jueves, 2 de julio de 2009

EDITORIAL DE JULIO 2009

Queridos compañeros: Ayer me dijisteis que este recién estrenado mes de julio me toca escribir el editorial, y yo, obediente, me pongo manos a la obra. Creo que debo dedicarlo al reciente ncimiento de mi primer bisnieto; fue el día 24 del pasado mes de junio, desde ese día soy bisabuela-palabras mayores ¿verdad?-, de un niño muy lindo,
bueno, al menos para mí, ya se sabe que no siempre los recién nacidos son muy agraciados, pero este mío sí, claro, la bisabuela qué va a decir, pero en cuantito aprenda a manejar el envío de archivos os mando una foto y asi podreis ver que no miento. Pues eso, que a pesar de ser bisabuela aun me creo joven, seré ilusa... bueno más bien optimista. Queridos, éste es el editorial de este mes. Abrazos fuertes para todos. Paquita.

martes, 30 de junio de 2009

Cosas de verano

Un buen día paseando por la playa me encontré a la madre de una buena amiga mía. Nos saludamos efusivamente, pues hacía tiempo que no nos veíamos. Ella llevaba un bañador y en el centro del escote le asomaban unas cuentas de madera. Le dije que igual se le había caído el collar y entonces tiro de él. Para mi sorpresa se sacó un gran rosario que, me confesó, portaba para rezar a ratos cuando se cansaba de hacer el crucigrama de un librito enrollado, que también llevaba en el escote acompañado de su bolígrafo correspondiente. Perpleja me quedé cuando sonó su móvil, que por supuesto se sacó de allí también, perfectamente acomodado junto a un pañuelito doblado con las llaves del piso dentro. ¿Llevaría tambien la sombrilla y la minibutaca?Con un escote así, ¿quién necesita bolsa playera?

lunes, 29 de junio de 2009

DESCUBRIMIENTOS.

María del Germen Detér, catedrática solista de la Universidad de Panfleston, especialidad bacteriailógica, dedicó una buena parte de su vida al estudio de los virus idiotas. Su tesis doctoral abarcó (decía ella) aspectos teóricos que algún día serían apasionantes resultados, concretos y útiles para la gente zurda.

Su trabajo debía ser traducido a veinte idiomas, pero un error del encargado de la imprenta hizo que se tradujera veinte veces al bambaiya, un dialecto indostaní propio de los depresivos, renegados o melancólicos.

Al cumplir los treinta años, cayó en una profunda zanja que abrieron sus padres para cultivar tomates y verduras. Y allí, mientras buscaba una lentilla, encontró el motivo para su investigación: Los virus subterráneos. Superados los enfados por ambas partes, regaló una bata blanca a cada uno de sus progenitores y los nombró ayudantes a tiempo parcial, con una hora para comer.

A partir de entonces, una dedicación plena llevó a María del Germen a los logros siguientes:

1.- Descubrimiento de la bacteria “Chochipili”, en 1982, recién levantada, cuando se encontraba a tres metros de profundidad. Complementó éste con el aislamiento en probetas del terrible microbio neoyorquino “Tiki Smikis”, ese tan dañino que provoca mirar a los dos lados al mismo tiempo.

2.- Descubrimiento a más de cuatro metros bajo tierra del virus “Skoñauñas", ex aequo con el catedrático japonés de ferretería Itor Nillori Alikató. Se felicitaron mutuamente por teléfono hablando en gallego.

Los dos grandes trabajos fueron reconocidos por el mundo científico, y su fama crecía, pero llegó el día en que su tita Rosalberta, su madrina, cogió las batas de sus padres, sin mirar si tenían o no algo debajo, se las tiró a la zanja y le dijo:

–Mira niña, sólo descubres virus que llevas encima desde que naciste, giliflai. Deja de sacarte muestras de los zapatos. A ver si sales más y disfrutas la vida, que pareces tontona y te veo la cara más mustia que una fotocopia de goma.

Fue ésta la frase resumen, la enseñanza final de su gran publicación titulada “El ser humano, el único capaz de ser biodesagradable”, que consiguió sobresaliente cum laude antes de las diez de la mañana. Por la tarde se fue a una discoteca con unas amigotas del barrio y se lo pasó la mar de bien.

domingo, 28 de junio de 2009

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XV).

Batalla de las profundidades.

En Tritón’s, el legendario tugurio donde los titanes paraban después de dibujar los mares, se enfrentaron el domingo pasado Poseidón y Neptuno.

El dueño del bar, un pulpo viejo que ya había presenciado más de una tangana entre los dos dioses, vio entrar a Poseidón y lo dejó clarito:

-No quiero peleas en mi local.

-Dame una ensalada de pan de ayer. Estoy empapado, -dijo secamente el dios.

Con un golpe de su tridente, Neptuno entró en el antro y se fue hacia la barra, al otro extremo, mirando hacia el espejo del saloon.

-Vaya, parece que hay quien no sabe sobrellevar un poco de humedad. Dame esa toalla, –le dijo al barman, que no sabía con qué mano atenderle.

Antes de que Poseidón apurara su primer tazón de pan duro, Neptuno, en un abrir y cerrar de escamas, lanzó la toalla sin exprimir y, de un golpe seco, es un decir, desafió a Poseidón de la manera más terrible: Le salpicó de forma abyecta con la bayecta en todas las barbas.

Como un rayo, Poseidón cogió algo de algas y, sin aliñarlas, se las lanzó a Neptuno sobre su peinado con raya al lado, provocando la inmediata modificación de millones de estatuas en su honor de los grandes museos.

El tridente de Neptuno no es de adorno: De cada golpe salía algo fantástico, como aquel día que inventó el caballo para los hombres. Pero lo de ponerle el pelo como Harpo Marx no lo pudo soportar y sintonizó con el diente derecho una emisora de canciones japonesas del siglo XI hechas con guitarras para una sola cuerda y tres manos.

Poseidón no era capaz de levantarse. Pero guardaba un as en la branquia.

-Ola, -dijo con voz cavernosa, gutural, gótica, como de dentro de una lavadora.

-Es tarde para saludar; eso al principio, ¿sabesss?

-No me has entendido, es sin hache.

Y fue el momento fonologicoflástico de la sorpresa en la que una ola, sin saludar, levantó a Neptuno hasta tal altura que lo mareó en su totalidad. No era él dios de altos vuelos. Al día siguiente lo encontraron tirado en una fuente en Madrid. Y ahí sigue.

viernes, 26 de junio de 2009

EN BUSCA DEL PAÍS DE NUNCA JAMÁS



Tal como se aleja la primera de estas dos imágenes de la segunda, has ido alejándote de mis inquietudes, a la misma vez que se me alejó la adolescencia; a la misma vez que perdí esa carpeta que tenía forrada con tu imagen.
Pero eso no ha bastado para que hoy no llore tu ausencia. Te llevas contigo, Michael, mis quince años y mis horas y horas escuchando tus temas, una y otra vez. Y te llevas el símbolo de una etapa de mi vida que siempre echaré de menos, porque fue maravillosa. Y mientras yo vivía todo eso, tú estabas ahí, tu música era una de mis señas de identidad.
Lo que no ha cambiado en mí es que siga viéndote como el mejor artista, el más completo de la música pop de todos los tiempos.
Descansa en paz de esta vida que no te ha sido fácil vivir y que te mantuvo a caballo entre la pena y la gloria. Yo seguiré teniéndote como ese ídolo con espíritu de niño, queriendo alcanzar a todas horas la sombra de Peter Pan.

jueves, 25 de junio de 2009

AL TRISTE F.M.I.

Eran diez comisiones creadas

para hacer otras diez cada una;

y tener a las cien ocupadas,

sin buscar ni alegría ni nada

que nos diera en hallar en la Luna

algo más de centellas aladas.

Sin parar de charlar ni un segundo,

su labor: parecer que, reunidos,

elaboran los planes del mundo.

Distraernos de amar, de los sueños,

los soñados y los muy queridos,

desganarnos y poner empeño

en soñarnos también los vividos.

Incansables, emiten informes,

y redactan sus partes diarios;

con sus almas tan tristes, deformes,

no barruntan nada humanitario

y no tose ningún disconforme.

Cuando llega el final de su obra

y muy serios lo cuentan, no hay nada;

más del ciento por ciento, nos sobra.

¿Qué salió de sus mentes?, ¿qué hazaña?

¿Una estrella?, ¿otro sol de mil brillos?

Algo menos, tristezas, patrañas:

¡Un tremendo, aplastante ladrillo!

ENSAYOS RIGUROSOS (2)

EL JUEGO.

No siempre fuimos una cuadrilla de calvos facinerosos y repugnantes. Antes, ninguno de nosotros era calvo.

Quizá fue el azar, quizá el sueldo tan bajo lo que nos obligó a arrastrarnos por la vida. De vestirnos en los grandes almacenes pasamos a asaltar a las familias cuando ponían la lavadora y no podían correr tras nosotros a riesgo de mostrar por la calle sus puntos de vista.

De pequeños, el sacristán principal llamó nuestra atención al salir disparado hacia el cepillo, después de barrer con otro cepillo y no hacer el menor caso al cartel de “Colecta del Domingo de Adviento fresco: Para La Orden de San Piltrafita”.

Muy estupefactos, supimos que el sucedáneo de cura iba a la inauguración de “Dados y Azares”, la nueva casa de juegos que sustituía a la biblioteca vacía. Seguimos su rastro de metálico tintineo de monedas sobre las marmóreas losas del templo y nos lanzamos a vaciarle la azabáchica cobertura multibotónica, vulgo sotana.

Desde esa serie de golpes que nos dio el lejano aspirante a cardenal, produciendo gran cantidad de cercanos cardenales, pasamos a ser unos fugitivos repugnantes. Allí, tirados tras una zurra repartida de modo equitativa y sin sacar un céntimo en limpio, supimos que nuestra vida estaba perdida. Nos lo jugamos todo a una carta y nos tocó el as de bastos.

De cualquier manera, para extender el conocimiento a la Humanidad, aquí va lo que aprendimos sobre el juego.

Desde el segundo momento de la Creación, todo era juguetón. Al rato de existir el planeta, ¡hala!, medio Paraíso lleno de botellas y envoltorios hizo exclamar al DueñodeTodo: “paraíso no me habría tomado Yo tanto interés”, en uno de los primeros Juegos de Palabras, sin nadie que le riera la Gracia.

Meses después, en marzo del Pleistoceno, hacía un frío como el que entra si tu abuela estudia kamasutra por las tardes. Fue entonces, cuando, en medio de la nieve, gritó el Jefazo su famosa frase: “Hagan Fuego, señores”, para entrar en calor, entre júbilos y cánticos de alabanza, en medio de una partida de TablasdeLaLey, uno de sus juegos de fuego favoritos.

Llegó la Edad Mediocre y ni fu ni fa. El juego se redujo a romperse la crisma por encontrar a tiempo la combinación de los candados de los cinturones de castidad. Aquél que no acertaba a los tres intentos entre diez millones de posibilidades, colgaba alegremente de una torre los siguientes doce veranos. La frase de moda aquí, fue la impresionante “Si no acierto en el juego de llaves, ya ves, me la juego”, traducida por los Frailes Clarinetistas.

En el Nuevo Mundo, los americanos montaban una ruleta en cualquier esquina y un inmigrante ruso, Yuri Balasalazar, les robó la idea con muchísimo riesgo de sus pestañas, huyendo por unas montañas peligrosas, a las que también puso su nacionalidad.

Por supuesto, el juego acabó controlado por ordenador. Había programas que respondían “enhorabuena, rumiante apestoso” si alguien ganaba el premio grande, y mediante otras aplicaciones informáticas dos manos de silicona abofeteaban a los que perdían la cicatriz de la operación de apendicitis, llevándose una cremallera barata a cambio.

Las familias enteras caían en el juego, en salones recién encerados. El juego era el centro de sus vidas, y habiendo vivido toda su vida en el centro, se descentraban echando a perder la vida en el juego. Bueno, yo me entiendo.

Al terminar este artículo, echamos una partidita a “el que discurre, se aburre"...

Lo hago porque te quiero

Camina
y cuando empieces a caminar no mires atrás.
No temas convertirte en una estatua de sal, casi te diría que lo prefiero
antes que verte mover como un humano
que arrastra un corazón igual que un mosaico descolocado.
Te amo, te amo mal
y prefiero tu libertad aunque ella te aleje de mí.
Yo no puedo encenderte una luz al final del túnel,
ya lo sabes, ya te lo he demostrado,
vivo en una oscuridad que te absorbe
pero sí sé que recobrarás tu brillo
cuando empieces a entrar en calor.
Camina
y tan sólo recuérdame
como alguien que en toda su vida te dio un único consejo:
Cuando alguien te abrace nunca dejes que llegue a cortarte la respiración.

Deseo cumplido.

Toda mi vida he querido ser un héroe.

No pude empezar de pequeño, porque el abrazo de mi madre, ante la mirada severa de mi padre, evitó que me arriesgara y no pude conocer el peligro.

Después, con el paso de los años, me rodeé de amigos tan fuertes que estaba protegido a tiempo completo.

Menos mal que nacieron mis niñas.

En una guardería, donde iba mi hija mayor con tres años de edad, un precioso gato marrón no era capaz de bajar del árbol más alto del jardín, de modo que la maestra me ayudó a colocar una escalera y fue muy fácil ayudar a bajar al felino, que desapareció sin prisa y con un andar elegante. Como un gato.

Y mientras guardaba la escalera, pude ver cómo mi hija, concentrando un corro de chiquillos, se señalaba solemnemente y decía, sin más, “Mi papá”.

Ese día, por fin.

martes, 23 de junio de 2009

¡¡¡A LA BENDITA LA HORA!!!

¡Qué alegría ver a Literato tan fresquito! Le envidio. ¿A quién tenemos que felicitar por haber despojado al fin a nuestra mascota de la bufanda, el gorro y el farolillo?
Un aire fresco y renovado me llega desde nuestra "casa de las palabras". Sigamos ahí, incluso en vacaciones...
...Y antes de irnos, a vernos, que ya es hora.