martes, 27 de enero de 2009

Microrrelevo 16 "Paciencia"


 Desde entonces ya entendió las consecuencias de las tropelías de aquel chiquillo. Aquel chiquillo, que sin sentir, estaba a punto de cumplir 80 años, pero que aprovechaba la menor ocasión para jugársela a cualquiera. Sus amigos habían ido desapareciendo y ahora eran sus incautos nietos el centro de sus bromas. En ésta última se había pasado: Había fingido su muerte confabulado con su amigo Víctor, médico de la familia desde que ambos terminaron la carrera, y habían logrado que todo el mundo lo creyera, incluso ella. Fue esa gota la que colmó el vaso. Le costó el divorcio y aún se pregunta el porqué.

lunes, 26 de enero de 2009

RECUERDA CÓMO OLVIDAR.

Hazme un verso, donde viva

la razón de no buscarte,

un motivo de olvidarte

y seguir llamando vida

a vivir y no mirarte.

 

Ponle rimas de agua y sal:

Para que apague la prosa

que compartiste conmigo,

así tus besos dormidos,

de vino y rosas,

mis besos olviden mal

y no recuerden mi boca.

Lección de Paz

(Poema infantil)

Quiero aprender en la escuela
una paz tan duradera
que cuando me haga muy grande
huya siempre de la guerra.
Mi profe dice que empiece
por las cosas más sencillas,
como perdonar al otro
cuando pone zancadillas.
Hacerlo parece fácil
pero no veas cuánto me cuesta
perdonar al que se ríe
mientras expongo una idea…
o al que utiliza mis cosas
sin haberme preguntado…
Al amigo que hace trampas,
al que cuchichea cuando paso.
Al que me hace sentir “raro”,
al que me ve diferente,
al que insulta a todo el mundo,
al que pega, al que miente…
Pero lo voy a intentar
porque, cuando sea mayor,
quiero saber perdonar,
y si lo aprendemos todos
en este mundo, por fin,
habrá Paz.

miércoles, 21 de enero de 2009

ÚLTIMO INTENTO.

-Ya puedo ver bien otra vez, ¡no estoy ciego!, -gritó el abuelo Cosme.

-Demuéstrenoslo, -contestó el yerno, Cayetano, dueño del piso, doblando el periódico.

Don Cosme se agachó y, bajo la media luz del pasillo, recogió un imperdible del suelo junto a los pies de su hija, Nati, que preparaba la cena y no quería disgustos.

-¿Qué? ¿Eh? ¿qué? –preguntó el abuelo, triunfal.

Cayetano permaneció callado intentando recordar una película sobre la II Guerra Mundial.

Don Cosme hizo ver a su hija que tenía un zapato de cada color. Ahí dio un buen golpe.

-Vamos a tomar algo, para celebrarlo -dijo Cayetano.

-Sssi, una cervecita aquí al lado, -dijo Nati, loca de alegría por no tener que freír pescado de noche.

Tras tres pasos iguales, don Cosme abrió la puerta de la calle.

-¡La gran evasión, así se llamaba!, -se dijo Cayetano.

Antes de salir, don Cosme se arregló el pelo frente a la pared.

Cuando cerraban la puerta, el nieto preferido de don Cosme, Blasito, preguntó:

-Abuelo, ¿qué te parece el cuadro que he puesto al lado de la puerta en lugar del espejo?

A don Cosme no lo llevarían a Disneylandia. Por otro lado, Nati ya estaba en el portal y se libró de la fritanga.


Breve nota: En la película "La gran evasión", en un campo de concentración se organiza una huida en la que no puede estar uno de los presos por estar prácticamente ciego. En su desesperación,  "fabrica" pruebas de su excelente visión cogiendo un alfiler del suelo cuya distancia midió previamente. Después, para que la realidad sea palpable, otro recluso le pone una zancadilla, no la ve y tropieza, con lo que queda claro que entorpecería la misión incluirle. 

Es una escena que tengo grabada por su crudeza no exenta de grandeza, pues el recluso ha colaborado en la medida de sus fuerzas a que escape el mayor número posible de prisioneros.


AYER Y HOY.

Ayer, diecisiete de diciembre, cumplí treinta y nueve años de servicio como bedel del Instituto Gallarre. Durante la fiesta, tomé alguna copita de anís y me sentí en una nube. Hoy al despertar, según me informa un tipo calvo y sonriente, estoy de verdad en una nube.

Solicito una hoja de reclamaciones y la relleno en varios apartados, entre ellos el de la humedad reinante y la falta de orden y firmeza.

El funcionario que me la da, sonríe más aún y me suelta:

-¿Orden y firmeza? ¡Pero si al llegar esta madrugada a usted le pusieron de mote Puzzleman, hombre de Dios!

            Después me indica una pantalla gigante que muestra a los que estamos aquí el por qué de que estemos aquí. En ella, observo incrédulo a la señorita Estíbaliz, de Nóminas, corriendo ligera de ropa por el tejado tan resbaladizo. Y a mí detrás. Hago trizas la hoja, sin firmar, y me siento a esperar mi turno. Desde el banquito de enfrente, la señorita Estíbaliz me lanza una sonrisa.    

martes, 20 de enero de 2009

SEXTO SENTIDO


La ventana ha quedado medio abierta y, a las horas que son, el frío de la madrugada me ha despertado. Acudo a cerrarla, escena común en las historias más terroríficas, y me veo a mí misma reflejada en el cristal. Y claro está: me asusto; quién no, con esta carita y estos pelos. Es que a tales horas nunca me miro al espejo, entonces es lógico que me haya podido sobresaltar. La máscara diaria quedó arrugada entre los algodones que aún andarán en el lavabo, impregnados de gel limpiador.

Cierro la ventana intentando no mirarme en su reflejo, pero la curiosidad me llama y vuelvo a darle al ojo (de reojo solamente), a lo que no debo, porque luego me obsesiono con esta figura abstracta, de quien se supone que soy yo.

Entonces me armo de valor y puedo llegar a mirarme de frente y decirme a mí misma que no pasa nada; que casi siempre duermo sola, que nadie me ve en estas formas, y que si de vez en cuando coincido con alguien en alguna madrugada, o el visitante fijo llama a mi puerta, es porque ya lo he programado antes. Y no hay apaño mejor que la última laca que me compré, y nada más resistente que mi maquillaje waterproff, que qué sería de mí sin él.

En fin, lo que decía, que me envalentono y acudo a mi reflejo, libre de presiones por mi planteamiento anterior, el cual me da alas para observarme con cierta distancia.

Vuelvo a empujar la ventana, porque parece que aún entra aire, o será que el panorama me ha cortado el cuerpo, que tengo un frío terrible. Me pongo bien el pijama. Me coloco derecha y con la cabeza de frente, y luego de perfil, y llego a la conclusión de que esto hay que arreglarlo, así que cierro las cortinas, ¡anda ya con sus mulas!, y me voy al baño. Saco todo lo necesario, me maquillo de nuevo, eso sí, muy naturalmente; le doy un ratito a la laca y cuando ya está seca, me voy a la cama sabiéndome casi perfecta, no sin antes haber comprobado de nuevo mi imagen en la ventana. ¡Qué gustazo!

Justo al instante y después de casi siete meses, sin esperarlo, el timbre suena.

lunes, 19 de enero de 2009

ABRAZADO A MI TALLE


No te valoraba antes de perderte. ¡A saber el tiempo que te tuve enredado en el caos que suele presidir mi vida!
Por más que te busqué, nada de nada.
Al fin, entre tanto lío, un día pude llegar a recuperarte.
¡Menos mal!, uno no debe ir por la vida cayéndosele los pantalones.

Lo que el barro esconde


Este chico era el más guapo de los que vagaban exentos de
cuerpo el año pasado por la clase de Modelado.
Si lo miráis durante un rato, os guiñará un ojo.

domingo, 18 de enero de 2009

Ecos de altares

Invoco a la fé en que lo que realmente se ama nunca se va ni se pierde para siempre. Sólo llega a mantenerse indecisamente latente durante un breve espacio de tiempo.
Invoco al camino para quien no quiere dejar de caminar, a los sueños blancos para quien colecciona manojos de ojeras y a los tinteros azules para quien tiene palabras que añadirle al diccionario.
Invoco a los días de sol, a la lluvia fina de muy de mañana, a los copos de nieve.
Invoco a las rosas que enamoran, a las orquídeas que nos traen a la reflexión y a los azahares que nos devuelven a la tierra sur a la que pertenecemos.
Invoco a los poemas, a los cuentos, a las notas de un acorde y a los colores de la brevedad de un fotograma.
Te invoco a tí amiga, te invoco a tí.

CONTRARRELOJ

La torre de expedientes por grabar, de los nuevos empleados,  era muy alta. No podía levantar la cabeza del escritorio si quería acabar el trabajo para salir a tiempo y recoger a Carlota. Alzó los ojos y allí estaban los del jefe, observándole como linternas. Volvió al trabajo. Pudo levantar la manga de su chaqueta sin levantar sospechas y el reloj le informó de las cuatro horas de trabajo que le quedaban, realizó rápidos cálculos mentales y le salían diez expedientes por hora, a quince minutos por cada uno. Puso el cronómetro a cero sin hacer ruido alguno con los botoncitos y empezó a grabar datos.  Una, dos y tres horas, esas siempre pasan deprisa en cualquier relato de angustias. Llegó la cuarta y había cinco expedientes pendientes: Había que apretar. Veinte minutos y dos. Ansiedad y liberación: El penúltimo expediente tenía un único dato para modificar. Dieciséis minutos y el último. Cuatro minutos de sobra. Relajación. O menos. El jefe, sonriendo, puso un expedientes más sobre la mesa, para grabar desde el principio. Se trataba de la nueva secretaria personal del jefe: Una tal Carlota Domínguez. Él mismo la llevaría a cenar, para ir cambiando impresiones y ponerla al día.