viernes, 27 de febrero de 2009

Aguafuerte

"La tarde está muriendo
como un ho
gar humilde que se apaga."
(Antonio Machado)

 
El amor es travieso y caprichoso
como el agua que resbala de la fuente.
Y en esa inercia ciega
donde brota la pasión, 

como cántaros,
se han roto dos corazones.

Que la tarde que huele a barro
me perdone; que los caminos
entre naranjos
borren tu dolor, que de mi agua
nazca blanco tu azahar.


jueves, 26 de febrero de 2009

ambivalencia

Niño frágil entre mis manos
hombre fuerte en el pensamiento
ángel que con sólo una mirada
borra de la vida el sufrimiento.
Fuente de amor y de agonía
de placer y desdicha entrecruzados
copa de árbol y raíz al mismo tiempo
lluvia y sol, infierno y cielo
ambivalencia pura para amarnos.

BELLO RECUERDO

Esta mañana pasé
por un lugar muy querido,
donde hace tiempo no estaba
pero al que nunca olvidé.
Al contemplarlo de cerca,
recordé aquellos momentos
que juntos los dos vivimos.
Aquellas dulces miradas
aquella emoción primera,
tus manos me acariciaban
y yo sentí que mi alma
era tuya toda entera.
Al pasar por el lugar
y contemplarlo de cerca
creí tenerte a mi lado,
sin apenas darme cuenta,
por mi mejilla bajó
una lágrima indiscreta.
Han pasado muchos años
ha sido una vida entera
pero yo tengo el recuerdo
tan presente y tan hermoso
como si ayer sucediera.

Paquita ortiz , jueves 26 febrero 2009

martes, 24 de febrero de 2009

Dónde se acaba el piropo no se acaba el amor

Un día dejaste de decirme cosas bonitas
y desde entonces pensé que ya no te gustaba.

Pasaron los días y fué precisamente en esos días
en los que cerrabas los ojos y a mi lado dormías,
me mirabas mientras comía
o me cantabas canciones sin necesidad de pedírtelas.

Y es precisamente por esos días
cuando aprendí a tejer este poema
para hacerlo abrazo y abrigarte con él.

A TRAVÉS DEL TIEMPO

Acabé atormentándome tanto por el tiempo perdido, que fabriqué mi propio reloj de arena. No me fue difícil, si tenemos en cuenta que soy el dueño de una cristalería.

La madera de la que pendían ambos extremos de la maquinaria, la encargué a un carpintero que fue mi amor de juventud y al que no he podido olvidar; de hecho lo he esperado hasta hoy.

La arena la tomé, como si de un tesoro se tratase, de una caja de conchas, en la que yacía guardada desde hacía más de treinta años; pertenecía a la playa por la que tantas noches rodaron nuestros cuerpos, insultantemente jóvenes.

Ahora, cuando veo tal cantidad de arena arriba, y la lentitud con que va siendo estrangulada, mi tiempo perdido de ayer, se ve compensado con las nuevas caricias de hoy, en donde ya los dos no tenemos una playa como alcoba, pero sí un mar de serrín o un cielo de cristal, dependiendo del momento; y mi reloj, fiel protagonista de nuestras horas.
Después de treinta años, aquella playa aún nos puede esperar.

lunes, 23 de febrero de 2009

ESTRUCTURAS.

Adelina Mayo protagonizó un cuento que quiso inventar y vivir al mismo tiempo. Ella lo llamó cuento continuo, cuento vivo y cuento autológico, que es el que narra lo que pasa de verdad y pasa de verdad lo que en él lo que se narra.

El domingo donde empezaba la acción, declaró su amor por elección al azar de un hombre que la amaba sin ella saberlo, pero que no podía confesárselo en un cuento previsto por ella, teniendo en cuenta que el armazón estructural del cuento de Adelina Mayo estaba hecho, aunque el hombre también tenía unas líneas generales de cómo vivir una historia de amor pasional con ella, con menos detalles en cuanto, por ejemplo, la decoración del salón o la elección del tipo de coche.

Adelina, a pesar de la sólida línea narrativa de su historia autocontenida, no podía evitar que, siendo su coprotagonista un personaje lleno de matices y con un desarrollo mínimo en sus características iniciales, éste saliera por peteneras, si bien el hombre se limitaba a seguir sus directrices básicas, en concreto lo que se refería a alguna tarde libre para salir con los amigos.

La escritura, por fin, se hizo firme para los dos. Escribieron un único libro alternativamente en las líneas impares y pares y su vida alcanzó un enorme éxito editorial.

No leyeron jamás el libro escrito ni guardaron ejemplar alguno. Ni se compraron un coche. Ayer por la tarde estuvimos en su casa alquilada, con el salón vacío y sin decorar. 

miércoles, 18 de febrero de 2009

A tu lado

Déjame dormir un poco,
deja descansar mi alma,
igual renacen mis sueños;
quizás vuelva mi esperanza.
Déjame soñar caminos,
déjame inventar hazañas,
para que emerja mi espíritu
del dolor que me atenaza.
Pero no me dejes sola,
recítame mientras duermo
algún poema olvidado
o el secreto de tus versos.
Que no me funda en la noche
que no me arrastre la luna,
me asusta quedarme a solas
en mi pozo de amargura.
Ansío despertar contigo,
sentir tu amor a mi lado
y renovada por dentro
fundirme entre tus abrazos.

martes, 17 de febrero de 2009

Dedicación.

Doña África Bohórquez disfrutaba contando su vida. Daba igual el sitio, la circunstancia o la gente que le rodeara, ella sabía encontrar la forma de reconducir situaciones y personas para que el conjunto fuera su auditorio y su audiencia.

-Pues sí, queridas mías, -solía comenzar, aunque se dirigiera a estibadores del muelle número doce del puerto- yo he sido mujer de vida alegre allá donde he viajado. En años atrás esto que os digo bastaba para que me metieran en la cárcel primero y en un convento después, pero siempre me escapaba.

-Porque, queridas mías –insistía en no preocuparse por el género de sus perplejos oyentes- yo no perdí nunca la oportunidad de amar. No le di la espalda a nadie que me propusiera una noche loca o venirse a vivir conmigo. O a quedarme con él (o ella) para el tiempo que el tiempo dijera.

-Recuerdo –decía después de una pausa- historias eternas de un fin de semana y rápidos años de amor consumidos en un único instante. Viví, aprendí y enseñé a hacer el amor.

Un día, Doña África coincidió en su consulta médica con un enfermero que ya la había oído contar sus hazañas varias veces.

-Y ahora que es usted mayor, ¿cómo puede vivir sola, señora? –le preguntó sin acidez en las palabras.

-Vivo recordando, y renazco en cada beso que veo por las calles. Los primeros, por tan audaces o comedidos, los rápidos o cautelosos, los robados gracias a la infidelidad, los agradecidos al tiempo juntos. Además de eso, pues...

-Perdone, doña África, me choca lo de “vida alegre”… -le interrumpió el enfermero con una sonrisa.

-Habría sido una puta maravillosa, pero no tuve que cobrar por amar. Aunque la verdad, más de una vez tuve que pagar por la compañía de un garañón brasileño, je, je -reía doña África al responder.

Antes de salir con sus pastillas, doña África soltó para siempre el bastón y cayó de bruces.

-No dejéis pasar ni un beso, ni uno solo… -entendió el enfermero al agacharse a atenderla.

Aún agarrado en su mano izquierda, un pequeño libro medio abierto, a modo de agenda, dejaba ver la fecha de ese día con una nota: “Felipe Mancera, setenta y tantos pero de buen ver. Cinco de la tarde, después de la consulta. Condiciones: Una ramo de margaritas y sin ropa interior”.

Antes de llamar a sus familiares, el enfermero se guardó el libro en el bolsillo.

domingo, 15 de febrero de 2009

Oda a...

Concentrado, apuntando hacia la loza

fría, blanca y aún sin contenido,

aliado del aire comprimido

sin decir nada, como si tal cosa.

 

Detenido, firmeza, fuerza, rabia:

La postura bien firme y decidida

para nada que no sea una estampida

sin control de la Naturaleza sabia.

 

Del resumen final de todo esto,

que sigue al desahogo del momento,

queda sólo papel con algún resto

que no lo iguala en nada a un documento.


sábado, 14 de febrero de 2009

Una cartita de amor.

Querida Margarita:

 

Quiero que sepas que te buscaré al cumplir los dieciséis, para que mi niñez no estropee tus besos, y yo sepa abrazarte. Tú tendrás prisas, pero, como todas las mujeres, harás que parezca que soy yo quien no controla sus ansias.

Antes, habrás conseguido el día en que esa casa, la que siempre está llena de gente, se quede sin nadie, diciendo a unos que otros la ocuparán. Y estará vacía para nosotros.

Llevaré flores, y elegirás sin mirar una para ponerla en tu boca. Seguiré el camino y morderé tus labios, que serán más rojos y te robaré la flor.

Intentaré decirte que te quiero, pero me detendrás a tiempo y te lo agradeceré.

Me harás entrar cogido de tu mano y respiraré hondo, pero no perderé el miedo hasta mucho tiempo después, calculo que unos cincuenta años.

Mientras, te dejo la mitad de mi manzana, mi canica favorita de cristal y dos lápices. Cuando pintes con ellos, levanta el dibujo y podré verlo desde mi banca. Luego, a la salida, mírame cómo me tiro del tobogán más alto. Te saludaré sólo con la mano y tú haz lo mismo. No quiero que los demás niños se rían de mí si me mandas un beso.

Se me olvidaba decirte que no podré ir a tu fiesta. Pero mira en tu mochila y verás una vela roja con forma de número para tu tarta: El siete.

Feliz cumpleaños.