martes, 2 de noviembre de 2010

RECORDATORIO.

Por ser sus versos saetas,

desafío al tedio y venzo

al leer lo que Lorenzo,

el arquitecto poeta,

escribe en nuestra gaceta.

Echo de menos a Loli

sus cielos, sus bodegones,

y sus cuentos en renglones

con ordenador o a boli.

Celebro la fantasía

de cámaras, camaradas

de Beli en fotografías

hechas con esa mirada

con que hay que mirar los días.

Festejo el salpimentar

un cuento con otro cuento

cuando Inma, en suplemento,

se te lanza a comentar

cualquier post en un momento.

De Isa me vienen canciones

cabalgando entre sus versos,

en prosa o haikus nipones,

donde cabe el Universo

de los besos juguetones

y no cabe lo perverso.

Y canciones de colores

donde se pintan las flores:

esas las hace Paquita,

porque las niñas bonitas

sonrían y se enamoren.

Sin olvidar que no viene

a sembrarnos macetillas

de versos con sus semillas

la niña, más rubia, Irene,

que yo haya visto en Sevilla.

Y sepa, cuando lo lea,

a quien nombramos ahora

aunque ella no lo Clea,

como la mejor lectora.

Prisas, tiempos, los horarios,

versos trancompintrazados,

ripios sin control cuadrados.

Perdonen lo temerario

y sientan con lo intentado

un simple recordatorio.

lunes, 1 de noviembre de 2010

REDENCIÓN.

El capitán de las tropas de Granada, Abdul Ben Adal, invicto desde que nació, volvió derrotado por primera vez. No había perdido la batalla, que no llegó a celebrarse, ni perdió un solo hombre: sólo él cayó en combate singular contra un guerrero cristiano que, cuando lo tuvo en el suelo y con su enorme espada en el cuello, descubrió su rostro y resultó ser una mujer. Una hermosa mujer de unos cuarenta años, que se presentó como Elvira de Montemayor.

-Mis huestes vuelven de una pieza con sus seres amados y yo recupero mi castillo antes de perderlo al luchar contigo, árabe. Dime si no era esta la mejor solución.

-Mis hombres no volverán a respetarme y perderé la cabeza al volver a Granada, mujer. Porque el rey Al Moidar no me perdonará no haber conquistado tu plaza para su mayor gloria.

-Dale cuentas de los hombres a los que has salvado la vida poniendo en riesgo la tuya. Seguro que lo comprende y te perdona.

No fue así: Al llegar a palacio, el rey personalmente pidió un hacha para ejecutar él mismo a su capitán.

-¡Dadle una oportunidad, mi señor!, -gritó una voz de entre la multitud.

El rey levantó el hacha y vio avanzar a un guerrero cristiano con el rostro cubierto y portando una espada de gran tamaño.

En medio de la plaza, sobre el cadalso, rey y guerrero se desafiaron a muerte para el vencido y la vida de Abdul como premio.

Después de unos golpes que hacían gemir el viento al ser esquivados como lo harían dos juncos bailarines, el guerrero cristiano desarmó al rey y le hizo caer.

Con la espada en el cuello del árabe, el guerrero volvió a descubrirse. Esta vez Abdul sonrió ante la mejor espadachín que había visto.

-Toma mi vida, -dijo el rey.

-No la quiero. Dame la de tu capitán, -respondió Elvira.

El rey se sintió humillado por segunda vez en un solo día.

-Te contentas con menos de lo que has ganado al cambiar un rey por un capitán, -masculló el rey.

-Cambio un hombre que me miró a los ojos y que combatió para evitar la muerte de muchos de sus hombres por otro que no ha sabido salvar la de uno solo para combatir su soberbia.

De un tajo, Elvira cortó las cuerdas que ataban las manos de Abdul, que se levantó y le besó la mano.

-Habéis redimido al reino de Granada, dando la mejor lección a quien manda en todas las vidas de sus habitantes. Espero que sepa apreciarla, -dijo Abdul.

El rey bajó los escalones y anduvo por entre la muchedumbre que había presenciado el combate y se abría a su paso.

Al recoger del suelo la coraza de su capitán, se quitó la dorada que tenía puesta, la de general único de sus ejércitos, y fue a ponérsela a Abdul, ayudándole en silencio con las amarras y los broches.

Fue la primera vez que sintió que sus súbditos le aclamaban como rey en lugar de hacerlo como dueño.

Al llegar a su castillo, Elvira supervisó el torneo del día siguiente y comenzó a ejercitarse con su espada de entrenamiento, tres veces más pesada que la utilizada aquel día contra los árabes.

Añoranza

Mi piel recuerda hoy la tuya
mi oído se enciende con tu voz
tu pecho
cálido a mis mejillas
y hoy,
estás tan lejos…
Mi cuerpo recuerda hoy tus manos
jugando a dibujarte sobre mí
mis ojos
necesitan tu mirada
y hoy,
estás muy lejos…

sábado, 30 de octubre de 2010

En otra fiesta de Halloween

De pronto se encontraban pensando qué disfraz ponerse para la fiesta. Lo mejor sería ir de momia para no ser reconocidos por nadie. La noche de Halloween es muy a propósito para esas cosas. En fin, que compraron vendajes e hicieron tiras de una gran sábana. Se esmeraron liándose en ellos el uno al otro durante más de cuatro horas. Completaron el disfraz con alguna que otra víscera colgando. Llegaron a la fiesta que resultó ser ¿de gala? Se miraron con estupor. Tuvieron que presentar la invitación para poder pasar y fueron presentados por el altavoz a pleno volumen. Causaron por tanto sensación y extrañeza, y más aún cuando se dieron cuenta de que, si bien habían dejado hueco para los ojos, nariz y boca, se habían olvidado de otras aberturas. Apretado instante el de aquel terrible “retortijón” con principio de gastroenteritis, que hizo huir despavoridos a los invitados al jardín a pesar del frio invernal que hizo aquel día de otoño.

EN HALLOWEEN.

El cura estaba perdidamente enamorado de su beata clasificada en segundo lugar en 2009. Pero esta beata, La 2, bebía los vientos por el sacristán, quien era esclavo de la beata 1, una verdadera especialista en ladear el velo dejando ver su mirada a pequeños intervalos. Lo suficiente, creía ella, para llamar por fin la atención del cura, que, según inicia el párrafo, iniciaba de nuevo el círculo de amores perseguidos y no correspondidos.

Nadie pensó que una fiesta pagana, la de Halloween, resolvería un problema católico. En la noche cerrada del principio de noviembre, con las luces descansando como espectadoras, con los espíritus de los muertos desatados por las calles, los cuatro protagonistas del amor circular se encontraron creyendo saber a quien tenían delante, detrás de una máscara. Y se dieron, no podía ser menos, cuatro alternativas y discontinuas confesiones, que en un entorno más laico serían simples declaraciones de amor. Y fue tal el desconcierto de puesta en común de palabras y obras los que las brujas provocaron con sus juegos entre los cuatro amantes, que al día siguiente, gracias a las cuatro puertas que tiene la iglesia donde los deseos se evaporaban, los cuatro amantes no volvieron a encontrarse. Por si acaso.

Sirva este pequeño ensayo con investigación de campo para demostrar que la interrelación de las creencias y las culturas desatasca problemas considerados como irresolubles. Cuestión de espíritus libres.

viernes, 29 de octubre de 2010

CANALES.

Desde los vértices de un cuadrado, cuatro televisores se enfrentan a un hombre y una mujer que, desnudos y espalda contra espalda en el centro, disponen de un único mando a distancia para defenderse, de modo que el mando sólo manda –les dicen- en uno de los televisores.

Al sonar el cliouk simultáneo de los cuatro encendidos, el hombre y la mujer se giran hacia donde cada uno cree que está la verdad:

Parece que un programa de modas con noticias de actualidad se impone como una tromba de energía pura y canalización vital, pero la velocidad de un gol en una estúpida jugada de un defensa desata un temporal de pasión y saltos que iguala y anula la primera reacción. Después, un sencillo concurso da la impresión de mediar y captar la atención de la pareja que, a punto de mirarse, deciden intentar que sea el cuarto televisor el que decida sus sueños. Mirando juntos la pantalla de ese cuarto televisor, ven en ella la historia de su vida y entonces, sólo entonces, deciden usar el mando y abrazarse descubriendo que se apagan las cuatro pantallas al mismo tiempo.

jueves, 28 de octubre de 2010

haiku

Una mirada
castañas en el cesto
y una canción.

miércoles, 27 de octubre de 2010

EL BUITRE

Un Buitre leonado
voló despistado,
y en una azotea
se vino a posar.
Todos los vecinos
lo ven alarmados,
y uno a los bomberos
decide llamar.
Llegan estos hombres
con sus escaleras
y al fin al leonado
logran atrapar:
en lugar seguro
lo han depositado.
Allí los expertos
le darán ayuda
y, con su experiencia,
bien lo atenderán
hasta que de nuevo
volar pronto pueda
este bello buitre,
un buen ejemplar.

lunes, 25 de octubre de 2010

APUNTES.

Paseo por el campo abierto:

Sensación de libertad y de que me han robado las rejas de la finca.

Paseo abierto por el campo:

Me duelen las piernas. Es una postura ridícula.

Mosquitos:

Dios bendiga a los mosquitos nacidos entre el 234 antes de Cristo y el dos de enero de dos mil diez. A partir de esa fecha, que todos sean maldecidos y utilizados como conejillos de indias para insecticidas muy tóxicos. Aún tengo la señal de la enorme roncha en el deltoides desde la tarde de aquel día.

Bailes regioanales:

Los detesto. Son los realizados con trajes típicos por reyes que mueven el culete de manera improcedente para su rango y el papel que desempeñan.

Desesperación administrativa:

Llevo doce días delante de esta ventanilla sin que se haya abierto ni una sola vez. Tras de mí, dado mi interés, se ha formado una cola de ciento once personas, tan ávidas como yo de que descorran la puerta de cristal y nos atiendan. No nos vale que un tipo con casco nos informe de que falta construir el edificio de oficinas que va pegado a la ventanilla. Le hemos abucheado.

Dietas:

En la camilla, bajo el masajista, trato de comer menos, aunque en la sesión de hoy, al presionar mi omóplato derecho, ha levantado el cerco que su rodilla ejercía sobre mi brazo y he alcanzado el bolsillo de su bata, de donde, limpiamente, he extraído dos chocolatinas de mi marca preferida. Nos hemos reído mucho juntos, pero ha llamado por teléfono a mi esposa y, siguiendo sus instrucciones, me ha golpeado el estómago en cuatro ocasiones, tres con un cubo azul y una cuarta con unas medias llenas de lentejas tiernas.

Adaptación:

Lodovingia de Atienza, terminado su ataque de catalepsia por alquimia, se despertó en la segunda mitad del siglo XX, recordando perfectamente haber nacido en 1555. Aprendió a conducir, a pagar impuestos y a usar bikini, pero en cuanto vio la armadura de su padre en el vestíbulo del hotelucho que había sido la casa de su prima Almadartania de Utrera, pensó en tomarse la otra mitad de la pócima y esperar otros quinientos años, a ver qué pasaba. Finalmente, al ver el presupuesto que le presentó la funeraria, prefirió ponerse la armadura y tirar para delante, como hacemos todos.

Halloween

Me desconcertó el otro día escuchar, en un noticiario, la recomendación de los obispos de que los católicos, en vez de disfrazarse en Halloween de brujas, demonios o fantasmas, debían hacerlo de “santos”. Ayer comentándolo con una de mis hijas me dijo que no sería mala idea ir de santa Lucía, toda de blanco y con unos ojos en un plato, acompañada por su novio disfrazado de san Hermenegildo, esto es, de rey y con un hacha partiendo la cabeza en dos, o de san Sebastián, desnudo y ensartado en flechas ¿Queda eso menos gore? ¿Habrán pensado bien los obispos su recomendación?