lunes, 16 de mayo de 2011

Inauguración



¡Cuánto disfruté en la inauguración!
Hay días que van marcando el calendario personal de nuestras vidas, que nos llenan de emoción, de ilusión. Que gustamos compartir con nuestros amigos, con nuestra familia, y el 14 de mayo pasará a mi memoria marcado en rojo.
Os agradezco vuestra colaboración. Os pido permiso para colgar aquí vuestros poemas. Esos especiales que escribisteis con el corazón para mis obras. Mientras tanto pongo alguna foto del evento.




















domingo, 8 de mayo de 2011

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XXX).

Rebatalla del bar Nizado.

Ayer era martes insulso y el conjunto de borrachos licenciados en vomitonas asociados bajo la razón social “La Pella Fija” aterrizó a eso de las ocho menos cuarto en el bar de Isaías Nizado, una tasca con capacidad para doce clientes, once cucarachas y dos carritos de bebés. Estaban prohibidos el cante y las ratas, las cuales fueron expulsadas en 1995.

-¡Nasnochie, mushashiiiiooo y mushashiiiiaaa!, -dijo al entrar el representante legal de la asociación, esgrimiendo una copia de las escrituras de apoderamiento y fundacional-. Ponnnnos lo menos sien servesita a gada uno, ge hoy mishmo se cumplen treh meseh desde la constitucsión de nuestra persona jurídica sin afán de lucro.

Al poner la última al último del grupo, Isaías temió lo peor:

-¿Ni una babafrita pa empapochá las birra?, ¿ni una?, -dijo el secretario al sentir el estómago vacío mientras las pupilas de sus ojos cambiaban simultáneamente de globo ocular.

Isaías saltó por encima de la barra, después por encima de un papel que había en el suelo y huyó. El grupo relinchó al unísono y, ebrios sus miembros de poder y gloria, embebidos por el espíritu del sabor previo de la sangre en la batalla y sus otros miembros pidiendo turno para ir al baño, tomó la tasca como un fuerte y allí se hicieron ídem.

La puerta se atrancó desde dentro y la consigna sonó como el gran grito de guerra (el GGG):

-¡A for los barriles, cagonmihmueltos!

Isaías, a salvo fuera de su local, llamó a su mujer, Leopolda, que no vendría sola.

De hecho, al ver aparecer por las ventanas a la esposa del dueño y sus cuatro hermanas, los miembros de la audaz asociación sintieron menguar el ardor combativo en sus pechos: dos de las hermanas eran ex esposas de cinco de los conquistadores de la tasca y actuales de otros dos, ya por lo civil.

El primer golpe en las podridas puertas del antro se propinó con una maza clásica de amasar pestiños. Sonó como el ariete que busca asolar un castillo medieval y cortó en seco la borrachera a varios miembros fundadores de “la Pella”.

-¡Fulgen, como que cuanti te trinque te va a tragá el peluquín y las ligas de mi mare que llevas puestas, cara abstracta!

-Es la Teodosia, la que me divorció en verano porque se creía que yo andaba aposta pa los lados por esquivarla: lotrodía conseguí salir despacito por la puerta, cuando su propósito era que bajara por la ventana a mucha más velocidad, -dijo el Fulgen desde detrás de la barra, el punto más lejano a la puerta de la tasca.

El grupo al completo se iba metiendo por completo detrás del mostrador según se oían las amenazas desde la calle.

-Venga, venirse a las buenas y abrir, que todavía no hemos cargado las mangas de hacer churros de zotal con biclorosidenol; aún tenéis una oportunidad, -añadió Teodosia, mientras distribuía sus fuerzas por las ventanas laterales.

El grupo de La Pella Fija estaba atónito. Nunca pensó en refuerzos de este calibre. De uno en uno, negociando con las ratas descendientes de las expulsadas, fueron escapando sin ruido por la boca redonda de las alcantarillas del patio trasero del bareto. Los más atrevidos lanzaron aperitivos pasados de fecha para cubrir a los que se retiraban.

Al cuarto envite sobre la puerta carcomida, el grupo de cuñadas entró como una tromba de agua ciclónica derrumbando la mesa y demás mobiliario de la tasquilla, para encontrar el más absoluto y desolador de los silencios. Y el vacío que colmó una batalla ganada sin el menor derramamiento de coscorrones previsto. Ni el más mínimo “tira pa casa, zascandil” o al menos “te vas a enterar, José Augusto, que mañana viene mi madre”.

A su espalda, de nuevo agrupados en la acera de enfrente, el conjunto social completo de la Pella Fija se organizaba para entrar en la Farmacia de Ignacio Lorensino y seguir formándola allí, a base de unas rondas de esos jarabes para la tos que te suben la alegría en un par de frascos, conseguidos en varias tandas de recetas con cargo a la tarjeta sanitaria de un jubilado.

-Esta la pago yio, shiquillos de misentrañas, -decía más de uno subido en lo alto de la báscula de la farmacia.

Al hacer explosión un frasco de alcohol, la turba conquistadora de la tasca no se dispersó. Antes al contrario, volvieron sobre sus pasos y divisaron la juerga en la botica.

Ninguno las vio venir, en silencio, arremangándose y sacando las minirrimels de sus fundas.

jueves, 5 de mayo de 2011

LA BARCA

¿A dónde vas tan ligero,
barquito cruzando el mar,
con las velas desplegadas
y con prisa por llegar?
Es verdad que tengo prisa,
que, al llegar a la otra orilla,
me espera con ilusión
una preciosa barquilla.

jueves, 28 de abril de 2011

¡Por fin expongo!

El 14 de mayo a las 12,30 de la mañana se inaugura la exposición conjunta "Diálogo de Emociones". Me haría mucha ilusión veros a todos por allí. Será en Camas (Sevilla).



Iré con mi yeso incorporado. Se ofrecerá un "tintito" a los asistentes.




martes, 26 de abril de 2011

Jubilación.


Pepe Santos no tenía rival pescando en el Puerto de Santa María, aunque su barca fuera tan vieja como él. Pero ayer, al echarse al mar de madrugada, oyó cómo se rompía su compañera, pensando más en su espalda cuando, al chocar con una olita mansa, las cuadernas del esqueleto de madera se abrieron en la orilla diciendo que ya no podían más.

A Pepe le salieron lágrimas saladas en el funeral de su barca mientras tocaba cada pieza al desmontarse y clavaba los remos en la arena mojada para que señalaran la puerta por dónde se habían ido al mar los pedazos.

Para colmo, una bandada de mojarras, lubinas y caballas, densa como las plagas de langosta, saltaban a pocos metros de donde Pepe celebraba las exequias. Parecían reírse de los dos esqueletos que se jubilaban al amanecer.

-Así que reís las últimas, ¿eh? –dijo Pepe mirando a la que más se despegaba del agua en sus saltos.

Mientras el pescador desguazaba su barquita, las olas se amansaban y la resaca venía despacio a llevarse las tablas desvencijabas. Parecían esperar la última caricia del pescador a cada una de ellas. Eran tablones cortados, cepillados y pintados por el abuelo de Pepe, que quiso regalarle su primera barca cuando cumplió diez años. Era buen marino y gran carpintero y se habría alegrado de saber que fue la única en que navegó Pepe durante toda su vida de pescador.

Cuando sólo quedaba un trozo de la quilla en la arena, Pepe la quiso mandar lejos y levantar la última montaña de espuma de mar al verla caer en el agua. La lanzó con fuerza y cayó en medio del resto de las tablas, golpeando en el extremo de uno de los listones más largos, haciendo palanca. La suficiente como para coger desprevenida a la caballa reina, la que más saltaba, y enviarla a tierra volando.

Pepe la cogió en sus brazos antes de que cayera al suelo y se quedó mirándola.

Cuando paró de reír, tomó al pez por la cola y la lanzó de nuevo al mar igual que un boomerang, girando sobre su cabeza para marearla. El resto de la bandada dejó inmediatamente de dar saltitos y se dirigió mar adentro escoltando a su jefa de filas, quien por fin nadó en línea recta con el respeto debido, junto a las tablas de la barca de Pepe, que, despacio, se fue a beber su primer vaso de vino como pescador jubilado. Tenía muchas historias que contar, pero la de ayer se la guardaría para él.

lunes, 25 de abril de 2011

Querida amiga Inma:

Dada la extraordinaria difusión del blog en el que usted participa, nos hacemos eco aquí en Yesland (tierra del yeso para ustedes, no tierra afirmativa, según nuestra magnífica traductora, lady Milagros Powerline) y aprovechamos para ofrecerle el alquiler de un trozo de su espacio virtual para promocionar en él nuestros productos a cambio de un generoso envío mensual en efectivo de siete millones de goñes, nuestra moneda nacional, que al cambio vienen a ser unos sesenta céntimos suyos, tirando por lo bajo. Un lujo, no lo dude.

Aún siendo capaz de aislarse de nuestra fabulosa oferta, le hacemos ver la calidad y utilidad de nuestros productos, resultado de los últimos avances de la más alta tecnología, lógico si se tiene en cuenta la posición innovadora que produce nuestra inversión en investigación (con más de dos millones de goñes gastados en lo que va de siglo XXI).

¿Y por qué porras, dirá usted, se decidiría alguien a elegirnos dejando de lado los de otras empresas mierdosas? ¿en qué sacamos tanta ventajas a otras, tan clásicas ellas? Aquí se lo expongo:

Una vez roto o luxado algo con hueso en el cuerpo, nosotros vamos al fundamento y ponemos a trabajar a un médico que sabe lo que hace. Incluso le pagamos en dólares si vemos que no es tonto. Y el médico coge y fabrica en plastigoma una pieza pequeña nada aparatosa que envuelve y protege la zona dañada sin la menor estridencia visual, dado lo transparente del material y gran adaptabilidad del mismo.

Digamos que, siendo ésta la parte seria, no es la que nos hace ganar dinero. Al contrario. Pero agárrese a la nariz de un familiar o algo bien sólido para leer lo que en realidad ha dado medallas y medallas en las ferias de innovación a nuestra empresa:

El Periyés, o (según lady Milagros) lo “que rodea al yeso”. Consiste en una cubierta móvil, cambiable, lavable, flexible, modificable, con variante de temperaturas, quitaponible, que –es lo mejor que tiene- encaja con la parte médico-fija al milímetro, con la precisión de un dedo en el túnel póstumo.

Piense en sus visitas al teatro, palco arriba a la derecha: eclipsará usted con su funda rojo violento a las querindongas de los ministros, tanto vestido rojo amapola y flores en las gafas. Las anulará usted, a sabiendas de que, en cualquier entreacto, puede usted volver del bareto con un intensísimo verde sobre su pierna o tobillo, mientras ellas seguirán envueltas por el aburrido carmesí de su traje, sin otra opción que el despelote o un impermeable.

Piense en la sutil funda para el móvil que incluye nuestro dispositivo.

No lo dude y aproveche nuestra promoción con motivo de la maravillosa fiesta universal de primavera que celebran ustedes en Sevilla: recibirá dos modelos, uno con fondo rojo y lunares blancos y el otro con lunares blancos sobre un fondo rojo, para variar. Por supuesto, será sin coste alguno por su parte y con un período de prueba elegido por usted, quedando a la espera de sus comentarios, de los cuales nuestros técnicos sacarán siempre provecho porque así trabajan menos.

Sin más, reciba un cordial saludo.

Fdo.: Andrés Cayo Lablanca, vicepresidente ejecutivo de Salud&Eso.

sábado, 23 de abril de 2011

PARA LA NIÑA INMA

La niña Inma ha tenido
un percance inesperado:
metió el pie en un agujero
y el tobillo se ha quebrado.
Y con este contratiempo
niña Inma está sentada,
pues la pierna salerosa
ha de tenerla enyesada.
Pero anímate chiquilla
los días pasan volando
y en menos que un gallo cante
ya podrás estar bailando,
espero no disgustarte
con este informal poema
sólo quiero que te animes
y te pongas pronto buena.
Me gustaría visitarte,
si no te causa molestia,
señálame día y hora
y allí estaré tan contenta.
Entre tanto, te deseo
un feliz fin de semana
aunque estés en casa quieta,
un beso y hasta mañana.

miércoles, 20 de abril de 2011

PARA INMA Y SU ESCAYOLA

Querida Inma: me alegra el buen humor con el que llevas tu pesada carga de escayola es encomiable y te felicito por ello. Las sugerencias que te hacen sobre como deberías salir de paseo en estos días de semana santa para ver las cofradías (si la lluvia las deja, claro), me parecen buenísimas todas, sobre todo es genial la de llevarte entre unos mozos bien forzudos a la silleta del niño Jesús, cosa que en estos días de fervor y recato iría muy bien. Ya me dirás qué te parece la sugerencia. Entre tanto, recibe un abrazo con cariño de Paquita.

Respuesta a la misiva anterior

Queridísimas amigas de la fundación:
Si lugar a dudas, habéis aportado esa chispa de luz a la problemática planteada. El recurso del par de yernos modelos “armarios empotrados” lo dispongo, pero aún no les he sabido sacar partido. ¡Es genial! Si le sumamos un marido y un cuñado con ganas de desfogarse, ya que alguno suele salir a correr por la ciudad y el otro continúa planteándose si la cuota de gimnasio le permite usarlo, pues podría salir con el artilugio sugerido. En el Alcázar no creo que me presten “el palanquín” o “calesa”. En las cofradías, que son más solidarios, igual me prestan el paso, y si además fuese el de “la cena”, de camino podría invitar a los amiguetes a un ágape, mientras los cuatro susodichos hacen su propia penitencia. Como además dispongo de forasteros estos días podrían acompañar con algo de música, más que nada por no desentonar y aportar ritmo (ya que no han entrenado), e ir abriendo paso por el centro de la ciudad. Y si los cofrades no cedieran, como lo importante ha sido la idea, podré recurrir al transportín modelo “Mcgiver”, que para eso tengo un hermano “la mar de apañao” , y seguro que es capaz de crear algo digno con el baúl de la abuela y la sombrilla playera-dominguera (con cortinilla roja, eso sí). En fin que manos a la obra. El perrito os lo agradecerá con algún lengüetazo extra, y yo, no tengo palabras. Nos vemos por la catedral. Gracias por vuestra aportación y un montón de besos a toooooodas y todos (que igual hay alguno por ahí).
La Inmavilizada.

Queridísima amiga Inmavilizada:


Te escribimos desde la Fundación Siempreapie, para solidarizarnos con tu caso. Y con el perro.

Hemos leído unas cuatrocientas veces tu post y, gracias a la aportación de la Calculadora Sumamás del Instituto Tecnológico de Carmona, hemos calculado para ti el 17,5%: porcentaje de convalecencia que llevas acumulado en tu séptimo de parada/día. Como el general Custer. Cuando la secretaria Hortensi Bermellón ha querido calcular su promedio de rapapolvos maritales, han salido chispas de la máquina y hemos terminado esta carta en el jardín, ilesas todas y sin chamuscar.

Comprendemos tu caso.

Aquí la que más la que menos, se ha roto hasta la funda de las gafas en caídas diversas y creativas, que incluyen el perfil, perfil con voltereta previa, sobre los hombros e incluso sobre los hombres, acercándonos algo a las ideas masculinas gracias a los inevitables cabezazos. Es decir, tenemos experiencias chocantes.

Salir o no salir, esa es la cuestión. El perro, intranquilo, trata de recordarte su rutina, maravillosa y saludable, donde el aire de Sevilla daba vida y desahogo para el resto del día. Que alguien te hinche globos cerca de la Catedral y suéltaselos en plena cara en el centro del salón. Algo habrá recuperado.

Y, para ti, el palanquín. No me digas que no cuentas entre tus amistades y yernos con algún buen par de robustos mozos para que te trasladen al más glorioso estilo Carlos V por las calles de Sevilla. Si no existieren tales entre tu círculo íntimo de conocidos, llama a cualquier cuadrilla de costaleros, y solicita tarifa plana para disponer de los que por culpa de la lluvia estén notando deshincharse la musculatura cervical y dorsal.

Piensa en la cantidad de gente que se acercará a tu grácil medio de transporte y a la que tú, cuando menos se lo piensen, ¡zas!, descorrerás la cortinilla (granate pasión, pura tela de colcha) y le soltarás una pequeña toba en la nariz junto a un puñado de caramelos. Serás la sensación de la Semana Grande Hispalense.

Ojo con los semáforos, pues debes atenerte a las más estrictas normas de las leyes viales y aquí no sabe nadie cómo catalogarte dentro de tu sillita forrada de cojines con Wifi.

Nada de papirotazos con el que va delante si te mece en demasía: piensa que dicho vaivén iba destinado a un paso lleno de tradición en su mágico baile de procesión callejera. Si te mareas, llámale la atención discretamente por el móvil.

No dejes que se metan contigo. En sentido literal: que no entre nadie en tu coche sin ruedas, pues el seguro sólo cubre un ocupante en este medio de locomoción. Como mucho, deja entrar de vez en cuando al perro, para que descanse y te traiga la alegría del pavimento.

En habiendo respondido a tu solicitud de sugerencias, nos despedimos de ti.

Recibe un cordial saludo de todas las miembras de esta asociación, siempre pendientes de quienes pisan con garbo.