martes, 28 de septiembre de 2010

LEYENDAS AUTONÓMICAS (2).

Melilla.

Al ofrecerles cobrar el doble de lo que percibían por su mismo trabajo en la Península, pero yendo a trabajar la mitad de las horas de la mitad de los días laborables, los hermanos siameses José y Juan Tomasera decidieron trabajar en Melilla como catadores de vino. Pero un día, a la segunda copa, uno de ellos veía doble y el otro pedía un plus al compartir el hígado. El proceso de confeccionar sus nóminas traía amargadito al contable de su empresa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

HABLEMOS DEL TIEMPO

Ahora que no tenemos
un tiempo a nuestro favor,
que nos instale en la cordura
de qué hacer con el amor;
con el amor cuando llega,
cuando avanza sin premura,
a destiempo y sin mesura,
y tan locamente, amor,
tan intensamente, amor,
tan irremediable, amor.

Hablemos del tiempo;
de mi tiempo sin tus ojos.

Hablemos del tiempo;
de tu tiempo sin los míos,
sin la luz que nos invade.

Hablemos de ese vacío
que nos inundará cuando
sintamos que se nos mueren
los minutos sin tenernos,
sin mirarnos los segundos
y mi tiempo sin tu voz.

Mi tiempo sin ti no es tiempo.

Sentiremos que nos sobran
las horas en el reloj.

En tu piel viven mis sueños.
En tus ojos, mi razón.



Es la primera posible canción que he escrito en mi vida. Acabo de mandársela a Juan Carlos Durán y si le gusta y le inspira (que todo hay que decirlo), le pondrá una música de esas tan preciosas que suele componer. Quería compartirla con vosotros. Y por supuesto, se admiten sugerencias, críticas, etc...
Besos.

El desconocido

Un día tras otro seguía sin atreverse a hablarle, pero lo seguía durante un rato a ver donde se dirigía. Parecía de costumbres fijas. Cada día compraba un periódico y se sentaba en el mismo café a leerlo.
Ella con aire distraído pasaba cerca e incluso llegó a sentarse en la mesa de al lado con el mismo periódico por si él se atrevía a abordarla. Un día sintió que él la miraba por encima de sus gafas y ella sonrió. Le pareció que le devolvió la sonrisa. Al día siguiente no estaba. Ni al otro. Preguntó por él al anciano dueño del café y éste le dijo que estaba de luna de miel con la camarera. Silenciosa, regresó a su casa.

PATOLOGÍAS (1).

El SPIDS.

Conocido científicamente como el síndrome de pringue interdigital solidificada, se genera en un amplio sector de la población peatonal, si bien quien lo padece es, en general, el sector callista y podológico, además del vendedor de zapatos sorprendido a traición.

Muy común entre carteros y pastores, el reciente descubrimiento de dedos en dichos pies, gracias al uso de sopletes, ha supuesto un extraordinario avance en el estudio de esta patología.

Tratamiento: Extirpación de calcetas y ataque detergéntico a presión para ambos pies, en contra de la tradición clínica seguida desde mediados del siglo XI, muy a favor de lavar sólo uno al año, por si se usaba en los oficios de la Semana Santa. Tras la retirada y quema pública de los envoltorios, aplicar una mezcla contundente de cosas que hayan hervido y, si puede ser, sigan hirviendo un rato con los pies dentro. Repetir cada cuatro horas, renovando las mascarillas pero sin retirar la pinza de la nariz.

Se aconseja su aplicación en períodos de resfriado intenso de los profesionales y en espacios cercanos a Tarifa, conocidos por la fuerza con la que sus vientos ahuyentan los malos espíritus.

domingo, 26 de septiembre de 2010

ES TAN POCO

Lo que conoces
es tan poco
lo que conoces
de mí
lo que conoces
son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera
son los postigos de mi tristeza
el llamador de mi tristeza.

Pero no sabes
nada
a lo sumo
piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco
de ti
lo que conozco
o sea tus nubes
o tus silencios
o tus gestos
lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos de tu tristeza
el llamador de tu tristeza.

Pero no llamas.
Pero no llamo.


MARIO BENEDETTI.


Compañeros y amigos lectores, he querido compartir con vosotros este poema de Benedetti, que me encanta, de hecho es el que más me gusta. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

BODAS DE ORO.

El día estuvo lleno de hijos, nietos, buen tiempo y mucha comida. Y todo desapareció de pronto, para que los abuelos no tuvieran que perder el tiempo en docenas de abrazos ni en recoger los restos de la fiesta de sus bodas de oro.

Los dos se quedaron fuera de la casa, sentados en el último peldaño de la escalera que terminaba en el jardín.

Recordaron, exclusivamente, caricias. Las furtivas y las descaradas. Las ganadas y las regaladas. Coincidieron en que no hubo una sola que no se hubieran merecido.

Estaban en una lista particularmente pícara cuando, a pesar de la calurosa noche de verano, se sorprendieron desnudos, coincidiendo con la llamada de los vecinos, tan viejos como ellos, que acababan de llegar para preguntar cómo había ido la celebración.

Los crujidos de los huesos se aliaron con ellos para no delatarlos, pero no fue fácil. Los vecinos seguían llamándolos, cada vez las voces más ansiosas y cercanas, pues los setos entre las dos casas no sustituían a una pared y se podían atravesar.

Se arrastraron por la hierba, dejaron atrás la ropa para ir más de prisa y la risa le ahogaba por encima del nerviosismo y el miedo a ser descubiertos.

Se agazaparon tras unos rosales y los vieron pasar de largo. Cuando oyeron a sus vecinos decir que volvían a su casa para llamar a los hijos, se abrazaron e hicieron llegar mucho más lejos las caricias que habían empezado.

Agradecidos, intentaron levantarse de un brinco para entrar en casa y lo que consiguieron fue caer sobre un montón de tierra sin sembrar. Poco a poco lograron ponerse en pie y, con él apoyándose en el hombro de ella y sin poder tapar la risa, entraron en la casa.

Al llegar de nuevo los familiares, fueron recibidos sólo por ella, de pie, en bata y con una expresión de recién despertada y extrañeza.

La explicación de los vecinos fue confusa, los hijos comenzaban a marcharse y sólo la intervención del mayor de los nietos, que había amontonado y cubierto de tierra la ropa que fue hallando tirada en el jardín, evitó una innecesaria ristra de preguntas.

De nuevo desearon felicidades a los abuelos y volvieron a poner los coches en marcha.

Cuando entró en la habitación, él se hacía el dormido.

-Sólo por si entraban a darme otra vez las buenas noches, -le dijo quitándole la bata y haciéndole entrar en la cama de un brinco-. Mañana barreré el rastro de tierra que llega desde la puerta hasta aquí, -dijo antes de estallar en una carcajada contagiosa.

EL TESORO

Todos se miraban con recelo: alguien les dijo que cerca había escondido un tesoro y sería para el que primero lo encontrase; uno de ellos tomó asiento y dijo que él no tenía interés en descubrirlo, estaba feliz con lo que tenía y no ambicionaba más. Él era el poseedor del mejor tesoro, que es la falta de codicia y ambicion.

viernes, 24 de septiembre de 2010

ENTRE MIL.

Conseguí, que volvieras

la cara hacia mí:

ya era mucho.

Y que el Rey se riera

de este paje entre mil,

delgadito y feúcho.

Pero al son del primer violín,

no apoyaste tu mano en ninguna

mano fuerte de príncipe azul

y escogiste este vals saltarín,

tú volando en volantes de tul…

…yo en la Luna.

jueves, 23 de septiembre de 2010

LEYENDAS AUTONÓMICAS (1).

Ceuta.

Ana María Moncherche, una mujer que se fue a Ceuta a comprar marido a buen precio, se volvió como una furia sin llegar a coger el ferry de regreso. Llevaba el ticket de compra:

-Porque soy una señora la mar de fina y educada, cabrito, no te pongo la cara al estilo alfombra persa enrollada. Mira, mira cómo se me ha deshinchado, que antes de embarcar le han dado dos mareos, ha llamado a su madre, me ha dicho que todavía no quiere niños, que a él el fútbol los domingos por la tarde… ¡Cualquier marido tarda lo menos cinco años en ponerse así!

Antes de que todas las mujeres de la tienda corearan la devolución del dinero, el vendedor se quitó el delantal, echó el marido que acababa de venderle en una caja para devoluciones y él mismo, alto, rizado y de un metro noventa, se pasó el lector de código de barras por el pecho y se fue con la mujer. No le cobró la diferencia.

-De mi tienda no se va ninguna descontenta mujera, -dijo al salir mientras se ponía la chaqueta.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

EL SECRETO

Te quisiera decir,
pero no puedo
porque la voz
me tiembla si lo intento,
las palabras no salen
de mi boca;
y es que un nudo
me impide
expresar lo que siento.
Espero en breve
estar más sosegada,
para entonces
contarte mi secreto
sin sentirme nerviosa
y alterada,
pudiendo así
librarme de este peso.