miércoles, 6 de febrero de 2008

REPISAR

-¡Tenías que ser tú, coooñiiio! –gritó Encarna Valera desde la mesa más cercana al escenario, mientras se le saltaban las lágrimas de dolor.

Estaba de pie y descalza, con sus zapatos de charol aplastados bajo las plataformas de Pantagruona, la reina de esa noche de luna, verano y gloria en la discoteca “Sanfierno”.

Sobre bases de veinticinco centímetros, Pantagruona fue votada la mejor, compitiendo con Lagartisa (21) y la eterna ganadora Satanasia (22 con plantillas).

Pero al bajar del escenario tras recoger el premio…

…El rostro del notario don Hilario Pezzi, Pantagruona de noches de Sanferno, se quedó en máscara rígida y su sonrisa en rictus helado frente a su nuera , Encarna Valera, alias la mala, que le aguó su júbilo de  drag queen ganadora tras el involuntario pisotón de hipopótamo.

Recordó haberla pisado también en su boda. A saber qué contaría en la cena del martes. 

viernes, 1 de febrero de 2008

DEPORTES (I)

TENIS.

 

 Eliminatoria previa para el torneo de Roban Carros. Se enfrentan dos desconocidos, situación resuelta por el anfitrión del torneo, Mesié Pelón Dilserebre, que los presenta inmediatamente, con ese don de gentes que Dios le ha dado:

-Aquí Mesié Iván Mokolovish, aquí Mesié Jean Paul Tranza, su contrincanté de hoy.

-Encantado.

-Encantado. Y anchanté también, o te crees tú que voy a ser menos.

Se quitan las bufandas y pelotean antes de empezar:

-¡Esa blusa, pero qué blusssón más eleganteeee!

-Pues a mitad de precio. Y desde luego, me dice usted dónde ha adquirido esa monada de sombrerito, que le cae pero que estupendamente.

-¡Será zalamero! Si vengo la mar de discretito… Pero, en confianza, en Avenida Yvuelt, esquina Malagripe, te encuentras cosas divinas como ésta. Tú pregunta por Clarence, y le dices que vas de mi parte.

Se van hacia su lado de pista cada uno. Les echan pelotas nuevas. Una genial intervención del jefe de pista ha hecho que estén peinadas todas con la raya en medio.

Aparece el juez de silla. Aplausos y más plausos: Unos siete en total.

Aparece el juez de fondo. Los del fondo salen absueltos por falta de pruebas, pero, en el fondo, se quedan. Aplausos. Los del fondo aplauden a los de tribuna. Así más de cuatro minutos.

-¡Silensie, pogfavó!

Se anuncia a los jugadores el final del calentamiento. Para todos, es un jarro de agua fría, pues se estaban haciendo buenos negocios. Y es que unos tipos guapos, unos tipos de interés, han bajado mucho desde la tribuna. Al lado de dos morenazas. Casualité.

Sorteo de saque: Un japonés gana la botellita de 3/4. Aplausos.

-¡Silensie, pogfavó, o a mí me va a dag hoy algo hoggoggoso con síntomas!

Comienza el partido. Saca Mokolovish, fuerte y ajustado. Pide disculpas al vendedor de refrescos, pero le dice que comprenda que por ahí no debe pasar. Se dan la mano y pelillos a la mar, porque las gafas no se le han roto. El árbitro concede nuevo servicio; con duchas y sauna.

-¡Silensie, pogfavó, o hago desabillé la pista!

Silencio.

El servicio es esquinado, potente, con efecto. Tranza hace lo que puede por esquivarlo, sin darse cuenta de que cuando van a por uno, es tontería. Recibe el pelotazo en una posición conocida en Chequia como infame. Termina el primer juego y hay cambio de campo. Pero se hace con mucha rapidez, pues los colaboradores de ambos jugadores traen muy buenos equipos de mudanza.

Dos señoras muy elegantes del público gritan “¡así se juega, cohone!”, y se ríen recíprocamente la gracia, incluso cuando se levantan del suelo fuera del estadio, y les tiran sus bolsos, con un “Y no quiero que vuelvan por aquí, ¿estamos?”

El juez se dirige al resto del público femenino.

-¡Señogas, pogfavó, silensie, como cuando triligili con sus magidos!

Sirve ahora Tranza. Lo hace con mucho más estilo que potencia. La pelota, agradecida, realiza parabólicas piruetas hasta llegar, al final, a donde  tenía que llegar. Un dentista, atento, consigue que la mandíbula de Mokolovish se abra lo suficiente para que pueda expulsarla. Y sin anestesia.

Aplausos.

-¡Silensie, pogdió, que me duele el alma!

Silencio.

Tercer set. Empate. Última bola. Un revés de Tranza, muy ajustado, pone la pelota en el mismito filo del campo del otro, Mokolovish, quien tiene el tiempo justo de hacer el puente a su coche y llegar para devolver esa bola endiablada. Tranza, incansable, se tira para evitar ser desbordado, pero –lástima- antes de que el otro golpee la pelota. Ser tan previsor hace que la vida se vea sin ilusión. Pierde. Ve como  entregan el trofeo al otro y le patea los cotolengos. Todos los jueces, el de silla, el de pista, el de red y el de fondo, se van a por él.

Aplausos y desalojo de la pista para preparar el baile de fin de curso, que es lo que deja dinero. 

SON ESAS PEQUEÑAS COSAS… (I)

Música y/o encuesta de población activa.

Denuncia en la S.G.A.E: Al inscribir una obra del autor Jonás Iterflai, el registrador le ha pedido que se defina con claridad. Al ver que artista y administrativo casi llegan a las manos, interviene el presidente, Teddy Bautista, para intentar solucionar el problema. 

-Yo quiero que se sepa que mi obra es una brevísima  composición musical para muy pocas personas, -dice el creador. 

-Yo, en cambio, le he dicho que no soy personal del INEM, -responde el encargado. 

El título, es efectivamente, si de dice muy deprisa, el que provoca este follón: 

“Dos notas para dos.” 

DI VERSIFICATIO ANTICUUM (I)

... E pusiéronse las mozas a rozarse. 

Y era tal el frenesí de esas mujeres, 

que aunque fuego, realmente, nunca vieres, 

pensarías “estas dos van a quemarse”. 

Tal sus pieles coloradas, llameantes, 

que volcanes casi afónicos de envidia, 

enviaron lavas rojas por perfidia, 

y  enfriar a las mozas cuanto antes…

El monge Auskultatto Pambulossi, de la región Camboria, tenía estos versos en su tratado con dibujitos de título “En invierni, e meggiore con dúo muggieri…”, de modo que su prior, el abad Filimpare Masuno, se lo guardó entre los volúmenes de Ciencias, donde sabía que no lo consultaría ningún novicio del convento.


lunes, 28 de enero de 2008

ACORDE NUEVO


Sonríes
cuando te toca
mi aliento.
Me miras
y me dejas perderme
en tu cuerpo.
Vago por tu boca,
siento tus dedos
que tensan mi alma
con un acorde nuevo.
No sé
si vivo o sueño,
si vago o te encuentro.
No sé bien,
pero sonríes
cuando te toca
mi aliento.

TU PIEL, A PINCELADAS


Porque pensó que sería mejor no volver a perderse en los silencios. Porque desde que se fue Noelia, los juegos de sombras chinescas en la pared, eran lo más parecido a las creaciones que, antes de su marcha, a menudo paría brillantes, originales y llenas de simplicidad.

Porque ya, los típicos ruidos de la casa, que a veces le sobresaltaban, e incluso llegaban a despertarle, le incordiaban sobremanera, por el simple hecho de saberlos la única compañía de sus noches.

No se oirían más pasos que los suyos, camino de la cocina, del baño, de la habitación. No la oiría más descalzarse, desvestirse. Todo eso formaría parte del recuerdo, que a diario lo transportaban al talle de Noelia, a sus pechos firmes, brindándose; a su sonrisa, por la que todo le hubiese valido la pena.

Y por ese ir y venir de sensaciones, con la esperanza puesta en que alguna mañana, más pronto que tarde, el roce de su piel templada, le hiciera abandonar el sueño, subió al desván, tomó la escalera y sacó del altillo todo lo olvidado desde hacía tres años. Eligió el lienzo de mayor tamaño (podría, es más, debía tener su altura). Hizo sonar la música que tanto había silenciado. Agarró el pincel y la paleta y comenzaron los suaves trazos, maculando un blanco que parecía esperarle.

A su merced, los acordes de Eric Clapton, que seguía encabezando la lista de sus preferencias. Y ahí estaba hoy, presente, como en tantos y tantos encuentros con ella; sólo que la de hoy, sería una cita especial; en otro espacio, en otra dimensión. A su merced, también el tiempo; todo el tiempo para plasmar el cuerpo de Noelia entre sus piernas, entre sus dedos, compartiendo aliento, sudor y el rítmico vaivén que los igualaba.

Y como la imaginación, y los deseos, y los sentidos, son libres, Álvaro sintió con cada trazo, la presencia de aquella mujer, más real a medida que avanzaba el dibujo; y con él también sintió cada vez más, crecer su propio cuerpo, hasta culminar un encuentro, que no por ser distinto, dejaría de ser real. Y de nuevo, tras la calma que secunda a la tempestad, otra vez el silencio…, y alguna lágrima…
…Y a pie de dibujo, algunos versos invocando al poeta:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa
Y estos sean los últimos versos que yo le escribo.”

Como en los mejores sueños, hay un final que se antepone y nos devuelve al punto de partida. Álvaro volvió a silenciar la música y guardó en el altillo los restos de la batalla, a excepción del lienzo, que lo acarició una y mil veces, hasta quedarse dormido.

domingo, 27 de enero de 2008

SALVADO

La reluciente franja de cemento, nueva y de color verde, rodeaba mi acera. Era imposible ignorarla. Retrocedí con la idea de impulsarme y saltar al otro lado como solía hacer con los charcos hasta los diecinueve años, pero me pareció imposible.


El día estaba nublado, pasaba el tiempo y no sabía qué hacer.


Miré al cielo y desde un primer piso, despacio, descendió una bicicleta enganchada con cuerdas.


Di las gracias a la señora, monté como pude en el triciclo y atravesé el carril bici sin cometer infracción alguna.


El resto, dos horas a pie gracias a la huelga de autobuses.


Llegué a tiempo al trabajo.

sábado, 26 de enero de 2008

PALABRAS CALLADAS
Mariposas revolotean
por mi estómago.
Un puente
de mi boca
a tu boca.
Juegas con tu cuerpo
sin saberlo,
al escon dite,me gritas
oculto entre tus silencios.
Mariposas revolotean
por mi estómago.
A sal saben tus labios,
a vino todo tu cuerpo.
Muerdo tus manos,
devoro tus dedos,
degusto tu lengua.
De palabras calladas
se llena el cielo.
Mariposas revolotean
por mi estómago.
Me miras y te miro.
¡Ahí está!
¡Ahí, tienes un beso!

martes, 22 de enero de 2008

SUEÑOS DULCES

Mi niño soñó que me pedía caramelos.

Para que no soñara con caries, me dormí y le dije que no hasta la hora del almuerzo.

La madre de mi mujer, que vive con nosotros, se durmió para decir que un caramelo no le hace daño a un niño, por Dios bendito.

Soñé que esto es lo que hay porque lo digo yo y el niño se puso a llorar.

Para evitar pesadillas, mi mujer tuvo que dormirse para soñar y dormir al niño en sueños.

Al día siguiente, ni el niño fue a trabajar ni nosotros al colegio.

domingo, 20 de enero de 2008

CARRERA ARMAMENTÍSTICA

PROTOTIPOS: LOS INICIOS SIEMPRE SON DIFÍCILES.

7 de mayo del Paleolítico. Hora de comer.

GOGOGI: Deja ese gallo de sesenta y dos mil kilos. Es mi almuerzo. Ya sólo tomo proteínas. Cómete tú el bosque.

BABOLLO: Te pongas como te pongas, una dieta equilibrada, incluye cosas que se mueven y algo que crece en el sitio, aunque no el césped, que me has dejado sin el hoyo 17 del campo de golf para tus ensaladas.

GOGOGI: Toma: Te envío esta pedrada a tu frente, lo que zanja la cuestión.

BABOLLO: Bueno, pues yo, por mi parte, ya me voy muriendo. No se hable más.

 

LAS PALANCAS, ESAS COSAS TAN ÚTILES.

Diciembre, amanece en Sumeria. Fresquita la mañana.

REY CIRCONIO: ¡Ech, pueblo de Zaranda, ya estamos entregando el tributo, que yo, con mi séquito, no estamos ya para madrugones; y nos quedan cuatro ciudades amuralladas por saquear!

ZARANDEADOS: ¡Mira, aquí siempre se te ha mirado bien! ¡Pero, con el plan que traes, te vas a llevar un  catálogo de cáscaras, boñigas y posos del cafelito. Díselo a tus capitanes, a ver qué cara te ponen!

REY CIRCONIO: Nos hemos traído unas maquinitas para romper cosas muy bien recomendadas. Fijaos, que están sin estrenar.

ZARANDEADOS: ¿No serán esas que dicen enviar cosas con fuego que se cuelan muralla adentro dejando todo perdido?

REY CIRCONIO: Sí, sí, esas. Talmente. Aunque están sin desembalar, parecen las que tú dices.

ZARANDEADOS: En confianza, pruébalas antes en un sitio donde no te hagas daño, porque me han dicho que fallan una barbaridad. Si el mismo dueño las ha querido retirar del mercado.

REY CIRCONIO: A mí no me la da el pájaro ése. Yo las devuelvo ahora mismo, que tengo el papiriticket de compra. Oye, que gracias, que ya volvemos con métodos más tradicionales.

ZARANDEADOS: Lo que haga falta. Más que enemigo, un cliente.

 

EL INGENIO DEL MERCENARIO.

8 de la tarde a las puertas de Florencia. ¡Una caloooor! ¡Más bien bochorno!

CÉSAR BORGIA: Mirad, capitanes, los muros de esta ciudad están durillos. Y los que la guardan se han puesto cabezones. Nos tiran piedras y diarios atrasados. Esto va mal. ¿Alguna idea?

CAPITÁN CHIVONI: Alteza majestadi, yo no me lo pensaba un instante. Pagad lo que pide el Davinchi, que ése te tira la ciudad en poco tiempo y te la recompone otra vez, todavía más bonita.

CÉSAR BORGIA: Anda, ve y llámalo, que me vais a dar un disgusto. Pero por adelantado sólo la mitad, que el Leonardo es más listo que el hambre.

 

Llega, sentado en un trono, Leonardo. No mira a nadie y se mete en una tienda blanquísima de la que no sale en varias horas. Cuando aparece, lo hace con una gran cantidad de  pequeñas cajas.

LEONARDO DA VINCI: CÉSAR, coge a tus capitanes y que siembren estas cien cajas, medio abiertas, lo más cerca de las murallas que puedan, sin hacer ruido.

 

Al amanecer siguiente, los defensores van a lanzar unas flechas desde las murallas, para empezar el día. Pero no hay murallas: Se han desplomado sobre los agujeritos que han hecho miles de lombrices durante toda la noche. Confiados en la solidez de sus defensas, muchos solían salir sin pantalones y se ruborizan, por lo blanco de sus pantorrillas. Se rinden sin condiciones. Algunos aplauden el método.

Leonardo se pone en marcha para alquilar sus servicios a otra familia poderosa. Lleva en su bolsillo la mitad en efectivo y la mitad en un pagaré firmado por CÉSAR.

 

ÉPOCA DE GUERRA FRÍA.

Desierto de Nebraska. 1.959. Cerca de las tres y tres. Hay tres, en una cerca: Hablan un físico,  otro más físico todavía y el presidente.

 

DR MERTON: El misil tiene que salir mañana, a su hora. Que el mundo sepa que se va a romper en tres trozos, y que no dude de nuestra puntualidad.

DR STEIN: El concepto de guerra cambiará a partir de este momento. Falta decidir quién gobernará en cada uno de los trozos.

PRESIDENTE: ¿Cuántos quedarán para ser gobernados?

DOCTORES: El clásico puñaíllo.

PRESIDENTE: Procedan. Vámonos a dormir. Mañana será otro día, digo yo.

 

Los tres se retiran deseándose buenas noches.

Los operarios de la plataforma de lanzamiento atornillan el andamiaje. Se cae una tuerca. “No te muevas Joe (es nombre, no taco, va sin acento) que luego se pierde en la arena” No aparece. “Quita otra del mismo sitio, en el lado opuesto, y así no se notará”. La quita y se cae todo. Pesa tanto que tienen que vaciar la enorme bomba para poderla poner en pie.

Al día siguiente, tras la cuenta atrás, el lanzamiento hace que la bomba gigante caiga exactamente sobre el escritorio del presidente, quemándole los folios. El resto del mundo da la noticia, y hay guasa desde Japón hasta Pontevedra.

En la ONU, se acuerda volver a discutir los problemas, todo lo más, a bofetada limpia. Es más barato. Se acabó la carrera.