martes, 13 de noviembre de 2012

Tormenta


Me senté para sentirme
tranquilo y despreocupado,
en un banco, sin dormirme:
sólo por estar sentado.

Mi paz desapareció
en brevísimos instantes,
por culpa del detonante
trueno que no oscureció,
pero sí que ensordeció
al público paseante.

Para mí que era alemán,
hecho al ruido tormentoso
de rayos escandalosos:
sonó como “¡RRRRtaplán!”

Emergió de fuera adentro,
tono grave y aumentando,
con el asiento temblando
debajo del epicentro.

No giré el cuello en seguida,
por el furor contenido
del sismo no interrumpido
y las ondas mantenidas.

El furor pareció irse,
pero vino con el viento
algo que cortó el aliento
y no era para reírse.

Tranquilo como quien dice,
como quien no ha roto un plato,
no se disculpó del flato
y se tapó las narices

El tipo rió con saña,
y enturbió las relaciones
entre nuestras dos naciones,
pues con esas emisiones
tiritó el Banco de España.

exponiendo en Lisboa

Desde el día 10 y hasta el 23 estoy exponiendo en Liaboa  una selección de esculturas junto a otros artistas, entre los que se encuentra mi colectivero y amigo Pepe Carmona. Estamos aprovechando para turistear por la ciudad, siempre acogedora e impresionante.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Blanda condena.


El 24 de agosto de 2012, el matrimonio formado por Abisinia Benavides Castro y Domingo Echartes Fantúa no se podían ver. Si bien el día antes se odiaron durante más de dos horas, fue por la mañana del 24 cuando se inició una descomunal batalla de almohadas rellenas de pluma, marca Tumbanuka que llamó la atención del vecindario, compuesto por dos casas adosadas que componía, junto a la del matrimonio “del orden alfabético”, toda la población de la urbanización.
Abi era rápida y punteaba los riñones de Domin, quien contraatacaba con enormes almohadazos en las orejas, a sabiendas de que así el sentido del equilibrio se resentía enormemente en su esposa.
El combate se prolongó hasta que la última lamparita rompible cayó al suelo. Para entonces, el matrimonio ya estaba esposado y siendo introducido en un furgón policial que los conducía a cumplir dos años de condena en la prisión federal Noullasplis, sin juicio previo debido al aparente ensañamiento por relleno excesivo de los reposacabezas conyugales. De hecho, como eximente-atenuante-minorante de la reclusión, se tomó en cuenta que cada uno había usado la almohada del otro, lo que suponía que las armas no habían sido “retocadas” o “modificadas” para la trifulca.
Una vez al mes se les permitía la visita de los abogados, cada uno en su módulo. Al hablar con el suyo, Domingo le preguntó si tendría que realizar trabajos forzados.
-Así, es Domin, -respondió cabizbajo el letrado, un tal Andrade Fensor, abogado de oficio.
-¡Pero, pero…! ¿y a ella, qué le obligarán a hacer? ¡Es tan culpable como yo!
-No te prometo nada, pero supongo que le darán el mismo trato. La Ley es clara en eso.
Dos días después, en presencia de sus abogados respectivos, cada uno en su celda, Abi y Domingo podían leer sus sentencias firmes: Tras sus nombres, se podía leer con claridad “…condenados a fabricar almohadas durante un período de no menos de dos años. Ejecútese la sentencia. Firmado, Floyd Aran, juez. 
Sin saber que sus celdas estaban separadas por un muro común, ambos se apoyaron en la pared, exactamente una mano contra otra.
Los puestos de presidenta y director general de la compañía Tumbanuka quedaron vacantes durante dos años sin que nadie se atreviera a ocuparlos. El Consejo de Administración se hizo cargo de sus funciones durante ese tiempo, durante el cual la producción de almohadas y su venta subió casi un 20%.

En tu busca.


Sentí romper el aire que surcaba,
salté impulsado al encender la mecha,
volé lo mismo que voló la flecha
que dijo el tal Cupido que mandaba.

Se trataba de amar, el preciso momento
de ir a la cima de las torres más altas,
de abrir el cielo, saltar, lo que haga falta:
 planear a ras justo del firmamento,

hacia tu corazón, directo, sin paradas
llamadas cardio, también respiratorias,
por quien de amor no quiso saber nada,

que la llamó, además, parada obligatoria.
Al no saber amar, ni ser persona amada,
le perdoné no ir en busca de tu gloria.

sábado, 27 de octubre de 2012

Concurso hípico




Hoy me he dado una vuelta por el Hipódromo de Dos Hermanas donde se está celebrando un concurso hípico. Como siempre, he ido acompañada de mi inseparable amiga y, también como siempre, comparto con vosotros lo captado por nosotras. Feliz día amigos.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Grandes catástrofes artificiales (1).


Grandes catástrofes artificiales.

Se habla del huracán y de los terremotos como si aquí no hubiera sitio para otro tipo de desastres, aquellos que provocan daños irreversibles en cuestiones quizá más cotidianas, o que pasan desapercibida para el público que mide más de 2,18: el llamado gran público.
Nos centraremos en rescatar –a base de llamadas a las cuatro menos cuarto de la tarde- testimonios creíbles sobre cada situación estudiada. Creíbles por los gritos al responder y el golpe al colgarnos (el teléfono). Pero siempre se pueden apuntar palabrotas nuevas.
Testimonio 1: El caso de los calzoncillos fláccidos.
Fue en Minesota, cómo no. Todo comenzó cuando la Sra. Sara Honosará salió temprano de su casa y tropezó con la ropa que su marido, Tom Tomghou había tendido delante de la puerta principal. Fue sin duda un calzoncillo teóricamente blanco, sin más, que se adhirió como la tapa pringosa de un yogur a las gafas de Sara, de forma espontánea, quizá empujado por la leve brisa de la primera hora de la mañana. No fue solo que, al volver del balanceo se llevara las gafas adheridas, sino que, debido a su flagrante miopía, Sara movió sus brazos en el vacío intentando recuperarlas para lograr tan solo una caída hacia delante de metro y ochenta centímetros, despreciando escalones y rampas, finalizando en la acera, donde le esperaba un buen golpe en la frente, al que atendió con el debido rigor y maldiciones.
La escena era presenciada por el dueño del local de apuestas de la acera de enfrente, Joseph Tiembre, quien, profundamente enamorado de Sara y su falta de agudeza visual, esperaba una oportunidad como ésta para lanzarse a los brazos de su platónica amada. De hecho, la recogió del suelo justo cuando, en otro vaivén de la caprichosa ventisca mañanera, un segundo calzoncillo, aún más falto de almidón y entereza que el anterior, vino a abofetear con fuerza el rostro de Josep, dejando que dos de los huecos de la prenda, destinadas a ajustarse a las piernas del ausente Tom, produjeran el “efecto antifaz” sobre el rostro del comerciante/mafiosillo.
Así fue como los fotografió la prensa, que acudió con rapidez a la llamada de la cotilla del mes, la Sra. Ashley Yorden, vecina de al lado de Sara, quien volvió al suelo a pesar de agarrarse a otros dos del total de cinco calzoncillos tendidos por Tom al amanecer del día. Estos dos últimos fueron quizá los que más dejaron ver su cualidad de falta de entereza y ajuste, pues funcionaron como el peor de los agarres posibles en el caso de que alguien no quiera caerse al suelo en su presencia.
La segunda recogida de Sara por parte de Josep fue la que ocupó las portadas de los diarios de la tarde. En ella, Josep, en plena orgía con un calzoncillo como máscara, agarraba por donde podía a Sara, quien, con una “prenda quizá blanca, pero estirada, sin gracia", en cada mano, parecía ofrecer una interminable noche (o día, era temprano) de lujuria y perdición al hombre que escondía el rostro junto a ella.
Sólo el aviso de que un jabalí andaba por la urbanización desvió la atención de las dos mil personas convocadas y Sara pudo volver a casa con los bolsillos llenos de unos vulgares trapos blancos, sin la menor enjundia ni evocación de su finalidad original.
A la hora de comer, Tom juró por sus muertos que compraba un tendedero nuevo. Su mujer, con cara seria y mirando la televisión, le dijo que bastaba con abrir el que compraron el día de la boda. Tom no volvería a usar el cable de alta tensión que bajaba desde el poste de la esquina de su calle hasta la puerta y retiró las pinzas metálicas. Una situación que comunicaría a la compañía eléctrica lo antes posible. Mientras, veía el armario de los paños de cocina lleno a rebosar de retales más o menos blancos, destinados a limpiar cristales, persianas y sanitarios. Las tijeras de Sara habían hecho justicia a su manera.
Agarrándose el sonajero con la mano izquierda, Tom subió a su habitación, a buscar unas bragas que, bajo el pantalón, le permitieran sentarse con comodidad a ver su programa favorito, uno que hablaba de cómo soportar las tensiones sin perder la elasticidad del carácter. Lo presentaba el famoso locutor Walton Torroh, que en su juventud fue uno de los precursores del tanga masculino estampado.

martes, 23 de octubre de 2012

Genios en la sombra (4).


Parafolio de Tebasya, provincia de Yamheboi. En el mismito centro.

Nació en Yamheboi, como ya se ha indicado en el título, el día que él supo de buena tinta y predijo, anunció y comunicó mediante señales en clave Morse sobre la placenta: el 4 de abril del 444 a.C., lo que agradeció su madre pues tuvo tiempo de ir a la peluquería y estar presentable para las visitas, sobre todo la de su suegra y abuela de Parafolio, doña Tarsina Pokarena, quien de todos modos aprovechó para ver cómo estaba la granja de polvo y, sobre todo, los paños de cocina.
Parafolio se saltó varios niveles de formación académica, guardería y jardín de infancia, debido a lo listo que era y a que no había tales niveles educativos en su tierra natal durante su tierna infancia. Fracasó en cambio en los tres intentos de la Educación General Básica y en los cuatro de la ESO. Esto hizo que tuviera que comprar ambos títulos en el mercado negrísimo, a un precio desorbitado.
Gracias a este rechazo del Sistema Educativo Parafolio se metió a trolero, correveidile, cotilla y chivato de mierda. Sus tarifas eran competitivas y logró hacerse un hueco en un trabajo lleno de altibajos, diciendo cosas por lo bajo:
-Donde ayer te decía que la Reina tralaralará con el visir de hacienda, hoy te digo que no, que era el de Guerras Internas el que se la porrompompaba cuando el monarca estaba el pobrecito atendiendo a su harén panameño. Pero que nadie se sorprenda, esta Reina ya se sabía como era antes de casarse con el rey. Una pelandusca. Lo que yo te diga. Aunque yo no te he dicho nada. Esto patiypamí.
Tenía Parafolio encandilada a la prensa, incluida la de uvas, que siempre le llevaba una botellita de mosto al final de la vendimia.
Además, el pueblo entero reconoció su imparcialidad cuando empezó a difundir el rumor sobre sí mismo referente a que “de un tiempo para acá estaba vistiendo como un pobretón, a saber por qué”, lo que ponía los pelos de punta a las parroquianas en la peluquería que atendía a su madre, estropeando muchísimos peinados que ya estaban sólo pendientes de laca. 
Como todo tiene su momento de gloria, Parafolio tuvo que subcontratar para dar abasto. Lo hizo en el mercado de abastos, pagando a tanto fijo el rumor, pero con seguros sociales, a una tal Nolamire Dimeképas, mujer que superó las pruebas de transmisión de chismes, ostentando el record del Mediterráneo, con una difusión media de seis dimediretes distintos por minuto.
Se enamoró tanto de ella que soltó el rumor de que había embarazo de por medio, lo que obligó a adelantar la boda y, ante el retraso de cinco minutos de Parafolio, Nolamire se casó con el primer herrero que pasaba por delante del templo de la diosa Anthoñitas, encargada del VeteaSaber.
Desde ese momento, los herreros pasaron a ser considerados usuarios de cucharas de palo y tuvieron que huir de la ciudad.
Este disgusto hizo que los rumores y cotilleos pasaran del clásico “sabe Zeus de dónde sacará ésta para tanta túnica” al triste “ese no tenía ni dos escudos, por eso lo mataron de perfil”. Perdió intensidad y perdió el interés. No le hacían caso ni en el famoso trigésimo cumpleaños, donde el muy bobo dijo una verdad, no se sabe respecto a qué. Algo parecido a un huracán o algo que se venía encima de la ciudad y que la arrasó. Algo parecido, insisto, porque no hay nada escrito. Aquí todo es boca a boca, versitumentiendes.
Tiene una estatua en bronce que representa a un tipo chiquitejo con una oreja pegada a una puerta.
Largo honor y loa a Parafolio, un vaina al que, al no tener mejor prócer al que alabar, dedicamos esta pequeña reseña.

domingo, 21 de octubre de 2012

Con otra mirada...



Mi ciudad, de noche y bajo otra mirada.Siempre es bonita, hermosa, fascinante...

sábado, 20 de octubre de 2012




Un nuevo paseo...unas nuevas imágenes de esta ciudad que tanto quiero. Disfrutad de ella.








Ayer me fuí a pasear con mi compañera inseparable, una tarde fresca y lluviosa de otoño...Sevilla estaba más bonita, si es que eso puede ser posible...Y miré aquí y allá...Me dejé enamorar por ella...por sus rincones, por sus plazas, por su ambiente. Estaba llena de gentes alegres y disfrutando de esa preciosa tarde. Ahí os dejo algunos momentos captados y muy, muy sentidos. Disfrutad amigos de paraleernos.