sábado, 15 de diciembre de 2018

Hola amigo, por fin consigo escribir en nuestro blog me ha explicado mi hijo como hacerlo. Os envio un abrazo con mi cariño. Paquita. FELICES PASCUAS Y PROSPERO AÑO 2019.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Entrada de Paquita Ortiz


Mi amiga Adolfina dice
que quisiera tener alas
y subir hacia las nubes
remontando las montañas.
Recorrer ríos y mares
y en su volar y volar
estar tan cerca del cielo
para poder contemplar
la belleza de las noches
con las estrellas brillar
y en la altura poder ver
la inmensidad de los valles
y a la plateada luna
reflejarse sobre el mar.
Es un sueño muy hermoso
difícil de realizar
pero mi amiga Adolfina
se conforma con soñar.
                  Paquita 

lunes, 5 de noviembre de 2018

Niña de Luna


     
      Nací con prisas un tibio día de otoño tras apenas veinticuatro semanas de gestación. Dicen que fui un bebé diminuto, de apenas un par de kilos, tan azul como el cielo y con algunas pelusas blancas cubriendo mi cuerpo. No lloré. Mi abuela me envolvió en una manta y se la pasó a mi padre para que me reanimara mientras ella atendía a mi madre. Él pronto decidió que no merecía la pena el esfuerzo de intentar criar a un ser tan extraño y frágil, dejándome a mi suerte en la puerta de la casa y comunicando a mi madre que yo había muerto. Ella, que no había escuchado ni un pequeño gemido por mi parte, lloró por las dos.
       Aquella noche terminó con la expulsión de mi abuela de aquel hogar, llevándome oculta consigo hacia las montañas. 
Recolectábamos plantas medicinales, preparábamos ungüentos, y me divertía aprendiendo las mejores recetas de cocina. Vivíamos libres en una cueva natural, sin depender de nadie ni de nada. Cantábamos y bailábamos bajo las estrellas. Hijas del bosque y del agua, inventábamos mil y una historias a la luz de la lumbre durante las largas tardes de invierno. Me enseñó a amar y respetar la vida en todas sus manifestaciones. Me sentía feliz y plena.
       Un día, al intentar coger unas hierbas, resbaló por un lado del barranco. Me costó bajar hasta ella. Aquel día, descubrió en mí una especial habilidad para sanar y “recolocar" huesos fracturados.
Desde los pueblos próximos solían llegar toda clase de personas con niños, parturientas, ancianos, o animales enfermos a los que procurábamos ayudar. La vida y la muerte pronto me fueron familiares. A veces, bajábamos a comprar lo poco que el campo no nos proporcionaba. Las personas del pueblo evitaban hablar con nosotras e incluso tocarnos, sin embargo cuando la enfermedad los golpeaba, hacían kilómetros hacia las montañas hasta encontrarnos, aunque luego nos evitaran.
Me gusta la noche. No tengo amigos. A mis quince años continúo azulada. Mi larga melena  "blanco de luna" me pasa de la cintura. La abuela me ve muy especial, dice que mis enormes ojos verdes casi transparentes los intimidan, por eso nunca me miran. Ella me ve muy bonita y a mí me basta.
El otro día, en el pueblo, unos niños maltrataban a un perro. Les recriminé. El animal asustado corrió hacia mí y ellos comenzaron a arrojarnos piedras. Con mi dedo tracé una linea en el suelo y brotó fuego de ella. No sé como lo hice. Nunca había pasado pero funcionó y, asustados, salieron corriendo. Duró poco mi tranquilidad, pues ahora venían los padres y madres armados con palos hacia mí. Quedé petrificada. Mi abuela se apresuró a rescatarme y de nuevo huimos juntas a través del pantano.
Cae la noche. Una larga fila de hombres, mujeres y niños suben con antorchas a buscarnos. Nuestro hogar es el mundo. Nosotras, ya estamos lejos

                                


viernes, 2 de noviembre de 2018

DESPUÉS DEL FUEGO

Al poco de nacer, ya hablaba. Le contaba a mi padre que de mayor quería vivir en un árbol, porque me gustaba que mis pies siempre tocasen madera, tierra y yerba. Y con los años eso hice. A menudo me escapo del asfalto, y vuelvo a la cabaña del árbol que se hace verde en mi corazón con cada primavera, da sus frutos en verano, se dora y se desnuda en el otoño, y viste con sus galas de mayor pureza todos inviernos; pero que con el frío ya predice y siente que el nuevo palpitar está muy cerca. 
En mi corazón están las flores, y las lunas, el fuego el aire, la tierra, el agua y todos los hechizos, toda la magia y la fuerza para expresarla. 
Mi corazón de bruja lleva dentro la libertad que arrebataron todas las hogueras. 

lunes, 29 de octubre de 2018

REENCUENTRO

Resultado de imagen de sobrevolando la ciudad, chagall


(DEL CUADRO DE CHAGALL)

No me busques en la casa, ni en la cama, ni en tus brazos. Si es que quieres encontrarme, mira arriba, para el cielo. Ahí, donde recorro cada noche lo que fuimos, y enciendo con mis recuerdos los tejados y las torres y las nubes y los vientos.
No me busques a tu lado, ya no  estoy, ya no es mi sitio. Si me quieres encontrar, yo te espero donde nacimos un día, y donde la noche sigue regalándonos la magia de sabernos a salvo.

viernes, 26 de octubre de 2018

"Sobrevolando la ciudad"

-Manuela, ¿volamos?
-Hoy me puse los zapatos de bailar.
-Pues déjate llevar, yo te sujeto como si bailásemos un vals. ¡Arriba, arriba! ¿Ves qué bien? No tengas miedo que no te soltaré.Mira allá abajo qué pequeñita se vé a Herminia, nuestra cabrita verde que se está comiendo las petunias.Volemos, amor, por encima del mundo, hacia las nubes, hasta el infinito, juntos por siempre ¿Te gusta Manuela?
- Mucho, mi amor. Pero dime...¿Qué pusiste hoy en la sopa?

La imagen del nuevo reto literario ,"Sobrevolando la ciudad" Marc Chagall

jueves, 25 de octubre de 2018

A CHAGALL, «Volando la ciudad»

A CHAGALL, VOLANDO LA CIUDAD

Vamos, volemos, volemos.
Es más fácil que nadar,
hay más aire que en el mar
y no precisamos remos.

Soñemos alas los dos,
blancas, negras, transparentes,
con un beso es suficiente.
Visitaremos a un dios
de amor, un dios sonriente.

No volemos por huir,
quiero hacerlo por reír
sin miedo a poder caer.
¿A qué podemos temer
si no sabemos mentir?

Si se nos cruza una nube
mojada y quiere llorar,
déjala llover y sube
por encima en tu volar.

Sin tu amor mi afán es vano.
Eres mi fuerza y lo sabes.
Para jugar entre aves
no sueltes nunca mi mano.

Que no nos engañe hablar 
para no prometer nada
salvo ser libres y amar.
Yo tu duende tú mi hada.
No dejemos de volar.

miércoles, 3 de octubre de 2018

EL ESPEJO



                                                 
                                                     “REFLEJOS”

Te muestro una flor y me la devuelves, como aquella tarde en que te mostré todos mis espinos. Uno a uno me los quito desde entonces. Pero en mí tengo esa flor que me muestras. Por eso la muestras. Su color es bálsamo que me cura cada herida. Su aroma me pertenece, aunque tú no puedas mostrarlo. Yo tengo los espinos, tengo el aroma y tengo la rosa. Tengo la rosa.
                                                                                         

HACIA EL VALLE


La profundidad del valle… Quién pudiera ser parte de este suelo de manto verde. Quién pudiera ser sauce, camino, trino y silencio. Quién pudiera ser todo eso y brillar con el día, y que al llegar la noche y posarse sobre mí, no tuviera miedo.


Si pudiera, me fundiría en sus sombras y dejaría de ser para ser de nuevo. Me bañaría, renacida, en la ribera, y en su alfombra de cantos rodados, mis pies pulirían los pasos infértiles que no llegaron a ningún sitio.

Quién pudiera ser sauce, llorar sólo en invierno, y ser nido que albergue la vida que espero, fresca y serena, agitada y fluida, como estas aguas, como estas ramas, como esta yerba, como la noche sin miedo; como el sol mismo, insuflando la calidez de donde la felicidad nace; pero todo aquí, en el valle. Entre los frutos que maduran amorosos, como mi corazón, que reverdece cuando lo pienso.