lunes, 9 de noviembre de 2009

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XX).

Batalla del Valle Hin Klan.

El entrenador de los que llevaban el escudo redondo, que decían que tenían toda la razón para invadir Chotonia, tenía un plan la mar de bueno: Una vez empezada la gresca, golpear no al de enfrente, sino al “justo al lado del de enfrente”. En el vestuario, arengó de esta guisa a sus infantes de primera línea de pelea.

-Como el escudo (oblongo en este caso) sirve para que no te den por delante, le metéis un pinchazo por el lado, a la altura del páncreas, y convertimos ese reino en una pandilla de diabéticos. Después, ya vendrá el visir de economía y les pondrá la insulina a precio de oro.

Pero no hay plan que por bien no venga si se mete un chivato por medio.

Y el chivato, con título homologado, era Agnotio de Chabacandria, hijo del maestro de fontanería Egreliano de Pompeya según unos, y según otros un pompero zioputa. Estos últimos, mayoría.

El resultado del chivatazo a los chotones, que se quedaron impresionadísimos por la táctica renovadora del preparador de los del escudo redondo, fue lanzar a las dos primeras legiones para luchar de perfil. De tal modo que, cuando los confiados en su plan desviaron sus espadas y tenedores hacia la derecha, para encontrar carne que pinchar, sus armas hallaron un vacío, una falta de algo en que quedarse clavadas que los dejó a ellos con una cara del que invita a la ópera a los yernos y se le caen las entradas en una alcantarilla.

En el instante del pinchazo al aire, con su correspondiente dosis de incredulidad, la iniciativa la tenían los del escudo oblongo, quienes aprovecharon la ventaja sicológica para agarrar los brazos extendidos de los del escudo redondo, y, trincados además bien por la cintura, sacarlos de la primera línea de combate, la más feroz de cualquier batalla, y llevárselos bien lejos con un tango sobrecogedor, con letra y música de Gardelión, el poeta más fino de Samotracia.

Cautivados por el sobrio estilo de los del escudo oblongo, que sabían cómo llevar a una pareja sin chocar con nadie, en medio de un gentío inmenso, los del escudo redondo, los teóricos invasores, se rindieron. Y más de un aplauso hubo.

Se devolvieron las bofetadas de desafío entre los generales jefes y pelillos a la mar, porque no hubo botín de guerra; ni tan siquiera un tentempié de media mañana. Cada ejército se volvió para su casa, con los ganadores, y más de un perdedor tarareando el tango, por lo pegadizo.

La letra, hoy un clásico, decía poco más o menos así:

A ti que vienes derecho,

con tu escudo protector,

no busco pincharte el pecho

sino un lado, el de babor.

Y si de frente me opongo,

o sea, de lado te enfrento,

o pinchas espada al viento,

o chocas mi escudo oblongo.

De tal guisa que, en resumen,

aquí nadie se la clava

gracias a un regio cacumen.

Y antes de empezar, se acaba.

domingo, 8 de noviembre de 2009

INVENTARIO.

Eduardo Bussines se mantuvo de pie sin dejar de mirar el suelo y la cartera que asomaba entre sus zapatos. El último ocupante de la estación de trenes, un revisor muy viejo, no tardaría en irse.

Cuando, conocido el ciclo de idas y venidas de las cámaras de seguridad, comprobó que estaba libre de vigilancia, se agachó como un rayo, acogió en su bolsillo la suave billetera de piel y salió de la estación a toda prisa con una sonrisa.

Al llegar a casa, tras un rato de pie tocando el timbre, su mujer le repasó a conciencia en el descansillo de la escalera:

-Llaves falsas para perder del piso, perdidas.

-Sombrero, distinto.

-Bufandas, dos y distintas a las que llevabas al salir.

-Cartera recuperada, menos mal.

Le dio un beso y lo dejó entrar.

viernes, 6 de noviembre de 2009

LA PROFECÍA

Esto no es mío, pero Gabriel me ha sugerido que recopile las poesías populares que recuerde y allá que va una. La nana, sí es de mi cosecha.

Me lo dijeron ayer
las lenguas de doble filo
que te casaste hace un mes
y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera en mi caso
se hubiera echao a llorar;
yo, cruzándome de brazos
dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro
ni enredarme a maldiciones,
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casao?, buena suerte,
vive cien años contenta
y a la hora de la muerte
Dios no te lo tenga en cuenta;
que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre
que no te guardo rencor,
porque sin ser tu marido
ni tu novio ni tu amante,
soy el que más te ha querío;
con eso tengo bastante.

¿Qué tiene el niño Manuela?
anda como trastornao
le encuentro cara de pena
y el colorcillo quebrao
y ya no juega a la trompa
ni tira piedras al río
ni se destroza la ropa
subiéndose a coger nidos;
¿no te parece a ti extraño?
¿no es una cosa muy rara
que un chaval con trece años
tenga tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo
y estás demasiao tranquila
¿quieres que te dé un consejo?
vigila mujer, vigila.
Y fueron dos centinelas
los ojitos de mi madre.
Cuando sale de la escuela
se va pa los olivares
¿y qué busca allí?
una niña,
tendrá el mismo tiempo que él,
José Manuel, no le riñas
que está empezando a querer.
Mi padre encendió un pitillo
se enteró bien de tu nombre
te regaló unos zarcillos
y a mi un pantalón de hombre.

Voy a misa con mi prima
bueno, te veré en la ermita,
y qué serios nos pusimos
al darnos agua bendita,
y luego en el campanario
cuando rompimos a hablar,
dice mi tita Rosario
que la cigüeña es sagrá
y el colorín y la fuente,
y las flores, y el rocío,
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río,
todo es sagrao tierra y cielo
porque todo lo hizo Dios
¿qué te gusta más?, tu pelo
que bonito me salió,
y tus ojos y tus labios
y tus manos redonditas
y tus pies marcando el paso
de las palomas zuritas.
Con la blancura de un
copo de nieve te comparé
te revestí de piropos
de la cabeza a los pies
y tú fina y orgullosa
me ofreciste en recompensa
dos cintas color de rosa
que engalanaban tus trenzas,
a la vuelta te hice un ramo
de pitiminí precioso
y luego nos retratamos
en el aguïta del pozo
y hablando de esas mil cosas
que se inventan las criaturas
llegamos hasta tu esquina
cogidos por la cintura
yo te pregunté
¿en qué piensas?, tú dijiste
en darte un beso,
y a mí me dio una verguenza
que me caló hasta los huesos.

Por la noche con la luna
nos vimos en la ventana,
mi hermanillo está llorando
voy a cantarle la nana,
y mientras que tú cantabas
yo inocente me pensé
que la nana nos casaba
como marido y mujer,
pamplinas, figuraciones
que se inventan los chavales
después la vida se impone,
tanto tienes, tanto vales.
Por eso yo al enterarme
que llevas un mes casá
no dije que iba a matarme
sino que me daba igual
más como es rico tu dueño
te mando esta profecía
tu por la noche entre sueños
pensarás que me querías
y recordarás la tarde
que mi boca te besó
y te llamarás cobarde
como te lo llamo yo
y dirás no es cierto nada
yo se que lo estoy soñando
pero por la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marido
ni tu novio ni tu amante
sino el que más te ha querío;
con eso tengo bastante.


EL QUE NO SE CONFORMA ES PORQUE NO QUIERE.
La poesía tiene su aquél. Otros tiempos ¿verdad?

NANA A MIS BIZNIETOS

A la nana nanita,
nanita nana.
duérmete lucerito
de la mañana,
duerme bien mío,
que tu madre te abriga
si tienes frio.
Duerme ya niño mío,
flor de las flores,
entorna esos ojitos
que son dos soles.
Duérmete vida mia
duerme mi cielo,
mientras te hago un arrullo
de terciopelo.
Duerme ya entrañas mías
duerme sin miedo;
y entre tanto, tu madre
vela tu sueño.
Chiquitito del alma,
cuando despiertes,
me encontrarás muy cerca
para quererte.

A la nana nanita
nanita ea,
mi niño se ha dormido
bendito sea.

jueves, 5 de noviembre de 2009

PRÁCTICAS.

Dada la muy extendida y navideña afición al cante por villancicos en la fonda de doña Bernarda Sanielles y el acompañamiento que se hace a los mismos con un artilugio donde una mano soporta y la otra sube y baja en un frenético ritmo, uno de sus más antiguos huéspedes, el administrativo y soltero don Antonio Pretiles realizó prácticas durante toda su vida con distinto instrumento pero en igual posición y con el mismo esquema de movimiento, obteniendo similares satisfacciones en la parte final de la actividad, que culminaba al alimón con “… que es la noche buenaaaa” por parte de la casera.

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XIX).

Batalla ideológica del Senado Chino. Centro mismo de Pekín.

-Hola y ya sel mucha confianza la que dalte, esclibano camalada: tú puedes levolcalte pol suelo pala saludo a supeliol y sumal puntos.

-Saludos, mandamás de mieldecita.

-Nomble y númelo del paltido, que a entelalte vas.

-Soy esclibano Tá Cha Lo, númelo 123.456.777. Toma pol allí, a vel si encontlal calnet.

-Pol ahí liblalte de expediente goldo y calabozo muy siniestlo.

-Ahí lleval y a pol matlícula tomal, calcamal.

-Ya te cogelé, lata de alcantalilla. ¡A veeeel, los del fondo, sentalse que empieso disculso! Yo, Uantá Namé La, secletalio total y dueño, oldeno que san telminao del tilón bailes que dulen más de las diez y quince. Tampoco pelmito más a allá de las diez y cualto, que sois muy listillos.

-¡Camalada Cablito!, -gritan los del ala radical del partido.

-¡Camalada Cablito, pelo menos!, -gritan los moderados.

-¡Camalada, un cablito, pol favol!, -gritan los electricistas que revisan las pequeñas instalaciones.

-Dejalse de insultos, númelos antiguos 33.333 y 33.334, que sois muy amiguitos y juntos vais a pical piedlas en cuanto pueda plonucialos bien a pesal de tantos tleses.

-Ahí mandal bolita de papel con dulce esclito poético y a la vez envolviendo un peñasco de catolce kilos, glamo más, glamo menos, –dicen los numerados.

-Qué poco glamoul. Pelo dolel, duele: Decleto dieciséis años sin chicle.

-Pol favó pelmite bailes y tílate al lío, –corean los de antes.

-No me liéis.

-Que no te enlolles, que te ahogues, -sueltan los dos afiliados consecutivos.

-Pues clausulo congleso y tol mundo a tomal pol poniente: levantalse y empezal a salil, a vel si esta vez vacial Salón Celestial de Leuniones antes de un mes.

En esta ocasión, enero del 2007, tampoco hubo tiempo de contar los votos a favor de nadie sabía qué exactamente y Tá Cha Lo volvió a guardar el libro de actas vacío, como siempre.

CONTAR POR CONTAR


Tomo el bolígrafo, que ya daba tiritones de frío por el tiempo que hacía que no lo abrazaban mis dedos (es mi boli de siempre), agradeciéndole los buenos ratos que ambos hemos compartido.

Soy consciente del abandono que ha sufrido por mi parte, pero hoy lo uso para contarle que, sin tener nada especial que contar, cuento con él para contarle que la cuestión es contar. Contar cómo te levantaste, cómo no llueve, con las ganas que tienes de ver, de oír llover. Cómo a tu vecino, el juez del quinto, se le abre la maleta en plena calle, dejando el pijama de Snoopy y el Tuppersex, recién comprado, a la vista de todos; ¡qué putada!

Contar que tienes ganas de contar y no sabes qué, y no sabes cómo. Contar que las ideas se te agolpan en tu cabeza sin acabar de tomar forma. Contar que tu médico te aplaude porque le confiesas que cuando alguien no te contesta a los buenos días, le reivindicas la respuesta diciéndole: “disculpe, pero le he dicho buenos días”.

Contar que no sabes qué hacer con tu poco tiempo libre, de tanto como quisieras hacer, pero que quizá sería conveniente contar más con él, con tu boli digo, que el pobre no se merece un abandono tan prolongado. Contarle además que nadie es perfecto y que ayer tarde, sin poder resistirlo, te compraste un pijama de la abeja Maya. Y sólo eso.

sábado, 31 de octubre de 2009

BAJO CONTROL.

Una mínima composición visual previa al relato:

Perspectiva de la esquina oeste del castillo de Pearlborne, desde donde se observan dos hileras verticales de ventanas, una por planta, a las que se podían acceder y salir usando dos escaleras paralelas de hierro forjado en los hornos de Irlanda.

Los hombres que subían por una, se desprendían de una prenda por ventana, según hasta el piso en el que salían de la escala y penetraban por la ventana entre otras cosas.

Los que bajaban por la otra, si lo hacían con la prisa que dan los devaneos amorosos, se iban encontrando una prenda por ventana y justo en el orden que se tiene al vestir. En concreto, aquél que bajaba desde el último, desnudo, se encontraba un calcetín, última prenda en quitarse el que subía hasta dicha altura: Orden inverso.

De este modo, los amantes que volvían llegaban vestidos -corbata incluida, el castillo tenía muchas alturas- a su coche y se marchaban del lugar.

Desde el templete del inmenso jardín, con la perspectiva aludida del castillo, Sir Leonard W. P., décimoquinto conde de Pearlborne, tomaba nota precisa de las idas y venidas, entradas y salidas, para elaborar, gracias a la colaboración de su bella esposa y sus seis jóvenes cuñadas recién casadas, una exacta estadística de la infidelidad conyugal en la Inglaterra de mil novecientos sesenta y cuatro.

viernes, 30 de octubre de 2009

PIROPOS Y LISONJAS DE ANTES

Si la mar fuese de tinta
y la tierra de papel,
jamás se podría escribir
lo bonita que es usted.

Tienes unos ojos niña
y unas ñiñas en tus ojos
que esos ojos y esas niñas
son las niñas de mis ojos.

No hay lunita más clara
que la de enero,
ni amores más queridos
que los primeros.

Como vienes del campo
vienes airosa;
vienes coloradita
como una rosa.

jueves, 29 de octubre de 2009

Viaje en metro

Cuando viajo fuera de mi ciudad por cuestiones laborales, no me gusta coger el metro, pero aquel día, al ser “hora punta” me decidí para evitar atascos.
Después de meter varias veces las monedas que escupía la máquina sin piedad, logré sacar un billete.
Toca pasar el control ¿Por qué la ranura del torno siempre está al otro lado de donde me coloco? Suena un bip-bip y el chico que está a mi lado se cuela por la puerta que ha abierto mi billete. Me sonríe con descaro y sale corriendo hacia el andén por el que se escucha rugir la fiera.
Un empleado contempla en la distancia mi peripecia pero no se acerca siquiera. La gente pasa corriendo por un lado y otro mío con mirada asqueada por mi torpeza. El metro está casi en la parada. Introduzco de nuevo el billete por la ranura del otro lado pero la máquina lo escupe porque ya estaba validado, de forma que ante la premura de la llegada inminente del metro decido probar mi forma física saltando por encima de la barrera.
Sólo me faltaban 2 escasos centímetros cuando mis pies tropezaron con el borde superior y fui a caer de cabeza justo al otro lado. ¡Qué golpe! ¡Qué sonido atronador en esa estación! Aquel ruido seco acompañado de un alarido desgarrador, hizo que dos chicos se volvieran a mirar por si era la estación, la que se hundía tras sus pasos. Ahora sí que logré conmover al empleado. Mi cara comenzaba a hincharse. Me dolía todo y lo que más el amor propio. Entre los dos chicos me coloraron en pie y rechazando la ambulancia que el empleado me ofreció gentilmente me fui caminando lo más dignamente que pude hasta el andén a esperar el metro siguiente.