martes, 1 de marzo de 2011
Y FUERON FELICES Y... II
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Isa
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martes, marzo 01, 2011
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quenosleen
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REENCARGO.
-Buenos días, ¿don Armacio Conlaberta?
-Soylo, joven, dígame en qué estúpido asunto puedo atenderle, asistirle, asesorarle o al menos consolarle.
-Se trata de darle una paliza según un encargo recibido en nuestra agencia Pegones, realizado por su sobrina Enriqueta Pardo Conlaberta, en virtud de un feo que usted le ha hecho en una fiesta reciente.
-Sí que me acuerdo, sí. Se trata de penalizar una forma absurda de beber el ponche, en cuclillas y a cucharadas, que, en virtud de ser de los más antiguos de la familia Conlaberta, le recriminé ante los presentes, llamando la atención incluso de los dormidos. Como colofón, le metí la cabeza en la fuente de la bebida dulce, produciendo una bajada inmediata de su peinado, sustentado en una permanente inaceptable de unos seis kilos de horquillas.
-Agradezco su explicación, amable viejo repugnante, pero el ratito de esparcimiento no le va a librar de una buena somanta.
-La verdad es que no sólo tenía que intentarlo, sino que con el relato de los hechos, como en las películas, he ganado el tiempo suficiente como para que mi querida esposa, Samarcanda Benítez, le haya amarrado a la silla de forma suave pero firme, de tal modo que usted no le va a dar palos aquí a nadie. Tampoco podrá rascarse la nariz, ni tomar notas. Esto se lo digo para que desista y no se desespere.
-Menudo pájaro pícaro pérfido.
-No haga usted más esfuerzos destinados a soltar sus amarras, joven idiota. Tenga en cuenta que el modelo de atadura es de los que refuerzan los nudos ante los intentos de zafarse.
-Pues es verdad. Procedo a relajar mis músculos y limitarme al recuerdo de sus antepasados cubiertos de deposiciones.
-Resumamos. Usted está perdido y sin opciones. La única forma de salir del paso es convertirme en su cliente y modificar ligeramente el objetivo de su trabajo.
-O sea, devolverle el dinero y los palos a la ordenante, doña Enriqueta.
-No tienen por qué ser ambas cosas. Basta con la zurra.
-¿Dónde hay que firmar?
-Qué listos son los pegones a sueldo. No voy a soltarle para que firme –le pellizca un moflete- pero sí que le voy a inyectar vía intramuscular (le pincha e inocula, en efecto) un pequeño chip prodigioso que le hará sentir calambres de tipo central nuclear si no cumple con su contrato verbal recién firmado conmigo. Además, si trata de agredirme en un futuro, echará usted un millón de chispas al minuto por cada una de sus orejas. Mire, mire qué control remoto de última generación (el amarrado se estremece, grita y aún amarrado da un saltito de dos metros al pulsar Armacio el botón).
-Vaya por Dios que si le creo, viejo vetusto y sabio.
-Así son las cosas, joven imprudente y con cara de buzón de correos. Ande, coja su estaca y márchese a darle curso a mi petición.
-Buenos días.
-Buenos días.
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Gabriel
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domingo, 27 de febrero de 2011
PUESTA DE SOL EN ALCALÁ
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Isa
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martes, 22 de febrero de 2011
Y FUERON FELICES Y...
Hoy día sigue despejando la leyenda errónea que la persigue, y va siempre a sus ruedas de prensa, de la mano de una joven con bucles tan brillantes como los suyos, aunque de un precioso tono cobrizo; los mismos que rozaron su cara, al despertar por segunda vez, del letargo de varios siglos. Nunca esperar le había merecido tanto la pena.
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Isa
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lunes, 21 de febrero de 2011
OS REGALO UN SUEÑO...
Ya que no puedo ofreceros otra cosa, aquí os dejo mis últimas fotos, tomadas con cariño y mientras disfrutaba de un precioso paseito mañanero.
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Peneka
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jueves, 17 de febrero de 2011
INCIVISMO.
En el Teatro Rellano, la gran concejal Ambrosia Pitares, su marido, actual ministro de Plantas Bajas, y la suegra de ambos, expectoraron a contratiempo, contrapunto y contra la pared, al faltarles el aliento. Se levantaron a saludar e intercambiaron pastillas de menta con los palcos contiguos, quienes le dedicaron golpes de tos en estéreo, con lágrimas en los ojos.
En el patio de butacas, una enorme y enjoyada mujer, de pecho firme pero grácil en su vibrar, estornudaba a pañuelo descubierto esgrimiendo un jarabe sin codeína, un simple edulcorante… a capella.
En pleno carraspeo generalizado, desde el foso, como si estuviera en su propia casa, un integrante de la orquesta interrumpió con un par de notas al piano. Se le invitó a abandonar el foso y salió cabizbajo del teatro. Hay quienes no sabe uno dónde aprenden educación.
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Gabriel
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miércoles, 16 de febrero de 2011
Preludio de primavera
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inma
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GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XXIX).
Batalla de las brujas de Salem.
Prólogo.
Salem, año 1694. La bruja Antonia Purrusalda anda enrrabietada por unas verrugas que le han salido en las muelas, producto de un sortilegio de su cuñada Marta Providence, a quien previamente pobló –y rizó- casi todas las cejas en plena discusión sobre la cocción de los nabos. Al hablar Antonia, muchas de las expresiones más sencillas se le traban y se atascan sus conversaciones:
-Hiabuta, ve zi me gita eta mardizión, ge tengo ge gantá en el goro ta noshie.
Maria Providence, entre espasmos de risa, en lugar de eliminar su conjuro, le endiña en el parietal izquierdo con una pala amarilla de amasar empanadas. Antonia agoniza, no digo que no, pero en los minutos de descuento lanza una maldición de doce páginas. En uno de los capítulos más fuertes prohíbe la fritura del tomate durante décadas. Después, se muere.
La maldición prescribe, por fin, el dos de enero de 2011. De hecho, mi cuñado italiano le pega con ansia al huevo frito bañado en pomodoro. Y no pasa nada, pero…
Salem, tiempo actual.
Fiesta/Aquelarre en casa de los Martínez Peebody, magnates del negocio de las teclas para piano. Nombre de soltera de la anfitriona: Begoña… ¡Providence!
Algunos de los invitados:
- Tulia Buitrago, desaparecedora. En su haber, ayudar a perder de vista unas cortinas horribles en el palacio de Buckingham, la única vez que fue invitada por error.
- Dos fabricantes del elixir del amor, la vinagra, a base de muchas uvas dejadas a pudrir durante mucho tiempo. Entre ellas, Chachanita Fuentes, oriunda cubana acostumbrada a cobrar por adelantado a los adelantados que quieren trincar pareja antes que nadie.
- Y Juana Maite… ¡Purrusalda!, muchotaratatarabiznieta de Antonia, cuya entrada produce un silencio frío, ominoso, espeso y opresivo entre los presentes.
Pasados cuatro días de mirarse Juana Maite y Begoña con grandes dosis de chulería, el mayordomo retira los aperitivos pochos junto a las bebidas calentorras.
Antes de pensar siquiera en meterse juntas en el comedor, las dos proceden a lanzarse conjuros, hechizos, maldiciones y rayos con trueno doble. Sin avisar, sin necesidad de un desafío previo ni publicación en algún semanario o revista especializada.
Los demás tienen hambre, pero no se meten en nada, razón por la cual el autor pide disculpas al comprensivo lector, dado que su simple mención sin peso en la trama contraviene las más elementales nociones de construcción de un personaje. O bien: sosloquehay.
La energía que no se usa en cambiar el aspecto y las funciones vitales de la contrincante, se esparce por la mansión Peebody y deja sin premolares a más de uno y peinados hacia atrás a la gran mayoría, que no tiene defensa contra el poder de estas dos brujas. Y ellas saben que dentro de cada una habita el espíritu de aquellas dos que no terminaron definitivamente su batalla.
El resultado final es el siguiente:
- La casa hecha un asco, hasta el punto de repasar de pintura por dentro de la chimenea. Una bombilla de bajo consumo, la del trastero, queda para tirarla a la basura, de tanto encenderse y apagarse.
- La gente escalofriada, salvo alguna precavida que trajo camisetas de más, que en Masachussets siempre refresca.
- Un perro al que no entenderá nadie –nadie, jamás- cuando hable por teléfono.
- El césped del patio, que crecerá para siempre hacia abajo.
- Y las dos brujas exhaustas, en semipelota picada, las corbatas hechas trizas y unos pelos que invitan a fregar sartenes renegridos con ellos. Se miran, y sin apenas aliento se lanzan dos cortes de manga que les provoca intensas epicondilitis en los brazos, por lo que son trasladadas a un centro sanitario.
Al final de la fiesta, el mayordomo tira a la basura los cucuruchos de garbanzos caramelizados, que se han quedado como piedras, y se va a su casa a comer.
Los invitados, que esperaban una masacre o la desaparición de un continente, y con gases por no comer a sus horas, dejan llenito hasta arriba el libro de reclamaciones y el buzón de sugerencias de los Peebodys. Algunos comentarios son escalofriantes:
-¡Vaya mieldo pelea, corasonsito de miel! –suelta en voz alta la cubanota morena-; pa esta chuminosidá no desplesio yo las tundas con maldiciones en vivo que se dan mis vecinas, las viudas Pepa y Paca Gómez, contra las solteronas Brenda y Vanesita, en el rellano del cuarto, a eso de las cinco, amol, cuando termina la novela.
Y otros peores, irrepetibles aquí.
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Gabriel
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miércoles, febrero 16, 2011
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martes, 15 de febrero de 2011
Patapalo
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inma
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sábado, 12 de febrero de 2011
PARA LEERNOS.
Tengo finales con penas,
donde al bueno encierra el brujo,
abraza a la chica buena
y gana el mal sin tapujos
hacia el final de la escena.
No me quedan los felices,
se han terminado las balas
para cazar las perdices
o le han cortado las alas:
a ver quién va y se lo dice
a las buenas o a las malas.
Hablo del lector, el fiel
atado a la trayectoria,
que no quiere ver la hiel
en colofones sin gloria,
acostumbrado a la miel
para acabar las historias.
Os convoco para eso:
quiero ese broche de plata,
la estampa final del beso
de la chica y el pirata,
o la libertad del preso.
Contad poemas y cuentos,
romances, odas, canciones
de las que llevan los vientos
o anidan en los rincones.
No van a triunfar los buenos
sino en vuestra compañía,
que devuelve la alegría
con esos versos serenos,
cantos y fotografías.
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Gabriel
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sábado, febrero 12, 2011
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