domingo, 22 de agosto de 2010

CONCIENCIA.

Elmer Romero se bañaba plácidamente en la bahía de Massara, una preciosa cala de aguas limpias y olas mansas. En menos de un segundo, mientras volvía andando a la orilla, se vio atado de pies y manos por una serie de círculos de un material parecido al plástico. Oyó ruido por encima de su cabeza y vio a dos enormes seres extraterrestres que bajaban en vertical por un halo de luz en forma de escalera. En voz alta, uno de ellos, de mayor tamaño, parecía reprochar al otro por algo incorrecto. El más pequeño, al final de la conversación, bajó junto a Elmer y, con facilidad, le liberó de sus anillos y lo lanzó de nuevo al agua.

Al emerger de nuevo, Elmer vio cómo ascendían hacia una nave de visión difusa pero cierta, y, antes de cerrar la escotilla, el de mayor tamaño le hacía una leve carantoña al menor, que tomó un recipiente del que comenzó a beber con una pajita. Instantes después, la nave salió disparada al infinito, dejando atrás un mínimo reguero de finísimo polvo cósmico.

Una vez en tierra y mucho más tranquilo, Elmer vio bajar a un grupo de excursionistas a la cala. Traían gritos, música y muchas bebidas. Se sentó un rato cerca de ellos y, en cuanto uno de los más jóvenes desató un paquete de seis refrescos de su soporte plástico en forma de círculos, se acercó, le apuntó a los ojos con un puñado de arena y le dijo:

-Esta playa es demasiado pequeña para los dos… -pues comenzó al más puro estilo Clint Eastwood, para terminar diciendo:

-Por favor, liberad todas las latas, romped los anillos de los soportes de sus cómodos packs y entregádmelos. Yo mismo me encargaré de que vayan al contenedor de plásticos y envases, aquí cerca, y así no lleguen al mar.

Mientras los jóvenes se aplicaban con sencillez a la tarea, de la mano derecha de Elmer caía un reguero de finísima arena.

lunes, 16 de agosto de 2010

OPORTO AL ATARDECER

CÁLIDO, MÁGICO Y CON REGUSTO A VINO Y A SAL.


jueves, 5 de agosto de 2010

DISCRECIÓN.

»Sshhh lector, no leas esta nota en voz alta. Estoy escondido en una madriguera de ciento sesenta metros cuadrados, cinco habitaciones, dos baños completos, aseo, cocina, salón y trastero, susurrando para que alguien, espero que tú, venga a salvarme. Y que lo haga pronto. Arriba, en la planta principal, me busca la totalidad de mi familia política, aliada con la mía propia, endomingados hasta las cejas, para llevarme a una comunión.

No sé cuánto podré aguantar. Nunca he hablado de este pequeño escondite fabricado bajo la casa, no tiene registro legal, nadie salvo yo conoce sus planos, excepto claro está los arquitectos que viven en la planta de abajo, la menos dos, necesarios para guardar el secreto de la planta menos tres, donde tengo el negociete de la destiladora clandestina.… son gente muy poco sociable, y no se llevan bien con los del tugurio de apuestas, los de la planta menos cinco. En la menos cuatro no me atrevo a entrar, porque los de esa secta son rarísimos, aunque pagan puntualmente el alquiler… Te espero, lector y salvador, por la puerta 12, la que tiene al lado una cabina telefónica de color rojo inglés. No me falles.»

-Mamá, hemos encontrado esta botella en el estanque, atascada por el yate. Ya iba camino de la salida de la urbanización.

-Dame, dámela… ¿Será cabestro? ¿Pues no cobra un alquiler por los de la Ciencia Indeleble y yo no he visto un céntimo? Vámonos, que el cura no espera para repartir hostias. Ni siquiera las consagradas. Y ni una palabra de la explotación de marihuana de la azotea, ¿entendido?

-Sí, mami.

-Ni aunque sea su cumpleaños se lo vamos a contar. Y en cuanto estemos junto a la verja, lanza los botes de humo y suelta a los perros. Arranque, Jorge.

sábado, 31 de julio de 2010

Baño de mar

Junto a la orilla
la brisa me susurra, el mar me invita
una ola en los pies me hace cosquillas
me ha besado.
Está muy fría, no me lo pienso
camino sin titubear hacia el mar inmenso.
Conforme avanzo, rompe el mar en mi cintura
me está cantando.
Y me zambullo, me mimetizo en él
me diluyo.
Nado , nado hacia el horizonte
contemplo el cielo
El mar contento me está meciendo
yo, me dejo
soy un elemento más, lejos del tiempo.
De nuevo nado y me zambullo
buscando en el fondo
reflejos tuyos.
En un espejismo me envuelves de repente,
estamos juntos unidos para siempre
dos en uno.
Y toco el fondo. De nuevo a solas,
rodeada por los peces que ahora me rozan.
Emerjo, aspiro hondo
llenando de aire fresco todos mis poros.
Y me zambullo, me dejo al pairo
sintiendo el agua y el aire
mis mejillas acariciando.
El mar alegre me está meciendo,
yo, me dejo.
Se pone el sol, tiñendo todo de rojo anaranjado
le digo adiós.
Regreso a casa
mi piel, dorada, salobres los labios
y en la mirada
un trocito de tu cielo siempre me acompaña.

jueves, 29 de julio de 2010

SIN PALABRAS.

Sin palabras.

El niño de bucles dorados, mejillas de manzana recién cogida y dientes como perlas, Arturito, fue elegido por su augusto padre para transportar un libro de poemas, recién encuadernado, desde la librería de Maese Portafol hasta la casa paterna, la Hacienda Llama del Alma, para ser leído durante la fiesta de cumpleaños de la madre.

-Pon todo el cuidado en no dejar caer el libro, hijo mío, -le dijo el padre ajustándole el lacito azul al cuello, pues se trataba de un ejemplar muy delicado (el libro).

El niño no completó el encargo pues, sin perder aún la sonrisa de querubín, tropezó con su propio pie al entregar el libro con un gracioso saltito de baile y lo dejó caer sonando como un mundo que estalla al chocar contra el suelo.

Las manos de Maese Portafol para fijar letras al imprimir ya no eran las de su juventud y, dentro del libro, tras el cataclismo, las noticias eran aterradoras: ruido de correctores gráficos desesperados, párrafos enteros destruidos, signos admirativos e interrogantes sin sentido, destrozados o impares, guiones perdidos en renglones cortados por la riada de tinta aún fresca, miles de palabras sin página a donde ir, versos en rima malsonante…

El resto de los libros de la biblioteca de la casa, por solidaridad, se lanzó desde las altas estanterías a un suicidio colectivo haciendo de la alfombra un mar de tinta oscura y sin brillo.

Las historias contadas desde entonces en la mansión contendrían el caos y la desgana, la desidia en los manuales de medicina, la pereza en la arquitectura, la ausencia de música en los poemas…

Uno de los volúmenes preferidos por el jefe de la casa, Cómo educar en armonía a su hijito querido, se quedó vacío en el acto. Al recogerlo del suelo y ver una página tras otra en blanco, el padre lo cerró despacio: se había quedado sin palabras. Se volvió y le soltó dos sonoras bofetadas a su hijo, tan lindo, tan gracioso. Y tan capullo.

lunes, 26 de julio de 2010

ABUELO, ¿POR QUÉ BRILLA AQUELLA ESTRELLA?

Hoy me he levantado y cuál ha sido mi sorpresa al descubrir que es el día de los abuelos. Estaba en el patio, bajo el olivo que me ha visto crecer, soñar, imaginar y espero que también madurar. Junto a él, recuerdo como me gustaba contemplar a mi abuela mientras se cepillaba el pelo, blanco y suave, que luego recogía en una trenza con la que se hacía un moño bajo. También era allí, donde mi abuelo se dejaba peinar por mí y yo me dejaba envolver por las historias que me contaba sin prisas, con su voz cálida y serena.
Recuerdo como contaba los días para venir a pasar las vacaciones con ellos. Aquí, en el pueblo, pasaba el verano sin más preocupación que jugar y ser feliz. ¡Y cómo fui feliz aquí! ¡Cuánto cariño me dieron! Nos sentábamos a cenar bajo el olivo, y también bajo un cielo cargado de estrellas. Después, recuerdo que nos salíamos a la calle a tomar el fresco y charlar con los vecinos, y fue ahí, donde mi abuelo me enseñó a mirar a las estrellas. Él me señalaba el firmamento con su dedo huesudo y arrugado, y yo me dejaba guiar y buscaba la estrella que me marcaba. “Abuelo, ¿por qué brilla aquella estrella?” y mientras me miraba con sus ojillos negros me decía “mira, mira, ¿no ves a unos enanitos que cuidan la candela?”, y yo miraba y miraba, y no dejaba de mirar. “¡Sí, sí, los veo, los veo!”. El reía y abrazados reíamos los dos.
Hoy, cuando ya hace tiempo que se fueron, miro al cielo y aún veo a los enanitos alrededor de la candela y entre ellos a mis abuelos.
¡Qué afortunada fui teniéndolos! ¡Cuánto amor me dieron!

sábado, 24 de julio de 2010

Experimentos (3).

Sobre deslizamientos.

Juicio por presunto adorno protuberante frontal-parietal estilo padre de Bambi. Móstoles. Pruebas periciales realizadas con los implicados y en directo.

Se deben tener dispuestos los siguientes materiales:

1) Losas recién fregadas con lejía neutra después de lijarlas bien.

2) Dos o tres ladrones hábiles y experimentados.

3) Pastillas para suavizar muchísimo la garganta.

4) Varios toboganes unidos y untados de aceite suave de coco.

Objeto del experimento: Intentar que la mujer que ha tenido un desliz lo explique y se archive su causa sin causar más quebrantos que algún que otro tropiezo marital con los marcos de las puertas.

Preparación y desarrollo del experimento.

Habla el dueño del presunto tendedero ambulante.

-Katty, cabrona, ¿tú me la pegao con er de lah patillah grandeh, er Seba?, es decsir, ¿tú ha tenío un deslí a lo largo de las setenta y do horah que lleva en vigó nuestro contrato maridional? Te pregunto má que ná por saberlo.

Habla la presunta instaladora de la antena portátil.

-Mira, Dioni, no te puedo hablá bien con esta ronquera rasposa (¡aplíquese inmediatamente el punto 3) y no dejar de acosar!).

-Pues, ejem, ejem, uicht, qué bien hablo ahora, cuánta suavidad…Yo ya tú sabes que lo mío es deslizarme cantando coplas mientras friego y pulo el suelo (¡aportar con rapidez la prueba 1) y comparar las losas perfectas, de laboratorio, con las del suelo de la cocina, llenas de mierda pringosa. Desarbolar, desarbolar es el método!).

-Ay, miratú. Que seguro que la Nati, la denfrente, te ha dicho algo de si entraron hombres aquí, por la ventana, y yo salí rápido para protegerme a casa del Seba. Pues puede ser, pero el tiempo justo de desatribularme. (Aplicar testimonios del punto 2), para que demuestren y digan “Señora, es imposible entrar por esas ventanitas” y la dejen muerta: ella salió por la puerta, medio en pelotas y andando, como dice la Nati, que también es muy suave y hay que meterla en el experimento).

-Pues la cosa, en resumen, era la de irme a la piscina un ratito a mojarme los dos pies. Si te refieres al ratito ese de charla con el Sebas, tú me dirás qué desliz es ese, ayporfavó. (Aplíquese con rapidez el punto 4) y láncese a la implicada por los toboganes en él, comprobando que las prendas del bikini se quedan prendidas en las curvas de ajuste y se llega en completa exposición dermatológica al final del tramo, desembocando con suavidad en la misma puerta de la casa del Sebas).

La demostración es evidente y el jurado tira a la Katty cáscaras de frutos secos.

La Katty se desmorona, se levanta y resbala una vez más, esta vez en el parquet.

La vida sigue.

La ciencia triunfa.

martes, 20 de julio de 2010

El cubito de playa (poema infantil)

Mientras jugaba en la orilla
pude ver
a una gaviota en picado
que iba a coger un pez.
El pececito plateado,
como había bajamar,
saltó dentro de mi cubo
para intentarse ocultar.
Lo tapé con mis dos manos,
hasta que la vi marchar
y el pececito, contento,
no dejaba de saltar.
Un camarón envidioso
en el cubo se metió
y un cangrejo oportunista
por la palita trepó.
Al poco rato tenía:
Un caballito de mar
una estrella, un ermitaño,
gambitas y un calamar.
Todos jugando a la rueda,
esperando la pleamar.
Cuando la marea subió,
los liberé en los corrales
Y me dijeron ¡adiós!

lunes, 19 de julio de 2010

Experimentos (2).

Psicología inversa.

Para que mi mujer no se pusiera el abrigo de cuadros morados con flecos de plastilina, pensé que nada mejor que la psicología inversa, otra vez de moda.

Le dije:

-Emiliana, por favor, haz el favor de favorecerme y ponte a la voz de ¡ya mismo o después! ese abriguito tan mono que no llega ni a los seis kilos de peso.

Ella, sibilina, estaba loca porque yo llevara mi corbata de madera y sílex incrustado, en tonos cobalto. Y va y me dice:

-Olegario, yo no me pongo lo contrario de lo que no quieres que lleve encima del chándal si tú accedes a no ponerte nada bajo el pijama que no se parezca a lo contrario de esa corbata.

Ella, en Navidades, juró que terminaría el libro “Piénsese usted mismo” antes que yo. Y lo consiguió la zihaputa. Yo, torpón, me había quedado en el capítulo seis de un total de ciento ocho.

Salimos los dos a cenar vestidos de buzo. Lo de siempre.

viernes, 16 de julio de 2010

Experimentos (1).

FÍSICA VACILONA.

Antes mismo de ponerse la bata, ajustarse la ropa interior. Siempre será mejor recibir al ministro de Investigación con pinta de almacenero que en gayumbos o tángales varios.

Una vez presentable el personal del laboratorio, coger la primera probeta, desprevenida, y llenarla de chicle batido. Aprovechar el estornudo de la estudiante más aventajada y batir de nuevo la mezcla, hasta que alguien diga basta.

Dejar reposar.

En una rampa inclinada algo menos de cincuenta y cinco mil grados de elevación, poner varias gallinas semi drogadas y desnudas. Poco a poco, ir poniendo música variada pero con mucha tralla metálica, hasta el toque Van Halen. A continuación, leerles, de sopetón, un proyecto de ley. Hará que se queden heladas.

Dejar reposar.

Con un cronómetro, medir la velocidad media de paso de cada gallina, descalza, por la tabla entera una vez que esta se ha impregnado del contenido de la primera probeta.

Sacar la media aritmética tras la realización de cien pruebas justas.

Comparar con el número π.

Quedarse maravillado al comprobar que tienen las ciento cincuenta mil primeras cifras iguales.

Para que luego digan que las subvenciones son tirar el dinero.