jueves, 1 de mayo de 2008

EL SUICIDIO. ENSAYO (I)

 

Marta Jari Crisma, de Argelia.

La dama del veneno negro, la incomparable propulsora de poner porquerías en las comidas a la gente. Y en las bebidas. Las de la televisión no son su culpa, como defienden algunos de sus biógrafos.

Muy niña, más niña que nadie, emponzoñó un pozo. El resultado fue de cambios en la estructura dental de cientos de cabras en la explanada cercana a su choza. La pillaron y fue obligada a seguir unos cursos de francés por correspondencia. Esto acabó agriando su carácter ya de por sí venenoso. El día de su décimo cumpleaños, compró un décimo de lotería que regaló a su padre. No hizo nada bueno más en toda su vida.

El décimo no resultó premiado.

Cuando pudo huir de su hogar, dejó tras de sí un reguero de maíz con estricnina para que no le siguiera su adorada gallina Dolores. Quería romper con todo lo que significaba una vida sujeta a un poste de telégrafos. Y lo hizo.

Llegó a Gijón tras desempeñar múltiples trabajos. En todos aprendía un brebaje, pócima o bebedizo capaz de dejar a cualquiera con cara de último de la cola que ya no encuentra entradas. Se comenzó a fraguar su leyenda. Y fue en Andorra donde se consagró:

El seis del seis de mil novecientos noventa, Marta dirigía un servicio de catering. Puso algo en la salsa de los langostinos de una fiesta de vendedores. Semanas más tarde, todos los comensales seguían leyendo los libros de derecha a izquierda.

Los periódicos sensacionalistas sacaban en primera página el ranking de sus hazañas, como la de los seiscientos cincuenta monaguillos que se hicieron socios del Liverpool en una sola semana, tras ingerir una bebida sazonada con peligralaminina en polvo, una sustancia que no se detecta en laboratorios por más que se intente.

Su fama hizo que llegara el día más difícil: Salvatore Pomodoro Liquasto, jefe indiscutible de la Cossa Staquearde, la Mafia Suprema, le hizo llegar su interés por hacer desaparecer a un jefe de estado. ¿En qué Estado está?, preguntó Marta. Vivo, le respondió Salvatore. Decidió aceptar el trabajo.

En la recepción que Abucadonimas Pasteleraitis, Primer Ministro de la pequeña república de Karakartonis celebró en su palacio presidencial, Marta contrató el servicio de menús. Consiguió quedarse a solas con la sopa el tiempo suficiente para introducir setenta gramos justos de venenitogordín, un potentísimo acelerador de la tartamudez. Después de esa fiesta, no hubo continuidad en los mensajes del Primer Ministro a su pueblo y fue derrotado en las urnas.

Pasaron los años y Marta se notaba cansada en las labores del hogar. Decidió dejarlo todo y para ello ingirió una dosis enorme de espesisimamasacotina, hecha con una mezcla por partes iguales de pasta de dientes, piel de pollo, papas fritas prensadas y ralladuras de limón. Sus vecinos la encontraron el nueve del nueve del dos mil tres hecha un ovillo en su sofá, carísimo. Se llevaron el sofá, si total...

El forense Luis Tetrinquet la encontró hecha un ovillo en el suelo. En una muestra de respeto ante la gran dama que se encontraba a sus pies, no le hizo la autopsia y empezó con frenesí a escribir su historia. Una historia que, lo que son las biografías, ha llegado a nosotros como la de una gran suicida. Es justo, pensamos nosotros.

Vendió sesenta y cuatro mil ejemplares, en siete ediciones; la última de bolsillo, pero con letra grande.

miércoles, 30 de abril de 2008

CONCLUSIONES

Ya no esperaré ansiosa la inspiración cada atardecer; toda hora es digna de ser deseada; cada hora posee el don para sorprender.

UN POEMA ME MANDO YO

Un poema me mando yo, impasible,

hacer con cuatro ideas desbocadas,

verso en rima y una estrofa medible.

Y palabras en desorden y gastadas.

 

Sé que ando sin luz y sin fusible,

que el ripio me prepara una emboscada

que no hay alternativa, no es posible.

Que no tengo la salida preparada.

 

Yo persisto, diciéndome invencido

y le grito al azar no se detenga

que el caos es preferible a estar perdido.

 

¿Hay por ahí un verso sencillo que contenga

el final que necesito comprimido?

¡Que se venga,  antes del fin!, ¡venga!, ¡¡que vengaaaa!!.

 

PREFERENCIAS


Prefiero la ola que me arrasa, que me empuja hasta la orilla. La prefiero a esas otras aguas, cálidas y serenas que me ofreces y en las que por inercia ya, me sumerjo cada noche, en cada sueño. Inercia que me gana la batalla de soñar, a la espera de la violenta ola. ¿Lo arreglaremos despiertos?

CUENTOS PARA DORMIR BIEN


Me enseñaron a quererte como a un verdadero padre, y de esa manera fue durante mucho tiempo; pero hace algunos años comprendí la estupidez de mi absurdo sentimiento, ante la injusticia de que hubiera gente sin padre y yo disfrutase de dos.

Antes, estaba tan en las nubes que casi podían hacerme cosquillas tus milenarias barbas; ahora… que le vayan a otro con el cuento de que sólo necesitaste, para montar este escenario, siete bien aprovechados días.




HÉROES DEL VOLANTE.

Yo sujeto con diez dedos el volante:

Por mi vida, te aseguro que lo aprieto;

burla burlando van tres de delante

y el que conduce también, todo el cuarteto.

  

No conciben, por lo visto, ir despacito,

a menos de doscientos como pronto;

gritan (nadie sabe hablar bajito)

por decirme que ir así, es ir de tonto.

 

Y los veo parados, de repente,

con señales de trompazos en la cara;

con un poste han ido a dar frente por frente,

su coche, como es lógico, se para,

y adelanto casi andando, finalmente.

 

¿Moraleja quieres tú? ¿Aún no es bastante?

¿Tienes medio kilómetro de vendas

y es preciso soltar explicaciones?

Hay que ir más despacio (llegas antes),

conducir con prudencia por las sendas,

y tocar algo menos... los claxones.

 

PUEDE SER.

¿Un te quiero? ¡Puede ser!

!Puede ser que me falte un te quiero!

También puede faltarte un lucero

una noche, pero...

siempre,

siempre tienes el amanecer.

lunes, 28 de abril de 2008

MICROHISTORIAS.

El califa Ahmed Ico Delseg Uro, sultán de Mushamalalesh, tenía tan mal genio que, siguiendo los consejos de su buen emir Esheme Lamet Iodobláh, decidió cambiar la lámpara. Le devolvieron el dinero.

 

La bruja Piruja de la Cartuja, una granuja, le dio al príncipe Servando Blado una manzana para curar la halitosis. El príncipe, especialista en digestivo, le recetó dos cucharadas diarias de Huelefresh y mejoró. Pero le pidió que dejara de pagarle con manzanas.

 

En Catatonia del Sur, allende los Andes, se vivía una angustia grandísima al levantarse por la mañana por una maldición del dios gordo Pantxaintxa. El director general de “arreglos y soluciones” emitió una orden que mandaba levantarse sólo por la tarde. El dios se hizo ateo.

 

En las aceras derechas de Rusia, no se podía bailar casi nada que cantara el bisabuelo de Tom Jones. El tercer hijo de Vladislav Pacharenko, Vania, hizo cruzar calles a todo el que no era capaz de iniciar una mínima danza. Así les hizo ver que lo que para uno era ser de derechas, para otros, los de enfrente, era lo contrario. He aquí por fin el origen real de la Revolución Bolchechicle. 

-¡Rufus, el té!

El gol se celebraba tras el mágico regate. Pero Rufus corrió hacia la banda, donde su madre le esperaba con la tacita humeante.


Haiku

Solo un roce
mil mariposas vuelan
te encontré.

domingo, 27 de abril de 2008

SEVILLA, POESÍA Y TEATRO

El viernes, después de acudir al encuentro poético al que Inma nos había invitado en San Luis de los Franceses y de dejarme enamorar de nuevo por las calles de nuestra ciudad (estaba preciosa e invitaba a pasearla, a recorrerla sin prisas, sólo con el deseo de fundirnos con ella), fui a ver una obra de teatro, "Mentiras, Incienso y Mirra".
En la obra, con una puesta en escena sencilla y sin grandes pretensiones, el ir y venir de los personajes, sus monólogos, sus diálogos vivos e incisivos, su arrancarte la risa con aquellas escenas cotidianas y familiares, disfruté muchísimo. Cada día me gusta más el teatro, esa cercanía, ese casi tocar a los personajes, ese estar ahí en el escenario junto a ellos. Creo que una buena obra de teatro te hace sentirte bien y dormir mejor. Y si le añadimos una buena compañía con la que compartir lo vivido, mejor que mejor.
Os invito a verla si podéis. Os reireis un rato y en estos días que vivimos, la risa es un bálsamo para nuestras heridas (parafraseando a los autores antiguos).