martes, 3 de junio de 2008

AGARRADLAS, SON ESCURRIDIZAS


Hola, compañeros:


Os reto (para así retarme a mí misma) a participar en una especie de juego literario:


El más valiente de todos, que sea el que inicie un microrrelato, con un máximo de diez lineas. La última frase del primero, será la que inicie el siguiente, y así todos los demás, al igual que en el concurso de la Ser.


¿Cómo lo veis? Para no esperar a que aparezca la valentía, el orden puede establecerse, por ejemplo, por orden alfabético. De esa manera, empezaríamos a jugar una vez que vuelva Beli, que sería la primera.


Decidme qué os parece, o cualquier otra proposición al respecto, en "comentarios".


Un beso a todos.

domingo, 1 de junio de 2008

¡¡¡Hola compañeros!!!!, no penséis que os he olvidado, ni que he abandonado este mundo sin deciros adiós. Lo que ocurre es que estoy pelín liada con el congreso de Vigo. Me voy el miércoles y prometo volver con reportaje de "angustias y desangustias de una enfermera de boca grande en apuros". Bueno, que os echo de menos, que tengo ganas de veros y que estoy deseando de ponerme a escribir sin parar. Los relatos se me agolpan y no tengo tiempo de dejarlos ver el sol de vuestros ojos. Lo dicho...sigo vivita y ...hasta pronto

jueves, 29 de mayo de 2008

ESPECIALISTAS.

Tocaba ayer. Mi mujer, Cristina, decidida, llenó el cubo de agua y jabón. Sin pensarlo dos veces, abrió el cajón de los paños (antiguas camisetas) y se dirigió a los niños y a mí para comenzar la limpieza.

El cristal de la ventana grande, de haber estado, se habría limpiado según mis ideas, no como decía al teléfono mi madre, que llamó desde Ipanema. Así que, menos mal que vivimos en una planta baja, recogimos del césped a Bernardo, el mayorcito, y lo pusimos a barrer los yerbajos que se trajo pegados al caerse. Las pequeñas, las gemelas Pepa y Paca, salieron de la chimenea en cuanto se lo pedí.

A pesar de las dificultades, limpiamos la casa de arriba abajo. Salvo un detalle. En la pared de la salita gris (tras una discusión enorme, llegamos a que es gris) detectamos una araña. Gorda, peluda, llena de patas. Y vacilona.

Sin mostrar más sentimientos que la defensa de mi hábitat natural, cogí mi raqueta de squash y me fui a por ella. Supuse que con un revés plano, brazo suelto y piernas flexionadas, sería suficiente. El bicho se anticipó a mis movimientos y, pendiente de un hilo de seguridad, se paseó por mi nariz y me picó.

Sin hacer la digestión, recogidos del suelo la escalera plegable, un pañuelo y mi raqueta, optamos por llamar a un especialista en combatir arácnidos criminales.

Antes de venir, el operario de la empresa Kill Bich nos aconsejó consultar a un abogado. Debíamos tener en cuenta quién había llegado antes a la casa. Cogí mis escrituras y leí en voz alta el protocolo de compraventa ante notario y, sobre todo, la fecha de la misma. La araña volvió a dar una pasada en plan Tarzán para intentar arrebatarme el documento, pero pude esquivarla y huir al cuarto de baño, donde permanecimos hasta que llegó el exterminador.

Desde la bañera, armados de botes aspersores llenos de champú, oímos el desarrollo de la lucha. Debió ser horrible, según chocaban contra el suelo, una y otra vez, la espalda y la cabeza del operario, quien, en un último detalle antes de huir, echó la factura debajo de la puerta del baño, que incluía sólo el desplazamiento.

No tenía alternativa. Hice la llamada comodín, la que no podía fallar.

En efecto, antes de la batalla final, apareció Spiderman de paisano. En un abrir y cerrar de ojos, se encaró con nuestro enemigo y le dijo cuatro cosas bien dichas. El bicho bajó por el marco de la puerta y, abochornado, salió con la cabeza gacha. Por el camino hasta el coche, se oían las reprimendas y los pescozones que el superhéroe aplicaba a nuestra ocupa.

Así fue como supimos su nombre: Concheta.

Con el mayor de los sigilos, volvimos a tomar posesión de nuestra casa. Por la noche, hicimos una fiesta en el jardín, dejamos la puerta abierta para que se secara la pintura y el domingo por la mañana teníamos una familia de murciélagos encima del televisor.

Aquí no tendría que llamar a nadie. Para algo soy Batman, qué demonios.

miércoles, 28 de mayo de 2008

DESPERTAR

El Rompido. Julio de 2006.



A veces nos perdemos en lo más tenebroso de nosotros mismos. Abastecemos nuestra alma del insoportable vacío de la infelicidad. Es entonces cuando nos salva el hecho simple de mirar a través de las tupidas cortinas que hemos ido tejiendo, en un tiempo demasiado oscuro e inexorable, para ser capaces de ver ese añil que nos espera y que nos devuelve a la vida, brindándonos todo un cielo de posibilidades.

martes, 27 de mayo de 2008

RONDA.

Contacto visual.

Es lo primero. Que me vea. Que me vea y que vea que yo la veo. Eso es.

Por ahí viene. Qué caída más tonta, la pobre. Pero ya me lo dijo su prima Mari Vicuña, “A todos lados con tacones; aunque venga cargada con cuatro bolsas hasta arriba, ella con tacones”. Y ahora no es plan de que vea que la he visto. No veas qué corte, con todas las patatas debajo del coche verde ese, que lleva más de dos meses abandonado, a pesar de que mi madre ha llamado a los del depósito municipal antesdeayer… ¿qué decía yo?

 Lugares comunes.

Cuando sale del trabajo, ella tiene sus sitios para ir a echar una canita al aire, como dice mi tío Pablo. Pero el Pablo de parte de mi padre. Porque el Pablo de parte de mi madre es cura de San Vicente del Horts... que me descentro. Ella se va a tomar un agua tónica a un bar amarillo que está al lado del Cortinglé. En realidad es una cafetería, pero nadie toma café. A lo mejor propongo que se llame toniquería y me luzco o hago el ridículo. Pero ya sé a qué hora puedo entrarle: cinco minutos después de pedir su consumición, empiezan todas las amigas –ella de las últimas- a ir al baño. Sincronizaré mi reloj con el del Telediario de la primera, porque he visto que el reloj del video también tiene la misma hora...

He pensado también que podría hacerme el encontradizo en Pandurito, la tasca de su tío, pero ella va a ese tugurio sólo para recoger a su padre, al llamarlo la mujer para cenar. La cosa es que a mí el vino que ponen allí no me gusta.

 Amigos comunes.

Ninguno.

 Otras posibilidades.

Las actividades del Distrito Sur. Este año se ha puesto en marcha, además de lo de montar belenes, una clase de baile. He estado hablando con el señor Concejal de Cultura -mi tío Pablo- y creo que van a ser los lunes y miércoles de siete a ocho de la tarde, y los sábados a las nueve y media, con baile abierto para todos los vecinos. Tengo, pues, tres oportunidades a la semana, que contando, contando, se van a las ciento cincuenta y seis en un solo año. No debo fallar.

Otra posibilidad sería hablar con su hermano. Pero no va a ser fácil hasta que nazca y sus padres son ya mayores. O en sus tres hermanas, casadas y con muchas ocupaciones, pero ni hablar: Me da apuro molestarlas con cosas que quitan tiempo y comprometen, viviendo como viven en Honolulu.

 Cosas que tienen que pasar.

En su empresa la convención se hace este año en el hotel Gargolitas, de toda la vida con salones para celebraciones y reuniones de trabajo. Monísimo. Tenían previsto seguir trabajando al día siguiente y todos los empleados pernoctaron en la primera planta para poder comenzar temprano las ponencias. Es estupendo que sea yo el gerente de este hotel. Llamo a una puerta y ahí está ella, que me abre y de un tirón de la corbata me lanza a la cama. Caigo, pues, en blandito. Y ella sobre mí, en blandito también, que no soy persona huesuda. Cuando puedo volver a hablar, han pasado unos ochenta minutos preciosos que no he aprovechado para decirle, tan despeinado como estoy, que me gustaría invitarla a tomar una tónica.

Digo yo que, siendo su vecino, debería haber empezado todo esto de una forma más sencilla.

lunes, 26 de mayo de 2008

TIENE SENTIDO.

Mujer, amiga cierta de mis urgencias.

Mujer, que aunque se ría enseña los dientes.

Mujer con o sin pantalones, mujer valiente.

Mujer pasión, mujer locura y paciencia.

 

Tu hombre quiero ser de noche y de día.

Tu hombre sólo días pares e impares.

Tu hombre, invierno al sol, primavera fría.

Tu hombre a pesar de todos los pesares.

 

Nosotros, dos por dos mirándose en claro.

Nosotros, sin que quepa veneno alguno.

Nosotros, sin pudor, sin ningún reparo.

Nosotros, este par que se siente uno.

 

Amanecer de oscuro, al sol que ha salido.

Amanecer, rodando por tu cintura.

Amanecer, contigo, tiene sentido.

Amanecer: tu beso, mi amor, mi cura.



domingo, 25 de mayo de 2008

AMOR SIN MEDIDA.

 

Supongamos conocida

la distancia, puesta en años,

a andar desde la salida:

Qué cantidad de peldaños

 hay que subir en la vida.

  

Supongamos calculados

cada abrazo y cada beso,

amontonados, al peso,

o más aún, numerados.

  

Supongamos, finalmente,

tener contabilizado

en minutos, fríamente,

qué tiempo se ha dedicado

al amor, sencillamente.

  

Entonces supóngase

también que no soy,

desde que nací hasta hoy

ése que cuenta; y dígase

que de esas cuentas me voy.

 

Pues vivir por desear,

buscar caricias, miradas

cómplices, por más buscadas,

no da tiempo a calcular:

Se va el tiempo, se va en nada,

se va el tiempo sin pensar,

porque se inventa al amar

juego de amantes y amadas.

  

Yo desafío al rigor,

a todo lo razonable;

fuera el corazón contable

que contabiliza amor.

 

Y porque vence al dolor,

y al más amargo sabor

viene a ponerle dulzura,

va el  amor sin contador

cuando llega la ternura.

  

No aguanto al tiempo mordida

y hasta el minuto más chico,

debe alargarme la vida,

si es al amor, sin medida,

 al que mi vida  dedico.

  

Quiero vivir sin pensar:

si el Cielo quiere girar,

o el Sol se acaba poniendo:

yo no lo puedo evitar;

no me van a vigilar,

no me pararé a contar

el tiempo que estoy queriendo.

 

BOB EL MALO.

La banda de Bob el malo

acabó balaseada

y saturada de palos.

Fue la semana pasada.

 

El comisario Tomás

los dejó sin contemplanza,

por todita la explanada,

desparramados no más,

llenas de tiros las panzas.

 

Pero el cabecilla huyó.

Peligrosón y listillo,

en un jaco se montó

y se escurrió como un pillo.

 

Tomás se sintió fatal

de no arrancar la cabeza

a una hidra que, en certeza,

se reharía al final.

 

Así que montó a caballo

y se largó tras el otro.

Pero se extrañó: su potro

parecía tener callos.

 

Jaleándole, detrás,

Bob el abuelo, el matón

padre de Bob el maloso,

de la risa atragantado,

veía montar a Tomás,

con el trote remolón,

de un burro parsimonioso

de pura sangre pintado.

 

 

DESEMPLEO.

El hombre lobo del pueblo, Alejandro Bioneski, volvía a la oficina del paro. Los motivos trascendían la simple y conocida crisis económica. La verdad, la pura verdad, se explicaba con dos factores muy claros: El robo del satélite, la misteriosa desaparición de la Luna el pasado domingo, y el hecho de que cualquier empleo posible en Argesia tiene que ver con sus fabulosas minas de  plata.

viernes, 23 de mayo de 2008

CONFIDENCIAS



Foto del verano de 2005, en El Rompido


Miro esta luna de agosto. Tiene a sus pies un fiel lucero. Mientras la observo, repaso este día de hoy con una sonrisa en los labios; miro también al lucero y me dan ganas de contarle unas cuantas cosillas que cualquiera le contaría a Dios; ¡bueno, por si acaso estoy equivocada y resulta que anda por ahí; que en ese caso no creo que ambos anden demasiado lejos!

Me encantan los días como estos, agridulces. Incluso no me importa si son más agrios que dulces, porque de esa manera, el dulzor en mi boca se multiplica por el ansia con que lo recibo y el gustazo me cunde mucho más.

Hoy es día de desastre y reflexión por ello mismo. Hay que controlar el desastre para que él no te controle a ti. Es día de agradecer ciertas cosas y a la vez desear que puedas agradecerlas siempre, y que no se termine volviendo algo detestable (el lucero me mira intrigado, extrañado, lo sé). Todo lo bueno encierra un riesgo; el riesgo a la pérdida. Todo lo malo lleva consigo la bondad que la esperanza nos regala.

A veces es sólo una cuestión de tiempo para poder valorar la naturaleza de las cosas. Pienso en mis virtudes, y en ellas no encuentro nada original o fuera de lo común; más bien lo contrario. Pienso en mis defectos y curiosamente compruebo cómo algunos me han salvado de cometer otros aún peores. Con eso me doy por satisfecha. Aunque casi siempre los llevo como un lastre acomodado en el tiempo.

Qué cara me habrá visto hoy ese chico que me ha vendido el libro del filósofo hindú Jiddu Krishnamurti, cuando le leo el apellido, que lo llevaba memorizado en la agenda de mi teléfono móvil, y no conforme con la información, me pide que se lo muestre para poder teclearlo en el ordenador. Y cual es mi sorpresa al oírlo decir bajito:

“Regla en enero, el tres- regla en febrero, el uno- regla en marzo…”

Entonces caigo en la cuenta y tengo que decirle:

“El último dato que aparece en mayúsculas, si no le importa.”

Qué cara me habrá visto de boba. La misma que le he visto yo a él. Al momento nos hemos reído, incluso una hora después hemos vuelto encontrarnos por el centro comercial y nos hemos sonreírnos nuevamente, ya con menos cara de tontos.

Es posible que el desastre de mi agenda, uno de mis mayores defectos, lucero hermoso, que brillas impecable en ese cielo tan, tan ordenado, sea el causante de mi primera sonrisa del día y de la primera mirada de complicidad. Bendito desorden pues.