miércoles, 17 de junio de 2009

LEY CON POLÉMICA

Yo no puedo comprender,
porque no encuentro razón
cómo se puede objetar
en tema de educación
y más aun cómo ocurre
con la nueva asignatura
que tan sólo lo que intenta
es formación con mesura.
Que sean respetuosos
con los que no son iguales;
prescindiendo de complejos,
deben tratar como tales
pues no ser discriminados
por sexo ni religión
es uno de los principios
que está en la Constitución.
Repito que no comprendo
el porqué del alboroto,
tranquilícense, señores,
y procedan con cordura
aprovechen la enseñanza
que aporta la asignatura,
porque educar en valores
y respeto a los demás
son para todos principios
que les enrriquecerán.

martes, 16 de junio de 2009

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XIII).

(Con previo perdón por las disculpas a mi querida Inma, por el exceso de longitud. Pero se me ha ido de las manos. Besos)

Batalla Sinfónica de Haipemarkestratt.

 

La megasinfonía a ejecutar, Lerenda Sub Iutatis opus 3, del toledano Visigo Astortia, era de una tonalidad arrebatadora en su obertura. Por ello, el director precisaba de una puesta en escena plena, sin concesiones a una distracción, con los cinco sentidos de cada músico. Con el alma en cada nota. Tras el segundo movimiento, la mayoría de los espectadores se tragaría cualquier cosa. Incluso el resto de la obra.

Pero…

El primer violín salió con la bragueta abierta. Nadie le dijo nada entre bastidores, porque el domingo anterior el muy malage tampoco advirtió a Nati Chaves, la segunda violonchelista, que tenía los zapatos cambiados, acentuando su condición de zamba. Advertido que se lo hubo a gritos la panderetera contralto, el primer violín puso su instrumento, el primer violín, en la boca del barítono bajo, para que se lo aguantara. Pero lo que oyó la panderetera contralto fue sólo el “aguántamelo”. Siendo como era y sigue siendo, prima del barítono bajo, se fue a por el primer violín arremangándose las medias y le soltó un golpe en el estómago, a cambio del impacto de un chicle en un ojo.

A todo esto, los tramoyistas no habían bajado el telón para levantarlo con la función. El público consideró innovadora la escena de teatro experimental previa y aplaudió, aunque con frialdad.

El director, sorprendido por la pasión inicial, levantó las manos invocando a Tokála Toa, el dios más afinado de los cielos, para agradecer su intervención.

Dado que el barítono bajo engullía lentamente el primer violín, su dueño intentó arrebatárselo, pero la panderetera tenía trabajo pendiente y en menos de lo que hace falta para tumbar un novillo y ganar un rodeo le afeitó la nuca.

Ya era hora de reaccionar, pensó la soprano suplente. Llevaba una añugación atascada en la garganta, desde que cien meses atrás la panderetera contralto le impidió debutar como quinta pastora en “Les ordeñateurs”, y saltó como una pantera hacia el peinado de la contralto, que no la vio venir. Más de ochenta horquillas le sacó en pocos minutos. Y algunos pelos.

El coro entonó a pleno pulmón el “¡Desapartheid, please, Desapartheid” del griego Oigalos Paciphistias, pero el barítono alto había sido camionero, y lo era algunos domingos, y no sabía aguantarse ante una buena pelea. En un salto felino, agarró el cierre del sujetador de la soprano suplente, tiró hasta lo que más pudo y lo soltó después sobre la espalda, con toda la mala idea.

Fijándose bien, había cierto orden lógico en las incorporaciones a la gresca: El director, enardecido entre los gritos muy parecidos al texto de la obra, reconocía ajustes de cuentas pendientes. Y lo mejor de todo, los golpes, hasta los cabezazos, sonaban en Sol. Y es que cuando calienta  el Sol…

Llegó el turno del tío del bombo, un hombre también gordo y redondo, que quitó el tapón que tiene el instrumento por el lado y sacó de allí una pala matamoscas. Con ella, sin mediar aviso ni declaración previa, se fue a por el pianista, que en ese momento ya había sacado unas notas renovadoras de su instrumento, contando con que las orejas del barítono alto recibían buena parte de los golpes de teclado. No pudo evitar, en cambio, el impacto de la pala matamoscas sobre la verruga de su frente, algo que había irritado durante diecinueve años al tío del bombo. Esa noche, por fin, se había realizado su máxima fantasía. Además, la verruga se posó, tras su despegue de la frente, en la corbata del director, que, embalado, se desprendió sin querer de la batuta, la cual pudo ser extirpada del muslo del ocupante del segundo palco platea, en una sencilla intervención quirúrgica.

-Pues con las manos dirijo, con las manos me sobra, -relinchó el director, encabritado como un potro alazán desbocado, pleno de pasión, mientras esquivaba a los barítonos rodando por el suelo perseguidos por la panderetera, una verdadera fiera en el uno contra uno.

La tesis de la obra culminaba, no cabía duda, a decibelio puro.

Surgió, como Ángel Pacificador, el trompetista Yasetebelos Escrotenberg: Sus labios clavados en la embocadura representaron la llamada del Apocalipsis, El Juicio Final y la Declaración de la Renta, todo junto.

Recogiendo harapos, monturas de gafas y sin dejar de cantar y tocar en ningún momento, cada componente de la orquesta y coro, con decoro pero sin condecorar, regresó a su lugar.

El director se tragó sin diluir dos de las tres cafinitrinas para el corazón y siguió de pie. En casa, tranquilo, sacrificaría una cabra a Tokála.

El público, aterrorizado, sacaba por Internet entradas para sesiones de doce horas de películas de Disney. Daba igual el precio. Lentamente, buscaba la salida sin volver la espalda.

De un golpe, el telón caía sobre el escenario. La luz se iba y primero el silencio y luego la paz, de alguna manera, volvían al teatro de la villa de Haipemarkestratt. 

sábado, 13 de junio de 2009

BELLA UTOPIA

Qué mundo tan bello
estoy contemplando;
en él no se encuentra
ni maldad ni engaño.
No existe la droga,
tampoco la guerra;
no hay terrorismo
ni hambre, ni miseria.
Las armas de fuego
no tienen cabida;
aquí no se mata,
solamente hay vida.
Vida en los arroyos
de aguas cristalinas,
al no haber productos
que las contaminan.
Bosques muy frondosos
se ven por doquier,
se perfuma el aire
con este vergel.
Sus gentes caminan
firmes y seguras,
no temen a nada,
nada les preocupa.
Viven en un mundo
próspero y feliz
y todos se ayudan
¿Qué pueden pedir?
¿Donde está ese mundo
tan bello y risueño?
!amigos qué pena!
sólo está en mis sueños.

CONCEPTOS (2). EL SISTEMA FINANCIERO.

Al no recibir la nómina en el mes de enero, igual que siempre, a Crispín Gajo le dio por imitar a los grandes bandoleros del siglo… de los bandoleros. Se probó la bufanda y, con el trabuco colgando, empezó una carrera delictiva, eso sí, en ciclomotor de 50 centímetros cúbicos a falta de corceles árabes. A los dos días, por falta de pago, sin moto y en pijama de lunares ya no era lo mismo.

Crispín volvió a su empleo como lijador de esquinas y pensó en pedir un préstamo para ampliar el negocio. Mientras esperaba a ser atendido en un banco leyó en una página, atónito, un magnífico artículo histórico sobre los bancos:

Cualquier negocio de la Edad del Piñonate necesitaba financiación ajena. Los poderosos recibían montañas enormes, descontada la cima como comisión de apertura y los pequeños pobretones se llevaban saquitos de arenisca con un agujerito para descontar los intereses.

Pero la verdadera organización del prestar dinero llegó con los judíos, al mismo tiempo que se organizaban los que no iban a devolverles la pasta y fundaban la ¡Yqueseyó! cuando le requerían el pago; quemaban en la hoguera al prestamista junto con las pólizas de préstamos en mora y su criada mora, que se ponía morado ya que moraba con él. “Mora pro nobis”, solía decir el jodío sin más demora, por más quemado que estuviera.

De no ser por los bancos, mucha gente habría permanecido sin dinero y de pie.

Los Reyes Catastróficos promovían la construcción de portaaviones y botes neumáticos, por si alguien tenía que hacer un viaje muy largo o pasear por el pilón del pueblo y con lo que sacaban alquilando las naves pagaban los plazos mensuales al Banco Molocos, entidad pionera en financiar hospitales psiquiátricos.

Con la expresión ¡va lista si cree que va a cobrar! surge la figura del avalista.

En los años siguientes se dio el ver florecer los bancos, fundándose entre quince y veinte mil diarios en los días malos; en la puerta se estrellaban botellas de champán o perolas de potaje según fueran destinados a financiar un teatro o una pocilga

Llegó a haber tantos bancos, que no había suficiente dinero para guardar algo en las cajas fuertes, turnándose para custodiarlo en días alternos.

Se hizo famoso y alcanzó prestigio el Banco Brando, con foto del famoso actor, que llegó a recuperar algo de lo prestado.

Surgieron como respuesta muchas más entidades financieras:

Las Cajas de Ahorro, entre ellas la Cajajiajajá, cuyos principales clientes eran humoristas y payasos famosos.

Las Cajas Rurales, obligados sus empleados a llevar cayado y pantalón de franelita. A primeros de mes, ponían perros pastores para que no se colara nadie.

Finalmente, surgió para el control el Banco Gidos, que funcionaba con un poquito de aquí, otro de allá, hasta arruinar bancos chicos y rentables situados en un solar precioso y poner allí una tienda de lencería a Cuquita Dencima, conocida lejana del director general.

Tras ver jubilarse a dos generaciones de empleados del banco donde esperaba, Crispín dudó del éxito. Dejó la revista y se fue a otra entidad financiera. 

AGRADEZO, DON MIGUEL.

Harta de cintura ancha,

sin caricias en mis manos,

vi venir al más humano

de los hombres de la Mancha.

Con la mirada perdida

de sueños de libertad,

para quien ser sometida

a su amor sería en verdad

grande voluntad de vida.

 

Venía él acompañado

de un gañán triturapuerros,

pero tan fiel como un perro:

Sin moverse de su lado,

sin gritarle de bellaco

ni perdido, ni poseso,

ni de confundido el seso.

Eran hidalgo muy flaco

y escudero muy obeso.

 

Habían lidiado gigantes

de poder sobresaliente,

y salieron por los aires

tras lucha fiera y valiente

de caballeros andantes,

sin renunciar al donaire.

Tras tantas lides y ententes,

se venían a la venta,

vencidos de mil afrentas

pero sin rendir la frente.

 

Antes de servir el vino

mandé callar la posada:

Sentí que cambió mi sino

al mirarme su mirada.

 

Rocé su barbilla hirsuta,

blanca de sabiduría;

dejó la caballería

y me olvidé de ser puta.

 

No sonó más risa allí

a un caballero perdido.

Dejé el vino sin servido

y lloré cuando le oí

pidiéndome de vivir

toda su vida conmigo.

 

Me prometió, don Miguel,

un amor definitivo.

Y me remitió hasta él:

Miguel, le doy por cumplido.

martes, 9 de junio de 2009

Cuestiones Prácticas (1)

CORRESPONDENCIA.

 

 

Como vuelven las elecciones, se tienen que pintar todos los buzones de correos. Son ganas de tener que abrirlos y sacar las cartas, pero gracias a esta simpática circunstancia rememoro mi tiempo como cartero o personal de Clasificación y Reparto. Sentado en el bordillo, sin miedo al atropello de mis pies, escojo una al azar y leo:

De Carmen Tecata a su 1/2 naranja, Alfonso Papo:

Hoy es tarde cuando te escribo, porque no he llegado antes del centro, donde fui a comprar brevas para enviártelas junto a unos pololos nuevos. Me rondan los viudos y ya, amor, no sé qué decirles. La idea de que volverás (por qué tú vuelves, ¿no?) me consuela de seis a siete menos cuarto. El resto del día, amor, en fin…

Esta carta, se ve perfectamente, es de 1.966. Menos mal que no la recibió Fonsito, porque cuando vinieron aquí los Bitles a cantar, la Carmen se fue con la maquilladora del Ringo.

  De Honorina Peromea a su cuñado, Fermín Otauro:

Guardo tu dentadura como te prometí, pero mi marido me asedia con preguntas a las que ya no sé qué responder. Algunas son fáciles, como el máximo común divisor de números pequeños, pero otras tales como ¿de quién es esta porquería que está junto a mi cepillo de dientes? me agota y me deja cansada. Casi no me depilo. Esto tiene que acabar…

De ésta, que está en tarjeta postal por las prisas, se acordaba nuestro sellador, Cenutrio Tampón, que mató el sello de un tiro en el descanso de la misa de ocho. No sé yo si la dentadura mencionada es la que llevamos usando nosotros como abrelatas tantos años en la fonda.

De Gaspar Turienta a Enriqueta, su hija:

Niña, venga pal pueblo, que bueno está lo bueno: siete años probando lo de camarera en Madrí. No es que tu novio me disguste viniendo todas las tardes a preguntar, pero no duermo la siesta como es debido. Tu madre me dice que dónde has guardado el mantel de flores verdecitas, que le gusta ponerlo cuando vienen las de la asociación de Amas de Casa…”

Esta misiva, escrita junto al pilón una tarde de verano, me inclina a deliberar sobre la emigración, si hacerla con bocadillos o ir comiendo lo que dan en los sitios por los que pasas.

Del párroco Padre Naje, a otro párroco, Padre Nalina:

En celebrando que vos encontréis bien, te cuento la celebración de la célebre misa del 14 del presente. No me corearon los cantos y en la cestilla de la colecta, encontré sólo billetitos de autobús. Te lo pondré clarito: O me mandas feligreses con calderilla los domingos impares para animar a los míos o no vuelven a tus procesiones las niñas de mi pueblo, que sé que les miras las corvas…”

Fue simpático lo de esta carta, porque era la única de aquel día y no la llevé porque me traía más cuenta lo del contrabando de suelas.

El resto resulta una variopinta y rica selección de mensajes, anhelos y sueños, negocios y proyectos de todo tipo, que, leídas, proporciona la más grande y exacta descripción de la historia de un pueblo, pensando que entre la primera que entró en el buzón y la última han pasado cincuenta y dos años.

Por puro sentido de la responsabilidad, las he echado al correo.

 

 

 

lunes, 8 de junio de 2009

Foto: Peneka

A diario se sentaba frente al amplio ventanal. Apoyaba su espalda sobre el respaldo desgastado de la butaca de madera. Se mecía lentamente, acompasando su vaivén a los sones de aquella música lejana que volvía a él como la mar a la orilla. La música le envolvía. Cerraba sus ojos y abría su corazón. Frente a él, el amplio ventanal. Más allá, en el horizonte del atardecer, unos ojos le venían a visitar. Aquellos ojos color miel, aquellas palabras, aquellos recuerdos...
A diario se sentaba frente al amplio ventanal. La música sonaba y le envolvía. El suave vaivén de la butaca le adormecía. La noche llegaba despacio. El cielo, a veces cuajado de estrellas le recordaba que ya, ya era la hora.

domingo, 7 de junio de 2009

Pirata sin mar,bajel, ni tesoro

Vives por el gusto de sentir latir el corazón, existes por el gusto de saber que el suyo de pagará.
Será entonces cuando se dará cuenta, ya demasiado tarde, de que no dejaba que le iluminaran las luces de su vida, que prefirió esconder la cabeza bajo el ala, como cigüeñas que descansan y que con las tuyas marcó un camino a su antojo por envidia, por venganza, por ignorancia hacia el lugar que ella quería. Y caiste como el Príncipe de Egipto y como el Príncipe de Egipto a ti, algo, alguien te sacó de allí.
Entonces, saliste de la oscuridad mientras ella siguió ahí dándose de bruces. Acabarás con su trampa, tal y como acabarás con este texto.
Cuánto te gustaría que dejase de ladrar y que sonriera más pues la sonrisa es para ti la puerta que se abre de un corazón, es la luna en cuarto creciente, es aire que entra por la garganta así como el ladrido es grito ininteligible, es un esfuerzo inútil.
Si supiera que sus silencios ya no te dan miedo, que es entonces cuando tu mente descansa de sus preguntas y vuelve a mostrar ese mundo paralelo donde la pandemia de sus desprecios tienen cura.
Que se guarde las espaldas le aconsejas pues cuando el sol de mediodía no dibuje su contorno en el suelo que se pregunte dónde te has ido. No hallará respuesta. También que se mire al espejo y que lo que verá será su imagen reflejada, no la tuya. Y que se atreva a señalarla tal y como suele hacer. Cuando vea que se apostilla a sí misma será entonces cuando sienta las banderillas ahora clavadas en su corazón.
Bonita e inteligente son las palabras que te definen. Que te diga si encuentra su diccionario, que busque la palabra "vacío" y se encontrará allí mientras cae y tú la miras desde arriba.
Esperas que algún día se canse de cerrar el puño y que, cuando lo abra y en él quiera encontrar tu corazón ahogado, se sorprenda de ver mariposas, miles de ellas que se alejan sin que pueda atraparlas porque están demasiado alto, demasiado alto para ella.
Ahora eres un pirata sin mar, bajel ni tesoro pero cuando pose sus pies fríos y desnudos sobre el quicio de la ventana y se arroje a la nada, entonces tú levantarás el vuelo, te perderás en el horizonte y allá donde llegues serás reina con corona, corcel y castillo.

sábado, 6 de junio de 2009

DESDE OTRO PRISMA


Por favor, deja la mesa quieta. Vas a romper el vaso. Yo sólo quiero que estés serena, que no te enfades. Podemos dialogar tranquilamente. Tú haz que yo pueda leer cada palabra, despacio, sin arrebatos. Entiendo tu rabia, no creas que no, pero yo fui más rápida. Dime, hermanita, ¿sabes quién te mató?

¿Cómo dices? ¿Yo? No. Fue tu marido. No te enfurezcas, hermana. Fue él quien lo hizo. Sí, sí. Y tú lo sabes. Claro que sí; no te equivocas, yo le mandé hacerlo. Es lógico, ¿no? De qué manera íbamos a vivir lo nuestro contigo al lado. Cariño, entiéndelo. Yo estaba antes. Le conocí y le amé antes. Pero, tranquila, por lo demás no te preocupes. Te dejaremos estar aquí, en casa, siempre.

Vale, vale, le cuidaré; bueno le cuidaremos las dos. ¿Me perdonas? Gracias, hermana. Ahora da gusto tenerte así, encima de la mesa, más calmadita.

¿Queeeé? No, no, no, no, no, por favor. ¡Deja esa vela! ¡Ay, las cortinas! ¡La puerta! ¡Déjame salir, por favor! ¡A pesar de todo, yo te quiero! ¡Déjame salir, déjame salir, por favor te lo pido…!

Después de todo, no era para tanto, hermana. Ahora, desde tu mismo lado, le veo incluso vulgar. ¿Le dejamos ahí, o lo traemos con nosotras? Vale, vale. Dejémosle sin las dos. Ahora sí que estaremos infinitamente juntas. Te quiero, hermanita.

Minutos

Absorta y silenciosa lo contemplaba en la distancia por si se movía. Nada. Casi dos horas estuvo mirándolo acurrucada como una niña desde el otro extremo de la habitación, pero aquel zapatillazo había sido definitivo. Justo antes de perder la conciencia entró el médico y le inyectó con premura el antídoto. El enorme escorpión había perdido la batalla.