sábado, 19 de enero de 2008
ENERO 2008
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Peneka
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sábado, enero 19, 2008
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quenosleen
Etiquetas: El Editorial
viernes, 18 de enero de 2008
SUEÑO CUMPLIDO
-Aprieta, muchacha, que ya viene -le dijo la matrona a Beatriz-, ánimo que queda poco.
Beatriz, acompañada de Lucio, su marido, hacía toda la fuerza que podía. Contraía hasta el paroxismo sus músculos y notaba que su rostro se desencajaba. Pero incluso en esa situación de máxima tensión física fue capaz de rememorar su infancia.
Beatriz nació en Cádiz, un domingo a las cuatro y cuarto de la tarde, en la barca donde su padre, Juan Béjar, pescaba por la mañana y paseaba por las tardes con su mujer, Sarita.
El parto duró poco y, en cuanto la niña estuvo rodeada de unos cuantos besos y una manta blanca, se puso a mamar, se durmió y los tres continuaron su paseo por el mar, que ese día competía en calma con las piscinas.
En su instinto de pescador, Juan utilizó el cordón umbilical de la niña como cebo y se llevó para vender un bidón de caballas.
Perlada de sudor, Beatriz Béjar apretaba y sus piernas comenzaron a temblar. El grito del médico le devolvió a la realidad del presente y se concentró todo lo que pudo en el esfuerzo. Sin embargo, su cabeza no quería quedarse allí todavía y se fugó otra vez a veintidós años atrás.
De la venta del pescado obtenido durante los meses siguientes, Juan sacó mucho dinero y pudo construir el sueño de Sarita, una casita para los tres, y una barca más fuerte, su propio sueño.
Beatriz empezó a caminar con un año y a parlotear un mes después. Todas las tardes iba con su madre a esperar a Juan. Se sentaban después en la arena y contaban el pescado. Y desde el primer día en que la niña dijo “tuchos no, papá”, Juan dejó de pescar cuando sabía que era suficiente. Aún así, siempre se sentaban juntos a contar la pesca, separar las piezas por tamaños y limpiarlas.
Otro apretón de manos del médico en su brazo la llamó a recordar que estaba pariendo. Quedaba poco, muy poco para que naciera.
Al hacerse mayor, Beatriz tuvo la suerte de que viniera una maestra a su barrio y con ella aprendió a escribir, leer y hacer cuentas con números grandes. En vez de pasar más tiempo la niña en el colegio, la maestra, la señorita Marisa, comenzó a pasar las tardes con la familia de Beatriz contando, repasando y limpiando el pescado. Aprendía cada nombre, forma y color de los peces. Y allí se enamoró de Damián, otro pescador.
Fue la señorita la primera en soñar con el milagro. Una tarde dijo:
-Deberíamos ayudarles, darles vida igual que ellos a nosotros.
Ni Beatriz ni sus padres ni Damián entendieron lo que quería decir.
Pero su sueño se cumplió; no en el momento, pero se cumplió.
Beatriz agarró la mano de Lucio y, haciendo un esfuerzo supremo, sonrió al ver aparecer en los brazos de la matrona a la sirena más linda de la historia de la playa de la Caleta.
Sólo tenían que cruzar la calle para llegar a la playa. Allí seguían las casitas de sus padres y de Marisa y Damián. Los recios brazos de Lucio llevaban a Beatriz y los de Beatriz a la niña, que había empezado a mamar.
Esperaron a que una ola se acostara en la orilla y se fuera con ella mar adentro; y que la espuma le sirviera de mantilla en su bautizo. No había anochecido todavía y el reflejo de la cola estalló como regalo para los seis que quedaban en la arena, callados y sin saber si reían o lloraban con lágrimas saladas.
La niña del mar nadó veloz, hacia el fondo, persiguiendo al Sol.
La niña del mar era el sueño cumplido.
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Gabriel
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MANIOBRAS
Abel Chacón, un policía de tráfico que prestaba sus servicios en Barcelona capital, fue atropellado en un pie por una hermosa mujer algo mayor que él, justo cuando se disponía a terminar su jornada laboral. Al tratarse de una mujer muy rica, ella le ofreció como compensación un piso, una casa, un coche rojo y entrar a formar parte del Consejo de Administración de la empresa Chocoland, de la que era máxima accionista. Después de multarla por subirse a la acera y comprobar que los zapatos y el resto de su uniforme no habían sufrido daños de consideración, aceptó los regalos y, siendo ya un hombre de posibles, pidió a la mujer que se casara con ella, que le dio el SÍ en plena calle. Inmediatamente, Abel entregó la notificación de la sanción a la mujer, le indicó que circulara y llamó a su madre antes que a nadie para agradecerle tantas y tantas maniobras suicidas frente al coche de la mujer, hasta haber conseguido que ésta se subiera al fin a la acera para esquivarla.
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Gabriel
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ACOGIDA
El hecho es que Joan, una vez llegó a la azotea, se lanzó desde la antena más alta, una parabólica. Y los hechos mandan.
El edificio tiene 60 pisos, los diez últimos de oficinas. Los bajos son locales comerciales. Había que pensar rápido.
Joan aceleraba.
Jordi Mora y Arcadio Barrufet, el panadero y el relojero, descolgaron el toldo del supermercado de un tirón.
Del bar de la esquina, La Creu Alta, salieron los paletas de la obra de la azotea, maldiciendo haber dejado la puerta abierta.
Joan llevaba una velocidad considerable al pasar por el piso 40. No había tiempo que perder.
Éramos, al final, veintitrés personas agarrando la lona de un tono morado oscuro con manos firmes.
El piso 32 vio pasar a Joan a velocidad de obús.
El momento crítico estaba por llegar y nos surgió la duda:
-¡Nooooooo!, -gritó Joan con fuerza y sin poder evitar tragar varios mosquitos al abrir la boca.
Doña Marisa Torredemer, rápida como ella sola, consiguió convencer al grupo de la conveniencia de un azul marino de acogida. En menos de tres segundos, una enorme colcha azul sustituía al toldo con la tensión de la piel de un tambor, gracias a la fuerza de cuarenta y seis manos que tiraban de sus flecos.
A unos veinte metros de distancia, en la acera de enfrente, vimos caer a Joan sobre cientos de bolsas de basura acumuladas por culpa de la huelga de los servicios municipales de recogida de residuos.
Algo magullado, Joan se levantó, se quitó unas raspas de pescado del cabello y se fue a su casa.
No hubo reproches y cada uno volvió a lo suyo.
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Gabriel
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lunes, 14 de enero de 2008
UNA ETERNIDAD EN SALZBURGO

Mirando este río, ante el cual aparezco, imagino por un momento, como si de mi propia realidad
se tratase, una tarde cálida, sentado al incitante borde de una de sus dos orillas.
Las tardes de Salzburgo deben parecer fugaces, poco generosas para el viajero, que deseará vivirlas ampliamente, sin temor a la noche amenazadora, que promete volver a diario, puntual a su cita.
(Wolfgang Amadeus Mozart.)
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Isa
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domingo, 13 de enero de 2008
El verso
Buceando entre las letras
supe encontrar un verso
que abriera un poco tu alma
para colarme un momento.
Surgió de ti ese poema
yo solo tejí tu lienzo,
desperté aquel arpa olvidada
prendí en la rendija un soneto.
Fundimos así dos almas
fundimos tambien dos cuerpos
en un abrazo infinito
que nos renovó por dentro.
¿Y dices que no hay poesía?
Mírate hoy al espejo.
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inma
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lunes, 24 de diciembre de 2007
La ovejita saltarina
-¡Salta ovejita!-
dice el pastor.
Y la ovejita saltarina
salta un montón.
Llega tan alto
que puede alcanzar
las manzanas del árbol
para merendar.
Cógeme una hermosa,
le dice el pastor
que quiero regalarla
al Niño de Dios.
Y sigue saltando
llega hasta la luna
y coge luceros
para la cuna.
Y ya cansadita
de tanto saltar
se duerme junto al Niño
y encuentra la Paz.
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inma
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martes, 18 de diciembre de 2007
No me llores
No me llores amor
que hoy te voy a cantar
esas canciones tan bonitas
que aprendí allende el mar.
Quizás el sueño nos sorprenda
y olvidemos un día más
que esta noche no tuvimos
ni un caldo para cenar.
No me llores mi amor,
que te voy a cantar
la canción de aquella niña
que jugaba con el mar,
y encontró una caracola
y la usó como collar.
No me llores amor
que quizás el mundo cambie
pues dicen que es Navidad.
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inma
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sábado, 15 de diciembre de 2007
LUNA
La Luna no quería salir. Estaba llena y se sentía gorda, con mal aspecto. Fueron llegando los planetas para convencerla, pero no hubo suerte.
-El Sol tiene la culpa, -decían todos, sin ser capaces de mirarle a la cara fijamente.
La Tierra no quería intervenir en los asuntos de la pareja, pero tenía otras miles esperando a enamorarse.
Un espejo muy grande resolvió el problema. Uno de esos de las ferias, donde tu imagen se alarga y se hace esbelta. Después de un rato, La Luna se veía de nuevo en cuarto creciente, fina y puntiaguda, con algo de misterio.
El Sol dio por terminado ese día un poco antes y se acercó a verla con rayos rojos que giraron a su alrededor antes de perderse en el horizonte. Ella le hizo esperar lo justo, porque salió temprano, de improviso. Para deslumbrarle de noche.
Y lo consiguió.
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Gabriel
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EPITAFIO
Ay, Sinfo, no di con la tecla de arreglar la tele como me pediste, la que se puso con las rayas blancas en la pantalla verde al lado de tu cama y hacían piii, piiii, piiiiii,… porque me tuve que ir a la manicura, aquí cerca de la clínica. No creo que te murieras por el disgusto, ¿a que no, tesoro?
No te haces idea de lo que te echo de menos: Muchíííííísimo. Y quédate tranquilo, que me he casado con tu hermano Floro, sí, el que pudo cobrar la quiniela.
Siempre tuya y contigo, tu Macaria.
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Gabriel
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sábado, diciembre 15, 2007
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