viernes, 18 de abril de 2008

COMO SI FUERA HOY.

Diciembre de 1967.

Yo mi apellido mi apellido, veo en un escaparate un juego de ajedrez cuyas piezas representan figuras humanas, reina, rey, ministros, caballos encabritados y torres preciosas.

Me quedo embelesado y pido a los Reyes que me lo traigan por Reyes, valga la redundancia.

Se acerca el día de Reyes y hago pasar a Mi padre mi apellido primero  su segundo apellido por la tienda donde se vendía el ajedrez. Ya no está. Mi padre mi apellido primero  su segundo apellido me mira, se encoge de hombros y me dice que así es la vida. Me encojo de hombros yo también, para no ser menos.

Llega el día de Reyes y nos levantamos como ardillas, los cuatro hermanos, mis tres hermanas mi apellido mi apellido y yo mi apellido mi apellido.

Intento hablar durante un rato pero no puedo. En una butaca de la salita, marrón, brillante, está el tablero con todas las piezas situadas, esperándome.

Mi padre mi apellido primero su segundo apellido me mira, se encoge de hombros y me dice que así es la vida. Me encojo de hombros yo también, para no ser menos. Mi madre mi segundo apellido su segundo apellido, sonríe.

Hace sesenta años de aquello. A ver si el Alzheimer tiene cojones de quitármelo de la cabeza.

Editorial Abril

Una buena amiga, me regaló hace tiempo un bonsai de hoja perenne. Era precioso y lo puse en un lugar privilegiado del salón. Mirar un bonsai es como trasladarte momentáneamente a un campo abierto lleno de paz y tranquilidad.
A lo que iba, lo cuidé con esmero. Me compré un libro para seguir sus consejos, y aún así el bonsai empezó a perder brillo y al poco empezaron a caer sus diminutas hojitas. Lo trasladé a la cocina donde hay más luz, pero el pobre cada vez parecía más un árbol que tímido, hubiera enterrado su copa en el suelo, enseñando solo las raices.
En Navidad mis hijas le pusieron guirnaldas para adornarlo un poco. En febrero, y ante su muerte inminente lo subí a la azotea y lo coloqué a la sombra de una frondosa maceta. No lo regué.Allí quedó olvidado un par de meses. Sólo la poca lluvia y el riego por goteo que sobraba a la maceta obraron el milagro. Cuando subí el otro día estaba lleno de yemitas nuevas y me dí el alegrón del día. A veces solo hay que dejar obrar a la naturaleza y ella nos renacerá en cada primavera. Escribid mucho, leed y dejáos influir por este precioso mes de abril. Inma

INNECESARIO.

Serguei Godfrensko, junto a sus compañeros Otto Lamprievesptein, Mattías Brogtritres y Karl Gagoflatblo, se pasaron la tarde buscando excusas para no invitar a su recién llegado compañero de oficina al cumpleaños del jefe, Sigfried Ataklestat. Pero no fue necesario: Con lo que le escupieron al presentarse y decir su nombre, el nuevo, un tal Gómez, se sintió incapaz de acudir.


Amaneciendo

Tus manos acarician

mi pensamiento

martes, 15 de abril de 2008

SIN TIEMPO

La mujer se despertó con un olor agrio a goma quemada; se levantó y abrió la ventana: Madrid ardía por los cuatro costados. Volvió a la cama.

El hombre hizo mal en moverse: Una de tantas balas arrojadas al fuego entró sin romper ningún cristal para alojarse caprichosamente cerca de su corazón.

-Tardaré en morir –le dijo a su mujer, que no quiso levantarse más.

No insistió en hacer el amor como póstuma hazaña. Por lo visto, bastaba con la última de minutos antes.

Su sangre caía hacia dentro, donde el humo negro conquistaba todos los rincones. No quiso tapar la herida.

-Abrázame -dijo la mujer desde la cama.

-Ven tú, es más fácil, yo ya estoy sin tiempo -dijo él.

Pero ella no quiso levantarse más.

Fuera, sin que nadie pudiera evitarlo, se abrían otras ventanas para que el humo y las balas ocuparan los espacios libres.

lunes, 14 de abril de 2008


Te miro quieta

De tus olas espero

caricias nuevas


La noche deja

en el rocío el llanto

de las estrellas

domingo, 13 de abril de 2008

LEGALIDAD.

 

Juan Antonio Landa fue el primero en pararse a mirarlo. Al día siguiente vendió sus propiedades y nadie volvió a verle.

Después fueron Diego Mora, Pablo Solé y Arturo Miralles, por ese orden, quienes se detuvieron a leer el cartel para desaparecer al día siguiente sin dejar nada que les recordara.

El alcalde tenía miedo; no se atrevía a pasar por el centro de la plaza del pueblo, junto al pilón, donde habían dejado clavado el papel sobre la estaca de madera. Él también era soltero, pensó, como todos los que se habían parado a mirar, así que mandó a Elena Valle, su concejala de Urbanismo casada y madre de familia, a leer el cartel. Cuando volvió al despacho del ayuntamiento, Elena ya llevaba su maleta hecha y un cheque en la mano producto de la venta de su casa, una de las mejores del pueblo.

Aquello era más grave. Nadie parecía estar a salvo.

Un gañán bravo, Tomás Del Horno, cogió un trapo para tapar el cartel. Pero en el último momento, envalentonado, quiso leerlo. El trapo quedó tirado en el suelo y Tomás, llorando, se montó en su coche con rumbo a la capital una hora después de haber firmado la venta de todo lo que tenía en el pueblo.

En una semana no quedaba ningún vecino.

El alcalde, temblando de miedo, me llamó al bufete.

-Ayúdame –me dijo.

Con un hacha enorme me acerqué al cartel por detrás, para que no me atrapara, y no caí en la trampa de mirar a los cristales de unos coches cercanos, ya que me obligarían a una lectura al revés, y por tanto más atenta. Pero me sorprendió un charco  de agua cristalina, donde pude leerlo reflejado y volví a ver a mi amigo el alcalde para decirle que le había fallado.

Al verme con el cheque en la mano, se sorprendió de la buena venta de un descampado, lo único que me quedaba en el pueblo, y que valdría como cochera, no mucho más.

El alcalde fue el último en buscar las escrituras de su casa y hacer las maletas.

De regreso a la capital, me crucé con Satanás que conducía un cadillac rojo del 54, con el asiento de atrás repleto de documentos de propiedad.

-Vengo del catastro –me dijo.

Yo ya había oído que pretendía adueñarse del mundo, pero no pude hacer nada: Actuaba dentro de la más estricta legalidad.

 

SEGUNDO.

Adoro las carreras tácticas, donde la cabeza cuenta tanto o más que los músculos. En la de ayer, sonó el disparo de salida y, sin pensármelo, me coloqué segundo. Eran diez vueltas. Cogí la referencia del primero, el dorsal, y no miré atrás. Desde entonces, sólo pensar en adecuar mi ritmo al suyo. La zancada, la respiración…

Sonó la campana. Última vuelta.

El esfuerzo era máximo, pero me resigné a ver cómo el que marchaba primero se iba hacia la meta como un cohete.

Detrás, a los quince segundos, llegué yo. Subcampeón. Segundo.

Por los altavoces, sonó el nombre del primero, el gran Segundo Amaro y la ovación al recoger su medalla de oro.

En el segundo escalón, me subí yo, Hilario Segundo. También recibí muchos aplausos.

Me encantan las carreras con dos participantes.

SEGUNDA OPORTUNIDAD

Aquel niño era yo, y tenía siete años; sólo que vuelvo a andar el camino para evitar lo que entonces no pude.
Ahora, en mi cunita, mi madre me observa recordando al que fui, sin saber que soy.
Esta vez, mamá, te lo prometo; me mantendré alejado del pozo.