miércoles, 15 de mayo de 2013

Romería de San Sebastián en Cabezas Rubias





¡Hola amigos!, como suele decirse no tengo tiempo ni de rascarme pero de cuando en cuando saco unas horas para esta pasión mía de mirar a través de mi cámara. Estas fotos que aquí os dejo (siempre me gusta compartir con vosotros algunas de mis "miradas") son del pasado fin de semana. Están hechas en un pequeño pueblo de la sierra andevaleña, Cabezas Rubias, donde mi corazón florece como  la jara. Allí encuentro mi paz y también el norte que me guía. Bueno,os dejo alguno de los momentos captados. Solo espero que os gusten y disfrutéis de ellas como yo disfruté al hacerlas.

¡¡Y por cierto!!, va tocando ya eso de vernos y echarnos unas risas.

viernes, 10 de mayo de 2013

Desguace.


El robot Germaine, de la serie Babel II, en medio de su trabajo, se sintió mal. Dejó como pudo a un lado las 569784 toneladas de acero para la base del puente que construía su empresa y se agachó como una parturienta.
-¡Eh, tú, chatarra andrajosa! –le gritó su capataz, Thor López Irún, de la serie Titanio VI-. ¿Es que vas a provocar tú solo que un puentecito de apenas 19999km se retrase más de una jornada laboral?
Germaine no podía responder. Su centro de sonidos, incluido el de comunicación oral humana básica, estaba inutilizado.
Ante la escandalosa parada de más de dos minutos, Thor López hizo lo que nadie recordaba en 14187 años de funcionamiento de la empresa Lohagoya: darle al botón de parar antes de terminar.
A pesar del desastre de planificación y gastos añadidos que suponía, Thor consideró los servicios de Germaine a lo largo de su vida y, al acercarse a su lado no puso el práctica el protocolo de destrucción. Sólo apoyó su brazo de 666667 toneladas en el hombro de Germaine, que –despilfarrando sus últimos 64578 megavatios de potencia- bajó los párpados chirriando en señal de agradecimiento, aunque su jefe pensó que le daba el Sol en los visores.
Tras tomarle el pulso, Thor auscultó los circuitos básicos de Germaine y descubrió que había estado trabajando toda la mañana en reserva. Había ido enfermo a trabajar, no había dicho nada y había empleado en su trabajo toda la energía vital necesaria para sus funciones básicas hasta el siglo MMMMMMMMXI, como estaba programado.
Dentro de un corro al que se acercaron las grúas y camiones junto a sus operadores, Germaine hizo ¡pefff!  y dejó de funcionar. De una puertecita lateral de su cuello, salieron unas pequeñas chispas azules.
En casa del dueño de la empresa Lohagoya, su hijo, el pequeño Pablito Schneider Bocanegra, jugaba con su cochecito con mando a distancia en el jardín. La tarde anterior, al pasar y verle llorar porque el coche no andaba, Germaine se sacó su corazón, una pila de 9v y 45gr de peso, para ponérselo al cochecito y evitar que lo mandaran al desguace. Los humanos aun conservaban esa práctica.

jueves, 9 de mayo de 2013

Un paseo por nuestra ciudad



Os dejo el último regalo que me ha ofrecido nuestra ciudad. Para vosotros, mis amigos de paraleernos y paraescribirnos (a ver si me pongo manos a la obra...)

martes, 7 de mayo de 2013

Hola a todos. Es maravilloso ver cómo habéis mantenido el blog con la frescura y la creatividad del primer día. Dejé de escribir hace unos años y lo echo de menos, la verdad. Me he acordado siempre de vosotros, pero en estos días estoy viviendo una experiencia que me ha devuelto a los días en que íbamos al Taller de Escritura y quiero compartirlo con vosotros. Estoy en un curso que imparte la Universidad Pablo de Olavide sobre Arte y me he encontrado con una gran sorpresa, porque una parte del curso es sobre creación literaria con la escritora Espido Freire. Como os digo, esto me ha traído buenos recuerdos y sé que me va a inocular de nuevo el veneno de la escritura. De momento lo estoy disfrutando y aprendiendo. Dura sólo una semana pero es bastante intenso. Espido es alguien de quien se puede aprender mucho.
Quería compartirlo con vosotros. Me da mucha alegría colarme por aquí. Si tenéis previsto reuniros en algún momento, avisadme. Me encantaría ir. Millones de besos para Beli, Inma, Irene, Isa, Gabriel, Lorenzo y Paquita.

jueves, 18 de abril de 2013

En Feria.


De pronto en la caseta va ella y me mira,
me mira con dos soles como esmeraldas:
vértigo del contoneo al volar su falda
y hago como que escucho pero es mentira.

Ella pacientemente dice, me insiste
que llama la guitarra con arabescos
del Sol por sevillanas, lo que consiste
bailar entre jazmines en aire fresco.

Sé que voy en volandas, guiado en sus ojos
y una flor en su pelo que enciende un faro,
emisor de sonrisas, un clavel rojo
que me salva del mar de los desamparos.

Sus giros me dan miedo, me pierdo el norte,
pero el vuelo al moverse como un tornado
da al suelo de mis suelas, como un resorte
encuentro de infinito sitio a su lado.

No doy después del baile muchas más vueltas,
respiro como puedo, no estoy cansado;
me enamoré en la feria, magia resuelta
y no podrán quitarme lo que he bailado.

Supongo que a mis años es discutible
prenderse de una piel de aroma de cielo
y hablar de ojos bonitos, de oro en el pelo,
pero por una vez pasó lo imposible
y agradecidamente mordí el anzuelo.

viernes, 29 de marzo de 2013

Hoy



Los azahares desafían la lluvia
sembrando de pétalos las aceras,
estallando ese aroma inconfundible
que la brisa acerca a nuestro lecho.
Hoy, en  la primera luna llena de primavera,
suena el preludio de Mozart;
nos miramos,  surge un verso.

domingo, 24 de marzo de 2013

Notas.


Aquel día, algo después de nacer, en que comenzamos a preguntar sin saber aún cómo ofender, nos convertimos en científicos inocentes, que era como decir ciudadanos libres. Cuando hicimos preguntas menos sencillas, se nos echó del Invernadero y la Ciencia de hojas sueltas se pasó a ser religión de un único libro; encuadernado.

Y así estamos. 


Cansada por la constante pérdida de uno de sus zapatos, Cenicienta se calzó unas cómodas zapatillas de baile para otra noche especial de primavera en el palacio del Príncipe. Su vestido y su sonrisa iluminaron la fiesta. Pero nadie le advirtió del cambio de hora. 

En el confesionario, el asesino escuchó las palabras finales del cura y, tras deliberar con su conciencia, dio la absolución al sacerdote.


Doña Araceli Basurte, natural de Eslovaina, dedicó su vida a coleccionar hijos de distintas tallas, colores y caracteres. Si paría mellizos, o incluso tres iguales, podía cambiar uno o dos de ellos por algún repetido de doña Ana Baptista Sócrates, otra de las grandes –y reconocidas- especialistas en la materia.

El tanque rusísimo modelo Kgón22 hizo su presentación en la feria de máquinas de Oleaitugrado el pasado lunes. Como demostración de su precisión en la localización y destrucción de objetivos, su tripulante, la comandante Tatiana Karetof, voló por los aires el chalet que el ministro Karetof acababa de decorar para su secretaria secreta, Davidova Bobadavinsk, la cual apareció con un tenue canesú azul celeste junto a la veleta de la catedral.

La mujer que te mira  en el bar inicia el juego. Tú te levantas y avanzas hacia ella, como el Primus Inter Pares. Gracias al estallido de tu frente con el inmaculado separador de cristal mientras se sienta a su mesa otro elegido con la mirada que te arrogaste como propia, la confusión se deshace poco más o menos, pues tú, al caer y levantarte, ves tu gabardina en el suelo, la recoges y te vas.

Las estadísticas no dicen nada. Los números no cambian. Las opiniones no existen. Sólo pasan las cosas porque algo tiene que pasar y  porque no hacemos las que sí deberían modificar las estadísticas, utilizar los números para contar y medir y, así, tener criterio para opinar un poquito por encima del disparate.

El pájaro de oro no es una leyenda. Está preso en una jaula de hierro oxidado, en algún lugar del paralelo 23. Llevamos muchos años intentando cerrar el intercambio y poner en su sitio al pajarraco negro, el que lleva ocupando ese tiempo la jaula de oro sin cerrar, en la que entró con protestas, pero de la que ahora tiene miedo a salir.

El gran Jefe Cherokee José Luis Montemayor Valdivielso, mentor y director financiero de su tribu, firmó una cuenta de crédito de mil millones de dólares en bonos convertibles a sus compatriotas con la garantía de la temporada de búfalos de sus tierras. Ese año hizo tanto calor que los búfalos se desprendieron de sus pieles y fueron confundidos con los concursantes de culturismo de Iowa, donde sirvieron de garantía para unas acciones que sus gobernantes querían endosar recíprocamente a los Cherokees, en una operación financiera impecable. En el mismo lote de valores al alza, se incluyeron dos millones de gallinas futuras, es decir, unos treinta huevos blanquísimos con un porvenir indiscutible. La Comisión Nacional de Vigilancia y Control del Mercado de Valores Garantizados, estricta como siempre, exigió el color verde limón como el único a utilizar en la emisión de los certificados de los títulos, tanto los extendidos al portador como los nominativos. Hoy mismo le he dicho a mi gestor que adquiera en mi nombre un millón de papelitos de éstos, aunque tenga que matar en el parqué. 

El dúo de guitarristas formado por Olegaria Divoice y su prometido Hepberg Mogadiscio actuó ayer en el teatro Cidad, interpretando la pieza Péinate Mejor, Cloe, de Estanislav Adora. Reseñamos la especial limpieza del toque, así como la austeridad general del espectáculo, demostrada con el uso de una sola guitarra para los dos intérpretes. Según se desarrollaba la obra, uno ponía las manos en el traste (el palo) y el otro garrapiñaba (rasgueaba) o le daba con las uñas muy deprisa (punteaba). Lo bonito era ver cómo se levantaban y sentaban de la única silla del escenario.



sábado, 23 de marzo de 2013

Juegos a deshoras


A las tres de la madrugada sonó el móvil de Aurora:
-Le llamo de la central de alarmas. Ha saltado sólo la alarma del mostrador; nadie ha entrado por la puerta, ni por el escaparate de su tienda, pero se ve que algo se mueve a esa altura. Posiblemente haya una emisión cercana de radio, porque se oye cantar a una niña.
Al día siguiente, al llegar a su trabajo, Aurora encuentra una comba delante del mostrador.
En algún lugar interdimensional, una nenita aburrida sueña con el momento en que pueda volver a jugar con los ángeles custodios de aquel lugar de luz, de su tienda esotérica.

sábado, 16 de marzo de 2013

COINCIDENCIAS


La vendedora de lámparas, sacando un pedido recién llegado de Arabia, advirtió lo distinta, y por ello especial, que era una de ellas, y se dijo: “ésta no la vendo”.
Al instante, por la puerta entraba un joven intentando enrollar una inquieta alfombra que no se doblegaba, y colocándose bien el turbante pronunció firme: "¡deme lo que es mío!"

viernes, 15 de marzo de 2013

Es una chica excedente... y siempre lo será.



Doña Victoria Cornualles Candenflor, portera que acababa de renovar su cargo en las últimas elecciones de la comunidad, me clavó la mirada en cuanto entré en el portal la mañana del lunes pasado, recién llegado de las Islas Portaminas. Se me encaró, quizá, por el barro que distribuí con mis botas en el recién fregado suelo del zaguán. Después de una reprimenda a todas luces más de ritual que de búsqueda de mi arrepentimiento y posterior pase de una bayeta en posición humillante, me atrapó por la corbata, me izó y me llamó a confidencias junto a los buzones, un lugar siniestro, oscuro y húmedo. Ella conoce bien los perniciosos efectos de una permanencia larga en ese tétrico rincón, así que fue breve mientras conocí y valoré su fresco aliento de menta ante la proximidad de sus cotillas labios:
–Doña Cristobalina Doré Calzasblues, la del ático dos, vedette y modelo emblema del edificio, se nos ha hecho monja sor durante el fin de semana. Y usted en las Chimbambas, pedazo de holotúrido, y yo inactivada como portera en funciones.
Eran unos sustantivos a tener en cuenta los de su intensa alocución. Me quedé con los dos que suponían un cambio radical en los hábitos de doña Cristobalina, que en el futuro se presagiaban –para mi pesar- mucho menos verderones y más negros.
Recuperé el control de mi corbata y a modo de tango conduje nuestro conjunto de dos figuras hacia la puerta de los ascensores, lugar con cierto riesgo de coger frío debido a la corriente, pero con la opción de ayudar a quien no puede por sí solo abrir la puerta y, quién sabe, coscorronear el cogote de los menores de diez años que insisten en transgredir la norma de no viajar en solitario a su edad. Mi voz sonó grave, como la situación se mostraba en el pasado y requería en adelante.
–Andacoño –dije y ella asintió con un amén mental. Una aquiescencia pura.
Salió del breve trance y metió la fregona en el cubo, la escurrió y en menos de lo que yo tardaría en preparar un vaso de agua del grifo recogió el resto del barro desparramado en mi desplazamiento por la portería, me levantó en volandas y me dejó caer con suavidad sobre la fregona, dejando inmaculadas las suelas de mis botas. Fue el tiempo que empleamos los dos en soñar con tramar un plan perfecto, o al menos que se pudiera contar en junta de propietarios.
En cuanto la brisa secó el suelo y nos hizo estornudar al unísono, ambos nos retiramos a nuestros quehaceres. Doña Victoria a su portería y yo a mi ático donde desarrollo mi labor artística. Soy pintor de mujeres.
Descansé un rato y me propuse pensar en soluciones urgentes y válidas. Viendo que el rato se dilataba, bajé de nuevo a la guarida de la portera, con quien me encontré en la mitad de las escaleras, subiendo a verme, según me dijo.
-Yo no sé si es que no es lo mismo –me dijo sin que supiera qué pregunta no hecha me estaba respondiendo. Le contesté con firmeza:
-Nada de manifiestos ni pancartas. Nada de actuaciones oficiales. Esto lo haremos como un comando, aunque después, si nos cogen, no respondan de nosotros. Sígame o sígase con sus quehaceres. Aceptaré lo que decida.
En cuanto doña Victoria dejó caer su última prenda de blancura inmaculada sobre el rellano, me vi obligado a cursar una petición no documental relativa a sus carnes. No soy de natural complicado y valoré en pocos instantes los deliciosos matices rubensianos del cuerpo de nuestra correveidile número uno. Sin más que hablar, dejando su ropa tirada en el descansillo, la hice subir conmigo.
Su entrega fue absoluta. Su mirada, plena de luz.
Gracias a ella terminé el cuadro que Cristobalina me habría dejado a la mitad.
Cuando anuncié la última pincelada, doña Victoria dejó su pose y se acercó a ver el resultado. Se sintió bien tratada pues rejuvenecí algunos de sus rasgos faciales. En cambio, me regocijé en sus curvas, ella lo notó y con la fuerza que exprime sus fregonas me atrajo hacia ella.
Antes de que me llevara en volandas al lecho, una patada en mi puerta sin cerradura anunció la entrada de Cristobalina. Venía despeinada, y con el tiempo justo de haberse incendiado los labios de carmín en el taxi que la trajo de vuelta del convento.
-Hay excedente de cupo –dijo refiriéndose a la Orden de las Bicloratas de Santa Borla-. Me han dado número para la siguiente promoción, dentro de no sabemos cuánto tiempo.
Notó que nos alegramos por ella cuando saqué una botella de champán del frigorífico y tres copas.
Con la elegancia del maestro Juan Belmonte, doña Cristobalina dejó caer con suavidad las ropas de que traía en un hatillo y después las que la alejaban cada vez menos de la desnudez. Me vi sitiado. Se trataba de una emergencia.
-No es momento de discusiones –dije-, sino de ver el resultado final al fundir lo mejor de cada una de ustedes, señoras mías.
Lo entendieron igual que yo, incluso en lo relativo al cuadro.
Desde la ventana, la futura solicitud de ingreso en el convento, hecha mil papelitos, daba vueltas en el aire gracias a un pequeño remolino de brisa.
En la próxima reunión de comunidad, no sería necesaria la renovación del cargo de musa. Al contrario, tendríamos un glorioso Biunvirato. Y mis cuadros, 90% del presupuesto de la comunidad, duplicarían su precio.