lunes, 3 de noviembre de 2008

TRAVESURAS

Fue el principio de su final. Estrenó su andadura alegremente. Creando una senda con pasos de color verde, uno tras otro, impecablemente rectos sobre un fondo de luz que realzaba el perfecto caminar. Andadura sobre un blanco inmenso, abierto y extendido a lo largo de una superficie parecida a un altar; un lugar de trabajo elevado y finito. Esos fueron sus inicios. Cuando el futuro andaba aún por desentrañar, sucedió la desdicha. Rodando, sin remedio, cayó. La pobre costurera lamentó el infortunio por tratarse de su color preferido. El gato, sin embargo, celebró toda la tarde tal acontecimiento.

El camaleón y la avispa

Lentamente un camaleón
vagaba por las arenas
buscando algún insecto
que le sirviera de cena.
Se topó con una avispa
que le dijo muy contenta
-Chico, al paso que caminas
no coges ni una mosca muerta.
Le zumbaba alrededor
se reía, se burlaba…
y el camaleón sin quitarle ojo
se subió por una caña.
Cambió su color despacio
mientras la avispa jugaba,
de pronto sacó un metro de lengua
y a la avispa casi atrapa
con un salivazo enorme
que la cubrió hasta las trancas
¡Que susto se llevó la pobre!
¡Del asco casi la mata!
Y aprendió desde aquel día
a ser algo más sensata.

domingo, 2 de noviembre de 2008

UN CASO PENDIENTE.

A.D. Wendell dio la vuelta a la página del calendario: Un mes para la jubilación. Llegó a su oficina y quiso saber cómo serían su fiesta y su regalo de despedida.

-El gran jefe está que muerde hoy, -le dijo Susan, la secretaria de todos.

Para corroborarlo, el gran jefe entró como un ciclón en el despacho y tiró sobre la mesa de Wendell el expediente del capo de la mafia rusa. Una carpeta roja repleta de nombres, fotos, números y fechas.

-Jubílate con esa mancha. No has podido con él, -le dijo.

-Por lo visto, no vale nada el resto de mi trabajo de treinta años menos un mes, -respondió Wendell.

-Largo de aquí, nadie va a darte un caso nuevo. Vuelve el día de tu fiesta, tómate una copa y desaparece.

-Quédate con tu fiesta, muchacho, -dijo Wendell-, y salió dando un portazo.

Un mes después, en el salón principal del hotel Zar y Sol de Kiev, se abría la puerta y, entre aplausos, entraba Alexei Dubro W., el número uno de la mafia rusa. Estaba exultante con el reloj que simbolizaba sus treinta años de dedicación al crimen organizado.

Antes de descorchar la primera botella de champán, levantó dos carpetas con las siglas FBI, una  roja llena de fotos de los presentes y otra azul. Recibió una enorme ovación al tirar la roja a la chimenea hecha pedazos. La azul la entregó como regalo al nuevo número uno.

Se sentía agradecido. Esto sí que era una fiesta de jubilación.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Editorial de Noviembre

Comienza un nuevo mes, y hemos de afrontarlo con optimismo, aunque esté especialmente vinculado a los seres que nos adelantaron en el camino, y que nos dejaron su profunda huella de cariño reviviendo de esa forma en nosotros.
Mil felicidades a los que cumplen años.
Este mes lo veo lleno de esperanza e ilusión, porque incrementamos día a día los amigos que nos leen y que acaban formando parte de nuestra pequeña familia bloggera.
Historias, relatos, comentarios, poemas…, cafelito y huesos de santo, castañas asadas… y nuestros ojos de adulto con fondo de niño buscando la forma de transmitir una emoción con palabras, urdiendo tramas, desenmarañando sueños. Todo para compartir. Todo para todos.
Las tardes frías invitan a escribir. Desde aquí invoco a mi musa dormida para que despierte de una vez y me ayude a jugar y a divertirme con las palabras como antes, y a las vuestras para que no os abandonen.
Inma

jueves, 30 de octubre de 2008

Galería de Arte

Mañana inauguran una exposición en una Nueva Galería de Arte en Plaza del Pelícano nº4, en los corralones. Según el dueño de misma está relacionada la pintura con la danza . Os seguiré contando.

Quasi Haiku

Tócame con tu luz
dijo el carbón al rayo
y nació la barbacoa.

SOBRESALTO

Déjame tras el árbol para darle un buen susto a esa niña, mami, ahora que casi amanece. Siempre se ha metido conmigo en el cole; aunque la verdad es que desde que tú y yo vivimos aquí, parece como si me echase de menos. Espérame; en cuanto la asuste nos vamos a dormir, que yo sola no puedo con la tapa de mármol.

miércoles, 29 de octubre de 2008



Recuerdos infantiles

Situó sobre la alfombra aquel ejército poderoso, invicto, poseedor de miles de batallas ganadas; y dueño en su corazón, del lugar más acogedor, más cálido.
No había sido honrado convencer con argucias científicas a aquel joven imberbe que cada jueves venía hasta su consulta para asirse a sus respuestas como el último rayo de sol se aferra a las copas de los árboles.
Lo sabía. No había estado bien, pero ¿qué mejor lugar para aquel ejército, que su alfombra cargada de recuerdos infantiles?

OBSESIONES

He podido convencer a mi paciente de que los soldaditos con los que juega a todas horas le hacen mal, argumentándole que ese paseo constante por su infancia le lleva a recordar otras vivencias negativas para la terapia.
Me ha entregado la caja dócilmente y la he colocado a los pies del diván.
Es mi último paciente hoy, y las manos me tiemblan de imaginar cómo estará mi alfombra dentro de diez minutos.

martes, 28 de octubre de 2008

Grandes Batallas de la Historia (I).

Colina de Grimaldi.

 Los malos (concepto reversible) nos atacaban cuesta arriba, porque querían la colina que teníamos nosotros, toda sembrada de flores y ajos.

-¡Caprichosos!, ¡mojamierdas!, les decía el cabo Kerón desde las almenas del castillo de acero y tablas, mientras les tiraba aceite de pescado hirviendo.

-¡Lerendas, que sois unas lerendas! ¡Esto no sale ni con agua caliente, no se puede tener más mala leche! ¡Así se os caigan para dentro las muelas del juicio!

A eso de las seis de la tarde, las mujeres llamaban para cenar. Esto no lo explico en estas mis memorias porque en nuestro país se cena temprano (concepto relativo) respecto de otros países. Entre ellos, aquél al que pertenecían los malos que nos atacaban. Y, no se puede negar, les amargábamos la vida.

-¿Pero ustedes vosotros sábense que desmontar cada día este tinglado nos está matando a facturas con los de los andamios?, -preguntó un sargento de los malos.

-Yo no sé nada, -respondí-. Esto es lo que hay.

Y le daba con la persiana en las narices, incluso los días en que estaban a puntito, él y su pelotón, de atravesar lo menos cuatro ventanucos. La verdad, gracia no tenía ninguna.

Los domingos nos reuníamos a comer. Ellos traían carnes frías y empanada y nosotros poníamos verduras tanto cocidas como acompañando al pescado. Nos daban las tantas y a veces había que recordarles lo de empezar el asedio al día siguiente, momento en que recogían las mantas del picnic y se retiraban a descansar.

Así unos meses.

Pero un lunes, después de un domingo soleado, esperamos para nada. Allí no atacaba nadie.

A eso de las once, para estirar las piernas, salí escoltado por unos once mil de mis mejores hombres. Con los caballos al paso, sin formar, no se pudo evitar que un escudero de ellos, veloz como un rayo, fuera capaz de saltar sobre mi cabalgadura y sacara de su jubón un documento con el que me cruzó la cara. Su agilidad le ayudó a escapar.

Era mi primera hoja de reclamaciones.

Dentro del plazo, respondí punto por punto las quejas y, tras firmar la respuesta, di la orden de rendir la plaza.

Con los mayores honores, el ejército vencedor nos escoltó la salida.

Mañana empezamos el asedio. He conseguido un contrato por meses con los de los andamios y nos ahorraremos un dinero.