sábado, 6 de junio de 2009

DESDE OTRO PRISMA


Por favor, deja la mesa quieta. Vas a romper el vaso. Yo sólo quiero que estés serena, que no te enfades. Podemos dialogar tranquilamente. Tú haz que yo pueda leer cada palabra, despacio, sin arrebatos. Entiendo tu rabia, no creas que no, pero yo fui más rápida. Dime, hermanita, ¿sabes quién te mató?

¿Cómo dices? ¿Yo? No. Fue tu marido. No te enfurezcas, hermana. Fue él quien lo hizo. Sí, sí. Y tú lo sabes. Claro que sí; no te equivocas, yo le mandé hacerlo. Es lógico, ¿no? De qué manera íbamos a vivir lo nuestro contigo al lado. Cariño, entiéndelo. Yo estaba antes. Le conocí y le amé antes. Pero, tranquila, por lo demás no te preocupes. Te dejaremos estar aquí, en casa, siempre.

Vale, vale, le cuidaré; bueno le cuidaremos las dos. ¿Me perdonas? Gracias, hermana. Ahora da gusto tenerte así, encima de la mesa, más calmadita.

¿Queeeé? No, no, no, no, no, por favor. ¡Deja esa vela! ¡Ay, las cortinas! ¡La puerta! ¡Déjame salir, por favor! ¡A pesar de todo, yo te quiero! ¡Déjame salir, déjame salir, por favor te lo pido…!

Después de todo, no era para tanto, hermana. Ahora, desde tu mismo lado, le veo incluso vulgar. ¿Le dejamos ahí, o lo traemos con nosotras? Vale, vale. Dejémosle sin las dos. Ahora sí que estaremos infinitamente juntas. Te quiero, hermanita.

Minutos

Absorta y silenciosa lo contemplaba en la distancia por si se movía. Nada. Casi dos horas estuvo mirándolo acurrucada como una niña desde el otro extremo de la habitación, pero aquel zapatillazo había sido definitivo. Justo antes de perder la conciencia entró el médico y le inyectó con premura el antídoto. El enorme escorpión había perdido la batalla.

viernes, 5 de junio de 2009

La niña en la ventana

La niña espera a su novio
asomada a la ventana,
mientras la Luna sonríe
a la Luna enamorada.
Huele a pino y a romero,
a tomillo y mejorana
y de un arroyo cercano
llega el croar de una rana.
Tanta paz, tanto silencio
no es alterado por nada;
tan sólo la suave brisa
el rostro le acariciaba.
LLega el novio a la ventana
y ve a la niña risueña
y en arrebato de amor
en la mejilla la besa.
Beso robado en la noche
y que la niña no espera
pero que le sabe a gloria
y en la mejilla conserva.
Por mucho que el tiempo pase
ese beso irá con ella,
y aunque el beso fue robado
robo por amor no pena.

Avisillo, 2ª parte

Bueno, como ya podeis ver, de no decir nada en dos meses he pasado a tener cierta diarrea mental - verbal.
Yo escribo esta entradita para votar porque a nuestra dulce y encantadora mascota se le quite ese abrigo de cuello vuelto porque debe estar (como dirían en mi pueblo) "aflatá perdía".
Recomiendo un atuendo más de fecha, algo así como: mucho sol, unas bermudas y chanclas de plástico azul. Sé que la madre amantísima ha de estar de exámenes un poco "estartá" y ,precisamente, por ser yo quien hace la proposición me ofrezco, dentro de mis limitaciones, a hacerle el cambio de temporada a dicha criatura.

Besos y abrazos a miles.

Pensamiento


Tengo una ventana en mi habitación que es el ojo de mi mundo.

Desde este lado puedo ver como ulula el viento. El cristal me guarda del sonido pero con mirar me es suficiente para ver que junio, lluvia y amarillo se han mezclado sin previo aviso.

Fuera, paraguas y prisas. Dentro pijama corto y un respirar pausado propio del sosiego de una tarde de siesta.

La luz viene y va, la lluvia viene y va.

Este lado del mundo es mitad paraiso mitad presidio puesto que hay algo dentro de mí que en su también mezclada locura y travesura quisiera salir y mojarse los pies.

No. No me asustan las estelas grises del cielo, es más, quisiera alargar los brazos y acariciarlas.

Tal vez nunca sepa cuál es la bandera de mi patria pero dónde quiera que me rodee este sentimiento podré sentarme sin pena a esperarla.

miércoles, 3 de junio de 2009

Avisillo.

Ñoras, Ñores y Ñoritas:

Sépase que, aún con el descuento del IVA, del Venía, del pinpón y del cajón, hase resién que hemos pasado de las vintisincomil visitonas. Y a mí madao la tiritona por la emosionansia. 
Era un por compartir con todos ustedes vosotros que sé que salegrarei en su propio corasón interió.
Va por totus.
Abrazos y hablamos en los próximos cincuenta mil.

El último.

Las reglas eran claras: El último que tocara la bandera quedaría expulsado sin honor.  Luis y Ramón, los finalistas, correrían hasta el final de la colina donde se clavó el mástil y no había más reglas que correr ni normas que respetar. Por el camino, de varios kilómetros, podían beber agua. Nada más.

Luis sabía que Ramón era más rápido. Antes de que se escapara del todo, mientras la pendiente era soportable en las piernas, aceleró y de un codazo hizo que Ramón resbalara cuesta abajo. Tranquila al ver que no estaba herido, su mujer le ayudó a levantarse y volvieron al club en coche. Desde la cima, Luis gritaba con la bandera en sus manos.

En la ceremonia del domingo, el club de Atletismo “Extrem” expulsaba ignominiosamente a Luis Pardo como socio.

-¡Pero si yo también recibí codazos, y mucho más fuertes!, -dijo Luis.

-Pero fuiste el último en tocar la bandera, -respondió Ramón. 

martes, 2 de junio de 2009

La timidez de Alberto

Tenía las plumas más lindas del parque. Pero, cuando ella pasó, fue incapaz otra vez de enseñarlas, por puro pudor. Se jugaba demasiado para exhibir así, ante ella, todas sus cartas de una vez. Sentía que aún era pronto para desnudarse. Ella lo miró. Las patas le temblaron de repente. "Otra vez será", le dijo ella. Y los demás pavos iniciaron su cortejo. Él, abatido, hizo un esfuerzo y se acercó a una pareja de turistas. "Éste es mi ensayo: ahora o nunca", pensó. Y entonces mostró sus encantos. La tarde se llenó de color.

Al día siguiente, en un rincón del parque, ella volvió a aparecer. Pero tampoco pudo ser, no tuvo fuerzas: la cola no le respondió. "No pasa nada", le sonrió ella, nerviosa.Y, por arte de magia, su cola se desplegó.

domingo, 31 de mayo de 2009

MÁS COSAS.

Son esas tan dulces comisuras

del arriba del labio y del abajo

las que me despedazan mi cordura

y huye mi miedo con tu desparpajo.

 

Son tus pequeños pliegues de mirada,

como las persianitas del verano

de las casitas chicas asombradas,

para que el sol entre despacio, de la mano

de la sombrita tarde y reposada.

Así tus ojos miran y me agradan.

 

Sigo por tus caricias sorprendentes,

que correspondo con escalofríos,

como el agüita limpia de  los ríos,

que no avisa de saltos ni corrientes.

 

Aprieto al corazón por que enumere

y me cuente al oído… 

pero no quiero listas, y él no quiere:

Te quiero por muchísimas más cosas.

 

sábado, 30 de mayo de 2009

EN EL MISMO INSTANTE


Maldito viento de levante. Te veo a través de las cortinas, soplando impasible, tras estos ventanales que me separan de ahí afuera. Llegas para llevarte todo lo que tengo, para dejarme sola; y, entre un dolor y otro, puedo trasladar mi pensamiento al instante preciso en que se hundió nuestra barca, y todo era agua, llanto, desesperación.

Pero no sabes que mientras dos cuerdas ayudan a bajar a Daniel hasta el agujero que le espera eternamente, otras dos manos extraen de mis entrañas una parte de él que no has podido arrebatarme.

Ya está llorando. Ahora lo tengo entre mis brazos. Se llamará Daniel, no cabe la duda; tiene sus ojos.