viernes, 16 de diciembre de 2011

Exposición en el Ateneo

Desde este nuestro blog, os invito a la inauguración de mi próxima exposición. Será en el Ateneo a las 19,30 horas. Ya véis porqué no escribo, pero intentaré corregirme para primeros de año. Me haría ilusión veros por allí.

lunes, 5 de diciembre de 2011

RECUERDOS DE VIAJES (4).

Viaje al Tah Majal.

Nicasio, mi cuñado favorito, tenía ganas de darle un caprichito a su querida esposa, mi hermana Carlota, después de la pelea que tuvieron en el Madison Square Garden a doce asaltos, que interrumpió el árbitro en el sexto porque había que poner la cena y bañar a los niños, que para eso son los dos muy serios.

Total, que nos propusimos ir a la India. Enseñé unas fotos en casa, comenté algo de arquitectura mogol –tanto construcción como materiales- y Nicasio se llevó la pulidora en una caja llena de papel de bolitas de las que explotan y entretienen.

Al rebufo de la iniciativa, nos juntamos los dos matrimonios y la suegra no común, la madre de Nica, doña Dolores, Dolola para los amigos, que se contuvo y trajo consigo sólo diecisiete maletas, zapatos aparte.

-Con dos cojones, -dijo la que facturaba a doña Dolola al ver como ella misma se cargaba a la espalda el maleterío sin pedir ayuda ni aceptarla.

Pasar por la aduana al llegar necesitó de un servicio de abrillantado de la terminal seis del aeropuerto de Nueva Dheli, con un precio estupendo, porque mi cuñado tiene una mano enorme. Me explico: fue la mejor forma de demostrar que no íbamos a derrocar al gobierno. Además, el ciudadano medio indostaní se escoña de la risa cuando patinan los que corren a punto de perder el vuelo. Alguno había que se distraía mirando el reflejo de los muslos turgentes gracias al acristalado. Además, aplicamos un IVA reducido. Un éxito inicial.

Pero abrillantar el palacio era otro cantar.

Los guardias pedían sesenta millones de rupias nuevas –sin mordiscos- para entrar, otros doscientos millones por alargaderas para el enchufe y la mitad más para estar atentos y que nadie pisara el cable ni se lo comieran las ratas. Negociando, nos dejaron pasar por cien rupias recién pulidas con limpiametales.

Llegamos sin preguntar a la sala de guardar cosas, que confundimos con la habitación donde vivió la que le dio el nombre al edificio, doña Mumtaz Mahal. Nos dedicamos a mirar al techo y a buscar influencias arquitectónicas francesas. La mujer de Nica, un lince en el periódico buscando “las siete diferencias” entre dos viñetas, localizó un croissant mordido aunque fresco del día y nos dio breves explicaciones que nos convencieron por completo.

Después, sin intención, los cinco metimos los pies en unas macetas grandes, llenas de agua santa por lo que recibimos cada uno seis zapatazos donados en nuestra espalda por la gentil doña Savahara Blabracantranstra, una de las cuidadoras del jardín al que dimos en busca de una solería grande donde lucirnos.

Y así, huyendo de los babuchazos, llegamos la mar de rápidos al mausoleo, quién lo iba a decir, con la pulidora a hombros por turnos. Aquello, en un extremo del conjunto blanco, era lo que veníamos buscando.

Al principio querían dispararnos y quizá entonces hacernos tragar las piezas más grandes de la pulidora para deportarnos después a Móstoles. Pero la vida da muchas vueltas y una nube marrón se cernió por la misma cara sobre el maravilloso centro del turismo, la visita obligada a la India. La nube tenía poca agua y mucha, muchísima porquería de origen contaminativo. Una de esas nubes que tenemos en España para llover después de lavar el coche.

La cúpula se puso hecha un asco. Y las lluvias monzónicas limpias, de aguas cristalinas, iban a tardar más que doña Dolola en poder volver a cerrar sus maletas después de las compritas de souvenirs.

Total, que Nicasio sacó la libretita de facturas y en un pispas llegó a un acuerdo y –con tarifa de amigo y subiendo como un gamo- le dio tal pulidito a la cúpula y lo que es la fachada principal –la de las postales- que hubo que regalar gafas de sol durante un tiempo a los turistas de iris delicado.

Volvimos a casa como héroes.

sábado, 26 de noviembre de 2011

RESPUESTA PARA INMA Y BELI

Queridas compañeras. Compruebo que las tres hermanas no os han hecho ni pizca de gracia, -a mí tampoco- es comprensible ya que las mjeres debemos prepararnos desde niñas, para más altos fines equiparables a los hombres y no sólo para barrer, hacer camas etc..
Pero que más quisiera que ser de esta época con los cambios que ha habido que nos benefician. Pero soy de la que la meta se reducía a ser hacendosa como la ratita, {barro mi casita}, pero en mi tiempo así era y claro, el pasado no se olvida -ni debe-, me salió esa antigualla, antes como digo nos preparaban para ser madre y esposa y nada más. Aunque no todo era negativo también aquella época tenía sus cosas buenas, lamento haber lastimado vuestra sensibilidad y os envío un beso progresista.

Paquita


Afortunadamente
todo ha cambiado:
ahora cualquier mujer
puede ser abogado,
taxista y policía
o bien guarda jurado.
Pero en cambio
en mis tiempos
sólo aspirabas
a ser esposa y madre
y de la casa esclava.

martes, 22 de noviembre de 2011

jueves, 17 de noviembre de 2011

Alfilosofías.

Si las pelotas no te botan en el partido, ¿qué pelotas te votan en el partido?

Aquel arquitecto bajó por la escalera de su vida.

“En caso de poco peligro de incendio, aráñese el vidrio suavemente con uñas cortas.”

Se busca criada. No debe andar lejos.

Si no toca con trabajo, la viola.

Las pequeñas estampas de motivos indecentes ¿se llaman estamputas?

Más vale guisantes que crudos después.

No sé ya lo que sello.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

LAS TRES HERMANAS

Anita, Rosa y Juana
son tres hermanas.
Se levantan temprano
por la mañana.
Una barre, otra limpia
y otra hace las camas,
las tres son hacendosas:
Anita, Rosa y Juana.
Su madre está contenta
y las obsequia
con bonitos vestidos
para la fiesta.

martes, 15 de noviembre de 2011

NO ME DEJES.

No me dejes dormirme en un poema

cansino, calculado y derretido:

no me rías ni digas que has reído.

Pero sí si chamusca y no te quema.


No permitas el juego de la rima

por culpa de finales parecidos,

ni me abraces por versos conseguidos

si lo dicho con ellos te da grima.


Muéveme al fin, sacúdeme las venas,

que se aclaren de ripios bochornosos;

que soporten que no hay gloria en tanta pena.


Que renazcan de mil fallos gloriosos,

que intenten reducirme la condena

de andar en tanto verso mentiroso.

sábado, 12 de noviembre de 2011

¡De nuevo expongo!

Aquí, en primicia para vosotros os muestro el diseño del cartel de nuestra próxima expo. Será en
La Casa de las Sirenas. La inauguración, el día 5 de diciembre a las 7,30 de la tarde. Espero veros por allí.
Un besazo para todos.

domingo, 6 de noviembre de 2011

EL GABINETE DE LA DOCTORA PLESNECTER.


Gabilonda Plesnecter Bifomatandaska, alias Brenda, soñaba con su propia consulta de otorrinolaringorrodillología. Estaba harta de Benito Spiriakatsis, quien nunca atendía de frente a los pacientes, fuera lo que fuera que hubiera que operar. Y de su otra colega, Petrasova Cantalobosblancos, una mujer con ideas fijas en cuanto a extirpar la mayor parte de cosas a los enfermos en cuanto se descuidasen, empezando por la cartera, que consideraba un bulto sospechoso en los pechos de muchos muchachos. Gabilonda no era así.

Acudió a un agente inmobiliario, Nasalio Estrepandabus, para que le buscara un local sencillito, de entre ocho y diez hectáreas, con techo cubierto, capaz para veinticinco mil espectadores en las cirugías. Gabilonda soñaba con la mejor marca mundial del año en extirpación de legañas furibundas. Sus compañeros no pensaban igual, a ellos sólo les guiaba el dinero.

Se gastó una fortuna en acondicionar el local y encargó la publicidad a la agencia japonesa Lodigoyotodo, quien se encargaba de cualquier detalle. Cuando apareció en la pista central con sus guantes de goma verde, su bata azul y su mascarilla amarilla, el público rugió y los aplausos despertaron al paciente, que hubo de ser anestesiado a palos limpios.

Al ratito, Gabilonda, después de exhibir como trofeo un chicle adosado al páncreas del paciente desde 1987, suturaba con una sola mano la mínima incisión y de dos tortas con el dorso de la mano invitaba al enfermo a saludar de pie: aunque se cayera al suelo después, eso ya no era responsabilidad suya.

Pero el final no parecía feliz. Al decir Gabilonda que todo el mundo podía irse a casa y dejar de molestar, las puertas del recinto no se abrían para fuera ni para dentro, ni para los lados, como supuso un listo. Hasta el enfermo se agobió.

Desde fuera, las voces de Benito y Petrasova, a capella, interpretaban el duetto “Muera la traicionera, muera en salmuera”, de Patritsio Monkismonkis. Era su forma de decir que la iban a majar por no contar con ellos para la gala inicial ni para el negocio final. Al final del canto, desembalaron cien kilos bien despachados de proyectiles con mechas rubias, listos para ser tirados para dentro desde fuera.

Gabilonda comenzó a masticar el chicle rescatado para matar los nervios. El público se le echaba encima tanto con sus cuerpos como con sus opiniones, entre las que se distinguían claramente “chufla” y “tripona”. Finalmente, guardó el chicle y decidió echar por debajo de la puerta una copia modificada de su escritura de constitución, donde incluía como socios a Benito y Petrasova.

Se pudieron abrir las puertas, salió el público en avalancha con el satisfactorio resultado de mil seis personas pisoteadas y los socios se fueron a tomar un refresquito.

A las seis de la mañana, encendieron un cigarrillo junto a las mechas y viajaron juntos por los aires al mismísimo atolón de Blohamura, junto a la isla Karahorharo, donde aterrizaron calvos y sin ropas, pero con el título de medicina para colgar. Los nativos los acogieron con alegría y cantos de gratitud a sus dioses locales, que les daban la opción de abrir la consulta externa inaugurada hacía diecisiete años por un ministro de Sabadell que por fin podría volver a casa.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Accidentalmente

Apresuradamente cruzaba la calle en un día de lluvia torrencial, cuando casi sin darse cuenta se vio sumido por una alcantarilla sin tapadera. Allí había tanta agua como afuera, pero pasada la primera desagradable impresión, y mirando despacio el problema, había bastante menos tráfico. Algunas ratas gritaban ante su presencia, sin embargo no se sentía incómodo. Notó que se le pasaba la prisa y el acelere con que ese día había comenzado su jornada. Continuó avanzando en la dirección que iba, y comprobaba como poco a poco, disminuía el nivel del agua hasta quedar solo un riachuelo central que canturreaba a su paso y le invitaba a seguir paseando. ¡Qué paz! Un poco oscuro, eso sí, pero muy tranquilo. Decidió pasar la noche en un rellano que en el exterior debía coincidir con alguna estación de metro, pues un run-run se acercaba y alejaba arrullándolo con dulzura. Hacía tiempo que no dormía de un tirón. Así pues decidió quedarse a vivir allí. Accidentalmente había encontrado su paraíso.