lunes, 22 de septiembre de 2008

HAIKU



Viento que traes

hojas muertas de otoño

mi flor no toques

¡Hola, septiembre!

¡Hola septiembre!. Ya, ya sé que si me descuido un poco saludaría a tu hermano octubre, pero ya ves, no me he despistado y aqui estoy, saludándote a ti y sintiendo todo cuanto me ofreces.
Hoy el día ha amanecido gris, quizá porque el otoño se encuentra escondido tras tus últimos días que se marchan, que ya se fueron.
¿Sabes?, deseaba encontarme contigo. Tú eres sin ninguna duda, de todos tus hermanos, el mes del reencuentro, del comienzo. Sí, tú llegas y yo me reencuentro con mis ilusiones, con mis metas, con mis proyectos...Y de todo ello, el REENCUENTRO con mis compañeros del blog. Aqui estamos de nuevo, dispuestos a llenar de historias nuestros días; de poemas ensalzando la amistad o el amor perdido; de prosemas y preguntas; y cómo no, con Literato asomándose timidamente a nuestras vidas. No sé si lo sabes septiembre, pero nuestra mascota se llama Literato. ¡Ah, qué olvido imperdonable!, a nuestro blog han vuelto( aunque nunca se fueron del todo), Loren e Irene. Ellos llenarán de erotismo y frescura nuestros días.
Bueno septiembre, aqui estamos dispuestos a dar la nota, a alegrar las vidas de cuantos nos leen(que cada vez son más), a alegrar nuestras propias vidas. Por eso, no quiero alargarme ni cansarte. Ya, ya sé que estás un poco triste porque las primeras hojas han empezado a caer ,porque el verde ha dado paso al ocre, porque los días se acortan...pero bueno,yo te regalo un ramillete de flores cargado de palabras y recuerda, en nuestro blog SIEMPRE TIENES UN SITIO.
Gracias por venir. Gracias por darme la oportunidad de RENACER Y REENCONTRARME.
Gracias, septiembre.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Dibujos animados

Márchate, amor.
No te proyectes en mí que soy plano.
Yo sólo tengo una cara sin cruz, un fotograma
que se repite.

sábado, 20 de septiembre de 2008

VENGANZA FORMAL.

Emilio Martín estuvo labrando el campo de su suegro, don Eulogio Campos Terrera, durante cuarenta y dos años, con las siguientes condiciones laborales:

Su horario de trabajo se extendía desde las seis de la mañana hasta las ocho de la tarde. Para comer, disfrutaba de un descanso de cuarenta y cinco minutos, así como un cuarto de hora a lo largo de la jornada para desahogar sus necesidades fisiológicas naturales.

Como cláusula extraordinaria, Emilio Martín tenía incluida en su contrato el  poder propinar, a las siete en punto de la tarde, dos patadas a su suegro, una en cada pierna.

A lo largo de los cuarenta y dos años de vida profesional activa, Emilio Martín no incumplió un solo día ninguna de las obligaciones ni los derechos que componían su pequeño convenio, sin pararse a comprobar que don Eulogio Campos se sostenía desde pequeño sobre dos piernas ortopédicas insensibles al dolor.

CAMBIO DE VIDA.

 

Brigitte Van de Riyah, una de las jefas mafiosas más buscadas en toda la Comunidad Europea, se decidió a sentar cabeza, fundar una familia y dejar de disparar en horario de mañana.

Escogió para sus fines legalizantes a un pastor hindú –que sería su esposo-, dos niños adoptados de Corea del Sur –que serían sus hijos-, y una suegra gorda de los Pirineos, una tal Elsa Braalgo.

El elevado presupuesto para la ceremonia de la boda, los bautizos, los cumpleaños atrasados de los niños y el televisor en el cuarto de la suegra, le llevó a pedir un préstamo al Banco Molocas, de Ámsterdam.

Para ello, Brigitte pidió hablar con el director de la oficina, Luis Térico, y este, cumpliendo con sus obligaciones en expedientes de riesgo, le pidió un informe de vida laboral. En un momento de ofuscación, Brigitte disparó todas las armas que traía en el bolso; lo hizo sin apuntar, para que no dijeran que la tenía tomada con alguien en concreto. Hasta las perlas del collar que traía fueron utilizadas como munición en sus armas automáticas.

El director de la sucursal, a las dos horas de fuego de azar, y tras haber comprobado que los cargadores estaban vacíos, terminó su café con leche, salió de debajo de la mesa y accedió a estudiar la operación con la garantía de la pensión de la suegra gorda, que intervendría como avalista, y para lo cual no cedería en pedir una fotocopia de la carta anual de cobro y el NIF o pasaporte.

Brigitte, mucho más calmada, accedió a firmar la solicitud.

viernes, 19 de septiembre de 2008

ONCE

Lo que aquí os muestro no es ningún descubrimiento por mi parte, porque ya me advirtió de ello nuestra querida Beli. Ayer vi la película “Once”, protagonizada por Marketa Irglova y Glen Hansard. Es una película con un reparto escueto, sin grandes decorados, efectos especiales o maravilloso vestuario. Simplemente es una historia que, por su sencillez, es grandiosa y que nos transmite con gran delicadeza cómo dos personas pueden encontrar enormes momentos de felicidad al compartir lo que más les gusta: la música.
No importa si se besan, si se van a la cama juntos... Es un ejercicio de lo hermoso que es crear y de cómo este acto se enriquece cuando puedes compartirlo con otros. Por lo que a nosotros o a las personas que nos leen, toca de cerca, la recomiendo. Y en igual línea, destaco su banda sonora (obtuvo un Oscar) que está llena de un hondo sentimiento interior. Aquí os incluyo quizás la canción más destacada: "Falling Slowly". Merece la pena verla, al menos, una vez.

Literatura y transgresión (I)



Picores.

Evita las ladillas literalmente,
evítame.

DESAHOGOS

Diego abre la lavadora y observa con pavor cómo han vuelto a salir esas extrañas manchas en las toallas, y sin pensarlo dos veces, llama al número de teléfono que aparece en el tambor de jabón para lavar a máquina.

-Buenos días. Mire le llamo porque no entiendo qué es lo que ocurre a menudo en mi colada.

-Dígame, señor; ¿qué es lo que le sucede?

- Pues mire usted, que siempre o casi siempre, cuando saco la ropa de la lavadora, de un tiempo a acá, aparecen unas manchas grandes, grises…

-¿Grises?, ¿grandes? ¿Se tiñe alguien el pelo en casa?

- No, le explico: es sólo en la ropa de algodón y son manchas que no tenían las prendas al entrar.

-¿Hace ruido su lavadora? A ver si es que está soltando grasa el motor.

-No, qué va; si fuese así, lo mancharía todo. He probado con productos de distintas marcas, he usado suavizante, he dejado de usarlo por si tuviese algo que ver. Estoy mareado; no sé que puede ocurrir. Y es que la máquina es relativamente nueva.

-¿De esas de siete kilos?

-No, no, qué va. Para mí tengo de sobra con la de cinco, y ni eso lleno. Tengo que usar la opción “media carga”.

-Eso me pasa a mí.

-¿Cómo? Bueno, yo le llamaba por si el producto vuestro es posible que manche la ropa.

-¡Uy, qué va, qué va! ¡Eso es imposible! Está hecho para limpiar no para manchar.

-Claro, eso es lo lógico.

-¿No usa usted nuestras tabletas concentradas? Son fantásticas. Si tiene ropa muy sucia, es un producto ideal. Yo antes las usaba. Ahora, ya para mi sola, no me hacen falta, la verdad. ¡Ojalá tuviese que seguir usándolas! Sería porque Jaime no se fue.

-Vaya, lo…lo… siento.

-No, si no se ha muerto; es que se ha largado con una rusa hace tres años.

-Me deja usted que no sé qué decirle, señora.

-Malena. Me llamo Malena. Dígame Malena, por favor. Desde que se fue nadie me llama así, y lo echo de menos.

-Bueno, señora, ay digo, Malena…
….Es que yo quisiera solucionar mi problema. ¿Cree que puedan ustedes ayudarme?

-¿Cómo se llama? ¿Sabe? No siempre pregunto el nombre a la persona con la que hablo, pero su voz me resulta cálida y cercana. ¿También es de Sevilla?

-Sí, de aquí. Y me llamo Diego. No se ponga triste, porque, ¿sabe?, tampoco yo tengo pareja, y eso no es lo peor. Lo peor es que, creyendo que la tenía, no la he tenido nunca; eso es más triste. Estar solo estando acompañado es terrible.-
Diego siente que la voz le tiembla y casi sin darse cuenta, le caen un par de lágrimas que mojan el auricular.

-¿Está usted llorando, Diego?

-Es la primera vez que le lloro a alguien por esto. Lo siento. Yo llamaba por lo de la colada. Siento haberme puesto así- dice intentando recuperar el tono perdido.

-¿Tiene algún asunto pendiente esta tarde?

-¿Se imaginó que soy letrado?

-¡Oh, no! Me expreso así normalmente para hablar de mis quehaceres diarios.

-Tengo que asistir al bufete un par de horas para entrevistarme con un cliente. Acabaré a las siete, más o menos.

-Entonces, ¿acepta un café?

-Lo acepto con gusto, Malena.

-Bien. Pues a las ocho en la esquina de Tetuán con Sierpes. Llevaré un bolso dorado y gabardina beige.

-Hacía mucho que nadie me invitaba a un café.

-Estupendo, Diego, porque a mí, hacía mucho que nadie me aceptaba una cita.


Todos los días que te pierdo

Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: "La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado".
(De El amante, Marguerite Duras)

El tiempo no existe, existe mi cara
y los surcos que la surcan.

Nuestro amor existe
y sin embargo estamos lejos,
devastados.

Porque tú andas, corres, vuelas
y sobre mí pasan los surcos.

jueves, 18 de septiembre de 2008

VERSIONES.

Estoy enamorado de una bruja preciosa que trabaja en un bar.

Cada noche, voy a tomar una copa  con ella en las siguientes condiciones:

Coloca sobre la barra dos vasos con mi bebida favorita, pone una de sus manos cerradas encima de cada vaso y, después de mirarme, deja caer un reguero de polvo blanco en el líquido, lo remueve con una cuchara de cristal y me da a elegir después de un beso delicioso, quizá el último de mi vida.

Estoy seguro de que sigo vivo porque elijo beber del vaso bueno, el que no tiene veneno. Y eso ocurre porque sabe que desde la noche anterior no he dejado de pensar en ella y el día de trabajo y distancia no ha sido sino mi peaje de amor para esperar a verla.

 

Tengo a mi novio encandiladito, aunque sea fácil por lo inocentón.

Para curarle la úlcera de estómago, salgo del despacho cada noche, me visto de bruja y, en la barra del bar de mi hermano, le sirvo dos bebidas iguales, dentro de las cuales pongo una cucharadita de gastropelín, lo que le recetó el médico y no es capaz de tomar sólo. Entra, me besa y elige su destino. Después nos vemos para cenar en casa o fuera, y no le hace daño la comida. Tendré que cuidar de que no me vea cambiarme corriendo de un lado a otro y de comer más despacio, no vaya a coger yo también una úlcera con tanto estrés.