jueves, 3 de abril de 2008

SIN MIRAR.

Las ganas de llorar se me habían pasado antes de llegar la noche. Por eso mis ojos atendieron la mirada del espejo, mucho más decididos que los míos a buscar de nuevo alguien con quien arriesgarse en el juego del amor. Seguí las instrucciones al pie de la letra y, una vez preparado, me despedí con el mismo gesto que me devolvió.

Puse un pie en la calle y sentí el vértigo de no coger su mano para andar. Recorrí varias manzanas aprendiendo a respirar y paré sin saberlo en el bar de nuestras charlas, proyectos y peleas incluidas. Pero no pude entrar. Choqué con alguien al volverme, me disculpé sin mirarle y volví a casa.

No quise llamarle porque la voz delataría mi pena. Con el cuerpo cansado, me levanté para revolver armarios y después, como un pintor, decoré mi cara hasta tapar los surcos de las lágrimas. Entonces me atreví a salir. Hay que buscar, me dijo la cara maquillada.

Era un andar sin saber a dónde, de modo que mis zapatos me llevaron al bar de siempre, donde aprendimos a mirarnos y a reír juntos, antes de dejar que lo nuestro se partiera en pedazos. Pero no pasé de la puerta. Incluso tropecé con un tipo que tampoco llegó a entrar. Me disculpé sin mirarle y volví a casa.

HAIKU

Has de saberlo

En ti guardas mi esencia

Mi amor entero

HAIKU


Con dos violetas

hago un ramo de cielo

para tus ojos

HAIKU



La caracola

asegura que guarda

la mar callada

miércoles, 2 de abril de 2008

ASCENSO Y CAÍDA.

Pitarri Pons de Llorente, más que nada marquesa de Larameu, llegó a su nueva mansión, o sea, estaba ya como al lado de la puerta principal. Bajó del auto de dos colores que se llevan siempre y, moviéndose como una gran dama del saber estar, dejó que Arturito Llorente Colomer, su marido recién casado en nupcias tras celebrar su boda durante el matrimonio, le abriera el coche por su lado, o sea. Estaba el servicio a su servicio la mar de bien dispuesto en filas y ella pasó revista y alisó unos rizos a la pinche de cocina, dos solapas de camareros y una cofia de Rosaura Lambert, la ama de llaves de la Hacienda Colomer. Después mandó sacar sus maletas todas, o sea “sin dejar alguna por ahí, como de no saber después dónde buscarla, es un decir para entendernos”. “Y punto pared y aparte, o sea”, añadió antes de resbalar algo, caerse un poco, medio erguirse, reírse sin tragarse el chicle y entrar por la puerta, como a ella le gustaba.

Dos semanas más tarde, Pitarri Pons ya no era ni marquesa ni nada en sí misma. Limpiaba y ordeñaba a Baturra con una sola mano mientras tarareaba alguna de Sinatra. Compartía faenas en la granja con Laurita Doménech, Carola Barbeitio y Casildita Gabadián, las otras ex marquesas de Larameu. Las cuatro habían fracasado en su fiesta de recepción de la alta sociedad de Canet de Mar y habían sido ipso facto divorciadas en su totalidad, o sea, por doña Pompeya Colomer de Llorente, madre de Arturito, que las consideraba como muy impropias a nivel de su hijo, por lo que las degradó a obreras.

El empleo no era malo “para nada en sí mismo”, se decían las cuatro al terminar de limpiar los establos con los collares puestos. A veces decían “qué fuerte, tía”, al derramar mucha lejía por los suelos; vamos, para que se limpiaran las cosas y eso.

Y todo, por unos detalles como muy súper así; o sea, que serían los siguientes: Preguntar muchas veces por su edad a la mujer del gobernador civil, tirar al suelo el tenedor de pescado y, tras los postres, dar grititos al ponerse ciegas de marihuana durante una orgía con el equipo de rugby local, que entrenaba en los jardines de la Hacienda: Las  tres pruebas de fuego que toda marquesa de Larameu debe superar como si nada.

martes, 1 de abril de 2008

UN BUEN TRATO.

-Amigo mío, se trata de un vergel cuyo principio parte del mismo origen del Universo, y es tal la longitud de la hierba que crece en él, que sólo con 65.000.000 bueyes comiendo al unísono y sin hablarse entre ellos se podría segar la diezbillonésima parte de sus puntas. Además, viejo amigo, con el rocío que retiene y guarda de las húmedas noches, se podrían llenar los mares de 72.000.000 planetas tan grandes como Marte y Júpiter juntos…

-Basta, Mr. Mackingüei, me lo quedo -le dije, y firmé los documentos. Mil doscientos al mes y un apretón de manos.

J.W. Mackingüei es un gran agente inmobiliario. Ya sueño con morir en este jardín situado en el patio de mi casa, que J.W. (me asegura que no es mío) ha tenido a bien alquilarme.

...QUE DESTEJÍA POR LAS NOCHES.

La doctora Penélope Ditaca, estaba considerada una de las mejores cirujanas del mundo. Por las mañanas, en su quirófano número 9, sacaba balas de los cuerpos con una limpieza excepcional; de un modo tan preciso que sólo el inspector Ulises Zapata pudo explicar, al comprobar las horas y horas de práctica que la doctora realizaba desde su azotea, disparando por las tardes a los transeúntes de modo que quedaran bajo un ángulo de observación de 45 grados, una inclinación ideal para el bisturí.

Habían nacido el mismo día, pero el inspector y la doctora Penélope no llegaron a hablarse hasta la edad de 65 años, justo el día en que ella salía de la cárcel y él entraba para entregar a Telma Ditaca, la hija de Penélope, una gran cirujana, a la que habían descubierto como gran tiradora de precisión, el día después de nombrarla mejor cirujana del año, por la limpieza con que sacaba las balas de los cuerpos…

domingo, 30 de marzo de 2008

ROJO SOBRE BLANCO

En los últimos días no he podido ver el televisor cuando los telediarios repetían una y otra vez las imágenes de la caza de focas que se está llevando a cabo en Canadá. Los que respaldan este acto encuentra su justificación en que la extensa población de focas está devorando sin medida los bancos de bacalao con el peligro de que esta especie se extinga. También hay otras razones de carácter eminentemente económico, que tienen menos base que las sustente.

Yo nunca he estado en Canadá, ni he visto a los cazadores, ni sé a cuánto está el kilo de atún allí. Ni siquiera he visto una foca en directo (bueno, creo que sí, en un parque de Madrid), en su habitat. Pero la imagen que tengo de ellas es de un ser hermoso y fuerte. Y aunque torpe en la superficie, increíblemente ágil en el agua. Esta imagen tan evocadora no quiero que se empañe con la de la persecución de un ser humano (palabra demasiado grande para él) armado hasta los dientes, cuya zancada supera en mucho la distancia de desplazamiento de la foca en la nieve.

No quiero hablar de cómo las matan. No quiero verlo, porque no quiero que exista algo así. Me da la impresión de que si lo veo contribuyo de alguna manera a que ocurra. Así sucede con la difusión de muchos hechos morbosos: su contemplación cierra el círculo. Me gusta verlas así, idealizadas entre el manto de nieve, con sus crías, peluches de algodón blanco.

Sé que mueren muchos animales a manos del hombre cada día para nuestra subsistencia. Pero así no, Hombre, así no.

DE TORNEOS Y REINOS.

-Peón cuatro rey –dijo Chorlenko, el campeón ruso, y adelantó la pieza de madera dos casillas hacia delante.

Con un elegante “clic” hizo bajar el reloj de la partida, lo que haría correr el tiempo a su favor, y sufrir a su contrincante, quien le disputaba el título.

El aspirante, Robert Joyce Chapman, tenía las ideas muy claras, fruto de informes secretos. Aunque la Reina gritara combatir hasta la muerte arremangándose las faldas, no sería suficiente porque sus amantes, los alfiles, habían difundido sus devaneos e infidelidades entre las tropas, lo que minó su moral. El rey, triste guiñapo en manos del alfil derecho, no haría sino andar como siempre, pasito a pasito, para ver cómo el ejército enemigo devoraba sus huestes, incluidos unos peones de briega constante que sólo por comer habían cambiado su recto caminar. Las torres, de materiales frágiles y baratos, se desmoronarían. El Reino estaba perdido. Sin dudarlo, desató a los caballos y levantó la cabeza despacio, para encontrar la mirada de los azules y fríos ojos del  caucasiano.

Antes de hacer su primer movimiento, proclamó la República del Tablero Cuadrado, donde la Reina sería la cantante que soñaba, los peones tendrían descanso, los alfiles volverían a sacar los contratos de construcción de edificios públicos a subasta, incluyendo las torres, los caballos pastarían libremente por el campo y el rey, el viejo rey, terminaría de leer su biblioteca. Todo ello sin renunciar, según el último Real Decreto, a una digna renta vitalicia.

Chorlenko no entendía nada a pesar de las continuas explicaciones de los traductores y abandonó la sala como campeón mundial invicto, tras revalidar su título entre unos tibios aplausos.

El aspirante, en cambio, salía a hombros, vitoreado por todos los presentes.

sábado, 29 de marzo de 2008

GIRA, GIRA


Abrazas todos mis sentidos. No me abandones. Giras alrededor de cada episodio de mi vida, poniéndole un nombre con mil formas distintas. Me ayudas a retomar imágenes casi perdidas, a plasmar sensaciones, a vestir al fin mi existencia con sonidos cómplices.

No me abandones; sigue llenando mis horas de esas mil notas, de mil colores. Déjame contar contigo, para, con las formas que me brindas, susurrar melodías al abrigo de los recuerdos.