miércoles, 14 de enero de 2009

ATREZZO.

-¿50 euros por una manzana? ¡Usted está loco, señor tendero!

-Pare, pare, tranquilícese. Tenga en cuenta que es una manzana mágica. Tiene enormes poderes ocultos.

-Adiós.

-Volverá por la manzana, se lo aseguro, señor cliente. Pero puede ser tarde.

  Al día siguiente.

-Vengo por la manzana, señor tendero.

-No la tengo. La vendí ayer mismo. Lo siento. Se la llevó una mujer preciosa.

En la página cuarenta, la bruja no podía creer lo que oía. Como pudo, convenció a una muchacha pálida para que mordiera una sandía, pero se puso perdido el precioso vestido que llevaba y, atragantada, se levantó de la mesa para volver junto a un grupo de enanos que la esperaban a la salida. En un rincón el señor cliente, un escritor mediocre, no sabía cómo contentar a la bruja.

En el capítulo I del libro del Génesis, una impaciente serpiente al borde de un ataque de nervios se daba los últimos retoques en su camerino para comenzar la función: La manzana estaba, por fin, en su sitio y Todo podía comenzar una vez más.

martes, 13 de enero de 2009

GENERACIONES.

-Dime, abuela, ¿de verdad eras una asesina en serie al servicio del gobierno?

-Síiiiii, que ya te lo he contado muchas veces. Anda, termínate la fruta y lávate los dientes. No olvides que tus padres van a llamarte muy pronto y deberás estar en la cama cuando suene el teléfono. Se lo hemos prometido.

-Pero abuela, ¿a cuánta gente te cargaste?

-Unos treinta, espía arriba espía abajo. No hice informes escritos de ninguno de ellos.

Timbre. Teléfono.

-¡Hola, Mariana!; sí, sí está acostada. Te la paso. Espera un momento. ¿Qué? ¿El nieto de Korashov?, ¿El bizco? ¿cómo que está a punto de tirarte por un precipicio? ¡Ay, hija de mi vida, que pareces tonta! ¡No, no es que yo lo sepa todo! ¿Sigues ahí? Vamos a ver, ¿tú te has puesto el sostén de doble copa como te dije? ¡Pues alma de cántaro, ahí mismo te puse el cargador extra!, ¡pues claro!, ¿o es que te crees que a mí se me olvidan las cosas? Ese tiro lo has dado tú,  ¿verdad? Pues venga, sube hasta arriba del acantilado y charla con la niña, que hasta que no habla con vosotros no se duerme. Tu marido bien ¿no? Ah, que se encarga de otra misión. Pues vigílamelo, que hay mucha pelandusca Matahari por ahí, si lo sabré yo. Bueno, te la paso; un beso.

COMIDA DE HOMBRES.

El niño Bjorg no quería tomar el caldo caliente. Con nueve años recién cumplidos, había visto a su hermano mayor, Grabor, luchando contra un lobo para defender a las ovejas. Él quería hacer lo mismo y poder comer carne en lugar de caldo caliente.

-Entonces, mata un lobo tú también, -le dijo el hermano.

Bjorg cogió su abrigo y sus guantes y salió de la cabaña.

Atrapado en un cepo en medio de la nevada, el lobo gris provocaba que la manada no siguiera su marcha. Él era el guía desde hacía mucho tiempo, pero el hierro comenzaba a perforar su pata y ni sus enormes y afilados colmillos podían liberarle.

Cansado de luchar contra el metal, el lobo se detuvo a tomar aire. Al levantar la cabeza, sus ojos se cruzaron con los de un niño que tenía una lanza en la mano. Ningún lobo le atacó y Bjorg levantó la lanza lo justo para que el lobo sacara su pata de la trampa. Sintió dolor, pero no estaba herido.

Al entrar en la cabaña cubierto de nieve, Bjorg pidió una taza de caldo muy caliente.

Sonriendo, su madre se la sirvió y fue a abrazarle.

Bjorg hizo entrar al lobo, le puso delante la taza de caldo y pidió a su madre un buen trozo de carne para cenar.

UN CUENTO.

La princesa Rashasmund estaba enamorada de un hombre mayor que ella: Su maestro Omar, que la amaba en secreto. El día que el rey Aldemer celebró la fiesta donde se anunciaba que la princesa ya era mujer, la propia muchacha comunicó a su padre el deseo de casarse con Omar. El rey, ciego de furor al sentirse humillado, mezcló con su cuchillo las sangres de su hija y su súbdito. Ellos querían lo mismo y pensaban pedirle ayuda por amor. El rey les concedió lo que querían por rabia. El resultado no fue peor para los amantes, sólo para el terco rey que lloró por perder a su hija y su mejor amigo. El rey fue condenado a vivir eternamente. Tanta fue su pena cuando murió su mujer, la dulcísima Yalena, que Omar y Rashasmund pidieron dejar sus espíritus dentro del palacio real para consolar todas las noches al rey, a quien contaban todos los cuentos del Más Allá que habían aprendido. Después de muchas noches, el rey Aldemer rogó a Omar y la princesa que le ayudaran a morir. Ellos aún guardaban la espada que les mató y se la dieron. Justo en el momento en que Aldemer empujaba la espada hacia su corazón, su amante esposa Yalena la tomó por el mango sonriendo y, muy despacio, la dejó caer sobre los hombros de los recién desposados Omar y Rashasmund, quienes agradecían la bendición de Aldemer el día de su boda, en el día en que se anunciaba que la princesa ya era mujer.

lunes, 12 de enero de 2009

ÚLTIMA GALA.

El cantante, cogido de la mano del autor del musical, agradeció los aplausos sinceros de un público maduro, con más de un anciano entre las butacas. Estos componentes de más edad del respetable, que se sentaban en sitios estratégicos, eran los que habían animado en los momentos de artistas muy malos u obras mediocres, y mantenían el espíritu de un grupo que viajó y dio palmas y gritos de ¡Bravo! por todos los teatros del mundo. Un público que se despedía del mundo del espectáculo justamente ese día, tras hacer salir a saludar cuatro veces a la orquesta.

La duda hecha reflexión

Qué será lo que tienen las palabras,
que a modo de capricho son capaces de hacernos sentir correctos e incorrectos a la vez.
Volubles, cambiantes, a veces miserables,
tienen la hablidad de arrancar un par de lágrimas, desatar el silencio o pintar una sonrisa.
Qué sera lo que tienen mis palabras,
mezcla de timidez y agallas, con miedo a que las notes pero con deseos de anclarlas a tu boca para que las hagas canción.
Qué será lo que tienen tus palabras,
que me hacen sentir mascarón de proa, cortando heridas entre el cielo y el mar confundidos en tormenta, sometida a las inclemencias del tiempo, buscando respirar rodeada del aire de trópico que te rodea.

domingo, 11 de enero de 2009

Neptuno poderoso

Miré a Neptuno poderoso
elevando sobre sí
su tridente desafiante,
y en mi corazón
tu imagen golpeaba
como la lluvia golpea el cristal
cuando el invierno arrecia
entre las calles moribundas.
Miré a Neptuno poderoso,
elevándose a galope
entre un mar en calma
y otro tormentoso.
Invicto,
vencedor de mil batallas,
mientras yo moría en la noche
de adioses y lágrimas,
ansiando vencer tu ausencia
con esperanzas y mañanas.
Miré a Neptuno poderoso,
lancé la moneda al agua,
sabiendo que era quimera,
fugaz beso de mi alma,
pero como el sol sobre la niebla,
esperé encontrarme tu mirada
sin adioses ni pasados,
sólo cargada de mañana.
Hoy ya no llora mi alma.
Hoy Neptuno ya se calla,
galopa entre un mar violento
y una mar en calma.
Y así vivo hoy
tejiendo de presentes mis horas,
dejando en paz el mañana,
y guardando en mi corazón el pasado,
el pasado que me acompaña.

sábado, 10 de enero de 2009

NOTICIAS Y CURIOSIDADES

El emperador Chi Ya, de la dinastía 12, se sintió desgraciado e impotente por no poder terminar la Gran Muralla: “Me faltó un chino”, dijo antes de morir.

Arturo Lense, contable de Oviedo, sólo apuntaba cantidades que contuvieran los dígitos 1 al 9. Era un hombre sincero de veras.

viernes, 9 de enero de 2009

Viaje de ensueño

El tren llegó con tres horas de retraso debido al temporal de lluvia y viento. Eran las doce de la noche cuando entró en el vagón y comprobó que iba sola en el mismo.
Se acomodó en el asiento y apoyando la cabeza en el respaldo trató de dormir; le fue imposible, tenía un frío horrible y mucho miedo, el tren emprendió la marcha. A través de ventanilla veía las luces lejanas de algún pueblo que pasaba de largo. Entró el revisor, lo cual le dió un cierto alivio, qué noche de perros, comentó, ella respondio afirmativamente, cuando se marchó sintió más miedo y frío, se acurrucó de nuevo cuanto pudo en el asiento.
De pronto sucedió algo maravilloso, entró en el departamento una persona muy querida a la que creía haber perdido para siempre. Se acercó abriéndole los brazos en los que ella se refugió sintiéndose segura. 
El miedo y el frío desaparecieron, y con el calor de su pecho tan querido se durmió plácidamente. Cuando el tren se fue acercando a su punto de destino, le inundó un gran desconsuelo al comprobar apenada, que sólo había soñado.

FACTOR DE CORRECCIÓN.

Abel Mascajabas compró a su hijo José una docena de lápices iguales. Conteniendo las lágrimas, le rogó que hiciera una utilización simultánea de ellos para que el desgaste fuera lo más homogéneo posible, con la idea de que si un lápiz dura un trimestre según el uso normal, al pasar tres meses estuvieran en buen estado las once doceavas partes de todos los lápices, cuya longitud comparativa, gracias al procedimiento propuesto, se mantendría constante. El destinatario del regalo, presa de un ataque de amor filial, contestó que daría de modo inmediato curso a su petición, realizando el manejo más adecuado que tendiera al resultado previsto, si bien tenía que introducirse un leve factor de corrección en los delicados cálculos hechos a priori por su progenitor: Le encantaba comerse los lápices.