lunes, 2 de febrero de 2009

Romero

Él, de por sí tenía “malilla” cara: Los ojos hundidos, enormes ojeras, tez morena verdosa, escaso y mal repartido el cabello… De cuerpo estaba algo mejor, si no fuera por la incipiente cojera que le quedó tras la rotura del tobillo, y esos hombros que querían abrazar al pecho. Hoy, se agachaba un poco para aplacarse las greñas con algo de saliva frente al espejo del baño, y se decía para sí que no estaba tan mal.
Ella, rubia… ¿platino?…, no, más bien blanco amarillento, se había permitido la licencia de quitarse unos 20 años en el cuestionario. Total, todos decían que no los aparentaba, con su metro treinta de estatura, se estaba calzando con mucho trabajo, unos enormes tacones que le permitieran sentirse la estrella de cine que siempre quiso ser, también se preparaba para el gran encuentro.
Ambos releyeron una vez más el mail: Lugar de encuentro “Café Conté”. Distintivo “Ramita de romero en la mano”.
Por supuesto ambos ocultaron el romero hasta ver al otro, pues la edad los había vuelto precavidos. Al pedir ella un café su mirada se cruzó con la de él y vió una chispa en aquellos ojos tristes. Sacó el romero de su bolsillo. 
–Gracias, gitana, -dijo él mientras le entregaba una moneda. Ella se ruborizó de golpe pensando que se equivocó de caballero. Entonces él, sonriendo sacó el suyo y se abrazaron.

domingo, 1 de febrero de 2009

Cesárea

Raúl tiene 6 años y miles de preguntas acumuladas en tan breves años de existencia.
Los domingos de lluvia como este son días de bañera caliente y patitos de goma con mamá.
Curioso y escudriñador de la desnudez de su madre, apoyó sus manos, una en cada extremo, en la cicatriz que marcaba el vientre de su mamá y preguntó:
-Mamá, ¿por qué tienes este dibujo aquí?
Su madre, apoyó sus manos sobre las suyas y contestó:
-Porque cuando decidiste llegar al mundo y supe que pronto te iba a tener entre mis brazos, le pedí al medico que me dibujara un sonrisa en la tripa para que nunca se me olvidara que desde ese día soy mucho más feliz.

EXACTITUD.

A los cinco minutos de cometer su crimen, Arnaldo Minués fue detenido por la policía y puesto a disposición judicial.

-Ha llevado usted a cabo su fechoría en el saloncito interior de su vivienda, la que da al patio interior por la segunda ventana de la tercera planta según se mira desde enfrente de la urbanización. Y con un objeto contundente, un rodillo de amasar para ser exactos.

Arnaldo bajó la cabeza y firmó la declaración palabra por palabra.

El cartel de (según normativa) 15x20 metros colocado en el antiguo solar  Arenillas, para anunciar la construcción de ochenta viviendas de primera calidad, tenía tal similitud con el proyecto ya realizado, que, al mirar en la citada ventana del plano, con sólo fijarse un poco, figuraba la sombra de un hombre alto, de nariz aguileña (descripción fidedigna de Arnaldo) que empuñaba un objeto en su mano con el que parecía, a todas luces, estar golpeando a alguien.

El juez felicitó por escrito al delineante del proyecto y al jefe de obras.

martes, 27 de enero de 2009

Microrrelevo 16 "Paciencia"


 Desde entonces ya entendió las consecuencias de las tropelías de aquel chiquillo. Aquel chiquillo, que sin sentir, estaba a punto de cumplir 80 años, pero que aprovechaba la menor ocasión para jugársela a cualquiera. Sus amigos habían ido desapareciendo y ahora eran sus incautos nietos el centro de sus bromas. En ésta última se había pasado: Había fingido su muerte confabulado con su amigo Víctor, médico de la familia desde que ambos terminaron la carrera, y habían logrado que todo el mundo lo creyera, incluso ella. Fue esa gota la que colmó el vaso. Le costó el divorcio y aún se pregunta el porqué.

lunes, 26 de enero de 2009

RECUERDA CÓMO OLVIDAR.

Hazme un verso, donde viva

la razón de no buscarte,

un motivo de olvidarte

y seguir llamando vida

a vivir y no mirarte.

 

Ponle rimas de agua y sal:

Para que apague la prosa

que compartiste conmigo,

así tus besos dormidos,

de vino y rosas,

mis besos olviden mal

y no recuerden mi boca.

Lección de Paz

(Poema infantil)

Quiero aprender en la escuela
una paz tan duradera
que cuando me haga muy grande
huya siempre de la guerra.
Mi profe dice que empiece
por las cosas más sencillas,
como perdonar al otro
cuando pone zancadillas.
Hacerlo parece fácil
pero no veas cuánto me cuesta
perdonar al que se ríe
mientras expongo una idea…
o al que utiliza mis cosas
sin haberme preguntado…
Al amigo que hace trampas,
al que cuchichea cuando paso.
Al que me hace sentir “raro”,
al que me ve diferente,
al que insulta a todo el mundo,
al que pega, al que miente…
Pero lo voy a intentar
porque, cuando sea mayor,
quiero saber perdonar,
y si lo aprendemos todos
en este mundo, por fin,
habrá Paz.

miércoles, 21 de enero de 2009

ÚLTIMO INTENTO.

-Ya puedo ver bien otra vez, ¡no estoy ciego!, -gritó el abuelo Cosme.

-Demuéstrenoslo, -contestó el yerno, Cayetano, dueño del piso, doblando el periódico.

Don Cosme se agachó y, bajo la media luz del pasillo, recogió un imperdible del suelo junto a los pies de su hija, Nati, que preparaba la cena y no quería disgustos.

-¿Qué? ¿Eh? ¿qué? –preguntó el abuelo, triunfal.

Cayetano permaneció callado intentando recordar una película sobre la II Guerra Mundial.

Don Cosme hizo ver a su hija que tenía un zapato de cada color. Ahí dio un buen golpe.

-Vamos a tomar algo, para celebrarlo -dijo Cayetano.

-Sssi, una cervecita aquí al lado, -dijo Nati, loca de alegría por no tener que freír pescado de noche.

Tras tres pasos iguales, don Cosme abrió la puerta de la calle.

-¡La gran evasión, así se llamaba!, -se dijo Cayetano.

Antes de salir, don Cosme se arregló el pelo frente a la pared.

Cuando cerraban la puerta, el nieto preferido de don Cosme, Blasito, preguntó:

-Abuelo, ¿qué te parece el cuadro que he puesto al lado de la puerta en lugar del espejo?

A don Cosme no lo llevarían a Disneylandia. Por otro lado, Nati ya estaba en el portal y se libró de la fritanga.


Breve nota: En la película "La gran evasión", en un campo de concentración se organiza una huida en la que no puede estar uno de los presos por estar prácticamente ciego. En su desesperación,  "fabrica" pruebas de su excelente visión cogiendo un alfiler del suelo cuya distancia midió previamente. Después, para que la realidad sea palpable, otro recluso le pone una zancadilla, no la ve y tropieza, con lo que queda claro que entorpecería la misión incluirle. 

Es una escena que tengo grabada por su crudeza no exenta de grandeza, pues el recluso ha colaborado en la medida de sus fuerzas a que escape el mayor número posible de prisioneros.


AYER Y HOY.

Ayer, diecisiete de diciembre, cumplí treinta y nueve años de servicio como bedel del Instituto Gallarre. Durante la fiesta, tomé alguna copita de anís y me sentí en una nube. Hoy al despertar, según me informa un tipo calvo y sonriente, estoy de verdad en una nube.

Solicito una hoja de reclamaciones y la relleno en varios apartados, entre ellos el de la humedad reinante y la falta de orden y firmeza.

El funcionario que me la da, sonríe más aún y me suelta:

-¿Orden y firmeza? ¡Pero si al llegar esta madrugada a usted le pusieron de mote Puzzleman, hombre de Dios!

            Después me indica una pantalla gigante que muestra a los que estamos aquí el por qué de que estemos aquí. En ella, observo incrédulo a la señorita Estíbaliz, de Nóminas, corriendo ligera de ropa por el tejado tan resbaladizo. Y a mí detrás. Hago trizas la hoja, sin firmar, y me siento a esperar mi turno. Desde el banquito de enfrente, la señorita Estíbaliz me lanza una sonrisa.    

martes, 20 de enero de 2009

SEXTO SENTIDO


La ventana ha quedado medio abierta y, a las horas que son, el frío de la madrugada me ha despertado. Acudo a cerrarla, escena común en las historias más terroríficas, y me veo a mí misma reflejada en el cristal. Y claro está: me asusto; quién no, con esta carita y estos pelos. Es que a tales horas nunca me miro al espejo, entonces es lógico que me haya podido sobresaltar. La máscara diaria quedó arrugada entre los algodones que aún andarán en el lavabo, impregnados de gel limpiador.

Cierro la ventana intentando no mirarme en su reflejo, pero la curiosidad me llama y vuelvo a darle al ojo (de reojo solamente), a lo que no debo, porque luego me obsesiono con esta figura abstracta, de quien se supone que soy yo.

Entonces me armo de valor y puedo llegar a mirarme de frente y decirme a mí misma que no pasa nada; que casi siempre duermo sola, que nadie me ve en estas formas, y que si de vez en cuando coincido con alguien en alguna madrugada, o el visitante fijo llama a mi puerta, es porque ya lo he programado antes. Y no hay apaño mejor que la última laca que me compré, y nada más resistente que mi maquillaje waterproff, que qué sería de mí sin él.

En fin, lo que decía, que me envalentono y acudo a mi reflejo, libre de presiones por mi planteamiento anterior, el cual me da alas para observarme con cierta distancia.

Vuelvo a empujar la ventana, porque parece que aún entra aire, o será que el panorama me ha cortado el cuerpo, que tengo un frío terrible. Me pongo bien el pijama. Me coloco derecha y con la cabeza de frente, y luego de perfil, y llego a la conclusión de que esto hay que arreglarlo, así que cierro las cortinas, ¡anda ya con sus mulas!, y me voy al baño. Saco todo lo necesario, me maquillo de nuevo, eso sí, muy naturalmente; le doy un ratito a la laca y cuando ya está seca, me voy a la cama sabiéndome casi perfecta, no sin antes haber comprobado de nuevo mi imagen en la ventana. ¡Qué gustazo!

Justo al instante y después de casi siete meses, sin esperarlo, el timbre suena.

lunes, 19 de enero de 2009

ABRAZADO A MI TALLE


No te valoraba antes de perderte. ¡A saber el tiempo que te tuve enredado en el caos que suele presidir mi vida!
Por más que te busqué, nada de nada.
Al fin, entre tanto lío, un día pude llegar a recuperarte.
¡Menos mal!, uno no debe ir por la vida cayéndosele los pantalones.