viernes, 19 de marzo de 2010

A media tarde

Llevaba la carta con mucho cuidado metida en el bolsillo de la chaqueta. Por fuera la palpaba como si llevara su más preciado tesoro. Aún no la había cerrado definitivamente porque se conocía a sí mismo y a última hora siempre le gustaba añadir o modificar algo de lo escrito. Consultó su reloj. Las cuatro y cuarto de la tarde. El correo lo recogían a las cinco. En la cafetería, junto al buzón, podría tomar un café y releer de nuevo la proposición de matrimonio que contenía el documento. Había pegado cuidadosamente el sello, y se había esmerado en escribir con letra nítida la dirección y el remite. Estaba casi perfecta. A partir de aquel día puede que su vida cambiase y no quería dejar nada en el aire. La releyó un par de veces. Tachó, enmendó, recapituló… Vio acercarse al encargado del correo y observó como llenaba su saca mientras él apretaba la carta entre sus manos. Acabó su café, y decidió volver a casa para pasarla a limpio, porque no quería dar una imagen que no correspondía con sus intenciones. Al fin y al cabo solo se trataba de un día más.
En el pueblo vecino, alguien miraba su buzón encontrando de nuevo algo de propaganda y correo de banco. No perdía la esperanza, porque el chico, en su día, le pareció formal. Quince años hacía hoy que le prometió escribir.

martes, 16 de marzo de 2010

"Mecido por las olas"


Ahí tenéis mi primera obra en cerámica del curso.

lunes, 15 de marzo de 2010

EL SECRETO


¿Qué quieres contarme con tu rumor incansable y arrullador? Siempre acabo en silencio, mirándote y esperando; esperando quieta, impaciente, para ver si entre ola y ola, el resquicio de una idea me hace adivinar lo que quieres de mí.

Pasan las horas y decido abandonarte, yéndome con mi vacío a la vida que me espera; entonces tu murmullo me persigue, se enreda en mi pelo, entre mis piernas y me arrastra de nuevo hacia ti, irremediablemente. Es cuando me entrego a tu vaivén, a tu purificadora caricia de sal.

A veces llegas a helar mi piel, más nunca mi alma, que siempre queda expuesta a la profunda oscuridad de tu ser.

Me sumerjo entre tus aguas a modo de piruetas y te siento mía, porque te tengo para mí, y aún así, quisiera el imposible privilegio de tenerte toda.

Inmensidad transparente, espejo de mis sueños ¿qué quieres contarme, que siempre acabo sin saber de qué verdades me hablas? ¿Me hablas del tiempo que ya no tengo? ¿Me hablas de la noche sin nuevas caricias? ¿Me hablas de las estrofas sueltas de un poema que alguna vez perdí en ti?

Cuando la vida me envuelve y nos aleja, siento que me perteneces, porque te llevo dentro. Y caracolas suenan en mis sentidos, y me acompaña tu música eternamente. Pero ni ellas aciertan a cantarme tu secreto, ese que guardas y que me muestras a medias cuando te contemplo.

Yo volveré aquí, a tu lado, cada día, aunque sea en sueños, para seguir rebuscando en tus sonidos, el arcano que para mí sé que guardas.

No lo pierdas entre tus amantes.

jueves, 11 de marzo de 2010

LA CIRILA

Hoy va de coplilla. Es de la época de mi madre. No tendrían muchas libertades, pero las suplían con coplas algo picantonas. Allá que va:


Soy el corneta de más pupila,
y el más granuja del batallón,
tengo citada a la Cirila,
que es una hembra que está jamón.
Pa conquistarla más facilmente,
me he puesto el traje de mi teniente,
pues de corneta cuando le hablaba
de mí se pito pitorreaba,
hoy de seguro no hay pitorreo,
porque al mirarla la tambaleo.
Hoy la Cirila viene por mí,
cuando al mirarla le digo así:

ESTRIBILLO

Ven, Cirila, ven y verás, y verás un oficial.
Ven, Cirila, ven que te aguarda
el teniente más juncal
y que te quiere de chipén.
Cirila, ven, que me late,
que me late el corazón.
Ven, Cirila, ven y cálmame este tip
tipi tipi tipi ton.

Ya la Cirila escarmentada,
con militares no quiere nada,
pues le molesta la cajetilla,
para que él fume cuando la pilla,
pues ellos quieren chupar del bote,
y ella no puede con tanto trote,
ya no se rasca más el bolsillo,
porque está harta de tanto pillo,
ya no le gustan los militares,
soldados rasos ni oficiales,
que al licenciarse van a su tierra
y de las primas ya no se acuerdan.

AL ESTRIBILLO.

miércoles, 10 de marzo de 2010

DOCUMENTO HISTORICO

El niño de 12 años pregunta a su abuela: "¿me puedes contar hechos ocurridos en el transcurso de tu vida, que pasarán a la Historia?" Claro que sí cariño, empezaré hablándote del golpe de estado en 1936 que dio paso a la guerra civil; de civil tuvo poco, la verdad: acabada la contienda llegaron los casi cuarenta años de dictadura. Otro hecho histórico, la muerte del dictador y paso a la transición de la democracia.
Momento histórico también, el 4 de diciembre de 1979, cuando los andaluces salimos a la calle para pedir nuestra autonomía. Fue un día memorable en el que ocurrió una desgracia. En Málaga un chaval falleció de un disparo cuando se disponía a poner la bandera andaluza en un balcón. Le disparó no se sabe quien lo hizo, o no lo quisieron saber.
Hecho también histórico, la Exposición Universal de Sevilla en 1992, fue una cosa muy hermosa. En estos años, también se hizo el primer trasplante de corazón; lo llevó a cabo un doctor americano, creo que el doctor Bernard -no sé si se escribe así, pero más o menos. También se inventó la penicilina. Yo, cuando la guerra, era pequeña (5 años), pero tengo algunas escenas en mis recuerdos. Lo que sí recuerdo con bastante claridad, son los años del hambre, que mal se pasó... con la edad que tú tienes, nada de colegio, mucho trabajar, a buscar leña, a sembrar, etc. Cariño, creo que te he documentado un poco, espero que el trabajo te salga bien. Un beso, tu abuela.

lunes, 8 de marzo de 2010

Cuentos paralelos. Epílogo.

En el gran castillo de los dientes, todos se preguntaban qué iba a pasar con el pobre ratoncito que siempre erraba en su cometido. Al pie de un gran portalón, temblaba solito mientras esperaba que lo llamaran de la gran sala donde se celebraba la vista preliminar de su caso, por sustracción indebida y otra serie de cargos que ni siquiera supo comprender.
Por fin lo llamaron. Sus patitas apenas respondían al intento de andar. El pánico lo invadía cuando con la mirada gacha se acercaba al estrado donde un enorme elefante iba a juzgarlo. El hada de los dientes habló a su favor, pero el fiscal no estaba por la causa y azuzaba a la gran pantera negra que ejercería de verdugo. Fue entonces cuando se presentó como testigo el abuelo. Aquel anciano despistado de corazón de oro dijo que gracias al ratoncito había recuperado la complicidad con su nieto y la confianza en sí mismo que había perdido hacía muchos años cuando le tuvieron que poner la dentadura postiza. Contó con detalle cómo había sido incapaz de salir sin ella en 20 años que la tuvo. Explicó su recurso de plastilina y el fracaso que fue y cómo gracias a ello había encontrado un nuevo amor en su vida al que nada le importaban los dichosos dientes. El caso fue sobreseído. El ratoncito agradecido se quedó a vivir con el anciano y buscó otro empleo. El nieto para celebrarlo preparó para todos una deliciosa y tierna foundee de queso. Y colorín colorado…

domingo, 7 de marzo de 2010

CAJAS DE CARTÓN


Ignacio me miraba desde su trona. Jugaba con su osito de peluche mientras saboreaba el último trozo de galleta que se había llevado a la boca. Miraba mi ir y venir de una esquina de la casa a otra. Todas las cajas a medio completar. La ropa de invierno sobre el brazo del sofá; la de él, en la maleta grande azul con ruedas. No había forma de llevárselo todo, lo sabía pero me negaba a aceptarlo. Seguía intentando no dejarme nada atrás, ¿o tal vez sí?
Desde que Charly se había marchado, nada había sido igual. Durante un tiempo me aferré a la idea de su vuelta. Le llamaba. Tomábamos un café. Charlábamos como dos amigos. ¡Qué ironía!, nunca fuimos amigos, ahora lo sé, o tal vez sea mejor decir que ahora lo siento así. Charly se había ido y yo debía irme también, lejos, muy lejos. Ignacio era lo único que me unía a él, pero ni siquiera su hijo, nuestro hijo, nos había hecho alcanzar esa amistad que tanto había deseado tiempo atrás.
Las cajas se amontonaban por el piso. En todas las habitaciones una o dos cajas de cartón aguardaban a ser cerradas, a no ser llenadas con más objetos. Se me olvidó, como siempre, cuanto pesan los recuerdos; una vida entera. Se me olvidó que luego no iba a poder con ellas; pero qué más daba, si la empresa de mudanzas que había contratado tenía buenos y robustos porteadores.
Miré a mi alrededor: toda una vida dentro de unas insignificantes cajas de cartón. Las desnudas paredes contemplaban la imagen desordenada de lo que era ahora mi vida. Al otro lado del atlántico, allende los mares, me esperaba otro país, otro sol, otro amanecer.
Volví al salón. Ignacio se abrazaba a su oso de peluche viejito. Se había dormido mientras yo despertaba de un largo sueño.

jueves, 4 de marzo de 2010

PROFECÍAS (2).

LÁGRIMAS.

El druida Boch Ornosix de la aldea gala de Boronata, predijo lo siguiente allá por el siglo VIII después del VII:

-A eso de las dos y media del catorce de febrero de dos mil diez, se oirá el llanto de una cuñada en una ciudad de nombre parecido a Malarrosa o Farragosa. Y el motivo vendrá de alguien que no le iguala en poder ni en valor; alguien que sabrá aprovechar la debilidad de un ser superior en un momento que los tiempos venideros llamarán “chungo”.

Y más razón no pudo tener: Con mi reloj digital en la mano, sincronizado con el carillón de mi abuela, el día de la comida familiar para celebrar que la hermana mayor de mi mujer sacó las oposiciones a bedela en Zaragoza, le di una patada enorme en la espinilla a las catorce treinta en punto. Ella estaba borracha perdida de anís y todos atribuyeron sus lágrimas a la emoción por el puesto fijo de trabajo.

La muy sorrapenca no me prestó los apuntes.

Esperando visita

Palidecía. Cada día más de tormenta era como si la vida se le fuera tras ella. Solo quería un rayito de sol para atraer las miradas hacia sí. El tiempo se terminaba. Cuando pensaba que todo estaba perdido, un arco iris en el horizonte le dio un atisbo de esperanza. La preciosa amapola hizo surgir tanto color que hasta los jaramagos más próximos corrieron a ocultarse tras los girasoles. El abejorro se posó sobre ella, y ella sonrió al fin.

miércoles, 3 de marzo de 2010

DESDE LEJOS.

Te encuadro desde lejos, francotirador de cámara con objetivo mágico: en el jardín, con los invitados esperando, preciosa de vestido blanco y flores. Tengo el primer plano de tu rostro tan cerca como para besarte. Será lo más que me aproxime a ti.

Froilán, mi hermano gemelo, sonríe, abraza al cura y se te acerca por un lado. Antes de ofrecerle tu mano para dirigiros al altar, das una vuelta, levantas el vuelo completo de la cola de tu vestido y, como si ahuyentaras un pétalo de flor de tu fino guante, me envías un beso. Directamente al objetivo.

Paras el tiempo ralentizando el apretar tus dedos sobre su brazo, te mueves como cuando te tendías sobre mí con movimientos felinos. Pero sabes que no surgiré de los árboles para rescatarte. Así lo pactamos: Si el original salía del hospital y llegaba a tiempo, yo, el suplente hasta la boda, me retiraría.

Espero lo justo para verte decir sí, te retengo un último instante, disparo y apago. Y a ti te fotografío.