martes, 12 de marzo de 2013

DANDO SEÑALES

Hoy, que me siento después de mucho, mucho tiempo en un ordenador de mesa (todo lo hago desde el móvil), la segunda actividad que intento es entrar en Para Leernos y dejaros un beso.
Deciros, además, que estoy escribiendo sin saber si a este puñetero sistema le va a dar la gana de dejarme publicar, tal como ha hecho de un tiempo a acá en otras ocasiones.
Y desde luego, trasladar mis ganas de compartir aunque sea un café con vosotros.
Vamos a intentarlo, a  ver qué pasa. Le doy a publicar...y...

lunes, 4 de marzo de 2013

Sociomusixología práctica.


Ayer, en el teatro Tamundos, el sociólogo Kalper Borato Sigado, recién salido ­–como siempre- de su arresto domiciliario, demostró con un éxito clamoroso su tesis –nada original pero sí de modo original- que apoyaba a muerte la relación causa efecto y paralelismo del Bolero de Ravel y el orgasmo obtenido “o sobrevenido”, in crescendo, acompasado de modo paralelo a la famosa obra, es decir: en progresión creciente y de vertiginoso final, como corresponde a dos obras de arte simultáneas.
Para su triunfal prueba Kalper despelotó al público asistente a la interpretación de la mágica pieza musical situado en el patio de butacas. Lo hizo además con un orden premeditado sin el menor convencionalismo, procurando respetar ciertos principios de no promiscuidad, o bien reduciendo al mínimo dichos principios. Una vez situada la orquesta y con el director vuelto hacia ella, el sabio alineó en las filas impares a los hombres, a los que instó a sentarse con comodidad y subir los apoya brazos para, acto seguido, indicar a las mujeres montar a horcajadas sobre ellos sin perder un ápice del seguimiento de la música desde el primer instante, para lo cual hizo instalar una enorme pantalla en la entrada del patio, justo enfrente del escenario donde las mujeres ya encajadas podían seguir el compás de los instrumentos.
Conforme avanzaba la obra, salvo un pequeño error de posición entre dos parejas que supieron recomponer el orden preestablecido sin tener que parar la sección de vientos, el público de los palcos –a tenor de la posterior encuesta- afirmaba “sentir” las respiraciones aceleradas “al mismo tempo y compás que la melodía marcaba”. Se tomó nota para ello de los “ayes” y “uffes”, y de la progresión en el consumo de oxígeno, dato éste de una objetividad incuestionable.
En cuanto los platillos anunciaban el apoteósico final, se produjo un frenesí de pasiones desbordadas, compartido, demostrado, unificado y pletórico que alcanzó el 98% de las parejas que participaron en el experimento. El restante 2%, en que no se pudo o no se quiso despegar a la mujer de su asiento para cabalgar sobre su pareja de la izquierda, adujo broncas domésticas preexistentes y no resueltas antes de llegar al teatro, lo cual añadió si cabe más credibilidad a la demostración empírica del Teorema de Kalper.
La orquesta aplaudió a las 250 parejas intervinientes y, desgraciadamente, no se le concedió un bis.
Como nota anecdótica, al devolver la ropa a los participantes, uno de ellos, el señor Dexter Mita, metro noventa y ciento doce kilos, recibió y devolvió de modo inmediato un tanguita color magenta de doña Consuelo Pisadas, que no le reprochó el error y le pidió, en cambio, conservar sus enormes e inmaculados calzoncillos a cuadros blancos y negros con los que cubrir una pequeña mesita y jugar al ajedrez sobre ella en un futuro. Dado que los respectivos cónyuges no adujeron nada en contra, la transacción se llevó a cabo.
El próximo jueves, en el Aula Magna de la Facultad de Hinflalabolla se reúne el tribunal convocado para calificar –esperamos que con nota cum laude- el trabajo llevado a cabo por el profesor Borato.

Filomena 3


Con un cúter y mucho cuidado corté los metros de cinta empaquetadora que habían convertido la pequeña puerta lacada en blanco en un cuadro abstracto. Abrí cautelosamente una rendija, armada  previamente con un palo de escoba, una linterna, dos ratoneras y un gato prestado (por si las moscas), como Indiana Jones en alguna de sus aventuras, esperando que en cualquier momento, una enorme fiera saltase furiosa  sobre mí. El gato, "Logan", fue el que saltó de mis brazos arañándome una mano y corrió a esconderse bajo es sofá.
La propietaria del gato reía divertida subida en un sillón mientras yo, asustada por la repentina fuga de Logan había dejado caer todo mi armamento al suelo. Esta vez con más valor y mucha decisión abrí la puerta y contemplé el interior. Logan, esquivo, asomaba el morro curioseando bajo su dueña y receloso por si lo volvía a coger. Yo, concentrada en el haz de luz de mi linterna, buscaba en la penumbra. No ví a Filomena. Sus huellas en los sacos roídos y sus  cacas enormes me confirmaban su presencia. ¿Por qué dejarían los albañiles tantos restos de obra allí? Instalé un par de rateras que compré en la ferretería y decidí montar guardia hasta que la ratita cayera. Mi amiga, al cabo de un par de horas se marchó con el gato, so pretexto de hacer la comida, y así fue como nos quedamos a solas Filomena y yo. Por la noche, vino mi marido a buscarme. Yo había decidido no moverme de allí y dormir en el sofá de aquel apartamento. Mi marido, desconcertado y malhumorado, se marchó inexplicablemente para mí. La noche transcurrió tranquila salvo por un par de sobresaltos. Las trampas permanecían intactas. Por la mañana, mi hija me trajo un café intentando convencerme para que volviese a casa, pero yo tenía la firme convicción de no moverme de allí. Así fueron transcurriendo los días... (continuará).

domingo, 24 de febrero de 2013

Un regalo de este precioso día invernal para vosotros,mis amigos de paraleernos. Besitos de rayitos de sol.

sábado, 23 de febrero de 2013

Cai, tacita de plata



Cádiz es la ciudad de la luz, de la fuerza del mar. Aquí os dejo un paseo por la Caleta en un precioso día de carnaval. Yo que siempre pensé que no me gustaban los carnavales, ahora y después de ver a las gentes por las calles, con sus cantos y con ese arte de derraman por cada una de sus placitas me declaro no solo una enamorada de Cádiz ciudad, sino de Cádiz y sus gentes, y esa forma tan llena de luz que tienen sus coplas.

miércoles, 13 de febrero de 2013

14 de Febrero

"Piel con piel"[inma]
Susúrrame amor
cuánto me quieres,
necesito saberlo.
Sentir en tus manos
el calor de mi cuerpo,
mirarme en tus ojos
besarte en silencio
prender el rescoldo
hasta que nos abrase el fuego.
Fundirnos en la noche
y amanecer renovados
unidos para siempre
frente al universo.


lunes, 11 de febrero de 2013

Filomena 2

No sé cómo regresó ni por donde entró, lo cierto es que sin darnos cuenta vivía cómodamente instalada entre los restos de losas. Mientras tanto habíamos concluido el montaje de los roperos y los amigos que estrenarían la vivienda se disponían a la mudanza.
Fueron los restos de la primera cena los que alertaron a los amigos. La Filo había comenzado a hacer de las suyas. Al día siguiente, el bocadillo roído de uno  de los muchachos confirmó la terrible sospecha ¡No estaban solos!
Abrieron y rebuscaron, pero el difícil acceso dejaba huecos por registrar. Entonces, con una linterna, la vieron. Al fondo, a lo lejos, entre los restos de obra, Filomena los observaba estupefacta. Mis amigos, más estupefactos aún, gritaron.
Poco tardaron en clausurar  la portezuela. Metros y metros de cinta empaquetadora, no dejaron una sola rendija para la escapada. Al concluir el año, nos devolvieron las llaves y nos comentaron el  "problemilla". No se habían atrevido a abrir aquello. Nuevamente, la portezuela era nuestra.
 [continuará]

domingo, 10 de febrero de 2013

Filomena 1


Hace aproximadamente un año, mi marido y yo decidimos convertir un local comercial abandonado en un apartamento con posibilidades de alquiler. La obra se terminó y, tras la entrega de llaves, nos dispusimos a arreglarlo. Compramos algunos roperos de Ikea, de esos que te pasas varios días montando, y entonces descubrimos que no estábamos solos. El local, con una zona a doble altura, se había resuelto con un hueco bajo el suelo de la cocina. Era una especie de mini trastero con una puertecita lacada en blanco, tras la que se ocultaban restos de losetas de la obra, bolsas de cemento, y... ¿Qué es eso que suena ahí dentro?  Abrimos... ¡Dios mío! ¡Una rata!
Clausuramos el hueco. Nos pusimos manos a la obra y compré una enorme ratera. Le pusimos nombre "Filomena"(por no hablar de ratas en la mesa, ya se sabe que es algo molesto). Ahora sé que no se debe poner nombre a una plaga pues la diferencia entre un parásito y una mascota, es precisamente eso, el nombre.
La ratera era una especie de jaula donde el animal quedaba vivo (no encontré otra cosa en la ferretería de barrio). Al día siguiente estaba allí. Chillaba y me miraba con sus enormes ojos negros. ¡Qué grande! No era ni fea, y me miraba de un modo... Me puse nerviosa, no sabía que hacer, y el chico que estaba ayudándome a montar los roperos, se ofreció a matarla o hacer lo que yo dijera. Mientras el joven me contaba todas las formas posibles de asesinarla poniéndome el vello de punta, yo miraba a la Filo. Me miraba ella. Entonces, le dije al chico que la soltara lejos de casa. Y así lo hizo.  La soltó a escasos 100 metros y al día siguiente regresó.
[continuará]

Reflexión


Hoy hago acopio de energía. Quiero sacar algo de mí para compartirlo con vosotros porque sé que estáis ahí, y os necesito. No se puede tener un blog paraleernos si ninguno escribimos, porque entonces no nos queda nada que leer.
Hoy comenzaré los "post sobre Filomena".

sábado, 19 de enero de 2013



Aquí estoy de nuevo, para compartir con vosotros este trocito de mi pueblo, donde cada fin de semana recargo mi espiritu de vida, de serenidad, de amor...