidad. ¡Aquella dentadura no estaba bajo la almohada para él! ¡Qué mal se sintió el pobre cuando se enteró que el euro que dejó a cambio no daba ni para un empaste! Acostumbrado a sembrar ilusión, se dijo que compensaría al abuelo por su gran error. ¿Cómo pudo equivocarse con el dormitorio? ¿Cómo podría compensar al abuelo?... Navegando con mil y una preguntas en su pequeña cabecita y cargado una vez más con la enorme dentadura postiza emprendió el arduo camino de vuelta…

miércoles, 10 de febrero de 2010

ÉRASE UNA VEZ...
Fuera hacía frío. Dentro del local todas las miradas confluían en su rostro. Sereno e irradiando felicidad. Fuera la noche dejaba un cielo cuajado de estrellas, dentro, solo un astro brillaba en el centro de la estancia.
Nadie hablaba. Todos los sentidos puestos en ella. Abrigada por la guitarra y el piano, su dulce voz se elevaba hasta el infinito.
De cuando en cuando, el silencio roto por un aplauso.Esta noche, no una noche ni aquella noche. ¡¡¡NO!!!, esta noche ha nacido una nueva estrella. Aún no tiene nombre, pero tiene una voz hermosa y envolvente. Si queréis saber de ella, los martes noche en la Carbonería(siempre que la agenda lo permita). Allí estará. Allí estaremos.

martes, 9 de febrero de 2010

Cuentos paralelos (1)

Pudo levantarse tras varios y fallidos intentos. Aquella artrosis le dificultaba hasta lo más fácil. Otro esfuerzo y logró ponerse las gafas. Sus rodillas perezosas se resistían a caminar, de modo que la próstata hizo de las suyas y no le dio tiempo de llegar al baño. Una hora había transcurrido hasta que por fin logró ducharse. El aroma a café y tostadas le hacía intuir que su hija hoy no trabajaba en turno de mañana, así que preparó su mejor sonrisa para ella. Pero… ¿Dónde habría puesto su dentadura?... el pañuelito seguía allí…


no era el fin...

Se acercó hasta la orilla. Aquel día todo había amanecido nevado. Era la primera nevada del invierno, y también la primera de su vida. Hasta entonces había vivido en el sol, en el cálido país de su familia. Ahora todo eso había quedado atrás: su vida, sus amigos, sus recuerdos...

Se acercó hasta la orilla. Desabrochó lentamente sus botas y las dejó a su lado, junto a la vieja mochila que desde hacía años le acompañaba.

Miró a lo lejos; en el horizonte el sol timidamente se zambullía en las aguas; un petrolero, o eso le pareció, recortó sobre él su perfil metálico.

Abrazó sus piernas dejando caer la cabeza entre ellas. Un viento helado le envolvió. Su cabello oscuro y rizado, su pálida piel, sus pies descalzos...su soledad. Fuen entonces cuando reparó en ella, en su mirada, en su sonrisa calmada y pétrea. La miró fijamente. ¿Cómo no la había visto antes?¿Tan grande era su dolor que todo a su alrededor había perdido su valor?¿Tan hastiado estaba?- Ella le devolvió la mirada. Le ofreció su sonrisa. El lo entendió todo. No estaba solo. No era el fin sino el principio. Aquella pequeña estatua de bronce, diminuta y solitaria; soñadora e imaginada; creada para amar y ser amada. Aquella pequeña estatua le ofreció la mano y él la tomó entre las suyas. Sonrieron juntos.

Desde aquel día, la Sirenita nunca más se sintió triste y él dijo adiós a sus botas y a su hastío.