martes, 8 de diciembre de 2009

HAIKU

Que tú lo sepas
el tiempo que me quede
sin ti no es tiempo

jueves, 3 de diciembre de 2009

PRIMAVERA PERDIDA

El dentífrico se me ha resbalado de entre las manos. Todo se cae; con todo tropiezo y el suelo parece hundirse justo detrás de mis pasos.
Dos horas de vuelo han bastado para poner punto y final a quince años de nuestra vida. Mañana amaneceré a casi dos mil kilómetros de la que nunca volverá a ser nuestra casa; en una cama que no es nuestra cama; y la nuestra ya sólo será tuya.

Vuelvo a tomar el tubo y, mientras coloco la pasta a lo largo del cepillo, recuerdo todos y cada uno de los días en que a esta misma hora, Blanca y Sergio me brindaban (cuesta trabajo hablar en pasado, cuando el pasado fue ayer y se trata de tus hijos) sus cepillitos ya desenfundados. Para sus pequeñas manos es complicado aún lavarse sin ayuda los dientes. Esta noche lo harás tú.

No sé cuántas preguntas te habrás hecho; sé todas las que me hago yo. Y no entiendo, Beatriz, cómo a ti y a mí nos llego a pasar esto; cómo, a lo largo de los años, tú has ido siendo cada vez más tú; yo, cada vez más yo, y cómo el nosotros se nos perdió por el camino. Por un camino que juntos iniciamos, abundante de proyectos fértiles. Un camino cálido, excitante, como cada uno de nuestros encuentros.

Sergio y Blanca se irán hoy a la cama con mi beso de esta mañana, que no fue un beso de buenas noches, sino de despedida.

Tú darás todos los besos que yo les daría, pero los míos se quedarán aquí, en mí, y en este piso oscuro y frío al que tendré que acostumbrarme.

Pintaré las paredes de blanco; las acuarelas que me han regalado los niños destacarán mucho más así. He sacado de una de las maletas una carpeta llena de figuritas de cartulina.

Mañana iré a comprar un corcho grande y colocaré todas nuestras fotos; esas que ya nunca nos haremos, porque hemos dejado de ser nosotros definitivamente, y ahora nos queda ser vosotros y yo; o nosotros y tú.

Es cruel no poder verles a diario. ¡Como si no fuese ya suficiente el no tenerte!

Hay algo que me alivia y es saber que a los niños los mantendremos al margen de todo esto, porque los dos nos hemos encargado de que así sea, y porque hemos podido maquillarles los moratones de una realidad que nos golpeará, sobre todo a nosotros, en nuestras horas más oscuras.

Esta noche marcaré un número de teléfono que no será nunca ya mío, y les contaré a los niños cómo ha sido el viaje, cómo es esta ciudad a la que he llegado y a la que ellos en un mes vendrán. Les daré mi tiempo y mi vida de la única forma que puedo. Y cuando cuelgue, imaginaré sus ropitas en la silla, ordenadas y dispuestas para la mañana siguiente; sus cuentos en la mesita; los mil besos que en estos días, más que nunca, sé que les darás y guardaré los que yo no puedo darles; ni a ellos, ni a ti.
Y cuando vengan, esta casa se inundará con los colores de una primavera en la que faltará tu alegría; en la que estarás sin estar, en los ojos de Blanca, en la boca de Sergio y en todas y cada una de mis largas noches
.

martes, 1 de diciembre de 2009

TODOS HABLABAN

Cuando me llegó el encargo del alcalde, creí que todo era una broma macabra de mi amigo Santi. Él sabía de mi pasión por los cementerios y de mi viajera costumbre de visitar los camposantos de allí a donde fuere. Pero no, no se trataba de ninguna broma y mi amigo Santi no tenía ni idea del tema.
Concerté una cita en el ayuntamiento y cuando entré, el señor Santiesteban me esperaba impaciente. Su rostro cetrino, su continuado y rítmico girarse el anillo y el vaivén de sus piernas no dejaban lugar a dudas sobre su estado.
-Gracias a Dios que ha llegado, señor Sempere. Ya creí que no aceptaría nuestro ofrecimiento -me dijo mientras intentaba dibujar lo que me pareció una mueca sin más, muy lejos de su intención de ofrecerme la mejor de sus sonrisas.
-Pues aquí me tiene -contesté mientras extendía mi mano para saludarle- ¿en qué puedo ayudarles?
-No sé si habrá leído el periódico en estos últimos días, más concretamente el del viernes 13 de abril.
-Pues no -respondí mientras tomaba asiento en el sofá que había en el rincón del despacho del alcalde.
-Bueno, no me entretendré más. Iré al grano, aunque más bien debería decir… -hizo una pequeña pausa en su discurso para tomar unos sorbos de agua-. Disculpe, el tema es cuanto menos doloroso para mí, bueno, para todos en el pueblo. No sé si sabrá que este pueblo no tiene más que unos seiscientos habitantes. Aproximadamente-. Todos casi familia. Y cuando ocurrió aquello…
-¿A qué se refiere concretamente -le inquirí.
-Bueno, hace unas semanas -prosiguió- todas las lápidas del pueblo, mejor dicho, del cementerio del pueblo, aparecieron sin nada -inspiró profundamente y se deshizo el nudo de la corbata-. Discúlpeme.
-¿Cómo sin nada? -pregunté.
-Borradas, Limpias, como si tras ellas no hubiese restos a los que presentar o mostrar. ¿Me entiende? -dijo buscando mi aprobación con su mirada inquisitiva.
-No del todo -contesté.
-Señor Sampere, que alguien se dedicó a borrar las inscripciones que tenían.
Me recosté sobre mi asiento. No daba crédito a lo que aquel hombre me contaba. ¿Quién podía “limpiar“ las lápidas?¿Y por qué? ¿Y para qué? Ahora entendía la palidez del alcalde, su inquietud… su miedo.
Escuché atentamente su relato, al terminar me miró y me dijo: “Necesitamos de su ayuda. Ayúdenos a descubrir al sinvergüenza que ha hecho esto".
Permanecí en silencio unos minutos. Terminé el café que amablemente me había ofrecido y me ofrecí para resolver aquel misterio.
Durante unas semanas paseé por aquel pueblo pequeño rodeado de encinas. Tomé notas. Hice algunas fotos. Hablé con los vecinos, y nada: nadie podía imaginar o sospechar quién podría haberlo hecho y, sobre todo, ignoraban el porqué.
Cuando casi estaba a punto de darme por vencido, me encontré con Andrés. Era un hombrecillo menudo, de pelo blanco y que yo imaginé de andar pausado. Le encontré sentado en uno de los recodos del río. Jugueteaba con una vara de avellana, dibujando formas en el agua. Al acercarme, levantó la cabeza y me miró unos segundos. No dijo nada, volvió de nuevo su mirada hacia el agua y continuó jugando con ella.
-Buenas tardes, ¿le molesta si me siento junto a usted? -pregunté amablemente.
-No, ¿por qué iba a molestarme? Parece usted una buena persona. Siéntese a contemplar el río, ¿a que es hermoso? -dijo sin separar la vista del extremo de su vara.
No sé cuanto tiempo estuvimos allí sentados, en silencio, él jugando con su vara de avellano y yo contemplándolo a él.
-No hay ningún misterio Saúl -me dijo.
-¿Cómo sabe usted mi nombre?
-Era mi oficio, inscribir a todos los del pueblo. Sabía sus nombres, su fecha de nacimiento, cuándo se casaron… Y la respuesta que busca es fácil: no hay nombres porque no hay nada que nombrar.
-¿Cómo?
-Que todos mis vecinos, mis paisanos, mis amigos, se han ido… allí ya no queda nada. Todos han vuelto a donde siempre debieron estar, de dónde nunca debieron salir.
-No le entiendo.
-Que abandonaron aquellos huecos tan fríos y sombríos.
-¿Y a dónde fueron?
-Cada uno buscó cobijo en los corazones de quienes les quisieron. Allí, allí es donde están. Y allí no necesitan nombres, ni fechas, ni nada.
Miré el agua del río. Atardecía y las luces malvas de la noche fueron ocupando su lugar. Cuando quise darme cuenta, era de noche y estaba solo. Andrés no estaba.
A la mañana siguiente, cuando le conté lo sucedido al señor Santiesteban, éste se quedó petrificado. No parpadeaba, sólo al final dijo:” Ese era el señor Andrés, el secretario del pueblo. Murió hace años. Reuniré a los concejales y haré un pleno extraordinario”.
Se reunieron a media mañana, y hablaron y hablaron sobre lo que sucedió y lo que harían ahora con el cementerio.
Yo me fui. Cedí mis honorarios porque al fin y al cabo yo no había resuelto nada.
Hace unos días leí en el periódico que habían convertido el cementerio en un jardín donde al atardecer se reunían a conversar. Todos hablaban de sus seres queridos. Todos hablaban. Todos hablaban, sobre todo los muertos.

lunes, 30 de noviembre de 2009

EXPOSICIÓN DE PINTURA.

En la sala “Pillastre” se realiza exposición de cuadros del conocido artista Joselu Cecita, de Chiclana, presentando obras con los siguientes títulos y características:

Cuadro número 1: El Trote. Dos figuras en chándal se abofetean en la sala de espera de un hospital. El tono pálido sugiere que son hermanos, que iban a dar una carrerita antes de una barbacoa, y que ambos se han olvidado de renovar la bombona de oxígeno del padre, octogenario. Composición, clásica. El marco, incomparable. De feo.

Cuadro número 2: La Pampa. Una única, enorme, burbuja de jabón sobre un niño bastante mocoso. Sugiere la libertad, la capacidad pulmonar de un niño pequeño y un error en el título. Debe llamarse la Pompa, porque además el niño no es argentino, sino de San Fernando; lo delata un pantalón comprado en el Carrefour de allí, en oferta. La composición, novedosa, establece un ángulo de visión como si miraras por una cerradura. El marco, pringoso, porque alguien ha quitado el letrero de “recién pintado” demasiado pronto.

Cuadro número 3: El Origen. De un fondo negro total sale un punto blanco. Lo bueno que tiene es que sale cada cinco o diez minutos, sorprendiendo alegremente al que mira el cuadro. El marco, alemán, muy sólido a pesar del euro.

Cuadro número 4: El Triste. Un señor de mediana edad, vestido de tenista mediocre, duda ante la entrada de una cafetería. El contraste de colores sugiere que lleva así más de veinte minutos y que se ha citado con una lagartona, con la excusa de las clases de tenis. La visión en un segundo plano de un motorista de correos introduce la idea de desazón del sujeto. El marco se ha caído, mal pegado.

Cuadro número 5: La Nube. Una hembra de armas tomar -vestida con un ceñido tutú rojo- se refugia bajo un paraguas minúsculo. Acude un hombre joven, en actitud caballerosa, ofreciéndole un paraguas que podría cubrir un estadio. La posición de las figuras indica que un equipo está haciendo fotos a la muchacha -modelo- y que el hombre estorba la sesión. Queda esto último bien patente en el rostro del hombre, que está encogido, como quien por fin ha recibido en los profiteroles la patada que los fotógrafos soñaban con darle. El marco, sobrio, como debe ser para compensar tanto chufleteo.

viernes, 27 de noviembre de 2009

ATERRIZAJE.

Satélite revoloteante,

ansioso por aterrizar

en tu estructura celular,

estrella andante,

llevaba prisa por parar

en mi locura de girar

y echarte el guante.

Pero tu piel, tan suave y tan

resbaladiza y deslizante,

me impidió poderte agarrar

para mi órbita dejar

y no ser más cometa errante.

Tu observatorio universal:

Dos ojos de belleza par

con cualquier cielo,

echaron redes de cristal

que me enredaron por azar

entre tu pelo;

pero aún me costaba nadar

sobre tu territorio,

de tiernos valles y de par

número de promontorios.

De modo que abriste un hangar

de modo perentorio,

allí me permitiste anclar

y acabó el purgatorio.

Y ante la tentación real

de la rutina

perdía algunas veces gas

mas me inflamaba una vez más

tu piel divina.

La fuerza, al fin, de tu atracción

me despegó de la elección

de la terrible soledad,

de despegarme

de tu galaxia, y en tu Sol

me hizo quedarme

para buscar la Eternidad.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

VEO LA POESÍA

Yo veo la poesía
en las pequeñas cosas,
en las verdes campiñas
cuajadas de amapolas.
Y me dicen poesía
las bellas mariposas,
con tan finos colores
volando entre las rosas.
Y ver las golondrinas
volver año tras año,
en busca de sus nidos
a donde los dejaron.
¿No es acaso poesía
contemplar a las abejas
libando en el romero
para extraerle el néctar?
Y me habla de poesía
ver en la noche oscura
brillando las estrellas
y la plateada luna.
El agua del arroyo,
al correr cristalina
por entre los guijarros,
alegre y cantarina.
Y ver al astro rey
por entre las montañas
salir majestuoso
al despuntar el alba.
Y contemplar su puesta
al acabar el día:
Encierra tal belleza
que me hablan de poesía;
son todas estas cosas,
sencillas pero inmensas,
las que me emocionan
y poesía me recuerdan.

jueves, 19 de noviembre de 2009

PÓCIMAS, BEBEDIZOS...

ELIXIRES.

La ilustre doctora en algo, Bárbara Tija, nos deja un pequeño avance sobre su reciente trabajo relacionado con las pócimas en el suplemento dominical de la revista Nenitos, especializada en cultivo de chinches y palmeras.

En relación a pociones de amor, nos cita el preparado Erlaparamet, un inefable líquido verde que obliga a los hombres a orinar siempre en posición horizontal si se pretende verter aguas dentro del inodoro, dada la permanente comparación que se realiza al encontrarse entre quienes la han ingerido y la Torre Eiffel.

PÍLDORAS.

Nos llega de la India la pastillita Asuhigadin, redonda, tierna y masticable, que elimina por completo los efectos de cualquier borrachera, con la novedad de que su efecto es contagioso. Para demostrar su eficacia, el doctor indostaní Abralacasayah hizo que un niñato de mierda, que venía de una botellona indecente, se tomara el pastillón en la puerta de su casa y, como venía por más dinero y bebida, al volver con sus coleguitas dejó a seiscientos adolescentes completamente sobrios y estudiando Teología Avanzada hasta las cinco de la mañana.

BREBAJES.

Cada año, por razones de palidez, miles de peregrinos acudían por la mañana a la consulta de la gitana Cayetana, cuyos brebajes obraban maravillas en su cuenta corriente. Uno de los más celebrados era el Pontenegrín, un compuesto entre blando y viscoso que hacía difícil distinguir a la esquimala Utinia Escerograd del bantú Emilio Betún una vez ingeridas unas gotas. La mayoría de sus clientes eran gente de las que gusta presumir de moreno en Semana Santa y de piel de cadáver en verano. Pero así es la vida, y también para esto último existía el repaso de las pieles renegridas con un papelito de lija, con suavidad y paciencia, papelitos que también vendía Cayetana en pliegos de tamaño cuartilla.

INFUSIONES.

La más famosa fue la que se tomaron juntos los presidentes de Caja Castilla La Mancha y el de Unicaja. Fue de un efecto fulminante.




¿POR QUÉ NO OS VÉIS EN MADRID?




Hace tiempo mi amiga Blanca me preguntó ¿nos vemos en Madrid?; y sí, nos vimos en Madrid hace unos días. Es una ciudad tan viva, tan llena de contrastes, y sobretodo tan céntrica, que elegimos sus calles para compartir unos momentos inolvidables. Aprovechamos el tiempo no sólo para hablar y poner al día nuestros mundos físicos tan separados, sino que también nos degustamos con exquisitas viándas y algunas obras de teatro y exposiciones. Y por eso estoy aqui, para compartir con vosotros esos espectáculos y animaros a haceros una escapadita a esa ciudad tan abierta y agitada, tan próxima y tan distante, tan conocida y enigmática...

Bueno, comenzaremos por la obra de la tarde-noche del viernes: TOC TOC. Es una obra divertidísima, donde seis personajes se encuentran en la sala de espera de un eminente psiquiatra para recibir lo que ellos creen una terapia innovadora. Imaginaros la cantidad de anécdotas que pueden compartir. Te ries a carcajadas, tal vez porque en algún momento te ves identidficado en ellas. Id y ya me contaréis.

En la mañana del sábado, después de un exquisito desayuno en el barrio que más me gusta de Madrid(Chueca), nos dimos un paseo hasta Caixa Forum(a ver cuando nos terminan su sede en las Reales Atarazanas y disfrutamos de sus exposiciones) donde pudimos sentir el abrazo de madre e hijo. Daba igual el lugar del mundo, la situación, el momento del día, todas las instántaneas transmitian lo mismo: el calor y la belleza de un abrazo materno. Alguna de ellas eran de una fuerza tal, que el corazón se te encogía. Son fotografias que llegan al alma.

Después del recorrido tras la cámara de Bru Rovira, nos hicimos cargo de un buen cocidito madrileño, como está "mandao", en Casa Daniela, ¡¡¡Pá chuparse los dedos!!!.

Y llegó la tarde-noche del sábado y qué mejor que un monólogo de Nacho Novo(El Cavernícola), donde las diferencias de sexos quedaron explicadas desde el principio de los tiempos, desde cuando "el hombre cazaba y la mujer recolectaba". Ahí está la razón de ser de nuestras diferencias, de nuestras formas de ver la vida, de nuestras reacciones más simples y cotidianas. Risas, risas, risas.

Os dejo unas fortos muestra de que todo lo aqui he contado es rigurosamente cierto. Las he hecho yo, no son bajadas de internet(jajaja)

Animaros y... ¿POR QUÉ NO OS VÉIS EN MADRID?


lunes, 16 de noviembre de 2009

CÍCLICO.

Dios andaba aburrido, más que enfadado. No sabía a qué dedicarse con tanto equilibrio universal. Como un entretenimiento creó la Tierra, una pelotilla redondita y azul donde empezó a dejar caer lo que no le había servido en otros mundos. Con fórmulas sencillas, el pequeño sistema funcionaba bastante bien.

Sin que se diera cuenta, el diablo sembró semillas de ser humano, ese bicho que Dios había ordenado hacer desaparecer.

Mucho después,

-No acabo de entenderlo, muchacho, -le dijo al diablo, poniéndole una mano en el hombro-. En fin, me voy que tengo un Juicio; ya repasaré mis ecuaciones y veré qué ha podido pasar. De momento, fulmínalos y llévalos contigo.

-Y vuelta a empezar, -soltó el diablo, risueño, en medio de una miríada de ángeles-. Una y otra vez. Es pasar una eternidad y se olvida de todo.

sábado, 14 de noviembre de 2009

MOMENTO DIFÍCIL.

En las vacaciones de verano tuve el privilegio de sentarme en el salón principal del Castillo de Frasemberg, en las afueras de Colonia, junto al dueño de la mansión.

Ante la mesa monumental llena de vinos selectos y manjares exquisitos, nos pusimos de pie, brindamos, nos fotografiaron y, antes de llevarnos la copa a los labios, la guía de la visita concertada me cogió por el brazo y, de muy mala manera, me quitó la peluca y me invitó a salir por la puerta de atrás, señalándome al resto de la fila, que esperaba para ponerse ropas de la época gloriosa del castillo y retratarse junto a estos aristócratas.

La foto, eso sí, era gratuita.