sábado, 2 de abril de 2011

La estación primaveral
ensalzada por poetas;
los músicos y pintores
se inspiran tambien en ella
y le dedican sus loas
y proclaman sus bellezas.
En contra, no tengo nada
de las bondades que cuentan:
es verdad que los jardines
y los campos hermosean,
con flores nuevas que brotan
al llegar la primavera.
Todo sería perfecto
si tuviese otra cara
a la que muchos se enfrentan.
Es voluble, variable,
es así la pajolera
y con la fama de hermosa,
alegre y cascabelera,
no es oro lo que reluce
al llegar la primavera.
Pues también llega cargada
de estornudos y lloreras,
picores, ronchas y pitos,
producto de las alergias,
pues esta bella estación
cargada de polen llega
y fastidia de lo lindo
a los que padecen de ella.
Por todo ello me atengo
a la realidad concreta
y no veo sólo bondades
en esta bella floresta.

viernes, 1 de abril de 2011

Momento único

Amarte a pequeños sorbos.
Mirarte, para entrar en ti,
besarte, hasta no poder más,
sentirte, dentro de mi piel,
transmigrarme contigo
olvidándome de mí
en primavera
y siempre.

jueves, 31 de marzo de 2011

Vivir o morir, todo es ponerse.

Farabundo Argabites, hijo del gran primer actor Sweet Long Valladares, estaba harto de morir. Lo había hecho en cientos de circunstancias y no siempre resultaba ileso después de levantarse una vez más, ni recibía los aplausos esperados, aunque lo buscaban todos los grandes directores para ese tipo de escenas.

Ayer, al incorporarse tras una aparatosa caída de perfil, decidió que estaba harto, que este trabajo como actor especialista de constante morir no era vida para él.

Se presentó en la azotea del estudio Grosellën, en pleno rodaje de la escena cumbre de la gran superproducción Los zarcillos de los codos de la prima de tu mujer, de Otto Valheimer, y le dijo:

-Verá usted como soy mejor matando que muriendo, querido.

Y allí mismo despachó a tiros a dos maquilladoras, uno de vestuario, feísimo, los cámaras uno y tres y al ayudante de producción. Y con un mínimo de balas: ni media caja. Los cadáveres, poco a poco cayeron sobre tarimas de madera, suelos de mármol y tierra batida, como en el tenis. Y, sin excepción, a un ritmo que el único cámara que sobrevivió, el dos, supo captar en toda su intensidad. Y en una sola toma.

-Bashta, bashta, -le dijo Otto a Farabundo en su mejor castellano-. Mañana, a lash cinco, en este plató y sin ropa. Estás contratado. Estúdiate lash escenas ocho y nueve, lash de la masacre en la fábrica de boinash. Harás de boina, una prenda inmortal, que siempre vuelve. Y ahora, recoge del suelo a esta gente, que tenemos escenas pendientes de grabar y queda la luz justa.

-Sí, señor, síiiiiiiiiiiii, -gritó Farabundo-. Muchas gracias, -dijo girando la cabeza y cayendo hacia el vacío, unos cuarenta pisos más abajo, al no escoger bien una puerta de salida. Gracias al cámara dos, atento, tampoco hubo que repetir la toma.

Al oír el impacto contra el suelo y observar la postura en que quedó, Otto Valheimer comentó con los pocos ayudantes que le quedaban que aquel hombre, a pesar de su baja autoestima, sabía morir como estaba mandado. Como un profesional.

miércoles, 30 de marzo de 2011

FLORILEGIO 2


Aqui os dejo algunas fotos del recital...gentilieza y cariño de mi amigo Pepe


martes, 29 de marzo de 2011

"Semillas de paz"

Dolor, rabia y tristeza
me produce
pertenecer a una humanidad
que lucha por intereses bastardos
ignorando el sufrimiento de los más débiles.
La primavera, inexorable, apunta en nuestras calles,
nos reunimos a exaltar la poesía
el amor…
Mientras, la destrucción germina.
Abierta la Caja de Pandora
los pueblos se aniquilan
en nombre de la civilización
y la supuesta democracia.
Otra guerra insulsa
manejada por la hipocresía
y “los de siempre”.
Nuestros hermanos libios, aterrorizados
huyen hacia la incertidumbre.
Nuestros hermanos japoneses
se aferran a la vida
llorando en silencio sus pérdidas,
asumiendo con dignidad las catástrofes
que una Tierra herida por el hombre
les vomita.
Cegados por el oro negro,
financiamos armamento
en vez de ayuda.
Al asesinato programado hoy
lo llamaremos mañana: efectos colaterales,
Y seguiremos cantando al amor,
a la flor...
Pero con tristeza, honda tristeza
por eso, más que nunca hoy,
quisiera tener “semillas de paz”
para invitar al mundo a sembrar.

lunes, 28 de marzo de 2011

REGALO DE BODA

El día amanece frío,
de madrugada nevó
y bajo un manto de nieve
la Ciudad se despertó.
Inés ya se ha preparado
para ir hacia la iglesia,
a casarse con su amado.
No lleva acompañamiento
de padres, primos, ni hermanos:
sólo van ella y el novio
con los padrinos al lado.
Inés no viste de novia,
no lleva de azahar el ramo;
la blancura de la nieve
sus galas le ha regalado
y le ha servido de velo,
zapatos y traje blancos.
La madre Naturaleza
su hermosura le ha aumentado,
han salido de la iglesia,
ya están los novios casados.
Inés no se ha visto sola,
la nieve la ha acompañado.
Cuando emprenden el viaje,
sigue todavía nevando,
ella mira para el Cielo
y le agradece el regalo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Florilegio 2: Bienvenida a la primavera

Como nuestros ancestros, tras el equinoccio, celebramos la primavera


Canciones: Isabel Mª Riquelme.
Poemas: David B. Bustos, Inmaculada Calderón,
Lola Crespo, Inmaculada Delgado, Javier Gato,
Carmen Herrera, Isabel Orta, Lorenzo Ortega.

Biblioteca Pública "Pedro Laín Entralgo"
Huerta Palacios s/n, Dos Hermanas (Sevilla)
Jueves 24 de marzo a las 19.30 h

Patrocinan: "Enredando" (Los Libros de Umsaloua)
y Floristería Los Ángeles
Organiza: Lorenzo Ortega

Rascáis con alfileres mi superficie apenas,
murmullo acariciante usáis para calmarme:
no; penetrad, buscad, cavad dentro de mí,
entrad hasta mis tuétanos y medid mis honduras.

(Christina Rossetti)

AL PASAR.

Salté hacia el quererte y la miel de tu piel no me dijo que no: después de mirarte dejaste a mis ansias creerse que sí. Lo que duró el tiempo de amarte fue eterno en mi afán. Y el fin del final me cerró de un portazo, sin más. Ni la llave en la mano me supe guardar.

Entonces, pensé, la verdad no la hay, ni merece cantar al amor ni al furor de unos besos de más… eso fue antes de verte otra vez, al pasar, con tu pelo sin riendas, dejándolo en paz, sin atar.

Yo lo quise intentar, empezar, y parar por probar. Pero no, sin hablar me dijiste que de eso ni hablar.

Ni siquiera miraste que, al pasar para pasear, me colgaba del brazo de otra sin par. Yo no quise pensar que del tuyo iba otro, colgado de orgullo… yo no quise ni hablar.

Continuó paso a paso el paseo matinal, por el parque que siempre nos acompañaba al reír, al mirarnos sin que importara nada de nada, ni nada más. Un pequeño apretón de unos dedos más jóvenes me invitó a caminar. Tu carita también se volvió para andar con el gesto de quien “siempre a tu lado estará”… Me imagino, te deseo, que ese siempre, como aquel nuestro siempre de siempre, por siempre será.

lunes, 21 de marzo de 2011

Desfiles de moda (1).

Pasarela Mormoni, en Filadelfia.

Ayer, antes de la cena, Adolfo Singapur, el nuevo emperador de la moda Inflachi, presentó su colección de ropa para llevar puesta.

Desfilaron ciento veinte modelos, entre las que, redondeando las cifras -lo único que se podía redondear allí- se llegaba con dificultad a las dos toneladas, trapajos incluidos.

Sobre las pasarelas, con un toque marcial que para sí querrían los gloriosos húsares polacos, vimos lo que se va a comprar una gran cantidad de gente con una gran cantidad de dinero emitido en billetes grandes para derrochar mejor.

Faldas:

Estilo puro tubo bajante tibetano. Utilizables como bufandas para gente de talla de cuello corto normal, con colores beige tirando a beige oscuro, según los focos. Las telas, estampadas en general, salvo aviso a tiempo.

Tejidos rasposos sin llegar al nivel de la lija para plomo. Nada de cremalleras, botones ni grapas. De fácil caída al suelo en caso de hartazgo de la prenda. Aplausos fríos, por el impacto de tanta novedad para el comienzo.

Pantalones:

Miles, para ser exactos. Dada la holgura entre las teóricas piernas de las llevadoras de las prendas y las prendas, cada niña se puso alrededor de dos docenas, cada uno porcima del anterior, al objeto de hacer más llevadero el pasepaquí-pasepallá. Primeros gritos de ¡ole tu madrina, la Rosadora!, para una modelo principiante, y 20 eurillos de gratificación a los que aplauden al principio, los de la claque.

Blusas y camisas con corbatas cosidas:

Femeninas, transparentes, glamorosas, con aplausos a rabiar debido a que el encargado de llevar las prendas las paseó por error colgadas de sus perchas. Minutos después, aparecieron los trapos colgados de las modelos y hubo quien se arrancó con una desgarrada oda al gancho de armario. Ayudado por los servicios de seguridad, el poeta espontáneo salió a hombros y acabó en un charco.

Siete aplausos mal contados. 20 eurillos después, doce aplausos más.

Vestidos, abrigos y calcetines:

Desaparecieron de pronto varios cuerpos cubiertos por las ropas. Algunas modelos gritaban que se matarían en cuanto tuvieran un rato libre si algo salía mal. Otras, con los ojos inyectados en sangre, pero profesionales hasta la médula, emergieron bajo los abrigos artificiales de piel de oso, llegaron sólo hasta la mitad del desfile debido al peso del abrigo, y quedaron sepultadas allí mismo. La perfomance del “viste un palito, verás qué bonito”, interpretación vital de Adolfo del mundo de la moda, alcanzó en este acto la cumbre dramática que el modisto anunciaba en sus trabajos anteriores, pero nunca con esta intensidad.

Gorros:

Punto final. Tubas y trompetas. Pinchado de globos. Bofetadas con la izquierda. Arañazos en los pomos de las puertas. El Barça-Madrid. La galleta. Y es que el fin de fiesta propuso la difusión de… cascos de albañil de pura seda de Manchuria, sombreros de copa verde canario y pañuelos atascados en el cuero cabelludo a base de hacer nudos en las cuatro esquinitas. Lo funcional por encima de lo bello y viceversa.

Traca final con más de treinta y un aplausos. Levantamiento general.

Hoy, en las crónicas, se habla de que el incendio en la pasarela, con veintidós puntos de origen, podría haber sido mejor intencionado, porque se escaparon todos y porque al modisto lo han visto en el aeropuerto, destino a las Bahamas y vestido con vaqueros y chanclas con calcetines, el muy cabestro…

lunes, 14 de marzo de 2011

SÚPER HÉROES.

Pollo Man.

En el más estricto de los conventos de los abonaelbutanenses, en las montañas Uvas, el prior Manolo Blackman se disponía a leer el orden del día, en maitines. Aguardó con prudencia y sabiduría el eco del batir de alas de una mosca tardía de un verano largo, el de 1989, y el silencio absoluto reinó. Abierta la página desde el día anterior para que las ondas expansivas del choque de letras impresas se difuminaran hasta el infinito, Manolo se dispuso –por fin- a leer.

-Ehemm, ajhuummm, cofff, cofff y coofffff -sonó en la estancia, ante la estupefacción de los dieciséis mil monjes de la Orden del Abonaelbutano, que nunca habían imaginado algo parecido. Desde el alféizar de la ventana, engrasada en sus goznes desde el amanecer, un hombre poco abrigado y sin bufanda dirigía al grupo sotánico una pícara sonrisa. Antes de caer, se pudo oír incluso un estornudo.

Fue, una vez más, Pollo Man, el héroe legendario, un hombre capaz de toser bajo el agua, ante las promesas electorales, en medio del “sí, quiero” de dos novios dubitativos en el altar… El pionero en carraspear en una película de cine mudo, allá por los cincuenta, con las primeras revisiones de los clásicos de Lumiére. Fue quien tradujo por primera vez la tos al lenguaje de los signos corporales sin mover un solo músculo de la cara.

El conocido showman de la NOTB Nidios, Andrew Meco, lo entrevistó en su “Hora mágica” de prime time, donde consiguió que se sonara la nariz en directo para más de diez telespectadores.

Recordman en venta de pañuelos de papel durante la década de los noventa, se retiró en 2004 por culpa de un jarabe traicionero introducido como pomada en una bufanda de cumpleaños, con un componente elevadísimo de kriptosita, una sustancia calmante para Pollo Man.

Hoy, de vez en cuando, es llamado para actuar en óperas cuyo concepto de la puesta en escena coincide con la quinta galería de Sing Sing incluidos los barrotes de las ventanas. Aún es capaz de enfrentarse a puristas que le reconvienen mirando hacia atrás para llamarle la atención, o, las menos de las veces, dispararle dardos de codeína o lanzarle a la cabeza caramelos de menta de trescientos cincuenta gramos.

En cualquier situación donde se dude de una promesa dada, Pollo Man revive de sus cenizas, aparece y tose, tose, carraspea, y se deja la garganta irritada si es preciso para que el mundo sepa que hay gente de poco fiar o, quién sabe, agua demasiado fría.

Si algo no ves claro en tu carta de despido, si quieres aclarar algo con tu novia (o entre tu novia y el que agarra por la cintura a tu novia) y no te sale ni una tosecilla cursi, ¡Tchantatachán, tatatatatachantatachan! ¡llama a Pollo Man!,

Seguro que acude, porque a él… ¡No le tose nadie!