lunes, 27 de octubre de 2008


Las arrugas de este rostro
son caminos, son senderos
y surcos que se han labrado
con el arado del tiempo.
En ellas ha ido quedando
paso a paso lento, lento,
el transcurrir de los días,
aquellos que ya se fueron.
El tiempo pasó por ellas,
las fue formando en silencio
a veces con nubes negras,
lluvia viento y hasta hielo.
Tambien hubo días con sol
y bellos amaneceres
todos las fueron formando
y en mi rostro permanecen.
Y yo me siento orgullosa,
para nada me lamento
de tenerlas en mi cara;
y al mirarme en el espejo
me digo, cuánto has vivido
qué experiencias llevas dentro.
Aunque la piel se marchite,
me siento joven por dentro
tengo ilusión por la vida
y sigo haciendo proyectos.
Y cuando por la mañana
me despierta un día nuevo,
doy gracias por el regalo
al creador del universo.

domingo, 26 de octubre de 2008

TRIBUS URBANAS.

Son los años sesenta. Se publica, como cada sábado, la lista de los cinco clanes que ejercen el imperio de la calle. Tras su posición, entre paréntesis, se pone el número con el que figuraban en el ranking la semana anterior:

1. Kuala Fernández y Las Aminoácidas (4):

Vestimenta: Culo al aire y guantes de plástico fino.

Modales: Queriendo ser los de una recepcionista del Waldorf Astoria, en realidad hablan como ministras de Hacienda. Dan miedo los días 23 de cada mes.

Por dónde andan: En cualquier apagón estarán a tu lado, sin que notes su presencia. Tal vez, un pliego de descargo a tiempo te libre de su maldad.

Debilidades: Canciones de Bing Crosby. Muchas bandas lo han descubierto, lo que prueba el bajón que van a dar en el ranking.

 

2. Sugar Pepe Maloy y los Huevos (9):

Vestimenta: Parches porosos.

Modales: Los de cualquier buen percusionista de Cáceres: A palo limpio.

Ámbito de actuación: Torrelodones, Castellón de la Plana, Alicante y Murcia. Controlan todo lo que hay que saber sobre las playas, sus chiringuitos y las cremas solares, fuente de sus fabulosos ingresos. La policía ha intentado introducirse en su organización en dos ocasiones, a lo largo de todos estos años. Varios de esos agentes han aparecido en pololos, tirados en la playa… totalmente bronceados.

 

3. Alejandro Pastor y sus Comanches (5):

Vestimenta: Tejanos, que ellos tejen.

Modales: Tejanos, como si fueran tejones.

Zona de actuación: Tejas. Por sus tejados, campan a su antojo. Cogen enormes tajadas. Si no vas al tajo en sus condiciones, acaban contigo de un tajo. Para cualquier camino, conocen un atajo.

 

4. Matías Plas y su hermana Concha, Los “Dos” (22):

Vestimenta: Túnica de las Planchadoras de las túnicas de San TenidoKeir.

Modales: Modositos en apariencia, pero no les des la espalda o te la afeitan en un pispas.

Dónde pueden estar: Hasta el anochecer, en su salita de estar, que está tan bonita como se las dejó su tía Socorro; pero cuando se va el Sol… no hay sitio donde esconderse. Vamos, que Houdini se metió en la bolsa de un canguro, selló la entrada con engrudo… y a los tres días estaban allí, obligándole a pagar su terrible impuesto mafioso. De esta y otras leyendas viene su espectacular entrada en la lista.

 

5. “Secretario” Jean Pons y sus “Albañiles Satánicos” (250):

Vestimenta: Restos de paraguas.

Modales: Empujones por detrás.

¿Dónde están? ¡Já!: Puedes encontrártelos donde menos te lo esperes. Sé prudente y no guardes las servilletas mupadentro del mueble o una mano siniestra te pintará las uñas sin que nadie, nadie, pueda ayudarte…¡Ha, ha, ha…! El miedo es gratis (es su lema).

 

viernes, 24 de octubre de 2008

UN DÍA EN LA VIDA.

7:30

¡Sangre inconscientemente derramada!

¡Losa blanca que terrible clama al cielo!

¿Es dolor, es la muerte desgarrada?

¿O es que dejas las compresas por el suelo?

7:32

¿Y por qué otra transgresión se pierde el brillo

de ese suelo inmaculado e impoluto?

Porque llegas tarde casi diez minutos,

Y olvidas recoger tus calzoncillos.

7:36

Eso es cruel conspiración, grande patraña.

No hay mayor poner de negro en forma breve

que, aplicar en los tus ojos, tacto leve,

ese rimel azabache de pestañas.

7:45

Mil argucias y de forma tan cobarde,

atacando las mis ropas, mis perfumes

vas dejándote llevar, no los resumes

y los dos, lo tengo claro, vamos tarde.

7:47

Condición femenina y traicionera

a los hechos cíñete, mujer doliente.

Sólo quiero que el cepillo de los dientes

guardes dentro, que no lo dejes fuera.

7:50

Cómo zahiere esa palabra: dentro.

Cuando sólo de los dos a ti compete

apuntar con más detalle hacia el retrete.

No a los lados, no, justito al centro.

7:56

Esta herida a mi honor, crítica hiriente,

cuando saben las estrellas de los cielos

que se atascan en virtud de los tus pelos

los desagües con tapones resistentes.

7:58

Tú si obturas cual coágulo de arteria

el lavaplatos, amigo traicionado

de basura de los platos no vaciados,

de sabe el cielo qué otra vil materia.

8:02

¡Mil tormentas caerán hasta la noche!

No maldigo, mujer, sino te advierto:

No vayas en el tren, llévate el coche.

Lo he oído en la radio, sé que es cierto.

8:05

¡Ay, consorte masculino en la alborada!

¡Qué amparo compensa y me devuelve

ese aviso que me das y me resuelve

llegar temprano y seca, no empapada!

8:07

Vuela al tajo, mujer, no te demores,

que yo parto a mi labor también temprano.

Yo tampoco me mojo, no hay temores:

En la puerta me recoge Luis, mi hermano.

8:10

Me voy, pero no me voy contenta,

no sea que me coja un resfriado.

Este Pablo es tranquilo y despistado:

A ver si no se cuida en la tormenta.

8:10

Aunque va en coche y es buena conductora,

no me quedo tranquilo hasta que vuelva.

Que ese ir y venir Sevilla-Huelva,

dura cerca de tres cuartos de hora.

 

15:15

Hola, amor, otro día derrotado,

Hola, amor, otro día derrotado,

consiguiendo la tarde para amarnos

consiguiendo la tarde para amarnos.

Aunque nunca logremos recordarnos

Aunque nunca logremos recordarnos

recoger el pan que habíamos encargado.

recoger el pan que habíamos encargado.


martes, 21 de octubre de 2008

A SALVO

-Mi niña, ¿qué vas a pedirle a los Reyes Magos?
-Unas alas grandes, grandes.
-Los Reyes no traen esas cosas, cariño, porque son peligrosas.
-Mamá, si yo no voy a volar sola; son para volar contigo.

la ladrona de libros



Ayer terminé de leer, "La ladrona de libros". LLegó hasta mí a través de mi club de lectura. Teníamos que leerlo para luego comentarlo. En un principio me resultó un libro extraño, diferente.
No conseguía engancharme, pero por otro lado había algo que me hacía continuar, buscar esa tabla a la que asirme cual náufrago. Y allí estaba, Liesel, su protagonista que me tomó de la mano y me fue llevando por la ternura, el inconformismo, el arriesgar la propia vida por la vida del otro.
Me ha enseñado el poder de la palabra, de cómo éstas pueden salvar o hundir el mundo. Ella, una niña abandonada por su madre (ésta era comunista y tal vez acabase en un campo de exterminio), que vio morir a su hermano entre la nieve, que roba su primer libro y queda atrapada por él.
Es un libro que recomiendo. Ves el otro lado del cristal. Aquellos que no creyeron en las palabras de un demente.
Y para originalidad, la narradora de la historia es la tan temida y segura MUERTE.
Espero que disfrutéis tanto como yo .

domingo, 19 de octubre de 2008

LAS HIJAS DE ZEUS


Ligeritas de ropa y con flores en el pelo. Así deben imaginarse hasta en invierno y aún llevando abrigo, algunos, a las mujeres que tienen una necesidad de actividad sexual superior a la habitualmente reconocida. Digo que las verán de esta forma, por haberles puesto el nombre en cuestión: ninfómanas. Por cierto, ¿cómo se le llama técnicamente al hombre más activo sexualmente de lo común? ¿Requetemachote? Es que sátiro me resulta demasiado suave.
Cualquier adicción es dañina, porque domina nuestra voluntad, qué duda cabe.
Lo que no es a mi juicio normal es que para preservar la infancia, el cartel de una película, Diario de una ninfómana, se prohíba en la publicidad de los autobuses. Vaya tela con la doble moral que parece no admitir como natural una mínima muestra de sexualidad femenina, unida al placer de un cuerpo en bragas, preciosas por cierto.
Con tantas metralletas como ven los niños a diario, en tanta publicidad detestable. Es desconcertante, a mi modo de ver, esta censura. Pero aclaro que se trata de mi visión particular, donde no he podido dejar de lado el sentimiento machista asolapado que percibo tras estas reacciones.

sábado, 18 de octubre de 2008

SIN CONTAR.

Esta mañana ha muerto un hombre que, según él, sobraba. Se ha suicidado; después de anunciar que lo haría, lo ha hecho.

Llegó temprano y comenzó a contar la historia de su vida.

Resulta que su madre quedó embarazada por un salpicón de semen que se produjo al abofetear una enfermera el pene de un donante en una clínica de fecundación in vitro, cuando ya cerraba el frasquito.

Sin que apenas hubiera nadie para cuidarlo, una vaca que se escapó del establo, porque no cabía, se rompió una pata junto al niño y pudo alimentarse. Y más de una vez, cuando fallaba el cierre automático de los paquetes de galletas, las que no cabían en las cajas iban a sus manos y se mantenía vivo.

En el colegio que lo metieron, los profesores escribían su nombre  a lápiz al final de las listas hechas, mientras protestaban porque sus clases ya estaban completas y ajustadas.

No dijimos nada mientras nos relató el resto de su vida. Pero parecía algo más contento al ver una baraja española de cartas sobre la mesa.

-¿Mus? –preguntó, abriendo los ojos.

-Lo siento, ya somos cuatro, -respondió Andrés que entraba en ese momento, mientras se quitaba el abrigo-. No falta nadie.

El hombre que sobraba se pegó un tiro.

Al ordenar el levantamiento del cadáver, el juez observó que el revólver tenía el cargador completamente lleno.

viernes, 17 de octubre de 2008

LA PLAZA DE LOS PERFUMES


















Llegué a la plaza casi por azar.Aquella mañana de octubre, el cielo me ofrecía su mejor color, sin humos ni miserias. Me reconfortó aquella placa de azulejería en la que podía leerse PLAZA DE LOS PERFUMES.
Cerré los ojos por un momento, aspirando lentamente aquel aire cargado de fragancias, romero, albahaca... Me sentí en paz, poseída por los recuerdos de un ayer lejano, ausente ya. "No he venido hasta aquí para recordar sino para vivir".
Recorrí con la mirada cada uno de los rincones de aquella plaza. Allí el romero. Allá la albahaca. Seguí caminando, dejando tras de mi su recuerdo, su aroma... su amor.
Caminé calle arriba. Al frente, un sol poderoso y altivo lanzaba contra mis ojos una luz vivificadora, intensa, inmensa. Parpadeé. Acomodé mis pasos a mis ojos, y éstos a ese mar blanco que lo invadía todo.
Como antes había alcanzado la plaza, ahora encontré la entrada de aquel pequeño hotel. La puerta era de madera. Ese detalle me atrapó. Siento debilidad por las hojas de madera que te invitan a pasar. El recibidor era pequeño. Un mostrador, también de madera, en un lateral y una dócil escalera al frente. Toda ella de madera. Entré. Me recibió una sonrisa fresca, juvenil, acogedora.
-Buenos días ¿en qué puedo servirle? -me dijo aquella boca sonriente, mostrándome una dentadura perfecta, inmaculada.
-Desearía una habitación -respondí mientras dejaba mi mochila a los piés del paragüero.
-¿Sencilla?
-Sí, por favor.
-¿Para una noche...
Ahora estoy aquí , en esta habitación de hotel, donde todo huele a madera, a bosque, a libertad. Ahora me doy cuenta que no respondí a su pregunta, ¿para una noche? No, para una vida.
Asi se llamará mi nueva novela, la que he comenzado a escribir en este libro en blanco que tengo entre mis manos. Que nació cuando dejé de mirar atrás y solo aspiré el aroma de la PLAZA DE LOS PERFUMES.

jueves, 16 de octubre de 2008

A MI RIO GUADALQUIVIR, Y BETIS

Río que hacia el mar caminas,
tranquilo y majestuoso,
con tus transparentes aguas
entre pinares y chopos.
El olivar a tu paso,
se inclina reverencioso
cuando tus aguas lo besan 
en su discurrir airoso.
En tus orillas dejé
mis recuerdos de chiquilla;
al cruzar tus limpias aguas,
volaba mi fantasía.
Río de grato recuerdo,
en tu paso hacia la mar
vas derrochando elegancia,
con melodioso cantar.
Al pasar por la ribera,
de Córdoba la sultana,
abres tus brazos contento
porque tu caudal se ensancha
y sigues majestuoso
hacia Sevilla y Triana.
Allí te haces adulto,
ya tienes puerto y fragata
y las velitas al viento
navegan sobre tus aguas.
Ay río de mis amores,
Guadalquivir hechicero;
si pudiera, por besarte
me convertía en velero.

Paquita Ortiz Navarrete 15 octubre 2008

DESDE ENTONCES.

Como es fácil de entender, aprovechaba los recorridos en autobús desde mi barrio al centro para cantarle a mi mujer canciones de Emilio el Moro. En general (me gustaban casi todas) le comenzaba con esa que dice “Con dos losas… con dos losas. Me endiñaste con dos losas y al porrazo me rendí. Y por si era poca cosa, me largaste un puñetazo con más fuerza que Urtaín”.  Venía después la que canta “pocos abrigos te podrás comprar, como no dejes letras sin pagar. Y si las pagas todos pensarán, que tu señora tralaralará”.

El trayecto no daba para más. Llegábamos a la Plaza Nueva y nos disponíamos a resolver alguna compra o simplemente a pasear el centro de Sevilla.

Pero aquel día pasó un autobús fuera de servicio y el siguiente se llenó a base de esperas en paradas. De modo que mi mujer pasó antes y yo me rezagué para darle dos picotazos al bonobús y franquear nuestro viaje. El avanzar se hacía difícil, maletas y carros de la compra incluidos, de modo que consideré aceptable quedarnos en la zona media del autobús, aunque nos gusta llegar hasta el fondo, sea con o sin asiento.

La cosa es que pude sentarme a su lado en cuanto, dentro del atasco humano, vi su pantalón negro y su blusa roja. De modo inmediato, dado el tiempo perdido en llegar, entoné en voz baja uno de los grandes éxitos de don Emilio: el que dice que “gitana, tú te verá, lo mismo que una coneja, que no para de criá”, al que siguieron los expuestos al principio.

Me pasará siempre. Por mucho que las haya oído, me hacen reír. Y las celebro con mi mujer, que, paciente, me hace caso. Lo que me sorprendió fue que al levantar la cabeza, ella me saludara desde el fondo del autobús, muerta de risa. Volví a certificar la blusa roja, idéntica a la de mi mujer, y el pantalón negro sin duda, nada de afroamericano, fotocopia del que llevaba mi cónyuge desde que salió de casa. Y al fin volví la cara, a la izquierda, para conocer el rostro de quien había sido objeto de la pequeña serenata. La mujer, de un pelo copiado al de mi esposa, me miró sin pestañear, con una duda palpable entre huir o llamar a urgencias.

Yo no fui capaz de hablar. La mujer de ropa duplicada, al cruzar la mirada con mi mujer, esbozó una sonrisa. Antes de que bajaran los dos escalones para pisar la Plaza, estalló la carcajada. Simultánea. Desbordante.

Desde aquel día, sólo canto mirándole a los ojos. Son inconfundibles.