lunes, 28 de septiembre de 2009

A UNOS RECIÉN CASADOS

Campanas de boda tocan
en el barrio de Triana:
se casan Pablo y María
en la iglesia de Santa Ana.
Suena la marcha nupcial,
porque la novia ya llega;
el novio, con ilusión,
al pie del altar la espera.
Cuando se dan el sí quiero,
se miran ilusionados,
porque, desde ese momento,
sus sueños ven realizados.
Termina la ceremonia
y descienden del altar;
ya comienzan el camino
que juntos recorrerán.
Os deseo que sea largo,
lleno de felicidad,
que permanezcáis unidos
con amor para afrontar,
los escollos y barreras
que os podais encontrar.
Pero id siempre de la mano
al unísono marchar;
lo desea vuestra abuela
que os quiere de verdad.

Magdalenas y pestiños

Y allí estaba saltando, bailando, corriendo por toda la habitación... No todos los días se gana la bonoloto ¡Hasta con su complementario! Compró dos billetes a Cancún para quitarse de en medio unos días, y fue a ingresarlo en el banco, antes de que la prensa se percatara de su existencia. El empleado de banca, su marido, no sabía cómo decirle que había olvidado sellar el boleto.

sábado, 26 de septiembre de 2009

SOÑANDO

Anoche soñé contigo,
y soñé que me abrazabas
y soñé que me querías
yo soñé que te besaba.
Tan real todo lo vi
era tan hermoso sueño
que por soñarte de nuevo
preferí seguir durmiendo.


Nacer, vivir, morir,
¿qué es la vida?
Un lento caminar,
una quimera,
una ilusión fugaz
breve y efímera,
soñar con ser feliz,
ser desgraciado,
es llorar y reír,
todo mezclado.

jueves, 24 de septiembre de 2009

POR PUNTOS

-Sí, dígame.

-Hola, Chana, qué me que cuentas.

-Pues sí que volvió el niño; ya lleva una semanita aquí con nosotros.

-La verdad, lo va superando el chiquillo. Y es que es un trago, dime tú, Chana, si no.

-Pues él iba a lo de Pekinllín, tú sabes, las Ofregadas ésas.

-No, no, que lo que tú dices es otra cosa. Lo de los chinos es lo que te digo yo. Y para un poquito, hija, que si no lo cuentas tú y yo me callo…

-Ná mujer, que tú sabes cómo me pongo cuando pienso en el disgusto que se llevó la criatura.

-Que te calle, Chana, una mihita, a ver si voy a perder el hilo.

-Ah que es tu Fonsi. Po dale un beso y que se calle también y te deje oír lo que te cuento.

-Pues resulta que él era de atleterismo de correr.

-¿Prueba? Él come de tó.

-Ah la carrera era de ochocientos mil millones de metros, más o menos. Tres vueltas había que darle al perlímetro. De eso sí me acuerdo, aunque se lo tuve que preguntar a un chino que había por allí y que me lo explicó por gestos.

-¿Que si estuve? Vengo de arroz a las tres delicias hasta el frente parietal.

-Po ná, que venga a correr y estar de los primeros cuando suena una campana.

-Ni iglesias ni ná, Chana, joén, que es la da aviso de la última vuelta.

-Pues que justo ahí, se pone un semáforo en la curva final.

-Y que mi niño no se ha saltao un semáforo en su vida, Chana. Así lo tengo yo educado desde que empecé a educarlo.

La cosa, por lo visto, se justificó porque el rey de Chanchuria tenía que cruzá pa ve a un pariente y, lo mire por donde lo mire, a un rey se le para el tráfico.

-El tercero quedó. Y desde luego, los de la plata y de oro, un alemán alto y rubio que da asco verlo y otro sudamericano rizado y con unas piernas que ni pienso mirar más en la repetición, los dos mirando parabajo. Y te digo más, Chana, los dos con cinco puntos menos en el carnet, porque se lo saltaron en rojo pasión brillante.

-Es bonita la medalla. De bronce, bronce, bronce. Se la pongo de posavasos para el cafelito y él se pone mitad contento, mitad no. Según el día.

-Po bueno, un beso. Sí, nos vemos en la pescadería. Cógeme número. Adiooooo.

martes, 22 de septiembre de 2009

Y NO TE VAYAS

Mira mujer, no sé qué hacer,

pero sí sé que te he querido;

y aún sin morir por tu querer

sé que tus besos me han herido.


De forma práctica, este asunto

de la fidelidad, y de no verme

en otras faldas ni perderme,

¿podríamos discutirlo juntos?


Si nunca estás,

si me marchaba,

¿cómo dirás

que te engañaba?

Si de un abrazo y otro más

lanzaste el grito, de un “jamás

te dejaré”,

¿cuándo paraste

a comprobar que no te hablé,

ni te besé, ni me miraste?


Con tu silencio y lo que haces,

tirar tu llave, no venir,

pisar mis flores por herir,

no me amenaces.


…Se me ocurrió una solución

esta mañana,

cuando pasaste de rondón

por mi ventana,

donde esperaba amanecer

para beber café y amarte,

como inventaste tú el beber

cuando me enamoraste:

Perdona si hay que perdonar,

olvida lo que te haga daño,

mira que me morí sin tu mirar;

por mí no pasan ni los años.


Llama a la puerta sin saber

quién te abrirá; sin conocerte

preséntate, eres mi vecina, a ver

si me sorprende sorprenderte.


Pasa hacia dentro, por favor

y siéntate en la mecedora;

apagaré el televisor,

¿quieres que te ponga una copa?


Quizá me pidas una taza,

llena de azúcar o de miel,

e indiques tú donde buscarla;

para que, al dártela, tal vez

tu piel se erice…

y no te vayas.

sábado, 19 de septiembre de 2009

"Curiosités"

Hola a todos:
Hace tiempo que quería daros esta información y ahora que la tengo segura la comparto con vosotros.

La Asociación ADEC-JAPAN, es una asociación para la difusión de la cultura japonesa (sita en Sevilla, para más señas en Felipe II). Tiene numerosas actividades a diposición de los socios como cocina, ikebana (arreglo floral) o taller de haikus.
Don Fernando Rodríguez-Izquierdo, que es una eminencia en la Universidad de Sevilla en cuanto a cultura Japonesa se refiere, ha sido el responsable de un taller mensual de haiku en la mencionada sede. Después de su jubilación, la organización de este taller ha quedado en manos de ADEC-JAPAN pero conservando el mismo profesor.

Me consta que a partir de Octubre empezarán los talleres de haiku a los que se pueden asistir sin compromiso alguno. Tendrá una frecuencia de un taller cada dos meses (por lo visto anteriormente era uno cada mes pero ante la falta de participantes se han dilatado los periodos).

Servidora está metida en más cosas de las que algunas veces pueda abarcar pero procuraré no perder la oportunidad de participar. Creo que sería una buena oportunidad para nosotros que nunca dejamos de olisquear aquí y allí. También es verdad que no me gusta señalar... pero mi dedo apunta irremediablemente a Isa.

Bueno, queridos y queridas mías, esto es todo.

Nos vemos pronto.

Besos y abrazos.

GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA (XVIII).

Batalla del baile de clausura del curso 2000/01. Universidad de Pavolonch.

A la entrada se mascaba la tragedia. Ver sonreír a la rectora Paula Tina estremecía la parte del cuerpo más cercana al páncreas, provocando una serie impar de estornudos. Los aspirantes a reina y rey del baile, los tontitos Angelosa Mari Miramar Mota y Borjavier Tanganito, premios de ortografía y coloreado de mapas, lloraron con lágrimas al verla en la puerta. Sólo gracias a la intervención de la jefa de limpieza, Amadora Quintana, la única que le hacía frente, consiguieron llegar hasta la pista de baile. Pero era inevitable que estuvieran allí las dos.

Con los que entraban detrás, se componía la clase A, la de los alumnos buenísimos, guapísimos y elegantísimos que adoraban a Angelosa y Borjavier. Eran los que mejores notas habían sacado en las asignaturas más poliválidas del Distrito, a saber: doblado de servilletas en tres picos, dar azúcar a los caballos, pedir que le cambien la rueda… Eran muy felices casi todos los días del año.

Por la otra puerta, con Jacinto el Chachi y Juanola Pomodora al frente, iban entrando los demás. Los otros. El resto, los de la clase B. Los que habían sacado su título justo a tiempo, antes de que arrancara el camión de la basura. Sus rostros, cuando conseguían tener aspecto humano, daban más miedo que en los días normales. Sus ropas, prohibidas como armas bacteriológicas. Sus modales… ahí estaba otra parte del problema. Sus asignaturas variaban pues ningún profesor les dio clases más de un curso.

Con la prudencia y el temor que establecía la presencia de la rectora a unos y la limpiadora a otros, más un buen tabique en medio, el baile alcanzó los diez minutos sin incidentes, pero alguien dio el soplo de que la rectora y la limpiona se liaron al póker.

A los veinte minutos, los destinados a sustituir a la munición de los carros blindados se habían quedado sin música propia, saltado el tabique, y barrido de la pista a los ñoñis, que se preguntaban qué hacer en caso de no encontrar su pañuelo. O aún peor, encontrarlo muy arrugado.

La invasión daba a los brutos una sensación de poder absoluto frente a los flojis, y se embriagaban de poder. Rompieron flores, abanicos y tacones, se bebieron tres tes y cuatro limonadas y derramaron dos vasitos de chocolate… La victoria parecía definitiva.

Pero la vida da muchas vueltas. Un golpe cúlico de la gran Juanola, al echarse sobre una mesa, puso en marcha el tocadiscos previsto para el baile estelar de los pijifliquis. Y la aguja, feliz de caminar en el surco de un disco de vinilo, puso a sonar “Los suspiritos de tus labios, niña, que sí, que sí”, y a la propia Juanola, junto con el feroz Chachi, se les escapó un baile agarrado con finura, lento y elegante.

Ahí se acabó. Sorprendidos por partidarios y enemigos, los líderes de la vida birriosa perdieron su glamour y los suyos la confianza. El giro que tomó la batalla fue de los grandes: Se cantó “Cielito Lindo” a continuación y, antes de que pudieran huir, dos veces una de Paloma San Basilio, acompañada de palmas y saltitos.

La huida de los feítos fue bochornosa. Los suavicutis rieron, descorcharon batidos y se quedaron hasta las siete y media de la tarde bailando tras dos rondas del juego de la silla.

De los chorras se sabe bien poco, aunque hay quien cuenta que se dispersaron y alguno anda por ahí de alcalde. Jamás volvieron a aparecer por el Campus.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Plagas (y 9)

Oscuridad.

Esta plaga no es fácil de ver. Nadie consigue explicarla con claridad y pocos arrojan un poco de luz sobre el asunto. Mandan la mayoría de las veces a gente con pocas luces para entenderla y, como poco, hay que ponerse las pilas para intentar disolverla. Es fuente de gran movimiento para el dinero negro y para preguntas básicas como “y estas dos cosas tremendas que estoy tocando sin poder evitarlo, aquí a oscuras en el ascensor, ¿de quién qué serán?”.

La plaga, extensible a más de la mitad de nuestro tiempo, se ataca con interruptores, linternas, cerillas y soles cercanos, ordenados de mayor a menor gasto.

Dilata las pupilas como algún que otro yerbajo y no tememos quedarnos a dos velas.

Agudiza los cuatro sentidos restantes y nos hace dependientes de los ciegos, con los que tantas veces decíamos no tener nada que ver en este asunto.

Iguala los dos ojos de los piratas, que sin el parche pueden tomar el aire y refrescarse las ideas sin temor a que alguien quiera copiárselas echando una miradita.

Elimina reparos, pudores y tiempos perdidos en los sucesivos asaltos de cama, si bien se recomienda evitar caídas de la misma y acabar en el pasillo, tirando por el camino perchas, cuadros y jarrones valiosos.

La oscuridad elimina razas, raseros y razones, roces y rezos y pone la piel de gallina a todo el ser humano. La hace más sensible, busca cualquier caricia, mientras que la deslumbrante contrincante se preocupa de buscar sólo las diferencias y sembrar distancias.

La oscuridad siempre sorprende, se lleva la fealdad y trae la mayor complicidad. Y, digan lo que digan, establecer un par de asaltos de verdadera lucha libre compartida se multiplica por mucho si la ardiente oscuridad nos envuelve. Entonces buscamos con más afán los brazos que nos cobijen.

Por eso no huyo de esta plaga, aunque se crezca por las noches y me engulla. Aunque no sepa cuánto tiempo me condenará a esperar el brillo de los ojos que me mantienen vivo. Bueno, ésa es otra historia.

Plagas (8)

Langostas.

Surgió la bulla en una cena no consumada por no consumida. El menú propuesto por Cándida Faltona para su familia en su flisogésimo aniversario era el siguiente:

De primero, galletitas marroncito claro. Pan, picos, agua y servilletas, cubiertos incluidos.

De segundo, sal, pimienta, aceite y vinagre, salsas mahonesa y bechamel y más pan para mojar el pan y agua para desentrombonar el esófago.

De tercero, langostas. Así, como suena.

Y fue que todos los invitados, soltando los puñales traídos para ensartar a Cándida y decorar después su cadáver, se sentaron alborozados a la mesa agarrando con fuerza sus monodosis de condimentos servidos por los camareros Esteban Deja y Vicente Nedores.

Y fue verlos sentados, con la paulóvica saliva esperando un manjar conocido por su carne marinera y tierna, sabrosa y aromática, que Cándida mandó abrir al mismo tiempo las cuatro ventanas del salón para que por ellas se colara el grueso de los setecientos mil millones de insectos voladores, zumbones y devoradores con los siguientes efectos devastadores:

La flor del ojal de Jeremías Paramí, recién cortada esa mañana, desapareció.

El plato de espinacas servido por tercera vez para el niño caprichoso que no hubo con quién dejarlo, acabó limpio como una patena.

La maceta de hierbabuena de la tía abuela de Cándida, doña Bermeja Bones, acabó pelada.

Y, por último la huída despendolada de los familiares, que abandonaron sus perversos planes. Como obsequio, el niño recibió un tuperguare de espinacas con todo su valor nutritivo.

Y ni uno sólo de los pastos o sembrados de las zonas de alrededor quedaron perjudicados o asolados, pues el convenio establecido entre los bichos, unos profesionales, y doña Cándida, contenía con claridad las formas y las fechas de aparición, susto y retirada con pago por horas. En cuanto a su manutención, el menú era el mismo ya mencionado, con un primero y un segundo platos.

HAIKU

La luna cuenta
que en la noche una estrella
le enjuga el llanto