lunes, 12 de octubre de 2009

OCASIONES Y MIRADAS

De pronto, sin esperarlo, nos quedamos en casa solos, sin las niñas y sin el abuelo. A las primeras se las llevaron nuestros amigos, para un día entero, y mi hermana vino a por mi padre, para pasar juntos el fin de semana en la sierra (una raya en el agua).

Cuando la puerta se cerró, nos miramos cómplices y nos dijimos: ¡al cine ahora mismo! No íbamos desde hacía tres años. Eran las doce de la mañana y en Internet nos aseguraban que, aunque la película empezaba a las doce, había una sala (la quince) que la proyectaba a las doce y media.
Corrimos como locos para llegar a tiempo, cosa casi imposible, si tenemos en cuenta que habíamos de llegar a la ciudad.

Estábamos en la taquilla a las doce y treinta y cinco; todo un récord. Al comprar las entradas nos dijeron que no, que había empezado a las doce y que no se ofrecía ningún otro horario especial. Nos desinflamos, nos frustramos. En fin, “qué le vamos a hacer. Lo hemos intentado”.

Bajamos al aparcamiento del centro comercial, desértico y oscuro como él sólo. Nos metimos en el coche. Álvaro arrancó. Nos miramos. Nos reímos. Paró el motor de pronto…

Estábamos demasiado guapos ese día, y nuestra cama, demasiado vista.

jueves, 8 de octubre de 2009

POR ESCRITO

Me diagnostiqué con precisión y me lancé a un informe claro. Después de, al menos, rechazar un imperdonable “hemos”, pasé a escribir:

“He perdido el sentido del amor. Habrás observado que no me río con las últimas caricias, ni me parto de risa con esos orgasmos compartidos, los únicos que reconozco oficialmente, ni…”

La vi pasar a la azotea, me levanté y, al abrazarla, no solicité una puesta al día de esos maravillosos calambrazos simultáneos, sino que le pedí que se volviera y me mirara. Lo hizo, y su sonrisa, una vez más, me sorprendió sin preguntar.

Arrugué la hoja escrita y volví a aprender que al que se lo han dado todo en esto del cariño, lo valora mucho más si cree haberlo perdido. ¿Que, además, no era éste el caso? Pues mucho mejor.

EL VIENTO

El viento silba en la noche,
se cuela por las ventanas;
¿de dónde vendrá este viento
que me desvela y alarma?
Igual da que sea levante,
norte, sur, la tramontana,
de donde quiera que venga
siempre temo su llegada.
Es que sopla con tal fuerza,
y con tanto brío pasa,
que va arrastrando con él
todo cuanto al paso alcanza.
Creo que el viento se asemeja
a las pasiones humanas,
arrastran cuanto a su paso se opone,
y no las detiene nada.
Pasan de un lugar a otro
con tan frenética danza
sin concederse reposo
ni descanso para el alma.
El viento silba con fuerza,
pero cuando ya se amansa
veo lo efímero que es,
como la vida, que pasa.
Creemos que no termina
que jamás se nos acaba.
Pero igual que a la hoja seca
la lleva el viento y arrastra,
así volará la vida, como el viento,
en alguna madrugada.

domingo, 4 de octubre de 2009

LA HORMA DE SU SANDALIA.

Los dioses estaban muy enfadados con Heracles, el semidiós eternamente enfrentado y ganador de los moradores del Olimpo. Sus trabajos y hazañas ridiculizaban la voluntad de quienes debían ser incontestables.

Heracles se acercaba por el valle; nada parecía detener su camino, y, para ganar tiempo, a Helios se le ocurrió precipitar la noche.

En la madrugada, Hades heló un río y lo pulió con su aliento. Lo sacó de su curso y lo clavó en el valle delante del Monte de los dioses.

Al despertar, Heracles se frotó los ojos. Tenía ante él un hombre con unos brazos como jamás había visto. Hizo ademán de atacarle, pero su oponente era tan rápido como él. Molesto, le ordenó que se apartara en su camino a la residencia de los dioses, donde pensaba reclamar el último trofeo por la mayor de sus hazañas terminada: Recuperar su reflejo y recordar su rostro. El otro no retrocedió, sino que también avanzó, igual que él. Furioso, Heracles lanzó un golpe tras otro, recibiendo en su mano un impacto de la misma fuerza de la de su puño. Finalmente, vio caer en pedazos al enemigo, pero se cansó tanto que decidió descansar otra noche antes de asaltar el Olimpo.

Antes del amanecer, Hades, aguantando la risa, volvió a helar el río y a pulir de nuevo el hielo, volviendo a fabricar un espejo de proporciones colosales. Viendo que Heracles estaba a punto de despertarse, subió al monte, junto al resto de los dioses. Incluso Zeus, el propio padre del héroe, se esforzaba por no soltar la carcajada al verle enfrentarse, una y otra vez, a su propia imagen.

jueves, 1 de octubre de 2009

CHOCOLATINAS

Chocolatinas.

Peter Moss jamás se metía sólo en una pelea. Actuaba de espectador y era capaz de comer chocolatinas cuando Los Blancos, el grupo de matones formado por Jack, Steven, Paul y Larry, escogía a alguien para ser la víctima de una paliza.

Peter odiaba a su vecino Lionel, un chico más bajo, pero que nunca se echaba atrás y que más de una vez se había resistido a los abusos de Los Blancos.

Aquel día el colegio y la calle llevaban de un lado a otro el rumor de que Jack y los demás iban a por Lionel.

Peter pidió asistir al espectáculo. Insistió tanto que le permitieron pagar doce dólares por ver la sesión. Todo lo que tenía ahorrado salvo lo gastado en chocolatinas.

En el momento señalado, en el sitio previsto, apareció Lionel y un instante después estaba rodeado por Jack, Steven, Paul y Larry.

Cuando alguien dijo “¡a por él!”, Peter se sentó en un cubo de basura como lo hacía en la cómoda butaca de un cine.

Y al ver que Los Blancos con su jefe Lionel al frente, se le acercaban y repetían “¡a por él!”, dejó caer una chocolatina a medio abrir.

lunes, 28 de septiembre de 2009

A UNOS RECIÉN CASADOS

Campanas de boda tocan
en el barrio de Triana:
se casan Pablo y María
en la iglesia de Santa Ana.
Suena la marcha nupcial,
porque la novia ya llega;
el novio, con ilusión,
al pie del altar la espera.
Cuando se dan el sí quiero,
se miran ilusionados,
porque, desde ese momento,
sus sueños ven realizados.
Termina la ceremonia
y descienden del altar;
ya comienzan el camino
que juntos recorrerán.
Os deseo que sea largo,
lleno de felicidad,
que permanezcáis unidos
con amor para afrontar,
los escollos y barreras
que os podais encontrar.
Pero id siempre de la mano
al unísono marchar;
lo desea vuestra abuela
que os quiere de verdad.

Magdalenas y pestiños

Y allí estaba saltando, bailando, corriendo por toda la habitación... No todos los días se gana la bonoloto ¡Hasta con su complementario! Compró dos billetes a Cancún para quitarse de en medio unos días, y fue a ingresarlo en el banco, antes de que la prensa se percatara de su existencia. El empleado de banca, su marido, no sabía cómo decirle que había olvidado sellar el boleto.

sábado, 26 de septiembre de 2009

SOÑANDO

Anoche soñé contigo,
y soñé que me abrazabas
y soñé que me querías
yo soñé que te besaba.
Tan real todo lo vi
era tan hermoso sueño
que por soñarte de nuevo
preferí seguir durmiendo.


Nacer, vivir, morir,
¿qué es la vida?
Un lento caminar,
una quimera,
una ilusión fugaz
breve y efímera,
soñar con ser feliz,
ser desgraciado,
es llorar y reír,
todo mezclado.

jueves, 24 de septiembre de 2009

POR PUNTOS

-Sí, dígame.

-Hola, Chana, qué me que cuentas.

-Pues sí que volvió el niño; ya lleva una semanita aquí con nosotros.

-La verdad, lo va superando el chiquillo. Y es que es un trago, dime tú, Chana, si no.

-Pues él iba a lo de Pekinllín, tú sabes, las Ofregadas ésas.

-No, no, que lo que tú dices es otra cosa. Lo de los chinos es lo que te digo yo. Y para un poquito, hija, que si no lo cuentas tú y yo me callo…

-Ná mujer, que tú sabes cómo me pongo cuando pienso en el disgusto que se llevó la criatura.

-Que te calle, Chana, una mihita, a ver si voy a perder el hilo.

-Ah que es tu Fonsi. Po dale un beso y que se calle también y te deje oír lo que te cuento.

-Pues resulta que él era de atleterismo de correr.

-¿Prueba? Él come de tó.

-Ah la carrera era de ochocientos mil millones de metros, más o menos. Tres vueltas había que darle al perlímetro. De eso sí me acuerdo, aunque se lo tuve que preguntar a un chino que había por allí y que me lo explicó por gestos.

-¿Que si estuve? Vengo de arroz a las tres delicias hasta el frente parietal.

-Po ná, que venga a correr y estar de los primeros cuando suena una campana.

-Ni iglesias ni ná, Chana, joén, que es la da aviso de la última vuelta.

-Pues que justo ahí, se pone un semáforo en la curva final.

-Y que mi niño no se ha saltao un semáforo en su vida, Chana. Así lo tengo yo educado desde que empecé a educarlo.

La cosa, por lo visto, se justificó porque el rey de Chanchuria tenía que cruzá pa ve a un pariente y, lo mire por donde lo mire, a un rey se le para el tráfico.

-El tercero quedó. Y desde luego, los de la plata y de oro, un alemán alto y rubio que da asco verlo y otro sudamericano rizado y con unas piernas que ni pienso mirar más en la repetición, los dos mirando parabajo. Y te digo más, Chana, los dos con cinco puntos menos en el carnet, porque se lo saltaron en rojo pasión brillante.

-Es bonita la medalla. De bronce, bronce, bronce. Se la pongo de posavasos para el cafelito y él se pone mitad contento, mitad no. Según el día.

-Po bueno, un beso. Sí, nos vemos en la pescadería. Cógeme número. Adiooooo.

martes, 22 de septiembre de 2009

Y NO TE VAYAS

Mira mujer, no sé qué hacer,

pero sí sé que te he querido;

y aún sin morir por tu querer

sé que tus besos me han herido.


De forma práctica, este asunto

de la fidelidad, y de no verme

en otras faldas ni perderme,

¿podríamos discutirlo juntos?


Si nunca estás,

si me marchaba,

¿cómo dirás

que te engañaba?

Si de un abrazo y otro más

lanzaste el grito, de un “jamás

te dejaré”,

¿cuándo paraste

a comprobar que no te hablé,

ni te besé, ni me miraste?


Con tu silencio y lo que haces,

tirar tu llave, no venir,

pisar mis flores por herir,

no me amenaces.


…Se me ocurrió una solución

esta mañana,

cuando pasaste de rondón

por mi ventana,

donde esperaba amanecer

para beber café y amarte,

como inventaste tú el beber

cuando me enamoraste:

Perdona si hay que perdonar,

olvida lo que te haga daño,

mira que me morí sin tu mirar;

por mí no pasan ni los años.


Llama a la puerta sin saber

quién te abrirá; sin conocerte

preséntate, eres mi vecina, a ver

si me sorprende sorprenderte.


Pasa hacia dentro, por favor

y siéntate en la mecedora;

apagaré el televisor,

¿quieres que te ponga una copa?


Quizá me pidas una taza,

llena de azúcar o de miel,

e indiques tú donde buscarla;

para que, al dártela, tal vez

tu piel se erice…

y no te vayas.