miércoles, 18 de marzo de 2015

A papá. In memoriam



Es nuestra primera foto juntos y sin duda mi favorita. 
Con apenas la cuarentena, observo curiosa el mundo sintiéndome segura en sus manos, firmes y cariñosas al mismo tiempo. Siempre lo recordaré sentado en su tablero de dibujo haciendo números o estadísticas complejísimas para mí, o leyendo tranquilamente en un antiguo butacón balancín de orejeras. Meticuloso y  concienzudo, contrastaba con mi forma práctica de ver el mundo y enfrentarme a los problemas. Eso nos llevó a más de una confrontación. Era mi último recurso para resolver mis dudas con los deberes en el instituto (mi hermana me sacaba de más de un aprieto), pues si bien siempre estaba dispuesto a ayudar, me hacía un examen completo antes de llegar al núcleo de la cuestión, con lo que me consumía toda la tarde con la primera duda. No llegaba a comprender cómo no recurría a él más a menudo cuando suspendía las matemáticas. En una ocasión se pasó toda una tarde interminable y parte de la noche (sólo interrumpida por la llamada a la cena de mi madre) explicándome las bases de una perspectiva caballera que debía dibujar con apenas 11 años. Mis hermanos se burlaban y apiadaban  de mí. No cesó hasta que fui capaz de repetírselo a la perfección. Luego tuve que dibujarla y entintarla (con tiralíneas) durante todo el fin de semana hasta que quedó de su agrado.Fue un trabajo arduo. Tan bien me quedó, que el profesor incrédulo me hizo un tercer grado para que confesara quién había dibujado aquello. Acabé llorando ante tanta presión y entonces, me hizo repetirla en la pizarra. Yo era muy tímida y con una voz que no me salía del cuerpo y unos trazos temblorosos de tiza,  la repetí ante la estupefacta mirada de mis compañeras. Me puso un diez. Mi padre se sintió muy orgulloso y me recordó el episodio largo tiempo.
Cuando le comuniqué la intención de casarme se quedó perplejo, pues siempre me veía como a esa pequeñaja que sujeta en la foto. De mayor, cuando sus ecuaciones lo superaban, yo era su último recurso, pues decía que continuaba simplificando en exceso los problemas. Yo me reía e intentaba transmitirle otra forma de pensar. No lo logré.
Ahora, se ha ido. Esta vez, al contrario que en la foto, era yo la que sujetaba su mano hermosa y fina entre las mías,  mientras su alma abandonaba el dolorido cuerpo, seguro que montando en su bicicleta de joven y emprendiendo rumbo a las estrellas.
¡Feliz día del padre, allá donde estés!

martes, 17 de marzo de 2015

Una de perros

Esta mañana paseaba por una zona residencial cuando me abordó un caniche blanco. Es grande para ser un caniche, pensé, y se me acercó a la mano. Como me gustan los animales, fui a hacerle un cariño y él se apartó un poco pero continuó llamando mi atención, para poco a poco entablar un diálogo conmigo. Me dijo que se quedó fuera sin querer. Lo pensé dos veces ¿y si no era eso? Impresionaba la gran puerta negra con cámara de videovigilancia en el portero electrónico, pero no había nada que perder. Una voz de mujer me habló desde el otro lado y pregunté si conocían al caniche blanco. Mientras tanto, él permanecía atento a mis movimientos. Abrieron la puerta y el perrito corrió dentro. Por un instante me pareció que me miraba de reojo para darme las gracias. Fue el único que lo hizo.

lunes, 16 de marzo de 2015

Noche de invierno

Aquel sonido de saxo venía directamente de la calle. No es habitual, ya entrada la noche y con aquella ola de frío, por lo que me asomé con curiosidad tras el visillo. Allí estaba el músisco, en medio de la plaza, algo desgarbado,  con un largo abrigo camell,  y su pelo largo y ensortijado medio canoso. Le melancolía resbalaba de cada una de sus pulcras notas mientras paseaba lentamente de un extremo a otro de la plaza. Los pocos viandantes lo miraban con una mezcla de sorpresa y de sospecha. Mientras tanto, sus notas  rasgaban la noche y me evocaban el París de los años 20 que no viví pero que admiré en las películas de Woody Allen. Y así, acunada por su melodía, esa noche me dormí muy tranquila. Han pasado un par de meses desde entonces y aún no ha regresado. Quizás no lo haga nunca.

sábado, 21 de febrero de 2015

¿Qué habré hecho?

Esa es la pregunta que me hago ¿qué habré hecho mal para que mis amigos no quieran saber nada de mí?, sobre todo Gabriel y Inma con los que más contacto tengo. Y me respondo yo sola, pero mujer ellos tienen cosas de más enjundia que responder a tus tonterías, pero yo erre que erre, a ver si se me enciende la luz en el cerebro y escribo algo más sustancioso, ahora estoy baja de forma. Aun así, os mando un abrazo con cariño Paquita. Esta nota va tambien para Beli.

viernes, 20 de febrero de 2015

Saludar

Hola amigos. Hace tiempo que no sé nada de vosotros, espero que os encontréis bien, os envío un abrazo con cariño. Paquita.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Saludos

Amigas y amigos. Os deseo felices navidades en compañía de vuestras familias como también que el año próximo os traiga salud y prosperidad. Hace tiempo que no sé nada de vosotros, pero no importa yo no os olvido. Os reitero mis buenos deseos con un fuerte abrazo. Paquita.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Quedada


 No te olvides del libro.Para que me reconozcas, iré montado en una cosechadora fucsia de diecisiete toneladas, llevaré sandalias de cristal ahumado y lanzallamas a juego, le escribió él.
Yo llevaré el libro en la oreja e iré en mi vagoneta de mano dándole caña con el pie izquierdo, vestida de cián y plata. Así no te costará reconocerme, le contestó ella.
Y quedaron a cuatros días vista, en una cafetería de la gran urbe donde habitaban.
Con esas pintas es imposible confundirse, pensaron ambos.
Al llegar ella, encontró problemas de aparcamiento, pues las cuatro cosechadoras casi iguales aparcadas en la puerta de la cafetería, hicieron que tuviese que dejar su vagoneta a dos calles de distancia, con lo que restó efecto a su estudiado look. El chaparrón que comenzó a caer, hizo que el libro de la oreja tuviera que ponerlo sobre la cabeza, para no mojar su elaborado peinado a juego con el atuendo.
 El chico, remojado también, intentaba secar su lanzallamas y las sandalias en el servicio para que la chica no tuviera dudas, cuando una llamarada prendió el papel higiénico. Una gran humareda provocó que todos los del local, incluída la chica, salieran despavoridos. Los bomberos, debido a las cosechadoras, no llegaron a tiempo. Siniestro total.
Al llegar a casa el chico comprobó el estado impecable de sus sandalias. Se sentó al ordenador y le escribió: ¿quedamos otro día?

viernes, 14 de noviembre de 2014

Contar viaje.

Hola amigos. No estaba segura de que llegaría mi saludo y me ha alegrado ver que sí. Os voy ha contar algo sobre mi viaje a París. 
Lo primero es que he pasado unos días muy agradables acompañada, como sabéis,  de mis hijos Lola y Miguel Ángel. Me ha gustado mucho todo lo que he visto. Al día siguiente de estar allí me llevé un pequeño disgusto ya que perdí el billetero: dinero no llevaba mucho pero sí las tarjetas médicas, la del banco y fotos para mí entrañables. Y no fue robo no, debió de ser que se me cayó del bolso al abrirlo para sacar el pañuelo. Iba yo bien escoltada con mis hijos, ya digo, ese ha sido el único incidente, sobre todo sentimental. 
El viaje ha sido cómodo debido a que mi hija se enteró de que en los Aeropuertos hay un servicio de carritos para personas de movilidad reducida; yo no es que no pueda andar, pero no puedo estar una hora en las colas, así que lo solicitó y me llevaron hasta la puerta del avión,  tanto aquí como en París. También en los museos había el mismo servicio, con lo cual me pusieron delante del cuadro de la Gioconda para hacerme una foto. Qué categoría, ¿verdad?,  y digo yo que para algo tiene que servir la vejez,  que entre otras cosas es un grado. Bueno queridos, os hago un resumen de este viaje y no cansándoos más os envío un abrazo fuerte. 

Paquita.

martes, 11 de noviembre de 2014

Saludos

Queridos amigos: Hace unos días os escribí aquí en el blog, para contaros mi viaje a Paris con mis hijos Lola y Miguel Angel, pero como no he hallado respuesta imagino que no os ha llegado. Lo intento de nuevo y si ahora tengo suerte os escribo de nuevo y os cuento algo del viaje. 
Espero que estéis todos bien, os envío un abrazo fuerte. 

Paquita.

Grandes entrevistas de la Historia (10)

King Kong.

                  -Buenas tardes, ¿podría usted poner su mondongo de modo que cupieran las cámaras en el plató?
                  -Pos bueno, pues lo pongo. Y buenas tardes también.
                  -Dígame, señor Pong, ¿Qué tal está Ping?
                  -Oiga, mire que hago ding dong con su cabeza. Vacíleme lo justo. Es King, ni siquiera Ming, como en China. ¿Ssstamos o qué?
                  -Validado. Ahora cuéntenos algo de la isla esa llena de gente que le tiene miedo, grita y se agarra unos fiestorros que duran media película.
                  -Son gente buena y trabajadora, que paga sus impuestos.
                  -Disculpe ¿le pone usted tasas a esa buena gente?
                  -¿Pero sabe usted lo que cuesta mantener una isla aislada, cara papa?
                  -Oiga, alfombra mullida, olvide presentarse a un casting para papillas de dos a tres meses a niños de Copenhague.
                  -Validado. Mire, que le cuento. Allí no hay sitio para el atraque de grandes cruceros. Cada vez que va un paquebote para allá, resulta que tiene que fondear lejísimos. Y ya sabe usted el resto: flotar un colchón neumático con cadenas para traerme a Hollywood y arreglarle la antena parabólica del Empire State es muy complejo.
                  -Yo no soy abogado, ni mucho menos, porque soy aficionado a la charcutería, pero déjeme que le haga una pregunta: ¿Cómo lleva el plan de evacuación en su isla?
                  -Si se refiere a letrinas gigantes, nada de eso: hay mucho campo que abonar. Si en cambio habla de una eventual catástrofe, volcánica o marítima, o quién sabe, una lluvia de periódicos conservadores, mi isla cuenta con un sistema que no tiene comparación: entre un par de perodáctilos en sus alas y yo en mis bolsillos, prácticamente movilizamos a la población de chillones.
                  -En cuanto a las macizas con quien ha tenido que trabajar, ¿con quién se ha sentido más a gusto?
                  -Todas han sido ligeras, rubias, amables y chillonas. Estuve, bien es cierto, ensayando mucho con modelos de barbys oceánicas de gomaespuma. Al principio les arrancaba la cabeza hasta que el director me cosió a multas y conseguí superarlo antes del ensayo general.
                  -Y las balas. Me han dicho que si ha sido sin querer, que para usted eran como la picadura de un mosquito…
                  -No se fíe de esos que empiezan por un perdigón y un “uy usted perdone” y terminan desde un Harrier a base de munición tamaño supositorios ajustados. No miran nada.
                  -Aun así, también usted ha tenido que responder al seguro de un par de aviones.
                  -Hi, hie, hie, hie… aaaay qué cosas. Verá usted, con los mosquitos que tengo en la isla, ando  a manotazos a la hora de la siesta. Cuando subía y vi a los aparatejos esos girando a mi alrededor, pues… hie, hie, hie, ¿qué quiere que le diga? que pensé en mis bichos de siempre. Y, oiga, que picar, picar, picaban con la misma mala leche, no se confunda.
                  -¿Cuándo vuelve usted a su isla?
                  -En cuanto visite a un gorila amigo, en Cercedilla, me cojo unos diítas en mi paraíso encontrado por los carajotes de siempre. A ver si les escoño el GPS y me dejan, entre unos y otros, cien o doscientos años tranquilo.
                  -Ha sido usted muy amable, señor Kong. Le agradezco que me haya destrozado el plató para sentarse y espero que lo pague.
                  -Por supuesto que he venido encantado y que espero que encuentre usted un patrocinador que valore el resultado de su trabajo y le pague las sillas y demás, porque de mí se puede usted esperar el más grande de los…
                  -Deje, déjelo usted para sembrarlo en su isla, muchas gracias.

                  Señoras, señores, hasta aquí el monotemático asunto de hoy. Muchas gracias y hasta la próxima.