Hasta hace poco no sabía que cosa era un/una wiki. Pues bien, es una especie de página web que se va creando con lo que aporte cada uno de los que la visitan. En el curso que ando haciendo hemos tenido que crear una wiki(Un grupo de tres amigas). Es de poemas infantiles. Si alguna vez habéis hecho alguno y os hace ilusión publicarlos aquí va el enlace. Lo pongo para todas aquellas personas que lean u ojeen este blog:
http://wikipoems.wikispaces.com/
lunes, 19 de mayo de 2008
wiki
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inma
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quenosleen
domingo, 18 de mayo de 2008
Queria compartir con vosotros una de las imágenes que más me han impactado de mi viaje a Roma. Seguramente haya quien piense que soy poco original eligiendo entre tanta maravilla esta fuente, pero no es una fuente más, ni un monumento más;para mí, es el MONUMENTO. ¿Os imagináis ir paseando por unas calles estrechas, llenas de restaurantes abarrotados de turistas comiendo pasta, y de pronto, sin más aviso que su propia hermosura y grandeza encontraros con ELLA?, pues eso fue lo que me ocurrió a mí. Se me estremeció el alma al verla. Rodeada de gentes, de mil y un flash, japoneses por doquier, pero allí estaba, inmóvil y a la vez acercándose hasta mi, para darme su saludo de agua, de sonido, de luz. No me pude resistir a esa tradición de cine de lanzar una moneda al agua; yo no solo lancé una, sino unas cuantas, para garantizar así mi vuelta a esa eterna ciudad, a esa fuente que algún día espero contemplar de nuevo y compartir con mi "otro" corazón toda la magia de esa ciudad.
Si no habéis estado, id. No os arrepentiréis. Eso sí, id dispuestos para patearla de norte a sur y de este a oeste. Roma os espera siempre ETERNA.
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Peneka
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quenosleen
Etiquetas: El Plumier revuelto
viernes, 16 de mayo de 2008
CIUDADANO
POLICÍA MUNICIPAL: Mire, es decir, a mí chulerías contextuales ni una.
CIUDADANO: Sabrá usted con quien está hablando.
POLICÍA MUNICIPAL: Con un relamido, tal parece.
CIUDADANO: Pues puede que sí, no digo que no, pero no tiene por qué. O similar.
POLICÍA MUNICIPAL: Agachaditos nos vamos poniendo.
CIUDADANO: A la altura de su personalidá, mira este.
POLICÍA MUNICIPAL: Es la autoridad lo que usté contraviene con su actitud altanera.
CIUDADANO: O quesusté demasiao bajito pa este trabajo.
POLICÍA MUNICIPAL: Que está usté en una tarima, pesicológicamente hablando.
CIUDADANO: Que de aquí no me baja un chapelilla como el que tengo enfrente.
POLICÍA MUNICIPAL: Que si soy cabo es por algo, señoritingo.
CIUDADANO: Mira que cabo un joyo y de la risa me muero y mentierro yo solo.
POLICÍA MUNICIPAL: Eso, o media galla que le endose mientras me duermo.
CIUDADANO: Hay que haber nacío hombre pa eso que usté dice, me paece a mí.
POLICÍA MUNICIPAL: De cuatro en cuatro me los he merendao yo y con más kilos.
CIUDADANO: Que nostamos hablando de buñuelos, periñán.
POLICÍA MUNICIPAL: Va a ser lo mismo con cuatro arlequines como el que se me encara hace rato.
CIUDADANO: Si es que no hay más triste cosa que perder las gafas pa perder la perspectiva. Macegracia la de enfrentamientos que se hacen de lengua padentro.
POLICÍA MUNICIPAL: Me paice que se pierde el sitio cuando no se sabe questamos en adonde se manda.
CIUDADANO: Usté manda menos aquí que en su hogar, dulce hogar, o santa casa.
POLICÍA MUNICIPAL: Amosanda el soltero independiente este, el liberado.
CIUDADANO: Mire, que todavía no he planchao una camiseta en todo el mes. No como otros…
POLICÍA MUNICIPAL: Sólo por ver cómo quedaban, que mi señora me contaba mientras el partido.
CIUDADANO: Ya, ya, la afición que le llaman.
POLICÍA MUNICIPAL: Me entero yo de algunos que van a trabajar con el delantal, que se les olvida quitárselo.
CIUDADANO: Será que otros friegan mejor sin él, digo yo.
POLICÍA MUNICIPAL: Pues que me va dando la hora del cierre pal botellín. Será cosa de ir sabiendo de sus motivos originales para hacer su aparición en la mi comisaría.
CIUDADANO: Pues le puedo dar ese permiso que usté necesita, porque con la cháchara el santo se me ha ido talmente al cielo.
POLICÍA MUNICIPAL: Todo en la vida es el orden y el concierto. Pequeño lápiz mejor que gran memoria, ya lo decía mi padre.
CIUDADANO: Lo menos malo es que tengo yo la gusa del estómago avisando. Va a ser cosa de acompañarle y hacer par el número de cristales a beber. Vamos, si a usté no le molesta… que algunos son muy delicaditos ellos…
POLICÍA MUNICIPAL: Esta profesión hace sociales a los que la llevamos dentro.
CIUDADANO: Pues sea en el bar de Corrales, con el menudo a punto de salir. Que pago la primera ronda.
POLICÍA MUNICIPAL: Que no ha nacío el que me pise a mí la primera convidada, señorito de pajaritas.
CIUDADANO: Pues que sea la segunda, que nadie ha sío capaz de negarse a beber con este que lo es…
POLICÍA MUNICIPAL: Pues que vamos.
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Gabriel
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BAILAR POR DENTRO
Hoy soñó con su mirada. Ahora busca en sus ojos y reencuentra la magia que la hacía bailar por dentro. Y llega a la conclusión de que siempre estuvo ahí, sólo que dejó de verla, ciega y al borde del abismo donde le llevó esa ausencia. Donde lo arrastró y se arrastró a sí misma, y donde casi llega a olvidarlo de creer que él la olvidó.
Hoy soñó con su mirada, entre aromas de café y amanecer recién estrenado. Y comprende que nunca dejó de tenerla. Hoy sabe que estuvo dormida y ausente; gastando el tiempo, sin brillo y sin baile.
Hoy bailará con él, con una incansable orquesta, con resplandor de lentejuelas…
…Y mi corazón con tu mirada. Hoy…, si me dejas.
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Isa
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miércoles, 14 de mayo de 2008
"SE NECESITA PERSONA PARA LA COCINA"
El letrero del pequeño restaurante “Todo Carne” de la calle Pavía, fue colgado por su propietario el día catorce de enero de 2006. Al día siguiente, antes de la hora de comer, dos personas preguntaban por el empleo y el mismo dueño, Federico Bellido, les atendió.
Tras presentar cada uno su currículum, la aportación de los dos aspirantes fue considerada excelente por Federico. Uno de ellos, de nombre Ladislao, colaboró con toda la grasa que sus rotundos muslos contenían alrededor de unos filetes compactos, pero rendidos después al mínimo impulso de un cuchillo manejado con suavidad. Su hígado, fresco y sin el menor atisbo de drogas o alcohol, se valoró al ser servido con guarnición como uno de los momentos estelares de la cena. El otro aspirante, Armando, más fibroso y delgado, ocupó las bandejas de entremeses de las reuniones pequeñas, además del centro de múltiples bocadillos para los más pequeños, menos acostumbrados a la solemnidad de la mesa. El plato principal, su corazón, hizo las delicias del invitado principal de la noche, el concejal Abel Dorado, antiguo compañero de colegio de Federico.
Después de la cena, concebida para satisfacer a sus mejores clientes el citado día quince de enero, Federico, como de costumbre, cerró el local para limpiar bien y tomarse un día de descanso. De ese modo, el letrero de “SE NECESITA PERSONA PARA LA COCINA” no fue colocado en la puerta de su restaurante hasta el día diecisiete de enero de 2006, bien entrada la tarde.
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Gabriel
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MICROHISTORIAS (II).
J. L. Gallo no era ningún ogro caníbal devorador de personas ebrias, pero lo encarcelaron de por vida por presumir, a gritos y en la plaza, de haberse comido cientos de borrachos aún calientes, después de trocearlos. Su familia traspasó la pastelería.
Virginia M. D., mujer muy rizada, lloró muchísimo al ver partir a su novio tras devolverle el anillo de compromiso, a pesar de que juró y juró que no se había dedicado jamás a la prostitución. Era cierto, no lo negaba, que había sido imputada varias veces por atrasos en los pagos a la Seguridad Social, pero nada más.
Clarencio L. G., de unos veintiocho años, se casó con su madre, a la que no conocía, y tuvo con ella un hijo que se casó con su hermana (de Clarencio, más joven que él, a quien tampoco conocía). Pues bien, su hijo, su cuñado, y su nieto, eran la misma persona, así como también coincidían en una sola su hijo, su padre y su abuelo. Consiguió numerosas ventajas legales al presentarse él solo como familia numerosa.
Sin haber pisado jamás una escuela de ingeniería, Pablo J. F., de Móstoles, llevó a cabo más de mil ochocientos puentes bajos y casi los mismos altos durante su vida profesional. Eso sin contar algunos días laborables que caían entre dos fiestas, en los que no cerraba su consulta de dentista.
Al no ser capaz de aprenderse el papel de Ricardo III para la función de fin de curso, Honorino P. L., de Chipiona, recibió un folio en blanco para su intervención como cortina doblada en la obra. Aún así, tartamudeó en silencio con la mirada.
En el pilón del pueblo, Teresita Galán lavaba la ropa. Según se iba quitando la falda, la camisa o el sujetador, mojaba, fregaba y ponía a secar al Sol. Al final, cuando enjuagaba su última prenda, como ya tenía secos los calcetines, se los puso, lo que le quitó esa incómoda sensación de desnudez de la que le advertían los vecinos al pasar.
La bala pensaba por sí misma. Esquivó al niño arrancado de los brazos de su madre para la guerra y se desentendió del soldado que acababa de saber que era padre. Pero al acercarse a un fanático, gastó su impulso en hacerle volar el casco por los aires. Decidió que era la mejor forma de que entraran más ideas en esa cabeza. Después descansó en el campo el resto de su vida.
El gorila de la discoteca se jubiló y volvió a la Selva, donde Tarzán le organizó una comida homenaje. Acudieron todos los animales, incluso los que llevaban zapatillas informales. Ese día hizo la vista gorda.
El egipcio Asomatek Phorahi no vivió lo suficiente como para conocer a su sexagésima esposa. Su primera mujer, su primera viuda, lo impidió la noche de bodas.
Los dos sabios, hombres mayores y venerables, lograron por fin aproximar sus ideas. Durante un breve instante, sus pensamientos estuvieron más cerca que nunca a lo largo de sus vidas. Momentos después, ambos eran atendidos tras el tremendo cabezazo sufrido al intentar pasar los dos al mismo tiempo al interior del laboratorio.
Pepa Gloria Jalón Serrano, mujer tradicional y de ideas conservadoras, acabó por entender la realidad de un pobretón que, durante doce años, había visto sentado sobre un cartón, cabizbajo, mientras pedía limosna en la esquina de Sierpes con calle Granada. Y la verdad es que su corazón ya estaba tierno ante la perseverancia, pero acabó por derretirse cuando el pobretón, a la salida de misa de doce de la Catedral, se le apareció en un lugar apropiado para Pepa Gloria Jalón Serrano: la puerta de una iglesia grande. Sin pensárselo ni un instante, se soltó del brazo de su marido, don Nicodemo Pascual Redondo, se dirigió al pobretón y, sonriendo le preguntó: ¿Tiene usted cambio de diez céntimos, buen hombre? Resuelta su transacción, sin mirar atrás, Pepa Gloria Jalón Serrano bajó a saltos los escalones que le separaban de su esposo y se aferró a su brazo con la alegría de una chiquilla. Juntos, comenzaron su paseo hacia el barrio de Santa Cruz, donde algunos yernos, hijas, hijos y nueras, les esperaban para tomar un aperitivo, según la costumbre.
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Gabriel
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NI UN SOLO DÍA.
Con sus propias manos echó el último puñado de arena sobre el ataúd y volvió sola a casa en el coche que tan bien usaron para llevarles a sitios fantásticos, incluso sin moverse de él.
No esperó ni un solo día.
Sin cerrar la puerta, se cambió de ropa dejando en el suelo el mínimo luto de una camisa y una falda. Cogió la ropa más alegre del armario y soltó su pelo moreno y largo sobre la espalda, en un claro homenaje. Con la pequeña maleta en la mano, antes de salir, garabateó una nota para la señora de la limpieza y dejó un par de mensajes en contestadores de amigos y familiares.
No huía de nada. Iba a servir al amor, como había hecho siempre. Estaba orgullosa de lo que había amado a su hombre y no estaba dispuesta, cercana a los cuarenta años, a permitirse llorar por lo irremediable.
Después de un corto viaje, volvió a casa con alguien de nuevo a su lado para compartir la vida, los deseos, las penas y todo lo demás.
Conoció a varios hombres, con los que supo compartir sexo, más de una locura, y toda la complicidad. Incluso hubo una mujer de amistad y caricias, diciéndose que no besar aquellos labios era un pecado que no se podía permitir contra el Cielo, ese Cielo desde el que Juan, su Juan, su compañero desde niña, aprobaría que no se dejara vencer por la tristeza.
Murió con una sonrisa, igual que vivió.
Y se alegró de veras de que fuera Juan el encargado de recibirle.
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lunes, 12 de mayo de 2008
NADA IMPORTA
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sábado, 10 de mayo de 2008
UN CUENTO ETERNO
Madrugada del dos de julio del setenta y tres. María llora. Sólo tiene siete meses de vida. Su llanto parece estar reclamando el chupete que a media noche ha perdido entre las sábanas de su cuna.
Su padre se levanta, pero de pronto el llanto cesa y en el silencio se oyen unos chupetones aliviados que la introducen de nuevo en su apacible sueño.
El padre vuelve a la cama.
Madrugada del cuatro de julio. María llora. Unos segundos antes, su madre oye cómo el chupete cae al suelo. Probablemente la niña, dormidita boca arriba, lo tuviese en la mano y, al igual que en otras ocasiones se haya escurrido por entre los barrotes de la cuna. Pero, desde el pasillo, justo antes de llegar a la habitación, se abre paso un extraño silencio. Al llegar a la cuna, el bebé mueve sus cachetitos entregado al sueño.
Madrugada del siete de julio del setenta y seis. María ríe. Las carcajadas despiertan a sus padres que sobresaltados acuden a ella. Cuando llegan a la habitación, encuentran a la pequeña sentada en la cuna mirando a una esquina, tan absorta en su risa que ni se percata de la presencia de Carlos y de Ana, que con gesto de preocupación se miran y observan.
Madrugada del dos de agosto de setenta y seis. María habla. Sus padres vuelven a su lado y la encuentran con la mirada fija en el mismo punto y lanzando preguntas al aire:
“¿y pocqué codía e conejito Pedico?... ¡Ahh!... ¿Y no venía zu mami? … ¿Y ze lo comió e zodo malo que ze llamaba Bigotez?”.
Ana comienza a temblar. Carlos intenta calmarla y le dice que no se ponga así. -“María debe estar viviendo eso que le sucede a algunos niños; eso del amigo imaginario. Verás cómo no pasa nada.”-
Ana sale de la habitación y regresa con una caja de cartón que guarda en el altillo de su armario. Apenas acierta a abrirla. Rebusca y rebusca hasta encontrar una serie de folios grapados. Y mientras la niña sigue mirando y lanzando preguntas al aire, Ana pone los folios en las manos de su marido. Están ilustrados con dibujos preciosos, algo gastados por el tiempo. Carlos lee: “El cuento del conejo Perico y el zorro Bigotes Largos” y una nota a pie del título:
“Ana, para ti este cuento que fui formando entre una y otra tarde de siesta, cuando yo intentaba que te durmieras y tú me pedías un cuento, entre las sombras del cuarto que nos aliviaba de las tardes de agosto. Con él te hacía dormir a ti y haré dormir a mis nietos.
Te adora:
Tu madre.”
Ana corre hasta la cuna y abraza a su niña, tendiendo la mano hacia ese punto, queriendo encontrar una caricia como respuesta. Una caricia que perdió hace hoy quince años. Carlos, atónito, se convierte en el espectador de un hecho al que no puede dar un sitio en la realidad, tal como él la entiende. Pero algo extraordinario ha pasado ante sus ojos. Algo que ambos guardarán para siempre. Un cuento eterno.
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Isa
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viernes, 9 de mayo de 2008
IMPOTENCIA
puedo sutilmente observar, sin remedio alguno,
que lo primero reta sin piedad a lo segundo;
y yo, simplemente, no lo soporto.
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Isa
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