lunes, 23 de julio de 2012



Paseando por mi Huelva minera...Disfrutando de un precioso atardecer. Un regalo para vosotros, mis amigos de Paraleernos.

viernes, 20 de julio de 2012

Grandes robos de la Historia (1).


1. Paca Belushi, C/Tréboles, 9, 3ºD.

Timbrazo desde el portal al 3º D.
-¿Sí?, ¿quién llama?
-Buenos días. El atracador.
-Ay, pero si no venían ustedes hasta mañana, me lo dijo la señorita, la comercial de las amenazas que nos visitó ayer.
-Señora, en mi albarán pone fecha de hoy. Mire usted su copia, haga el favor.
-Momentito, que vuelvo.
Docena de minutos.
-Ay pues mire, se ve borroso. No sé qué decirle, porque tengo las gafas quitadas.
-Señora, que tengo la furgo tuneada en medio de la acera, molestando a los vecinos, que luego bien que os quejáis a mi padre, el concejal de urbanismo y zanjas.
-Mira, tú sube, que ya veremos, muchacho. ¿Te voy preparando un cafelito, un zumo quizás?
-La verdad es que se lo agradezco, pero ahora, con la bulla de correr, que si me tropiezo, y luego con la policía persiguiéndome inútilmente, no vaya a sentarme mal. Como si lo hubiera tomado. Por cierto, déle usted de nuevo al pinganillo, que no se abre.
-Ahí va. ¿Ya está?
-Voy parriba. Prepare usted cara de susto, que luego en la foto prevalece la impresión de la recién levantada y el vecindario os pone de dejadas y arrugaditas.
-Hijo, te repito e insisto que yo tenía esto para mañana, antes de la comida y una hora estupenda. Pero tú sube, gañán, a ver si entre los dos resolvemos con gracia y acierto.
Llamada a la puerta. Abre un vecino rascándose exactamente allí, en la puerta, con las dos manos. Termina de bostezar –dos minutos justos- y más o menos se le entiende:
-Yo tengo un certificado de insolvente válido para trece años. Así que largo de aquí.
-Usted perdone; con las prisas y la penumbra me he equivocado.
Llamada al 3ºD. Abre la señora por fin.
-Ay, hijo, qué despiste. Mira que confundirte.
-Señora, vamos allá, que el tiempo es oro, plata, tarjetas con clave y algo de efectivo  que se suele tener en las casas para los desavíos. Proceda.
-Aquí lo tienes, más o menos en el mismo orden, en exposición en el sofá, pero sin letreritos, como a mí me habría gustado. De hecho, estaba haciendo rotulitos en el Pogüerpoing, para imprimirlos mañana y hacerte una buena presentación.
Llamada telefónica al móvil con sintonía del himno de Thailandia.
-Señora, que somos los del atraco de mañana, que será a eso de las antes de la comida. Para concretar.
-¿Pero qué me dice usted? No me diga nada, tengo que colgar. Llame dentro de unos minutos.
En un pis pas, la señora entra y sale de la cocina con el mango de un mortero de hacer gazpachos para quince. Antes de decir nada protagoniza un solo de bombo en la barriga y riñones del atracante, que apenas acierta a sacar de nuevo la copia y enseñársela, para que no siga ensañándose.
Esta vez la señora se pone las gafas del cerca.
-Tarugo infame, soplaampollas, caratarro, archivapeos… la fecha está bien, pero el número es el seis, ¡el SEIS, jíbaro sin plaza fija! Y tú te has venido al nueve ¡al NUEVE, ladilla de escarabajo! No das ni una. Anda, anda y vete andando, que ya se ha llevado la grúa tu bólido de hojalata.
-Señora, me siento más dolido por sus excepcionales insultos que por sus magníficos palos en mis lomos. Me voy, pero no creo que vuelva.
-A mí aficionados. Anda y que te planchen.
-Buenos días, ssnnñifgg, siñiora, ssnñññifgggg.
Se cierra la puerta y la señora se vuelve al PC, a preparar la exposición de objetos robables para el día siguiente.
Como decía en el contrato. Qué puñetas.

domingo, 15 de julio de 2012

Formación continua.


Genoveva tiene un gancho de izquierda demoledor. En nuestro décimo aniversario, sin embargo, parecía algo lenta, no conservaba el centro. Intuí que la podía tumbar en dos asaltos y me fui a por ella, confiado. Pero me equivoqué, fue sólo –me dijo- un momento de distracción pensando en el vestido para la cena. Ella es hábil, experimentada en salir de la lucha trabada, así que me esperó como el que se resigna y, justo cuando entraba con un salto sobre su cabeza para golpearla con las dos manos, giró y barrió mis pies, los dos, haciéndome caer con la espalda en el suelo, de modo que perdí la respiración. Ahí ella, apartando la bandeja de champán con que nos obsequiaba el hotel, también se confió. Estamos muy seguros de nuestras habilidades y, cuando se tiró literalmente a clavarme el codo en el pecho, pude rodar hacia la derecha, hacia debajo de la cama, y oír el enorme ¡plof! de su cuerpo contra el suelo. De no haber habido alfombra, se habría roto al menos un brazo. Quizá alguna costilla. Mientras se disponía a ordenar las camisas y se recuperaba del impacto, yo ya tenía en mi poder una zapatilla con la que, al salir de debajo de la cama, golpeé su nariz, sin poder evitar recibir un tremendo impacto de su bolso lleno de llaves desordenadas (y mira que se lo digo), que me hizo tambalearme. Mientras caía, alineé mis calcetines en el cajón de arriba por colores, como hacemos en casa, y conseguí un vertiginoso uno/dos sobre su estómago, pero estaba en tensión y lo encajó como una puerta. A cambio, viendo mi guardia baja, mi plexo solar recibió una patada directa, sin defensa, que me tiró hacia atrás. Sólo cuando ya me vi perdido, logré tirarle un almohadón, que por la mañana, al llegar a la habitación, había rellenado con nueces para ejercitarme al amanecer.
Ambos, en el suelo, teníamos dificultades para respirar.
Alertado por el ruido, el camarero, al entrar, nos preguntó qué queríamos para cenar.
-Algo ligero, -dijo ella-. Un poco de pescado al horno con patatas hervidas, por favor, -contestó. Apenas podía hablar.
-Para mí sólo un crepe con algo de jamón, por favor, -añadí. Todo me daba vueltas, como a ella, y escapamos por un pelo de la maza de hierro con que quiso aplastarnos la cabeza. Utilizamos el último depósito de energía para patearle y dejarle inconsciente, lo echamos al pasillo y nos acostamos a descansar.
Cuando nos sentamos en la mesa del restaurante, el chef en persona vino a darnos la enhorabuena por el aniversario. Recibió dos bofetadas simétricas, una en cada cara, que le dimos con precisión milimétrica. En un par de volteretas, se retiró hacia atrás para abrir la botella de Dom Perignon del 52 y servirla fría. Nos sentamos y comenzamos a preparar la defensa: No he visto mejores asesinos para nuestra formación que los cocineros de este hotel. Mejoran cada año. De hecho, en la cocina, se rehacían los planes para atacar de nuevo y acabar con nosotros.
De espaldas hacia la pared, doblamos las servilletas al estilo clásico y brindamos por nuestro futuro. 

lunes, 2 de julio de 2012

Denuncia

El otro día, en una cafetería-bar de copas en Plaza de Cuba, había quedado con unos amigos. Uno de ellos fue al servicio (de caballeros, claro) y se encuentra que en el urinario hay una pegatina de una chica con poca ropa para que se orinen encima,  y  con el calorcillo se quede desnuda. ¿Se puede permitir que tal denigración a la mujer suceda en nuestra ciudad? El dueño alegó que era un poco de broma. ¿Por qué seguimos permitiendo estas actitudes machistas? ¿No debía estar prohibido por ley? Volví a mandar a mi amigo con mi cámara de fotos.Ya de paso entré yo en el de señoras, para ver qué había. Nada. Pues eso.

sábado, 30 de junio de 2012

Grandes batallas de la historia (XXXIV).



Batalla del Tour de Francia 2012.

Primero de julio. 5:00:01.
Patada en la puerta de la delegación del equipo “Fleckosat”, de Bielorrusia.
-¿Pasar quéKonien, para este skandalosovo? ¡Vampirinienski, despiertagenteoff, kabronienko!
-Ah, ¿pero no es aquí lo de la cornamenta del director de la Magna Vuelta con dos pilinguis contratacionadas para la pilladura en directo? Ustedes perdonen, descansen si pueden y olviden, que mañana, en la salida, todo esto les parecerá una chiquillada, una nadería. Pelillos a la mar, tovariches.
Mismo día. 6:00:10. Apertura con empujoncito gracias al patadón de las 5:00:01.
-Que me habíamos dejádonos las cámarafotos en habitatziones vuestras, chavalillos, -dice el de antes, de padre moscovita, recogiendo su equipo y sonriendo hasta desaparecer llevando el material gráfico.
Tercer intento de conciliar el sueño por parte de los ciclistas fleckosateros.
Primero de julio. 6:00:42. Llamada telefónica a la habitación del equipo “Fleckosat”. Lo coge uno de los que se dedican a llevar y traer agua al resto de corredores.
-Si, ¿dígamien?
-Que soy Armanie Floucharde, una de las dos pilinguis contratadas para subir y pillar a un alguien. Que mi prima no ha podido venir porque su marido estaba hoy cariñosón. Y yo me he ofrecido a hacer su trabajo, además del mío. ¿Qué número de habitación ocupa usted para llegarme lo antes posible?
-Aquí no, aquí no, siñiorita fulanova. Pregunte en recepcionenska. Allí recibirá Klarividientes instrucciones sobre dónde y a quién debe usted realizar akrobatzias sexológicas y aparatosas para después profundo chantagonismo. Por nuestra parte, sólo ilutsionarnos dormir algo.
-Oig qué acentuación tan de Estalilingrado Centígrado. Gracias y hasta otro día, kosako.
Mismo día. Antes de amanecer. 6:50:00. Entrada de Girardot Difuá, esposa en directo del director del Tour. Manos en jarras. Pelo rizado sin peinar desde hace décadas. Gritos previos.
-¡Que antes de que os tire a todos por el balcón del último piso, que alguien confiese en qué parte de la habitación que ocupáis como pobretones los quince se han escondido mi marido y las dos señoritas de vida licenciada. Que me entero de todo, bolchechicles, que no soy nada calva!
El único que puede hablar sin que el demonio le clave chinchetas en los ojos, el gregario de antes, responde que todo ha sido un error de GPS. Y GPS, señora.
-¿GPS, dice usted?
-Gracias por salir, siñioria.
Portazo.
Día primero del Tour. Línea de salida.
El equipo bielorruso del “Fleckosat”, algo despistado, toma motocicletas de la policía local y llora con desconsuelo al no encontrar pedales.
Llamadas por móviles. Acuden las madres. Delantales blancos inmaculados y provistas de bandejas repletas de “empanadillevskarnisovas” para sus niños. En un bolsillo, dejan ver espléndidos rodillos macizos de amasar.
El director del Tour las ve venir. Mira a un lado y a otro y manda a su secretario, Laurent Trifonde, a pinchar ruedas. Consigue dejar doscientas sin aire en un tiempo récord y da por pospuesta la salida del Tour para el día siguiente.
El jefe de policía de París decreta un día de silencio absoluto, junto a la imposibilidad de salir de casa ni dar gritos. Ni por teléfono.
Las pilinguis se dedican a actividades que no necesitan conversación.
La esposa del presidente insulta por escrito a su marido durante horas.
Los bielorrusos, dormidos, son llevados a la habitación común para que duerman en sus camas. La imagen dada, sobre un paso de cebra, es de bochorno.
Un sorteo dictamina que el primer análisis de orina y sangre a los corredores se realizará al equipo “Fleckosat”, de Bielorrusia.
A eso de las cinco de la mañana, que no es mala hora.

domingo, 17 de junio de 2012

Paseando por los madriles








Como siempre que viajo o paseo por alguna ciudad o paraje de este precioso mundo en el que vivimos,mi cámara me acompaña y me ayuda para poder compartir con vosotros todo lo vivido, sentido.. ahí os dejo algunos de los detalles captados por ella, esa amiga a la que no estoy dispuesta a renunciar y a la que cada vez me siento más unida. 
Estas imágenes corresponden a mi fin de semana cargado de cariño y emociones en los madriles. Espero que os gusten. 

sábado, 2 de junio de 2012

A mi padre 
         
                                                      Se allanó 
                                                      tu camino y el mío.
                                                      No rodaron lágrimas
                                                      por tus mejillas marchitas
                                                      ni mi corazón
                                                      se aceleró en la noche
                                                      por tu llamada.

                                                      Se allanó
                                                      tu camino y el mío.
                                                     Aprendimos a querernos
                                                     sin reproches, ni obligaciones
                                                     ni exigencias.

                                                     Se allanó 
                                                     tu camino y el mío.
                                                     Y fuimos felices
                                                     mientras caía la noche.

                                                    Y de nuevo el sol,
                                                    con su sonora melodia de fuego
                                                    tiñó el cielo
                                                   y fue entonces
                                                   cuando mis ojos lloraron 
                                                   de rabia y de miedo.

Especies en extinción (1).


El pájaro Hatchyschys, (stornudatus repetitae), capaz de moquear a sus víctimas, gusanos, mosquitas muertas (esas que dicen que no pican, pero vaya que sí) y caracoles desconchados por falta de mantenimiento en la fachada. Este pájaro de cuatro halas (muchos al verlo dicen ¡hala! hasta cuatro veces), natural de la Isla Skalophrios, sufrió un desequilibrio ecológico insuperable cuando el piloto Morgan Zúa dejó caer sobre su isla seis mil cien paquetes grandes de kleenex de doble hoja y fácil apertura, algo para lo que la especie no estaba preparada.

El encargado, (homo confiabilis laborum), normalmente llamado Paco, evolución en el tiempo del niño de los mandados, (mozus per tutto), de nombre inicial Paquito. Persona que sabe dónde se ponen las cosas, cómo se paga algo, el ángulo del coscorrón aplicable al cogote del niño que da patadas a los sacos de patatas o a las modernas básculas electrónicas. Persona que siempre está cuando el jefe nunca está. En los últimos tiempos, esta especie de romántica tradición ha sufrido una invasión de advenedizos trajeados y sonrientes, (pijiyupis corbatilis), que a base de base de datos han conseguido que se pierda la idea de que una empresa es emprender algo, no siempre consistente en presionar. Pacojonarse.

La tita Tati solterona (tati titis sinnovius). De nombre habitual Hortensia, en los últimos muchos años ha mandado exactamente –y con gran precisión- al guano a sus hermanas y, salvo un imprevisto grave, que dichas hermanas cuiden a sus propios hijos. Aunque sigue comprándoles algún que otro regalo y teniendo sus detallitos, ha dejado de llenar el frigorífico a cambio de compañía aburrida en casas ajenas y ha redecorado su pequeño  y coquetón pisito, donde más que menos noches a la semana, con o sin video provocón, se pega unos repasos con el del butano, un tal Josefo (rudus bombonae) que, aunque de conversación limitada, la pone al día en cuestiones varias.

El cura que todo lo cura (reverendus curatoris universi). De doble carrera porque hizo ATS antes de ordenarse sacerdote, ha dejado el doble trabajo y cedido parte de la sacristía al nuevo practicante, de nombre habitual Luis Carlos (pinchatos asepticus), mientras a éste le pintan su consulta. Así, por las tardes, el pater mejora sensiblemente en su partida de dominó gracias al siestazo que se endiña después de comer y el obispo no le reprende por ver un exceso de culos a diario (moderatio traseris vidi, correctus est).

El chori enjuto, (atracator vulgaris), de pantalón embutido, habla lenta y sílabas mal encadenadas, navaja en general sin abrir, nos pedía la bolsa o la vida, después el peluco y hoy un paquete de acciones que coticen en el IBEX 35. Esta especie, que antes tenía tiempo para comentar lo mal que estaba todo, ahora, que todo está mal, sólo piensa en limpiar polvo blanco que se acumula en pequeñas rayitas. NO tiene más aspiraciones, lo que le hace frío y le deshumaniza, llevando su vida y su profesión al más grande de los descréditos. Ni cuenta en los bancos le abren al pobre.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Grandes Batallas de la Historia (XXXIII).


Batalla del convento de Sbajenseya. Chipiona Sur. Nuevas generaciones.

En la antesala, túnel de vestuarios, los nuevos, los aspirantes a monjear durante el resto de su vida. Filas de a cuatro de perfil, con pierna izquierda afeitada en seco y túnica envolviendo  las orejas en su condición de basura humana, de la que, con el tiempo y la dedicación, el sacrificio y la contemplación, evolucionarán hasta alcanzar el nivel de cucaracha despreciable, para mayor gloria del histórico recinto.
El hermano Matildo, cuarto encargado de las finanzas, suele poner para los familiares y asistentes unas tapitas de piñones en salsa de merengue que hace las delicias del vice prior segundo suplente de rezos veraniegos, hermano Seado Flores, que comparte la dentadura con el sub gestor directivo tercero de martirios de los martes, hermano Letinas.
La cuestión más acuciante es, dentro del jolgorio, rellenar bien los impresos. Y aquí surge el primer disgusto:
Al ser preguntado el ya olvidado como ciudadano del mundo y primer aspirante, con nombre civil de Leonardo Plantado, éste responde ¡con las manos en los bolsillos!, tirando por tierra el protocolo. Silencio: se oye una mosca que vuela en la Patagonia.
Surgen de diversas direcciones una docena y media de patadas, empujones sin contabilizar y salivazos en los codos. El único capaz y autorizado para ese palizón, el tercer escribano interino, hermano Ntropo, no se puede controlar y es llevado a rastras hasta la única ventana desde la cual, a pesar de ser una planta baja, es lanzado al vacío, pues el hermano clarinetista en prácticas, Osmon Dongo, senegalés, le ha sacado la cartera a tiempo del chaleco. El todavía Leonardo es atendido en las heridas con aceite fresco de chichinabo, a consecuencia de lo cual vomita unos caracoles que se comió la noche anterior, en su cena de despedida, a la que acudieron su novia titular, su novia de los lunes y sus cuatro chiquillos, dos de ellos con la carrera terminada.
En este momento, donde normalmente se ha alcanzado un nivel aceptable de trabajo administrativo y los piñones sirven para graciosísimos juegos de puntería en los ojos, hace entrada nada más y nada menos que el abad en excedencia, hermano Agnosio de Utrecht, quien ante la ignominiosa escena contemplada se desmaya durante seis segundos y siete décimas, una marca discreta.
Levantado por doce de los limpiacristales con contrato fijo discontinuo y provistos de cubos de agua sucia, los hermanos Gómez, el excedente suspende la sesión de aceptación de novicios para el año en curso y cita de nuevo a todos los presentes sin excepción, para el día siguiente en la planta baja de la fábrica de sedantes Tilatecalm en la acera de enfrente.
-Esto no se había visto nunca aquí. ¿Y si se llega a venir el tercer subsecretario de funciones varias de la Orden?; pues seguro que salíamos en la prensa de sucesos. Tú, Osmon, recoge los piñones. Tú, trae padentro al que habéis tirado tan mal, sin quitar antes la persiana. El resto, a ensayar con rigor una ceremonia de esta categoría. Mañana nos vemos. Jesús, qué sofocón me llevo.
El silencio, de nuevo, reina y siembra quietud y serenidad en el interior del convento. Como sucede desde que se fundó, hace cerca de cuarenta días.

domingo, 27 de mayo de 2012

Recorriendo nuestra ciudad






Hoy he paseado por nuestra ciudad,estaba preciosa y fresquita, cosa que se agradece ya. He recorrido sus calles. He visitado sus iglesias. He escuchado una misa ortodoxa que me ha devuelto la calma...he cruzado los mares y he visitado las Américas. Sevilla está tan bonita como siempre, esperando ser disfrutada. Os invito a ello.