martes, 13 de septiembre de 2011

ESCAPADA A TRUJILLO

miércoles, 7 de septiembre de 2011

COMPARTIENDO FRASES DE LIBROS LEÍDOS

Mientras vienen las musas y me ayudan a crear, me apetece compartir con vosotros frases que extraigo de los libros que leo.

"Qué raros son los recuerdos que nos hacen disfrutar de una felicidad de la que no nos dimos cuenta y con la que no fuimos felices"

Elvira Lindo. (Una palabra tuya).

martes, 6 de septiembre de 2011

EDITORIAL DE SEPTIEMBRE

Ha pasado el calor espantoso (eso espero). La luz de septiembre hace mella en mí y me provoca hasta el punto de sentarme a escribir esto. Caigo en la cuenta del tiempo que hacía que no sentía tal provocación y del olvidado disfrute que experimento cada vez que he compartido mis renglones con vosotros.


La vida a veces nos absorbe demasiado y no nos deja (o no sabemos aprovechar) un momento cualquiera para saborearla. Se nos olvida que la felicidad está esperándonos en muchos momentos, no en uno concreto, y en mucha gente a la que queremos, con la que contamos.


Empiezo este curso con ganas de reencuentro; con necesidad de vivir el otoño a vuestro lado; y como el movimiento se demuestra andando, ya no digo ni media palabra más. Ahora toca andar un poquito.


Un abrazo a todos y feliz vuelta (al cole) a la normalidad.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Dulce tentación

Como soy goloso,
tu dulce presencia
anega mi boca
de blanca saliva algo pegajosa.
Quisiera morderte,
comerte la oreja
comerte la boca
devorarte entera.
Con estos sentimientos, y tanta saliva
consulté a un psiquiatra gracias a una amiga.
Me escuchó en silencio,
me dio carta blanca
ya que a su pareja eso entusiasmaba
me confesó que en el lecho
por puro placer, él la devoraba.
Muy satisfecho con este consejo
decidí probar.
Te miré a los ojos, y al verlos brillar
salivaba a chorros sin poder parar.
Te agarré una pierna,
te mordí en un pie,
fueron dos bocados
cual dulce pastel.
¿Quizás me pasé?
Pues tal patada en mi boca
no puede prever…
Me tragué cuatro dientes
luego me internaron
y aquí me quedé.
Muerdo a la enfermera
muerdo al celador,
muerdo hasta las mesas,
pero no es lo mismo…
contigo era amor.
Te sigo queriendo
queriendo comer,
desdentado y triste me pregunto:
¿Qué podría yo hacer?

viernes, 2 de septiembre de 2011

PIENSA MEJOR, MUJER.

Piensa mejor y no cierres tu vida,

diciéndole que no a un cuarto amante.

Quizá tenga razón y llegó antes

de los que te tienen entretenida.

Él dice que de turnos no se sabe

en la Literatura ni en la Historia,

que quien suba primero en una noria

dará vueltas por siempre sin que acabe.

Hay tres, lo reconoce, organizados

para seis días de cada semana:

alternan días, se alternan en tu cama

y el domingo hacen vida de casados.

No entiendo que desdeñes uno más.

No acabo de ver ese tiempo impar

ni firmo que el domingo hay que guardar

caricias que no se darán jamás.

Ten datos de quien te tira los tejos:

sus fotos de carnet y cuerpo entero.

Se me parece, sí, y, siendo sincero,

diría que soy yo, sin ir más lejos.

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Foca o delfín?

El mar y yo estamos haciendo las paces. Hoy me ha proporcionado un baño genial, con su poco de incertidumbre en la entrada y luego… meciéndome suavemente mientras me dejo flotar. Dando vueltas como las focas o haciendo inmersión como los delfines. Realmente me siento como una foca, pero con menos grasa (espero) ¿Por qué se utilizará de forma despectiva este animal tan divertido? A mí me encanta, lo confieso. Me sumerjo en el azul profundo y contemplo el horizonte, disolviéndose así los malos pensamientos. El mar me llena de energía positiva. Me renuevo. Y por la tarde me despido contemplando los brillos en el agua durante la puesta de sol. Hay días que siento los veranos tan largos como de niña.

lunes, 22 de agosto de 2011

Bandera verde

Cuando voy a la playa siempre busco las banderitas que informan del estado del mar. Normalmente es algo evidente, pero, cuando no está tan claro, las busco. No es tarea fácil el encontrarlas, ni identificarlas, pues andan “pelín” despintadas y toca interpretarlas.
El otro día me pareció que el mar estaba algo revuelto. No soy buena nadadora aunque me defiendo. Como no estoy aún en buena forma, me planteé si bañarme o no. El calor apretaba. La banderita (de un extraño verde seco) invitaba, así que me despojé de las gafas y del sombrero, y me fui hacia la orilla.
Una ola rompió con fuerza a mis pies. ¡Qué poderío!, pensé. Niños jugaban divertidos con sus tablas. Poco personal dentro (como siempre). No había problema. La segunda ola, con el agua a la rodilla, me llegó hasta el cuello. Sospechoso. Dejé de meter tripa e intenté correr para entrar antes de la siguiente. Error. La tercera avanzaba como una sombra de un metro rugiendo sobre mi cabeza. Rompió sobre mí. No tuve tiempo ni de entrar de cabeza como es aconsejable, ni de nada más.Solo agua y confusión.
¡Qué revolcón!, ¡Qué costalada!, ¡Cuánta piedra entre la arena! Aquella ola me escupió hasta la orilla como el que escupe un chicle harto de masticar. Tras ese golpe de agua, medio sorda, desorientada y con la sensación de haberme tragado medio océano atlántico, me intenté incorporar sin mucho éxito. Aún en esta tesitura, noté como el mar se retiraba con la misma fuerza con que llegó, llevándose consigo mi parte baja de biquini que agarré con fuerza cuando la sentía ya por las rodillas. Tiré como pude y se me cargó de arena implacablemente. Me puse de pie. Apenas se sostenía de tanta tierra como contenía así que no tuve más remedio que volverme a meter para vaciarlo. La parte de arriba… la recoloqué lo más dignamente que pude. Mientras tanto cambiaron la banderita por la amarilla. ¿Estaría observando el socorrista?

jueves, 18 de agosto de 2011

Reclamaciones (1).

Isidoro Mercachif, profesor de contabilidad por la Universidad de Lepanto, se dirigió como una Furia del Averno a la ventanilla dos del servicio municipal de atención a ciudadanos enfadados. El funcionario, al abrir la ventanilla, le gritó como un poseso que qué quería, a lo que Isidoro bramó que qué iba a querer, vamos, recibiendo un aullido en plena cara del funcionario, que le estampó un pues a ver si sabemos en qué mundo vivimos, a cambio de un desgarrador ya volveré cuando me acuerde, que no tengo pelos en los ojos, justo antes de que la ventanilla se cerrase con un portazo que hizo temblar la estructura del edificio de al lado.

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-¿Y a mí qué me cuentas, monstruo irresponsable?; mira que te regalé un zepelín bien grande -dijo Crispín Balboa das Tormentas, conde de Setúbal, primo de dos primos suyos y aspirante a regente de Chambortown, provincia de Osmoratonia, cerca de Chicago, mientras el dragón Kolmogonto, descendiente directo de una lagartija del Edén, agachaba la cabeza mirando al suelo. –Supongo que te casarás con ella, ¿no?, -le dijo levantándole la barbilla para que le mirara cara a cara. -Ahora no me vengas con que el fuego de la pasión se te ha venido a menos. Ella es una princesa Drakoniona de pura escama, y ha dejado de asolar reinos mágicos para volar a tu lado. Vamos, chaval, pídele que se una a ti y juntos crearéis la desolación en media Europa. Kolmogonto levantó el hocico y preguntó: -¿Vendrás entonces a intentar cazarnos, a nosotros y a nuestros hijos?, a lo que Crispín respondió con un evasivo “ya hablaremos de eso en otro momento. Ahora vuela a su lado y cumple con tu obligación. Chaval”.