Después de tal latido como éste,
cómo pensar de nuevo en conquistarte;
a ver si están los cielos de mi parte
o al menos para algún cuerpo celeste.
No hay verso que mejore lo que tocas,
la levedad furiosa de tus besos,
la ausencia de dolor ni el aire espeso
que queda al respirarlo de tu boca.
Cómo empezar de nuevo el galanteo,
sintiendo que se electrocuta el cuello,
que se eriza mi piel, se riza el vello
al acercarme a ti dando rodeos.
Qué voy a conseguir tras tu respuesta,
después de tanto vértigo y mareo
con giros, con parábolas; no creo
que merezca la pena dar más vueltas.
Tampoco sé si acierto el acertijo
muriéndome por verme satisfecho
de haber cumplido, los deberes hechos.
Insuperable vida, punto central y fijo:
haber nadado vivo entre tus pechos.
Decídelo, mi bien, elige, di
si quieres que mi vida continúe
al lado de la tuya, y se sitúe
mi cuerpo en la promesa que te di.
Será tu propio corazón quien hable,
pues sólo el corazón tiene la clave.
Aún suponiendo que mañana acabe,
será su decisión inapelable
y hará jurisprudencia, bien lo sabes.