bríndame tu frescura
de rosa el alma
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Isa
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martes, junio 10, 2008
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quenosleen
Etiquetas: Poesía
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Peneka
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lunes, junio 09, 2008
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quenosleen
Etiquetas: BELI
Un poco por azar y otro poco por la curiosidad que a veces tengo, he consultado la web de un centro de acogida de animales abandonados. Es lamentable que las llamados "personas" usemos a nuestras mascotas como juguetes y luego las tiremos como trastos viejos. Dicen que no tienen alma, pero en su mirada reflejan la tristeza de su situación. Quizás falta educación y concienciación.
Aquí pongo el enlace. Sobran palabras.
http://www.arcasevilla.es/
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inma
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lunes, junio 09, 2008
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quenosleen
Etiquetas: El Plumier revuelto
Armando contempló desde la puerta el montón de cajas apiladas en el fondo de la habitación. Durante la noche, había estado guardando en ellas todas sus cosas. Toda su vida. Todos sus sueños e ilusiones. Ahora, tan sólo debía llevarlas a otro lugar. Creyó sentir que el suelo se abría bajo sus pies.
“Necesito respirar”, se dijo mientras se echaba al hombro el equipo de buceo.
Salió de casa. No echó la llave. “¿Qué más da cerrar, si no hay nada que robar?” pensó mientras arrancaba el coche. Tomó
Junto al embarcadero, Ronal le recibió con un saludo. Él respondió cortésmente al mismo, mientras colocaba la botella de aire comprimido a sus espaldas.
“Hace un hermoso día para bajar”, dijo el muchacho mientras le ayudaba a colocarse el equipo.
“Sí, hermoso día”, respondió sin más, sin ni siquiera alzar la mirada.
“Sumergirse en el mar, a menos un metro o en el mayor de las fosas, te impide respirar igual”, solía decir Ramón, mientras chapoteaba en la orilla. Y lo dijo, sentado junto a un chiquillo que jugaba con cubos y palas sin hacerle caso. Pero Armando sí lo oyó. Se paró y se sentó junto a él.
-¿Por qué esa sentencia? ¿Todos los problemas son iguales? –le preguntó.
-No, lo que son iguales son las tristezas cuando se les deja entrar –respondió Ramón sin levantarse.
Antes de que Armando tirara de su brazo para llevárselo al agua, Ramón se levantó de un salto y corrió contra las olas que rompían. Fue rápido, como un ariete. Armando no pudo seguirle y le perdió de vista. Para siempre. Su cuerpo no apareció. Y Armando notó la falta de aire en sus pulmones.
Ahora le tocaba a él. Lo tenía todo pensado. Sería en el mismo lugar y a la misma hora en que lo conoció. Se tiró desde el embarcadero mientras Ronal lo despedía sin quitarle la mirada de encima.
Se alejó lo suficiente y buceaba con tanta energía que pronto llegó hasta el fondo coralino donde tenía previsto despojarse del equipo. Allí, lejos del mundo, a solas con su tristeza se reuniría con él, sin interrupciones, libre por fin.
Continuaba buceando mientras miles de recuerdos pasaban por su memoria. Sonreía.
Intentó quitarse la botella de oxígeno, pero Ronal la había amarrado con tanta fuerza que tuvo que pelear contra ella. De pronto, de entre las rocas apareció una morena gigante.
El animal distrajo su pensamiento, que en ese instante se ocupaba de intentar cuadrar la reacción de Ramón a su llegada. ¡Cómo siendo ambos lo que eran y lo que fueron, no hubiese habido entre ellos ni tan siquiera una mirada, un roce, un choque de manos, eso sí, suave, cálido y sentido, como había sido siempre!
(...Isa)
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Peneka
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lunes, junio 09, 2008
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Etiquetas: Tejedores de cuentos
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miércoles, junio 04, 2008
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Etiquetas: Poesía
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martes, junio 03, 2008
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Etiquetas: El Plumier revuelto
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Peneka
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domingo, junio 01, 2008
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quenosleen
Etiquetas: El Plumier revuelto
Tocaba ayer. Mi mujer, Cristina, decidida, llenó el cubo de agua y jabón. Sin pensarlo dos veces, abrió el cajón de los paños (antiguas camisetas) y se dirigió a los niños y a mí para comenzar la limpieza.
El cristal de la ventana grande, de haber estado, se habría limpiado según mis ideas, no como decía al teléfono mi madre, que llamó desde Ipanema. Así que, menos mal que vivimos en una planta baja, recogimos del césped a Bernardo, el mayorcito, y lo pusimos a barrer los yerbajos que se trajo pegados al caerse. Las pequeñas, las gemelas Pepa y Paca, salieron de la chimenea en cuanto se lo pedí.
A pesar de las dificultades, limpiamos la casa de arriba abajo. Salvo un detalle. En la pared de la salita gris (tras una discusión enorme, llegamos a que es gris) detectamos una araña. Gorda, peluda, llena de patas. Y vacilona.
Sin mostrar más sentimientos que la defensa de mi hábitat natural, cogí mi raqueta de squash y me fui a por ella. Supuse que con un revés plano, brazo suelto y piernas flexionadas, sería suficiente. El bicho se anticipó a mis movimientos y, pendiente de un hilo de seguridad, se paseó por mi nariz y me picó.
Sin hacer la digestión, recogidos del suelo la escalera plegable, un pañuelo y mi raqueta, optamos por llamar a un especialista en combatir arácnidos criminales.
Antes de venir, el operario de la empresa Kill Bich nos aconsejó consultar a un abogado. Debíamos tener en cuenta quién había llegado antes a la casa. Cogí mis escrituras y leí en voz alta el protocolo de compraventa ante notario y, sobre todo, la fecha de la misma. La araña volvió a dar una pasada en plan Tarzán para intentar arrebatarme el documento, pero pude esquivarla y huir al cuarto de baño, donde permanecimos hasta que llegó el exterminador.
Desde la bañera, armados de botes aspersores llenos de champú, oímos el desarrollo de la lucha. Debió ser horrible, según chocaban contra el suelo, una y otra vez, la espalda y la cabeza del operario, quien, en un último detalle antes de huir, echó la factura debajo de la puerta del baño, que incluía sólo el desplazamiento.
No tenía alternativa. Hice la llamada comodín, la que no podía fallar.
En efecto, antes de la batalla final, apareció Spiderman de paisano. En un abrir y cerrar de ojos, se encaró con nuestro enemigo y le dijo cuatro cosas bien dichas. El bicho bajó por el marco de la puerta y, abochornado, salió con la cabeza gacha. Por el camino hasta el coche, se oían las reprimendas y los pescozones que el superhéroe aplicaba a nuestra ocupa.
Así fue como supimos su nombre: Concheta.
Con el mayor de los sigilos, volvimos a tomar posesión de nuestra casa. Por la noche, hicimos una fiesta en el jardín, dejamos la puerta abierta para que se secara la pintura y el domingo por la mañana teníamos una familia de murciélagos encima del televisor.
Aquí no tendría que llamar a nadie. Para algo soy Batman, qué demonios.
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Gabriel
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jueves, mayo 29, 2008
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quenosleen
Etiquetas: Gabriel