jueves, 8 de octubre de 2009
EL VIENTO
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Paquita
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domingo, 4 de octubre de 2009
LA HORMA DE SU SANDALIA.
Los dioses estaban muy enfadados con Heracles, el semidiós eternamente enfrentado y ganador de los moradores del Olimpo. Sus trabajos y hazañas ridiculizaban la voluntad de quienes debían ser incontestables.
Heracles se acercaba por el valle; nada parecía detener su camino, y, para ganar tiempo, a Helios se le ocurrió precipitar la noche.
En la madrugada, Hades heló un río y lo pulió con su aliento. Lo sacó de su curso y lo clavó en el valle delante del Monte de los dioses.
Al despertar, Heracles se frotó los ojos. Tenía ante él un hombre con unos brazos como jamás había visto. Hizo ademán de atacarle, pero su oponente era tan rápido como él. Molesto, le ordenó que se apartara en su camino a la residencia de los dioses, donde pensaba reclamar el último trofeo por la mayor de sus hazañas terminada: Recuperar su reflejo y recordar su rostro. El otro no retrocedió, sino que también avanzó, igual que él. Furioso, Heracles lanzó un golpe tras otro, recibiendo en su mano un impacto de la misma fuerza de la de su puño. Finalmente, vio caer en pedazos al enemigo, pero se cansó tanto que decidió descansar otra noche antes de asaltar el Olimpo.
Antes del amanecer, Hades, aguantando la risa, volvió a helar el río y a pulir de nuevo el hielo, volviendo a fabricar un espejo de proporciones colosales. Viendo que Heracles estaba a punto de despertarse, subió al monte, junto al resto de los dioses. Incluso Zeus, el propio padre del héroe, se esforzaba por no soltar la carcajada al verle enfrentarse, una y otra vez, a su propia imagen.
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Gabriel
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jueves, 1 de octubre de 2009
CHOCOLATINAS
Chocolatinas.
Peter Moss jamás se metía sólo en una pelea. Actuaba de espectador y era capaz de comer chocolatinas cuando Los Blancos, el grupo de matones formado por Jack, Steven, Paul y Larry, escogía a alguien para ser la víctima de una paliza.
Peter odiaba a su vecino Lionel, un chico más bajo, pero que nunca se echaba atrás y que más de una vez se había resistido a los abusos de Los Blancos.
Aquel día el colegio y la calle llevaban de un lado a otro el rumor de que Jack y los demás iban a por Lionel.
Peter pidió asistir al espectáculo. Insistió tanto que le permitieron pagar doce dólares por ver la sesión. Todo lo que tenía ahorrado salvo lo gastado en chocolatinas.
En el momento señalado, en el sitio previsto, apareció Lionel y un instante después estaba rodeado por Jack, Steven, Paul y Larry.
Cuando alguien dijo “¡a por él!”, Peter se sentó en un cubo de basura como lo hacía en la cómoda butaca de un cine.
Y al ver que Los Blancos con su jefe Lionel al frente, se le acercaban y repetían “¡a por él!”, dejó caer una chocolatina a medio abrir.
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Para Leernos
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lunes, 28 de septiembre de 2009
A UNOS RECIÉN CASADOS
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Magdalenas y pestiños
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sábado, 26 de septiembre de 2009
SOÑANDO
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jueves, 24 de septiembre de 2009
POR PUNTOS
-Sí, dígame.
…
-Hola, Chana, qué me que cuentas.
…
-Pues sí que volvió el niño; ya lleva una semanita aquí con nosotros.
…
-La verdad, lo va superando el chiquillo. Y es que es un trago, dime tú, Chana, si no.
…
-Pues él iba a lo de Pekinllín, tú sabes, las Ofregadas ésas.
…
-No, no, que lo que tú dices es otra cosa. Lo de los chinos es lo que te digo yo. Y para un poquito, hija, que si no lo cuentas tú y yo me callo…
…
-Ná mujer, que tú sabes cómo me pongo cuando pienso en el disgusto que se llevó la criatura.
…
-Que te calle, Chana, una mihita, a ver si voy a perder el hilo.
…
-Ah que es tu Fonsi. Po dale un beso y que se calle también y te deje oír lo que te cuento.
…
-Pues resulta que él era de atleterismo de correr.
…
-¿Prueba? Él come de tó.
…
-Ah la carrera era de ochocientos mil millones de metros, más o menos. Tres vueltas había que darle al perlímetro. De eso sí me acuerdo, aunque se lo tuve que preguntar a un chino que había por allí y que me lo explicó por gestos.
…
-¿Que si estuve? Vengo de arroz a las tres delicias hasta el frente parietal.
…
-Po ná, que venga a correr y estar de los primeros cuando suena una campana.
…
-Ni iglesias ni ná, Chana, joén, que es la da aviso de la última vuelta.
…
-Pues que justo ahí, se pone un semáforo en la curva final.
…
-Y que mi niño no se ha saltao un semáforo en su vida, Chana. Así lo tengo yo educado desde que empecé a educarlo.
La cosa, por lo visto, se justificó porque el rey de Chanchuria tenía que cruzá pa ve a un pariente y, lo mire por donde lo mire, a un rey se le para el tráfico.
…
-El tercero quedó. Y desde luego, los de la plata y de oro, un alemán alto y rubio que da asco verlo y otro sudamericano rizado y con unas piernas que ni pienso mirar más en la repetición, los dos mirando parabajo. Y te digo más, Chana, los dos con cinco puntos menos en el carnet, porque se lo saltaron en rojo pasión brillante.
…
-Es bonita la medalla. De bronce, bronce, bronce. Se la pongo de posavasos para el cafelito y él se pone mitad contento, mitad no. Según el día.
…
-Po bueno, un beso. Sí, nos vemos en la pescadería. Cógeme número. Adiooooo.
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martes, 22 de septiembre de 2009
Y NO TE VAYAS
Mira mujer, no sé qué hacer,
pero sí sé que te he querido;
y aún sin morir por tu querer
sé que tus besos me han herido.
De forma práctica, este asunto
de la fidelidad, y de no verme
en otras faldas ni perderme,
¿podríamos discutirlo juntos?
Si nunca estás,
si me marchaba,
¿cómo dirás
que te engañaba?
Si de un abrazo y otro más
lanzaste el grito, de un “jamás
te dejaré”,
¿cuándo paraste
a comprobar que no te hablé,
ni te besé, ni me miraste?
Con tu silencio y lo que haces,
tirar tu llave, no venir,
pisar mis flores por herir,
no me amenaces.
…Se me ocurrió una solución
esta mañana,
cuando pasaste de rondón
por mi ventana,
donde esperaba amanecer
para beber café y amarte,
como inventaste tú el beber
cuando me enamoraste:
Perdona si hay que perdonar,
olvida lo que te haga daño,
mira que me morí sin tu mirar;
por mí no pasan ni los años.
Llama a la puerta sin saber
quién te abrirá; sin conocerte
preséntate, eres mi vecina, a ver
si me sorprende sorprenderte.
Pasa hacia dentro, por favor
y siéntate en la mecedora;
apagaré el televisor,
¿quieres que te ponga una copa?
Quizá me pidas una taza,
llena de azúcar o de miel,
e indiques tú donde buscarla;
para que, al dártela, tal vez
tu piel se erice…
y no te vayas.
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sábado, 19 de septiembre de 2009
"Curiosités"
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GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XVIII).
Batalla del baile de clausura del curso 2000/01. Universidad de Pavolonch.
A la entrada se mascaba la tragedia. Ver sonreír a la rectora Paula Tina estremecía la parte del cuerpo más cercana al páncreas, provocando una serie impar de estornudos. Los aspirantes a reina y rey del baile, los tontitos Angelosa Mari Miramar Mota y Borjavier Tanganito, premios de ortografía y coloreado de mapas, lloraron con lágrimas al verla en la puerta. Sólo gracias a la intervención de la jefa de limpieza, Amadora Quintana, la única que le hacía frente, consiguieron llegar hasta la pista de baile. Pero era inevitable que estuvieran allí las dos.
Con los que entraban detrás, se componía la clase A, la de los alumnos buenísimos, guapísimos y elegantísimos que adoraban a Angelosa y Borjavier. Eran los que mejores notas habían sacado en las asignaturas más poliválidas del Distrito, a saber: doblado de servilletas en tres picos, dar azúcar a los caballos, pedir que le cambien la rueda… Eran muy felices casi todos los días del año.
Por la otra puerta, con Jacinto el Chachi y Juanola Pomodora al frente, iban entrando los demás. Los otros. El resto, los de la clase B. Los que habían sacado su título justo a tiempo, antes de que arrancara el camión de la basura. Sus rostros, cuando conseguían tener aspecto humano, daban más miedo que en los días normales. Sus ropas, prohibidas como armas bacteriológicas. Sus modales… ahí estaba otra parte del problema. Sus asignaturas variaban pues ningún profesor les dio clases más de un curso.
Con la prudencia y el temor que establecía la presencia de la rectora a unos y la limpiadora a otros, más un buen tabique en medio, el baile alcanzó los diez minutos sin incidentes, pero alguien dio el soplo de que la rectora y la limpiona se liaron al póker.
A los veinte minutos, los destinados a sustituir a la munición de los carros blindados se habían quedado sin música propia, saltado el tabique, y barrido de la pista a los ñoñis, que se preguntaban qué hacer en caso de no encontrar su pañuelo. O aún peor, encontrarlo muy arrugado.
La invasión daba a los brutos una sensación de poder absoluto frente a los flojis, y se embriagaban de poder. Rompieron flores, abanicos y tacones, se bebieron tres tes y cuatro limonadas y derramaron dos vasitos de chocolate… La victoria parecía definitiva.
Pero la vida da muchas vueltas. Un golpe cúlico de la gran Juanola, al echarse sobre una mesa, puso en marcha el tocadiscos previsto para el baile estelar de los pijifliquis. Y la aguja, feliz de caminar en el surco de un disco de vinilo, puso a sonar “Los suspiritos de tus labios, niña, que sí, que sí”, y a la propia Juanola, junto con el feroz Chachi, se les escapó un baile agarrado con finura, lento y elegante.
Ahí se acabó. Sorprendidos por partidarios y enemigos, los líderes de la vida birriosa perdieron su glamour y los suyos la confianza. El giro que tomó la batalla fue de los grandes: Se cantó “Cielito Lindo” a continuación y, antes de que pudieran huir, dos veces una de Paloma San Basilio, acompañada de palmas y saltitos.
La huida de los feítos fue bochornosa. Los suavicutis rieron, descorcharon batidos y se quedaron hasta las siete y media de la tarde bailando tras dos rondas del juego de la silla.
De los chorras se sabe bien poco, aunque hay quien cuenta que se dispersaron y alguno anda por ahí de alcalde. Jamás volvieron a aparecer por el Campus.
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Gabriel
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sábado, septiembre 19, 2009
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