domingo, 27 de abril de 2008

SEVILLA, POESÍA Y TEATRO

El viernes, después de acudir al encuentro poético al que Inma nos había invitado en San Luis de los Franceses y de dejarme enamorar de nuevo por las calles de nuestra ciudad (estaba preciosa e invitaba a pasearla, a recorrerla sin prisas, sólo con el deseo de fundirnos con ella), fui a ver una obra de teatro, "Mentiras, Incienso y Mirra".
En la obra, con una puesta en escena sencilla y sin grandes pretensiones, el ir y venir de los personajes, sus monólogos, sus diálogos vivos e incisivos, su arrancarte la risa con aquellas escenas cotidianas y familiares, disfruté muchísimo. Cada día me gusta más el teatro, esa cercanía, ese casi tocar a los personajes, ese estar ahí en el escenario junto a ellos. Creo que una buena obra de teatro te hace sentirte bien y dormir mejor. Y si le añadimos una buena compañía con la que compartir lo vivido, mejor que mejor.
Os invito a verla si podéis. Os reireis un rato y en estos días que vivimos, la risa es un bálsamo para nuestras heridas (parafraseando a los autores antiguos).

sábado, 26 de abril de 2008

Dios

No sé en qué momento del camino
perdí aquella fe inquebrantable
que unía lo humano y lo divino
como algo para mí incuestionable.
De alguna forma te palpaba
fuiste faro alto en mi camino
fuerza que ayudaba a levantarme
cuando las adversidades
aparecían en mi destino.
Quizás, hubo un punto de ruptura
del cual, tal vez me sienta responsable,
atormentada busco un pegamento
que pueda unir las dos mitades.
Tengo la certeza de que existes
puedo contemplarte en la distancia
soplo de vida en el infinito
aire que refresca la esperanza.
Incluso puedo sentirte a mi lado,
y en los otros…
Más cuando necesito tu mirada
la razón y el egoísmo te difuminan,
la vanidad y el orgullo te empañan…
tan solo queda lo eterno
y aquel recuerdo
preñado de añoranza.
Lucho por Ti,
quizás no suficiente
rezo, implorando no perderte
hoy no me planteo grandes gestas
me conformo tan solo con “saberte”.

PRUEBAS FÍSICAS (II)

En el Estadio Olímpico de Sevilla, veintiséis aspirantes a cuatro plazas para estudiar Educación Física afrontan el examen de selección. Segunda prueba. Los cincuenta metros lisos.

Sin descanso, los opositores se dispondrán a ejecutar una carrera corta, explosiva y sin nada por delante, dice el altavoz.

Carlos E., de Cádiz, ante el mensaje, pretende matricularse en cohetería fina y petardos, pero no le dejan. Una vez que se entera, empieza a correr y da gusto verlo. Por última vez le advierten de que su estilo, libre y elegante pero de perfil, no resuelve bien el problema con la forma en que está hecha la pista. Vuelve a la salida y termina los cincuenta metros lisos a pesar de tener el cabello rizado natural.

Luis M., de Utrera, recién salido de la ITV, sale como una exhalación al escuchar el disparo y se lanza tras unas vallas, desde donde lanza una granada de mano, diciendo “¡venid a por mí, si sois capaces!”. Una muchacha de la organización lo saca de nuevo a la pista y le promete que hará “¡pum!” con un ruido con la boca, para que no se asuste. Luis acepta y corre bien los cincuenta, añadiendo doce metros que corren gratis por su cuenta, generoso como es y sin rencor.

Alberto P., de San Fernando, necesita estímulos. Considera suficientes los tres doberman a los que sueltan las cadenas y sale de estampida. En el kilómetro siete de la Nacional IV alguien consigue detenerle jurándole por sus muertos que los perros están ya amarrados. “Y con cadenas grandes”, añade el que ha ido a buscarlo.

Jaime F., de Sevilla capital, no quiere saber nada más que la dirección hacia la que enfilar. A él, sin gafas, no tienen nada más que decirle “tú hacia delante, chaval” y empieza hasta que un muro o algo más blando le pare en su afán de correr como el viento. Como lo menos duro que hay es la niña de la organización, en cuanto que percute contra los airbags de serie se queda allí un rato, agradeciendo la calidad de las instalaciones.

El resto, hasta los veintiséis, llama desesperadamente desde dentro del autobús, aunque con poca cobertura. Los jueces dicen “sí, sí, ya me hago cargo”, pero mienten, porque dicen que las pruebas sigan y que a los del autobús les va a caer un puro por faltones, guasas e irresponsables. Que él en concreto, el jefe de los jueces,  no se da un madrugón para que veintidós niñatos no valoren su trabajo. Y esto último lo dice en voz alta, para que el del móvil lo transmita a sus compañeros de aventura y ausencia.

viernes, 25 de abril de 2008

EN EL GLOBO.

-Lalo, estate más atento. Que hay mucho viento.

-No me llames Lalo, que me pongo malo.

-Ay qué curioso, Lalo, todo lo que decimos rima. Yo lo veo muy bien.

-Encasni, échate para la derecha según se mira al sol. Que nos vamos a caer.

-¿Padonde dices, guapi?

-Para abajo, a donde va a ser.

-¿Pero no era a la derecha?

-Siii, échate a la derecha, para que no nos vayamos para abajo.

-Oiggg, qué indeciso has sido siempre en la vida, Lalo.

-Como me llames Lalo, me afeito las cejas, Encasni.

-Oicccchhhh, no te me pongas enfardado, que no es para tanto.

-No haber soltado la cuerda, Encasni, si nosotros íbamos en el avión. Este globo era para dos meteorólogos.

-¿Manque no eres capaz de repetir esa palabra otra vez sin atrabagantársete en la epiglosis?

-Quédate a la derecha.

-Pues bueno, pero se me ha pasado por la meninge imaginante que aquí arriba bien podríamos ensayar posturas inicuas y acrobostáticas, ¿o a ti no se te ha ocurrido, Lalo?

-No me llames Lalo.

-Y este tapón negro ¿para qué sirve, Lalo?

-Para que, como ves, vayamos cayendo en vertical, sin que nadie conocido nos espere en medio de ese lago de medio metro de profundidad.

Choffff

-Ay, Lalo, qué bien que hayan puesto en todo el canasto una bolsa de plástico de Galerías Lagracia, porque no me mojo nada los zapatos nuevos de charol.

-Pues yo que me alegro, Encasni.

-¿Tú crees que vendrán a buscarnos?

-No, la verdad, hoy seguro que no.

-Pues digo yo, que ya que no salimos volando por falta de aire, ni nos hundimos por falta de agua, al menos aprovechemos el tiempo entrenando, que luego, el día de la boda, todo es improvisar y darse golpes con los codos en los riñones, al cambiar muy deprisa y a oscuras.

-No, si bien mirado, tienes razón. Pongámonos allá.

-Ay, Lalo, lo que me gusta que estemos de acuerdo.

-No me llames Lalo… 

jueves, 24 de abril de 2008

Dios en la poesía

El viernes 25 de Abril a las 18,30 de la tarde en la iglesia desacralizada de San Luis, hay un recital poético titulado "Dios en la poesía" organizado por "Noches del Baratillo". Entrada libre. Participo con un poema

ESPERADO REGALO NAVIDEÑO


Pensaba que quizá el tiempo se encargaría de ir borrando de mi memoria los amaneceres más dulces; que el frío de diciembre congelaría las suaves madrugadas que ya me has dado.

Pondré el árbol grande, con todos sus adornos; llenaré de luces la casa, por si se te ocurre volver. Imaginaré que el mismo autobús que un día te trajo hasta mí, volverá a dejarte en la esquina de mi calle y te veré bajar como aquella tarde, cuando te vi por primera vez, con tu cuaderno en una mano y tu eterno cigarro en la otra.

Nunca imaginé que te echaría de menos como lo hago hoy; nunca, que te soñaría tantas y tantas noches bajo esa camisa que tan bien sabía envolverte, que me brindaba tus formas de delirio y que con impaciencia, alguna vez desabotoné, emocionada, como quien tira del extremo del lazo que anuda al esperado regalo. Desabotoné con sumo cuidado, cada uno de todos esos guardianes, alineados en una fila inacabable, hasta que tu piel quedó expuesta a mis ojos, a mis manos, a la merced de mis intenciones.

Sabíamos que los remordimientos vendrían justo después, pero en ese instante contaban tus ojos y los míos, contaba tu boca, que me buscaba teniéndome, y que aún así, volvía a buscarme; y la mía que generosa premiaba tu empeño. Contaban tus brazos, que me recibían a modo de trampa, de la cual ni podía ni quería liberarme.

¿Qué demonios harás ahora? ¿Por qué sin mí ? ¿Por qué, si sabemos que no? Que sin ti yo no, y que tú sin mí ya no; no, después de habernos tenido así.

Saboreaste mi cuerpo una y mil veces, y bien sabes que podrías hacerlo mil veces más. Aún me parece tener tu aliento en mi oído; aún creo que es tu calor el que me recorre, el que me despierta vibrando todavía. Y sigo sintiendo tu lengua rendida, acariciando mis senos, que se desbordan, lamiendo mi vientre que se impacienta, recorriendo mi espalda, que se estremece; que buscando un lugar a salvo donde ésta muere, acaba por encontrar un mar oculto, un océano de sensaciones por el que navegar libremente, a su antojo, acompañada de tus labios, que me inquietan, me agitan, me enloquecen sin piedad, hasta robarme las fuerzas.

Ahora sólo espero un ruido leve en el portal, y tus pasos que lo atraviesen, que descansen en el umbral un breve instante (el suficiente para encontrar la llave). Sólo espero oír la puerta abrirse y tus pasos acercándose hasta mi cama. No te preocupes si es tarde, sabes que nada me importa; sólo quiero que esto ocurra esta noche (son especiales, dicen, las noches de Nochebuena).

He dejado encendidas las luces del árbol para que iluminen el pasillo. Sé que vendrás hoy, lo sé; esta noche sí, y compartiremos tanto, tanto, que seremos un sólo cuerpo, un solo fluido. Y, por favor, mañana cuando te vayas, (porque te irás, también lo sé) aunque yo duerma, despídete con un beso que endulce mi amanecer. ¡Ah!, y no olvides en el suelo tu traje rojo y tu saco, y tu gorro, y el cojín; y te prometo desde ya, que durante el año seré buena, para recibir el próximo diciembre, tu esperado regalo navideño.

CRITICÓN.

Te protege la pereza,

te escondes de los artistas,

y no asomas la cabeza

al escribir, con bajeza,

tus críticas en revistas.

 

A todo pones reparos,

y a todos hallas defectos:

Al cine por los efectos

a los pintores, por raros

y al  poeta por  selecto,

de versos que, siendo claros,

para ti son imperfectos

 

Si no te pide consejo,

cualquiera rama del arte

la maldices y abandonas,

negando su luz, reflejo,

de la parte del espejo

que no refleja tu parte.

 

Escritor de gacetilla,

torero televisivo,

cantante a lo más de ducha,

que ni a dios ni a diablo escucha,

considerando incisivo

su comentario cotilla.

 

Aprende y mira al pintor,

y a su mundo de colores;

pégate al compositor,

y métete en su canción.

Y acercándote al poeta

a dudas y resquemores,

 encontrarás solución;

 

Ya verás la voltereta

que te pega el corazón.

 

 

miércoles, 23 de abril de 2008

PRUEBAS FÍSICAS (I)

En el Estadio Olímpico de Sevilla, veintiséis aspirantes a cuatro plazas para estudiar Educación Física afrontan el examen de selección. La primera prueba, lanzar un balón medicinal.

Primera prueba. El balón medicinal según se anunciaba al final del párrafo anterior.

Carlos E., gaditano, supone mal y envía contra los jueces, aunque con delicadeza, una pelota de casi cuarenta centímetros de diámetro llena hasta reventar de aspirinas, desinfectantes y vendas. Queda eliminado en principio. Después de consultar a los jueces, su buena intención le permite obtener la puntuación mínima y puede continuar con el resto de las pruebas.

Luis M., de Utrera, coge el balón, se lo echa a la espalda, cae poquito a poco hacia atrás y se queda doblado en un arco formidable, formando el clásico “puente”. Se le hacen fotos y, pocos minutos más tarde, es conducido a un conocido taller de chapa y pintura con experiencia en estos casos.

Alberto P., de San Fernando, trae navaja y la usa bien: Advierte que sus amenazas no son papel mojado y cumple lo dicho; de un solo tajo deja al balón con la mitad de la arena dentro, que sustituye por papeles mojados, que pesan el doble, el muy imbécil. También se cae para atrás, pero sin doblar.

Jaime F., de Sevilla capital, viene sin gafas y abraza a todo el mundo. Cuando imagina, erróneamente, que lo que tiene entre manos es el balón medicinal redondo y pesado de la prueba, lo lanza. Con relativo éxito, pues el juez federativo Don José P.D., bajito y rechoncho se levanta y le concede una puntuación muy baja al haber caído fuera del foso de arena previsto. Después le da una patada en el estómago y le entrega el balón correcto. Jaime, desfondado, le pide, al menos, una graduación gratis. Le dan un vale; por fin,  su lanzamiento es bueno, pero no como para tirar cohetes.

El resto, hasta los veintiséis, no ha conseguido salir del autobús que los traía desde el centro de la ciudad. Los jueces no dan crédito a que en Sevilla se hayan creado baches de seis metros de profundidad en menos de tres meses. Y es mucha casualidad que sea el autobús este, precisamente este, el que se haya caído dentro. “Los que no estén, no están, no puntúan y esto es lo que hay” se lee en el acta, junto a un sudoku.

martes, 22 de abril de 2008

LLAMAN A LA PUERTA

Llaman a la puerta.

-Buenas, que venimos a por lo de la orgía.

-Pasen, pasen ustedes.

-Vengo con dos equipos. Uno de sado maso y el otro más normalito. Usted dirá.

-Pues me quedo con los dos. Mis hermanas son muy variables.

-En la salita montamos el tenderete. ¿Y su marido?

-Está al llegar. Hoy sale más temprano de la oficina.

Llaman a la puerta.

-Hola, Kiti, hola Mirandita, hola Purrusalda. Id desbolando el cuerpo que los del club de Penis están ya organizándolo todo. ¿Y Socorrito?

-No ha podido venir. Tenía bacanal en el Ministerio con los compañeros y le daba cosa dejarlos allí plantados.

Llaman a la puerta.

-Hola, tesoro, ¿qué tal la oficina?

-Fatal, fatal; Fernández se ha pillado el meño con la cremallera y hemos tenido que llevarlo a urgencias. Ya estamos hartos de decirle que deje la parte de abajo del chándal de la chica de la limpieza, pero nada. ¿Cómo va todo por aquí?

-A punto. Mis hermanas están listas y el ambiente preparado. ¿Empiezas tú hoy con el látigo, o lo dejamos al azar?

-Mira, yo estoy pendiente de una llamada para cerrar el trimestre. Empezad vosotras con los del club y, en cuanto llamen de Contabilidad, me junto.

-Al final, te vas a coger frío.

-No te preocupes, mujer, si yo con cualquier cosa me apaño.

-Pues ahora vuelvo. Vamos allá, niñas. Chicos, al salón.

Parriba, pabajo, pa un lao y pal otro. Que si muerdo, que si ojú, que si vaya, vaya, pero bueno, uy qué bien, qué bien. Perdón, póngase usted a un lado. Qué interesante. Esto es nuevo, ¿verdad? Sí, señora, de Hamburgo lo traigo. Uyuyuyuyuy, que bien resuelve usted. Sin morder, sin morder. Gracias. Pues llevo dos. Pues yo tres. Pues yo tengo el día saleroso y con este ni me acuerdo. ¿Y tu marido? Sigue con la contabilidad. A ver si se lo va a perder, que todo esto era por él, hija, llámalo. ¿Molesto señora? No, siga, siga, que está muy bien. Pues no, déjalo, que le gusta terminar las cuentas. Seguro que se pasa al final. Míralo, aquí está, y con lo mismo de siempre, en cinco minutos ya está listo. Pues nada, todos contentos.

-Aquí tiene la factura, señora.

-Muy bien de precio; tenga usted.

-Por favor, señora, si es el doble.

-Se lo han ganado ustedes, tan atentos.

-Encantado de atenderles.

-Pero ¿no se visten antes de irse?

-Madre mía, como que cuando uno trabaja así de a gusto se olvida de todo. Ya está. Muchas gracias y buenas noches.

-Tesoro, ¿qué quieres cenar? Y vosotras os quedáis también ¿no?

-Ufff, qué va, tenemos madrugada en Culofan, un antro precioso que inaugura hoy la prima Mirina, en Utrera.

-A mí me coge mal, prefiero quedarme. Que os divirtáis.

-Adiós, muac, muac, muac. Y dale un beso a tu marido. Y que no trabaje tanto.

lunes, 21 de abril de 2008

FINAL DE SUEÑO

El campeonato mundial se celebraba a lo largo de dos semanas.

Manuel V. había entrenado todos los días, en sesiones de tarde y noche hasta mucho después del amanecer, sin límite de tiempo, y se encontraba pletórico, lleno de confianza en sus posibilidades. Partía como favorito, pero sin presión alguna.

De hecho, dueño de una técnica depurada, pasó a la final sin despeinarse, gracias a no mover prácticamente nada la cabeza en las pruebas clasificatorias.

Llegó el gran día y allí estaban los ocho finalistas: jóvenes llenos de vida, representantes de su generación, venidos de continentes distintos, climas dispares; más con ritmos vitales muy parecidos. Entre ellos, Manuel V.

El juez dio la salida con un sonido de interruptor de luz de una salita de estar.

Manuel V. se acostó con las zapatillas puestas, pero se durmió el primero. Tal y como estaba previsto en el reglamento, su madre vino a quitárselas sin que se despertara. Por la megafonía se le oyó decir “¡este niño, qué despistado es, por Dios!”. La salva de aplausos maternos fue atronadora.

Pasaron las horas y la emoción crecía. Un venezolano, Tadeo Nombrado, se revolvió en la cama, quizá con pesadillas, y se cayó por el lado izquierdo. Dos muchachos más, por culpa de los malditos refrescos de cola, se tuvieron que levantar a hacer pis. La verdad es que llevaban un rato despiertos y el público los abucheó a ritmo de nanas al ponerse el batín y sentarse para desayunar.

Dos norteamericanos, uno blanco y el otro también, picaron con un mando a distancia de una tele cercana para hacer zapping con cortes publicitarios, los que dan antes de las noticias de la mañana. Con un feo gesto del móvil, encargaron en directo varios productos en oferta.

En el tramo final de la final de tumberío abierto, a eso de las dos y media de la tarde, Manuel V., un finlandés y un sueco eran los únicos dormidos todavía.

Manuel V. había trabajado las siestas como nadie. Se notaba en el subir y bajar de su barriga: No tenía miedo a despertar sobresaltado. Y fue su gran experiencia en levantadas a gritos justo antes de las comidas lo que le dio la victoria: El sueco y el finlandés, en cuanto sonaron gritos de “¡sinvergüenza, vago, tunante, ¿a qué hora has llegado, seguro que borracho perdido?!”, hicieron por resistir, pero el levantarle las persianas y abrir los párpados fue todo uno.

De todos modos, se presentaron en pijama, cada uno sobre un colchón, a recoger las medallas de plata y bronce y la ovación fue de locura, rugiendo todo el estadio.

Manuel V., al día siguiente, con el cuerpo descansado y el estadio vacío, recogió en correos su medalla de oro al sueño. La guarda en un lugar seguro: debajo de la almohada.